jueves, 26 de junio de 2014

los cristianos

 Muchos saludos
Nacho, SDB
La Paz con ustedes.

martes, 24 de junio de 2014

lectio S Pedro S Pablo

 
 
DOMINGO: SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles, A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 10, 37- 42

La solemnidad de san Pedro y san Pablo nos permite contemplar la estrecha amistad que se establece entre Jesucristo y estos dos hombres elegidos para misiones muy importantes.
 
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo'" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos, todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado   en el cielo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto cuantas veces sea necesario, hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.  En el relato están Jesús y sus discípulos. En una región determinada: Cesarea de Filipo. Primero, Jesús se dirige a sus discípulos y les hace unas preguntas y al contestar y afirmar, le responde a Pedro. Le dice unas palabras significativas. El evangelio nos hace ver la profesión de fe de Simón Pedro y la respuesta de Jesús; donde se muestra la función de Pedro en la Iglesia. Jesús le dice que esta profesión de fe no viene de la "carne  ni de la sangre"; es inspirada por el Padre. Por eso, el Señor Jesús alabó la docilidad y fidelidad de Pedro, bajo la inspiración de Dios. Escuchamos en el relato, una serie de expresiones de sabor bíblico (Piedra, Llaves, atar y desatar) con las que anuncia la misión de Pedro en la Iglesia. Este texto lo consideran como el centro del evangelio de Mateo, tanto por su situación como por su contenido.
 
Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad. Pedro habla en nombre de los apóstoles. Su fe es el fundamento de la comunidad que se va estructurando. Después de dos milenios, la "roca" sobre la que está fundada la Iglesia sigue siendo la misma: es la fe de Pedro. "Sobre esta piedra" (Mt 16, 18) Cristo construyó su Iglesia, edificio espiritual que ha resistido al embate de los siglos; no sobre bases humanas e   históricas puesto que no hubiera podido resistir el asalto de tantos enemigos. Esta solemnidad festeja a las dos columnas de la Iglesia: Pedro y Pablo. Por una parte, Pedro es el hombre elegido por Cristo para ser "la roca" de la Iglesia: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,16). Pedro, hombre frágil y apasionado, acepta humildemente su misión y arrostra cárceles y maltratamientos por el nombre de Jesús (cf. Hch. 5,41). Predica con "parresía", con valor, lleno del Espíritu Santo (cf. Hch 4,8). Pedro es el amigo entrañable de Cristo, el hombre elegido que se arrepiente de haber negado a su maestro, el hombre impetuoso y generoso que reconoce al Dios hecho hombre, al Mesías prometido: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo"(cf. Mt 16,16). Los Hechos de los apóstoles narran en esta solemnidad la liberación de Pedro de las cárceles herodianas. "Con esta intervención extraordinaria, Dios ayudó a   su apóstol para que pudiera proseguir su misión. Misión no fácil, que implicaba un itinerario complejo y arduo. Misión que se concluirá con el martirio "cuando seas viejo otro te ceñirá y te llevará donde no quieres" (cf. Jn 21,18) precisamente aquí, en Roma, donde aún hoy la tumba de Pedro es meta de incesantes peregrinaciones de todas las partes del mundo 
"Cristo, al instituir a los Doce, "formó una especie de Colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él". "Así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los apóstoles". El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella; lo instituyó pastor de todo el rebaño. "Está claro que también el Colegio de los apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro". Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.
A lo largo de los siglos, el Espíritu Santo ha iluminado a hombres y mujeres, de todas las edades, vocaciones y condiciones sociales, para que se convirtieran en "piedras vivas" (1 P 2, 5) de esta construcción. Son los santos, que Dios suscita con inagotable creatividad, mucho más numerosos que los que señala solemnemente la Iglesia como ejemplo para todos. Una sola fe; una sola "roca"; una sola piedra angular: Cristo, Redentor del hombre.
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios. ¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios!¡Cuántas veces habremos afirmado, en nuestra vida, esta profesión de fe, que un día pronunció Simón, hijo de Jonás, en Cesarea de Filipo! Y hemos sido impulsados a fijar la mirada en "Jesucristo, único Salvador, ayer, hoy y siempre". Señor, que nuestra vida y nuestras celebraciones sean una incesante profesión de fe en Cristo. A la pregunta, siempre actual, de Jesús a sus   discípulos: "Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?" (Mt 16, 15), los cristianos pudiéramos responder, una vez más, uniendo nuestra voz a la de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". "¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo" (Mt 16, 17). "¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!". La bienaventuranza de Simón es la misma que escuchó María santísima de labios de Isabel: "Bienaventurada tú, que has creído, porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá" (Lc 1, 45). Ambos tuvieron experiencia del amor de Dios en Cristo Jesús. Esa experiencia los acompañó durante toda su vida y les dio una viva conciencia de su misión. Tiene, pues, razón Pedro al concluir con emoción: "Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que yo te amo" (EV).
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón, adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida y toma algún buen propósito que sea oportuno en este momento.
Cuando el Papa ejerce su ministerio espiritual de Maestro, Sacerdote y Pastor lo hace en virtud de la voluntad de Cristo, manifestada a Pedro. La tarea específica del obispo de Roma es la misma que la de Pedro: mantener a la Iglesia unida, conservarla en la unidad de fe y de vida. De la función unificadora del Papa se sigue también, la importante tarea doctrinal y la de santificar.
Ahora después de más dos milenios 2000 años continúan a ser, Pedro y Pablo, nuestros "padres en la fe".
Celebremos y pidamos por la intercesión de Pedro y de Pablo la perfecta fidelidad a la enseñanza apostólica, la unidad de la Iglesia y la fortaleza en la fe. Esta solemnidad es una cordial invitación para renovar nuestra adhesión incondicional al vicario de Cristo sobre la tierra, el Papa.
El misterioso itinerario de fe y de amor, que condujo a Pedro y a Pablo de su tierra natal a Jerusalén, luego a otras partes del mundo, y por último a Roma, constituye en cierto sentido un modelo del recorrido que todo cristiano está llamado a realizar para testimoniar a Cristo en el mundo.
Que alegría sabernos que somos y vivimos como Iglesia.
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

jueves, 19 de junio de 2014

lectio 12 DOrd A

12 DOMINGO ORDINARIO, A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 9, 36 - 10, 8.
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto y ubica sus partes, personajes, lugares, verbos y el hecho o idea central.
Este relato de Mateo presenta las situaciones por las que pasaba la comunidad cristiana y recuerda las diversas enseñanzas de Jesús acerca del discípulo ideal y en especial las de apóstol; porque, sufrirían persecuciones y deberían hablar francamente y sin temor. Es un texto que nos presenta muchos contrastes: cubierto, descubierto; escondido, sabido; de noche, en pleno día; cuerpo, alma; reconocer, negar. Jesús antes de enviar a sus apóstoles los instruyó, porque serían sus representantes para ejercer su misión. La primera regla de conducta que Jesús inculca a sus apóstoles es la ausencia de miedo, y lo dice por tres veces; el miedo está vedado al apóstol de Jesús; sus palabras no temen el silencio ni la oscuridad, ni tampoco los cuerpos de sus enviados han de temer la muerte; porque teniendo la propia vida en las manos del Padre los hace valioso; y eso es lo que debe importarles; porque Dios se ocupa no sólo de sus vidas sino, incluso, de su cabello. Jesús se ha comprometido en defender ante Dios a quien haya salido en su defensa ante las gentes; pero quien lo haya negado o silenciado, no será reconocido por Jesús ante el Padre.   
 
Meditación (Meditatio): reflexiona el sentido del texto y aplícalo a la vida.
El Evangelio es mensaje para proclamar a las gentes: "díganlo desde las azoteas". Actualmente, y de mil maneras, se nos quiere imponer a los cristianos si no es el silenciamiento, si a la privatización de nuestra fe, y se le llama de secularismo o laicismo; en nuestra sociedad se da por supuesto que seamos libres de creer como nos plazca, pero se protesta que llevemos con orgullo la práctica pública de la fe. Y lo peor es que muchos de nosotros nos conformamos con poder confesar a Dios en privado: así estamos rehuyendo el testimonio público, como si no estuviéramos demasiado convencidos de cuanto creemos; tenemos a Dios arrinconado en un lugar de nuestra conciencia o solo en nuestro corazón. Ese tipo de "respeto humano" ahoga nuestro testimonio y nuestras expresiones públicas de fe y agranda nuestro miedo. No es así como quiso Jesús a sus apóstoles. Mientras no perdamos ese miedo de aparentar lo que somos, no seremos aquello que Dios quiere de nosotros; hasta que no nos presentemos ante los demás contentos de ser sus discípulos-misioneros cristianos, nuestra opción no será atrayente, ni fidedigna.
 
Oración (Oratio): qué es lo que te sugiere la Palabra de Dios y qué le dices como respuesta.
Nos paraliza el miedo; en vez de hablar desde las azoteas se prefiere callar lo que más nos interesa, y no logramos convencer a nadie. Y lo peor es que hoy, a diferencia de tiempos pasados, es más sutil la tentación de dejar y más frecuentes son las deserciones en la fe; se prefiere perder antes la fe que la vida; las convicciones no nos duran tanto…Nos dices, Señor, que no tengamos miedo… Y nos consuela saber que el Padre Celestial cuida de quien cuida sus intereses. Nos fortalece y alienta que para el Señor valemos mucho más que los pajarillos, y nos tiene tan en cuenta que sabe hasta de nuestros cabellos; y, por si eso no bastara, el Señor, se ha comprometido en defender ante el Padre a quien haya salido en su defensa ante las gentes. El creyente que arriesga su vida o el honor puede que no convenza, pero su testimonio da que pensar y cuestiona a quien lo recibe. Es lo que espera Cristo de todo cristiano, de toda comunidad cristiana, de la Iglesia.
 
 
Contemplación (Contemplatio): en el silencio y en lo más íntimo de tu persona adora, alaba, bendice y agradece a Dios y contémplalo y finalmente haz alguna aplicación o propósito para vivirlo durante la semana.
 
 
 
La Paz con ustedes.

jueves, 12 de junio de 2014

lectio SANTÍSIMA TRINIDAD

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, A.
 
Lectura Orante de la Palabra del Evangelio según: Juan 3,   16-18.
 
"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvará por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios".
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente y cuantas veces sea necesario el texto hasta que logres distinguir claramente sus   partes, los personajes y sus acciones y relaciones. Distingue el pensamiento o frase central. Encuentra lo que Dios dice en el texto. 
Este pequeño pero denso trozo de evangelio pertenece al final del capítulo 3º de San Juan donde Jesús dialoga con Nicodemo y le invita a "nacer de nuevo del agua y del Espíritu". La claridad del texto es única. Aquí aparecen dos de los sustantivos y verbos más utilizados por el evangelista San Juan: amor y vida, creer y salvar. Lo podemos dividir en tres partes: Primero, nos pone de manifiesto el grande amor de Dios por el mundo, por todos los hombres de todos los tiempos, es un amor inimaginable. A tanto llega este amor que entrega a su propio Hijo, al amado, con tal de que nadie se pierda, para que todos tengan   vida eterna. Visto bien podemos afirmar que Dios ya no puede amar más. Segundo, además de confirmar el amor de Dios, queda expresada la misión del Hijo: salvar al mundo y no condenarlo. Los paisanos del tiempo de Jesús creían que vendría Dios a condenar a los malos. En cambio en Jesús, Dios quiere salvar a todos, los hombres y mujeres de siempre, sin excepción. Tercero, se retoma el tema de la fe en el Hijo ya señalado. A la entrega y al envío del Hijo por parte del Padre corresponde la fe de las gentes como respuesta. El que crea en él no se perderá pues tendrá la luz para caminar seguramente hacia el Padre, hacia la vida eterna. En cambio el que conociéndole le rechace, no tendrá la luz necesaria para ir a Dios y se perderá en su propia oscuridad.
 
Meditación (Meditatio): busca lo que Dios te dice a ti, en tu vida y circunstancias, desde el texto.
La Iglesia, después de las fiestas de Resurrección, Ascensión y Pentecostés, nos invita a profesar que nuestro Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Celebramos así la fiesta de la Santísima Trinidad. San Pablo en sus cartas cuando, saluda o bendice, utiliza con frecuencia una fórmula trinitaria y hasta nombra a cada persona divina con alguna característica propia: "la gracia de nuestro Señor Jesucristo,   el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con ustedes". Si con la fiesta del domingo pasado terminábamos la Pascua, con la fiesta de hoy comenzamos el tiempo ordinario caminando juntos hacia Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. No estamos solos sino en comunión y acompañados en la vida; no estamos perdidos sino que iluminados sabemos por qué camino vamos; no estamos desorientados sino que ya sabemos a dónde y hacia quién vamos. A nosotros desde pequeños nos enseñaron a utilizar esta fórmula al momento de hacer la señal de la cruz, porque en la cruz y resurrección conocimos la comunión de Dios Trino y su amor y  gracia hacia nosotros. De ese modo reconocemos que no tenemos otro Salvador fuera de Jesús, que no hay otra luz con la que podamos caminar hacia el Padre y hacia la vida eterna. A Dios Trinidad lo reconocemos en múltiples fórmulas y signos dentro de la liturgia y de la   vida ordinaria, la fiesta de hoy es una invitación a "bendecir" con la señal de la cruz e invocando a la Santísima Trinidad a toda persona, particularmente a aquellos con quienes vivimos y nos encontramos a diario: familiares, amigos, compañeros de vida y de trabajo. De ese modo nunca olvidaremos el amor tan grande que Dios nos tiene a todos y cada uno de nosotros, sus hijos e hijas.
 
Oración (Oratio): respóndele a Dios desde tu vida. Háblale haciendo oración como respuesta a lo que te   dice.
Dios Padre: ¿Cómo no reconocer tu amor eterno e infinito por nosotros? Gracias por darnos a tu Hijo y  por amarnos como a tu Hijo. Perdónanos por las veces que te hemos olvidado. Dios Hijo: ¿Cómo no reconocer tu gracia salvadora en nuestras vidas? Gracias por habernos dado a conocer al Padre y por habernos dado la vida y vida en la cruz. Perdónanos por las veces que te hemos rechazado. Dios Espíritu Santo: ¿Cómo no   reconocerte como comunión entre el Padre y el Hijo y como nuestro santificador?  Gracias por estar entre nosotros y con nosotros. Perdónanos por las veces que te hemos ignorado. Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio delante de Dios y de ese modo adóralo y contémplalo y, finalmente, saca   alguna aplicación o propósito para vivir en conversión a Él durante la semana.
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

miércoles, 4 de junio de 2014

lectio Domingo de Pentecostés

DOMINGO DE PENTECOSTÉS, A.
 
La palabra "Pentecostés" significa "cincuenta", y son exactamente los días transcurridos desde Pascua y sucedió un importante acontecimiento que hoy recordamos y es la venida del Espíritu Santos sobre los discípulos reunidos en oración. Para los cristianos es el nacimiento oficial de la Iglesia, como una nueva creación en la que el Espíritu de Dios desciende sobre los apóstoles.
 
Lectura Orante de la Palabra de Dios en el Evangelio de San Juan 20, 19-23
 
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo" Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, es quedaran sin perdonar".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura,  personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.
Jesús se presenta en medio de los discípulos cuando tenían las puertas bien cerradas por miedo, les saluda con la paz, les causa alegría y les quita el miedo, y sopla sobre ellos para comunicar el Espíritu Santo, dándoles así el poder de perdonar los pecados y enviándolos a una misión.
Jesús quita el miedo: los discípulos además de tener miedo estaban turbados pero Jesús les saluda con la paz; que no es sólo el deseo de paz, sino una pacificación real porque donde está Jesús hay paz, y la paz de Jesús es consecuencia de haber vencido al mundo. Por eso les puede decir no teman, la paz esté con Ustedes. Lo cierto es que de unos discípulos aterrados no hubieran salido unos valientes predicadores de no haberse dado una experiencia de encuentro real con el Señor Jesús.
Al darles el Espíritu Santo a los apóstoles, Jesús los envía a una misión y será la misión de perdonar a todos las gentes sus pecados. Esta es la característica de la Iglesia de Cristo Resucitado; la nueva comunidad de los creyentes.
 
Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.
La presencia del Resucitado saca al discípulo de sus escondidos temores, de sus  inseguridades y de sus miedos y le trae como primer regalo la alegría de tener presente a su Señor que es la paz interior y la presencia del Espíritu.
Ver al mundo como la misión de Jesús que el apóstol debe llevar adelante es el resultado de la presencia del Espíritu Santo. Sentir en su vida la presencia del Espíritu Santo es recuperar la tarea para la cual nació el discípulo de Jesús, para el mundo y para predicar el perdón como la experiencia más clara del amor que Dios le tiene al hombre.
 
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Padre, envía al Espíritu Santo.
El Espíritu de tu Hijo Jesús, Porque Él nos lo prometió.
Que fecunde nuestras vidas, como fecundó las entrañas de la Virgen María;
Que nos llene de vida como inundó de vida toda la tierra;
Que nos llene de coraje, como llenó a los apóstoles miedosos;
Que nos llene de fidelidad como lo hizo con las legiones de mártires y santos;
Que nos recuerde y enseñe las palabras de Jesús, para entenderlas, vivirlas y anunciar el perdón a los hombres nuestros hermanos.
Ven Oh, Santo Espíritu,
Lo necesitamos para este mundo tan falto de Ti y que vive en la desesperanza, la violencia, la mentira y el odio.
Sigue haciéndote presente con tu Paz, tu Perdón y tu Amor.
Llena de tu Vida a tu Iglesia, y nuestras vidas, puesto que somos enviados al mundo. Amen.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida y toma algún buen propósito para que dejes que el Espíritu Santo transforme los corazones de los que conviven todos los dias contigo.

Feliz fiesta de Dios Espíritu Santo.
 
 
 
 
La Paz con ustedes.