miércoles, 17 de septiembre de 2008

domingo 25° ordinario, A (21 septiembre 2008)


Texto evangélico para meditar y rezar:
Mateo 20, 1-16.

Palabra de Dios.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo al medio día y a media tarde e hizo lo mismo.
Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos les respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. El les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’.
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta llegar a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’.
Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno? De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.
Palabra de Dios

Lectura (qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.

La parábola de los viñadores la escribe sólo S. Mateo. Jesús esta yendo desde Galilea a Jerusalén. Y Jesús les cuenta a sus discípulos esta parábola para explicarles el Reino de los Cielos. La primera parte nos dice como el amo de la viña contrata trabajadores para su viña en diferentes horas del día. La segunda parte cuenta como el mismo amo paga a los trabajadores el mismo pago para todos: un denario. El amo es justo y generoso. La imagen de la viña era ya frecuente en el Antiguo Testamento, puesto que es como un símbolo del pueblo de Israel. Es un lenguaje lleno de sorpresas por parte del dueño de la viña. Quiere decir: Dios llama a trabajar en su Reino a todas horas. Y a los que se empeñen por trabajar en su Reino recibirán el premio de la bondad del mismo Dios.

Meditación (lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.

Esta parábola nos ayuda a meditar el comportamiento de Dios. Es un Dios que quiere ser bueno con todos, en el que no valen los privilegios, ni méritos en su presencia; que da a todos por igual, aunque nos pudiera parecer no ser justo, pero es bueno; precisamente porque se lo da a quienes no lo merecen. Ante el Dios de Jesús, quien se crea con derechos, se verá confundido; Dios no es justo para ser bueno con unos pocos: es bueno con todos, porque concede sus dones sin fijarse en el momento que invita. Es lo escandaloso de la parábola al recibir algunos desiguales reciben igual. Es el amor de Dios que crea igualdad, y produce comunión plena. El propietario que contrata y se pasa todo el día contratando obreros para su viña nos hace descubrir el empeño expreso de nuestro Dios para que no haya ociosos en su Reino.

Oración (lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.

Señor de la Viña que no quieres que ninguno se quede sin trabajar en el Reino de los Cielos y que invitas a todas horas y que pagas a todos sin distinción, que te muestras generoso y bueno para con todos. Señor nos invitas a participar en el Reino de los Cielos, todos los días; y siempre muestras que eres un Dios lleno de bondad y generosidad para con todos.

Contemplación: haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él.

En esta semana contempla como el Señor quiere que trabajes en su Reino y a procurar su Reino. Aprende de la bondad de Dios, que es bueno con todos, sin excepción.
Al celebrar estas fiestas Patrias, trabajemos en todo momento por extender el Reino de Dios anunciado por Cristo y, así, hagamos un México más fraterno, más justo y solidario.
El Señor les bendiga; oraciones y saludos.

Nacho, SDB.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Domingo 24° ordinario, A (14 septiembre 2008)

Texto evangélico para meditar y rezar:
Mateo 18, 21-35

Lectura (Lectio: qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.

Una pregunta de Pedro a Jesús sobre las veces que hay que perdonar a quien nos ofende produce una respuesta contundente y hasta ejemplificada. Jesús afirma categórico que hay que perdonar no sólo “muchas veces”, sino siempre. Jesús ratifica su sentencia al modo oriental, con una comparación que pone al centro el Reino de los Cielos. La comparación tiene como protagonistas a un rey y dos siervos deudores. Un primer servidor le adeudaba muchos millones, no tenía con qué pagar y sólo podría hacerlo si eran vendidos él, su mujer, sus hijos y todos sus bienes, al modo de aquel tiempo. La súplica profunda del siervo movió la compasión del rey y éste le perdonó toda la deuda. Un segundo servidor le adeudaba poco dinero al siervo que había sido perdonado de su deuda millonaria y éste con exigencia agresiva le pedía que le pagara lo que le debía bajo amenaza de enviarlo a la cárcel. El segundo deudor de rodillas suplicaba paciencia y compasión, como el primero lo había hecho, pero no fue escuchado y sí fue enviado a la cárcel hasta que pagara todo lo que debía. Los testigos de lo ocurrido indignados fueron al rey y le contaron lo que sucedió. El rey llamó al siervo malvado y le cuestionó diciéndole: “¿No debías haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Dicho esto lo entrega a los verdugos para que no sea soltado hasta que pague. Concluye Jesús su relato afirmando que “lo mismo hará el Padre celestial con aquellos que no perdonen de corazón a su hermano”.

Meditación (Meditatio: lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.

Todos estamos conscientes de que en la vida ordinaria cometemos o nos cometen todo tipo de ofensas: en la familia, en los grupos de amigos y de trabajo, en la comunidad eclesial y social, por lo tanto el tema no es raro sino muy real y cotidiano. La respuesta de Jesús, que inaugura el nuevo Reino de Dios y la nueva ley con su persona y su mensaje, se opone a la antigua ley del talión: al “ojo por ojo y diente por diente”. Una persona buena y sensata como Pedro (y como nosotros, claro que sí) sabe que se puede y debe perdonar algunas veces, pero el problema es saber “cuántas veces”, de tal modo que esos arranques nuestros de calculador perdón nos permitan seguir dentro de las leyes de la religión y de la tranquilidad de la conciencia. Seguramente ni Pedro ni nosotros esperamos la respuesta de Jesús, y menos estamos dispuestos a seguirla, pero aquí viene la luz de la parábola. Por lo visto todos los siervos eran deudores, y si al que más debía se le perdonó todo, a todos los demás igual se les perdonaría porque una primera súplica ya había abierto el corazón compasivo del rey. Así que aprendiendo de él los demás habrían de ser igualmente compasivos con sus compañeros, dado que ya no había deudas. Pero la lógica se rompe cuando uno no entiende como gracia el haber sido perdonado de todo y se porta de modo justiciero e incriminatorio con quien le adeuda poco. El problema del siervo “malvado” no está en ser deudor, porque todos somos deudores, quién más quién menos, sino en no haber aprendido a perdonar como él fue perdonado, de modo compasivo y misericordioso. Por eso, cuando nosotros no perdonamos y vivimos con rencores que pudren el alma y amargan la vida, lo que hacemos es mostrar que diferimos del pensar y sentir de Dios, que nos ganan la soberbia y el orgullo, y negamos rotundamente la necesidad de Dios y de su perdón, aparentando que somos buenos y perfectos, muy apegados a la “ley”, como los fariseos, pero no a Dios, Padre misericordioso. Por eso hay que aprender de Dios a perdonar siempre y de corazón a nuestro hermano, desde esta actitud se comienza a vivir “en el cielo”, porque se vive en Dios. Démonos cuenta de que el corazón tiene los límites que uno mismo le pone…

Oración (Oratio: lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.

Dios y Padre Bueno, la Palabra de tu Hijo sobre el perdón se me hace simplemente imposible, un perdón sin límites me parece impensable; y nunca lo comprenderé porque me encuentro hinchado hasta la enfermedad de soberbia e hipocresía; porque no he querido ni sabido perdonar escondiendo en mi corazón ese veneno; cuántas veces lleno de orgullo no me he sentido pecador ni me he arrojado a tus pies pidiendo tu compasión y tu perdón. Por eso te pido que me enseñes a ser humilde para reconocerme pecador, y a ser generoso para saber perdonar de corazón.Enséñame a pedirte y a desear el perdón de Ti, Señor, porque he aprendido a pedirlo cuando me he puesto en actitud de perdonar a quien me haya ofendido. Yo sé que tu perdón que estás dispuesto a concedernos ha generado en mí el perdón y el olvido de las ofensas. Y es que Tú, Señor, eres generoso y quieres que nosotros tus hijos aprendamos a serlo dando y perdonando.

Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele un cambio en tu vida para bien tuyo, de los demás y gloria de Él.

Durante la semana hagamos ejercicio de arrodillarnos ante el Santísimo para pedir perdón, y de sonreír y abrazar para ofrecerlo.

martes, 2 de septiembre de 2008

23°domingo ordinario, A (7 septiembre 2008)


Texto evangélico para meditar y rezar:
Mateo 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano. Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”.

Lectura (Lectio: qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.

Este pasaje del evangelio se le llama el discurso eclesial donde Mateo recoge una serie de gestos, sentencias y parábolas que Jesús dice a sus discípulos, presentándonos el comportamiento de los fieles al interno de la comunidad cristiana; porque habla de un hermano que había cometido una falta de mal ejemplo para toda la comunidad y es motivo de escándalo. Es el método que Jesús quiso que existiera para la corrección fraterna en la comunidad.
El evangelio de Mateo introduce el tema del hermano que ha pecado y el modo de reconciliarlo con la comunidad. El pecado de la persona en la comunidad es una falta que ha provocado el mal ejemplo en la comunidad con el riesgo de escandalizar a los que están vacilantes en su fe dentro de ella. En este caso cada miembro de la comunidad tiene el deber de reprender fraternalmente al pecador, no tanto porque tome conciencia del mal cometido sino para que se enmiende y se convierta. La comunidad juega un rol importante. El evangelio de hoy muestra la praxis de la corrección fraterna y subraya en primer lugar el deber de buscar en cualquier modo la reconciliación con el hermano insistiendo sobre la aclaración y el diálogo, antes de llegar a la separación definitiva. Aún cuando la llamada de atención al pecador es severa de parte de la comunidad, debe siempre existir la preocupación de la salvación del hermano y la nostalgia de su regreso a la comunidad. Entre el pecado de un miembro y la vida de la comunidad existe una relación muy estrecha. Y así el motivo más profundo de la escucha de la oración de la comunidad es la misteriosa presencia de Cristo. Es gracias a la presencia de Jesús que en la Iglesia se crea la armonía, superando divisiones y conflictos que tienen su origen en el pecado y en el miedo. El lugar de la presencia de Dios que se revela en Cristo es la comunidad de creyentes reconciliados con Dios y reunidos en oración.

Meditación (Meditatio: lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.

Muy pronto la comunidad tuvo que enfrentarse al hecho de la existencia del pecado en su interior. Descubierto el poder del pecado, los cristianos también reconocen el poder de la gracia. Jesús contó con que el pecado se haría presente en la vida de sus discípulos, no por ello se desanimó el camino de conversión de pecador es oferta de perdón repetida con perseverancia, pero donde la libertad del pecador tenía que ser respetada. La comunidad cristiana tuvo que aprender a perdonar, porque tuvo que reconocer que el pecado era una realidad en su seno; y así el contacto con las faltas de sus miembros la convirtió a la misericordia. Jesús exige a sus discípulos que perdonen, pero también les muestra la forma como deberían hacerlo: con delicadeza, con tacto, con perseverancia. Pero también advierte Jesús por duro que parezca, que no habrá que considerar hermano al que persiste en su falta: a quien rehúsa el perdón ofrecido hay que rehusarle la convivencia fraterna. Y también no hay que olvidar que Jesús prometió que Dios escucharía la oración de quien, reunidos en su nombre, se habrían ocupado por recuperar al hermano caído, por acercarse al alejado de Dios para acercarlo a Dios. Como para hacernos notar que es la oración en común la que es importante. - Los temas que se nos proponen para meditar en este evangelio pueden ser los siguientes: la corrección fraterna, el diálogo, y la oración comunitaria.

Oración (Oratio: lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.

Señor Jesús, hoy nos descubres en tu Palabra tu Amor misericordioso que nos llega a través del perdón de la comunidad. Hoy descubrimos que somos pecadores y el pecado está presente en nuestras vidas; pero tu invitación es a que recorramos el camino de la conversión; así nos quieres perseverando por los caminos del perdón una y otra vez. Así nos quieres para que aceptemos que el perdón y la salvación nos vienen de Ti. Y descubrimos que no nos condenas por ser pecadores, pero tampoco quieres que vivamos en el pecado y menos que compartamos con los demás el pecado. Tú, Señor Jesús, nos dejas en libertad, nos invitas a vivir en comunión y a la aceptación de nuestras faltas y nos pides la humildad y reconocerte como nuestro Salvador. - Señor, Tú no quieres que nadie se pierda; lo buscas como el pastor busca a la oveja perdida; quieres que exista el entendimiento, el diálogo en la corrección entre hermanos; y que tengan la certeza que Tú estas presente cuando dos o más se reúnen para orar; Señor, ayúdanos a apreciar lo que enseñaste y practicaste.

Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él.

- Me consuela, tu preocupación por el que peca; me ilumina saber el método para corregirse entre los hermanos, como también lo que se consigue cuando estamos reunidos para pedir al Padre que está en los cielos y que Tú te haces presente; me invitas a decidirme a vivir esa forma de ser en el diálogo y en la corrección fraterna; haz que deposite más mi confianza en la oración comunitaria.
- Me invitas a crecer en diálogo, humildad para aceptar la corrección fraterna, el sentido comunitario y de oración. Es una invitación a buscar, cueste lo que cueste, la unidad eclesial y el perdón al hermano, mediante el dialogo y el entendimiento. Esta semana ayuda a alguien que te rodea; tal vez lo que necesita es de tu tiempo, de tu corrección amable, de tu perdón fraterno, de tu atención esmerada; recuerda que si logras reconciliarlo con Dios, has encontrado la salvación para él y para Ti también.

Dios les bendiga en todas sus actividades de esta semana. Saludos.

Nacho, SDB.

martes, 26 de agosto de 2008

Domingo 22° ordinario, A (31 agosto 2008)


Texto evangélico para meditar y rezar:
Mateo 16, 21-27

Lectura (Lectio): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.

Hoy tenemos como protagonistas a Jesús y a Pedro, igual que el domingo pasado. Jesús hace el primer anuncio de su pasión entre los pasajes de la profesión de Pedro, del domingo pasado, y la experiencia de la transfiguración del próximo. Ante el anuncio de su propia pasión y muerte para alcanzar la resurrección, vemos a un Pedro desconcertado y escandalizado por tal afirmación por parte de Jesús. Eso deja ver que para Pedro (y muchos de los primeros cristianos) era incompatible el que Jesús fuera “Mesías, Hijo de Dios”, con el sufrimiento y la cruz a manos de los dirigentes de la religión y conocedores y aplicadores de la ley de Moisés. Esta postura de Pedro Jesús la ve como venida del mismo satanás, del tentador, del contrario a Dios. Jesús no deja pasar la ocasión para instruir afirmando que el discipulado exige olvido de sí mismo, cargar la cruz diaria y un seguimiento radical, al punto de valorar más a Jesús que la propia vida, porque Él mismo es la vida y la salvación.

Meditación (Meditatio): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.

En la persona y figura de Pedro se muestra la Iglesia, cada uno de nosotros, en relación con Jesús. El domingo pasado, de modo impulsivo y eufórico, le reconocíamos junto con Pedro como el Mesías, el Hijo de Dios entre nosotros y para nosotros. Sin embargo el día de hoy, lejos de toda euforia y muy cerca de nuestra realidad, nos resistimos y no logramos conciliar el sacrificio de su propia vida, que llega a los niveles escandalosos de la cruz, con su ser Hijo de Dios. Obrando de ese modo nos alejamos de Dios y nos acercamos al mismo satanás, que no acepta los planes de amor de Dios. Mostramos que queremos un seguimiento de Cristo cómodo y, al mismo tiempo, triunfante. Cualquiera de nosotros podemos convertirnos en “tentadores” de Jesús, porque eso quiere decir satanás: alejador de Dios. Cualquiera de nosotros está dispuesto a hacer a un lado el esfuerzo diario, el dolor y el sacrificio de lo propio, exigiendo al mismo tiempo triunfo, felicidad, resurrección. Obrando así nos alejaríamos y alejaríamos a los demás y a Jesús mismo del Plan de salvación del Padre, perderíamos “la vida”, aunque ganaríamos el mundo. Jesús nos enseña y pide, para seguirle y salvar lo más valioso, renuncia y sacrificio de uno mismo y cargar la cruz diaria, sólo de este modo se llega a la resurrección, a la felicidad, al cumplimiento del plan de Dios.

Oración (Oratio): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.

Señor Jesús, muchas veces me pasa como a Pedro: te reconozco como mi Dios y mi salvador en momentos de bienestar y de euforia, pero me escandalizo cuando me hablas de la pasión y la cruz dentro de los planes de amor y salvación del Dios. Te rehuyo y te niego cuando me pides, que para ser tu discípulo, renuncie a mí, a mis intereses y acepte la cruz de cada día: la de la relación y del amor a las personas con las que vivo; la del sacrificio de lo propio para darme a los demás; la de la vida optimista y alegre en medio de los problemas y del dolor; la de la confianza plena en ti aunque pareciera que te has alejado y ya no estás; la del humilde reconocimiento de mi fragilidad y de mi debilidad cuando mi orgullo se levanta para juzgar y dominar. Por todo eso te pido perdón, Señor; para seguirte y salir de todo eso te pido tu ayuda, Señor.

Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él.

Dios bendiga toda tu semana y te sientas feliz de intentar ser mejor seguidor de Jesús. Un abrazo, oraciones y saludos.

P Cleo sdb

sábado, 23 de agosto de 2008

Domingo 21 ordinario, A (24 agosto 2008)


Texto a meditar y orar:
Mateo 16, 13-20.

PALABRA DE DIOS

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”.Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

Lectura (Lectio): fíjate bien en lo que dice el texto, lee atentamente, saca sus personajes, su ubicación, su relación y el mensaje central.

En este relato se encuentran Jesús y sus discípulos. Ocupa parte importante en este diálogo Simón Pedro. Se sitúan en la región de Cesarea de Filipo. Nos presenta las opiniones de la gente acerca de Jesús. Y Simón Pedro, haciéndose voz de los apóstoles, lo proclama como ‘Mesías’ e ‘Hijo de Dios’. Entonces Jesús le recuerda el sentido de su nombre: Pedro, es decir, ‘Piedra’; por lo tanto, será de ahora en adelante, fundamento sobre el que se edificará la comunidad; le confía su Iglesia, le confía su Autoridad. También, le confía a Pedro las ‘Llaves’, la responsabilidad; para ‘atar y desatar’, es decir, para admitir o no en la comunidad. Jesús llama a Pedro de ‘Bienaventurado’, ‘Feliz’, porque se ha mostrado dócil a la inspiración divina y se ha dejado guiar por El. Serán ‘Bienaventurados’ todos aquellos y aquellas que sean capaces de dejarse guiar por Pedro, el vicario de Cristo, en la tierra. De forma que ni los poderes del infierno podrán contra la Iglesia.

Meditación (Meditatio): fíjate en lo que te dice el texto y aplícalo a la vida ordinaria. Escuchamos como los discípulos habían convivido con Jesús algún tiempo.

Les provoca para que se definan. Antes de preguntarles por su opinión personal, quiere saber de sus discípulos lo que la gente está diciendo sobre El. Así les preparaba esta cuestión decisiva: “¿Quién soy Yo para ustedes?” Deben proclamar públicamente lo que en secreto tantas veces han pensado. Jesús no se contenta que le hayan seguido y compartido su trabajo e intimidad. Es que el seguimiento de Jesús no es nunca asunto privado: sino profesión pública, decir en alto lo que siente el corazón; es la manera en que el discípulo superará toda prueba. Confesar a Jesús como lo hizo Pedro; al aceptarlo como Cristo e Hijo de Dios, no sólo proclamó lo que sentía por Jesús, sino lo que Dios quería. Creer en Cristo Jesús supone, hacer nuestro el punto de vista de Dios, ver a Jesús como Dios mismo lo ve, sentir por El lo que Dios por El siente, contemplarlo y amarlo como Dios lo quiere. La doble imagen de la roca y de las llaves define la tarea de Pedro como guía autorizado en el ámbito de la Iglesia, por el poder de la Palabra de Cristo. Pedro primero en la fe y en la confesión de fe, elegido y encargado por el Señor como guía, transformado y llamado con un nombre nuevo, primero en la autoridad que hace de los apóstoles cabezas de la Iglesia, llega a ser así punto de referencia seguro al interno del Colegio Apostólico y en la Iglesia desde sus orígenes y en todos los tiempos.

Oración (Oratio): fíjate ahora en lo que tú le dices a Dios desde la vida iluminada por el texto, después de escuchar a Dios, háblale.

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?” nos preguntas, Señor. Que sean nuestras las palabras de Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Nos invitas a aceptarte a Ti y aceptar tu Iglesia. A reconocerte a Ti y a reconocer a Pedro; a amarte a Ti y a amar a Pedro. A obedecerte a Ti y a obedecer a Pedro. A dejarnos guiar por Ti y dejarnos guiar por Pedro. Sólo así te perteneceremos y perteneceremos a la Iglesia. Amaremos a la Iglesia, obedeceremos a la Iglesia, y edificaremos tu Iglesia. Con la confianza de que nada podrá contra Ella, como lo has dicho, Señor.

Contemplación (Contemplatio):
haz silencio, adora, alaba y bendice a Dios por haberte hablado, déjate llenar de su paz y lleva su palabra a tu vida con un buen propósito.

Sea nuestra esta grande alegría de reconocer y ser como Jesús y de ser Iglesia, obedeciendo a Pedro, es decir, al Papa.

Bendiciones y oraciones para ti y todos tus seres queridos: Nacho, SDB

miércoles, 13 de agosto de 2008

Domingo 20ª ordinario, A (17 agosto 2008)



Texto a meditar, orar y vivir:
Mateo 15, 21-28.

Lectura


Jesús se fue de allí a la región de Tiro y de Sidón. Una mujer de esa región, que era del grupo al que los judíos llamaban cananeos, se acercó a Jesús y le dijo a gritos: —¡Señor, tú que eres el Mesías, ten compasión de mí y ayúdame! ¡Mi hija tiene un demonio que la hace sufrir mucho! Jesús no le hizo caso. Pero los discípulos se acercaron a él y le rogaron: —Atiende a esa mujer, pues viene gritando detrás de nosotros. Jesús respondió: —Dios me envió para ayudar sólo a los israelitas, pues ellos son para mí como ovejas perdidas. Pero la mujer se acercó a Jesús, se arrodilló delante de él y le dijo: —¡Señor, ayúdame! Jesús le dijo: —No está bien quitarles la comida a los hijos para echársela a los perros. La mujer le respondió: —¡Señor, eso es cierto! Pero aun los perros comen de las sobras que caen de la mesa de sus dueños. Entonces Jesús le dijo: —¡Mujer, tú sí que tienes confianza en Dios! Lo que me has pedido se hará. Y en ese mismo instante su hija quedó sana.

Lectura (Lectio): lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.

El relato de la curación realizada por Jesús le sirve a Mateo para mostrar la llegada del Reino y de la salvación a los pueblos paganos. Jesús se retira a territorio pagano es decir al norte de Galilea; pocas veces lo hacía. El evangelista resalta el lugar de procedencia de la mujer cuando dice: una mujer del grupo de los eran llamados cananeos.


Es importante saber que los cananeos habían sido expulsados por los judíos, quienes decían que estos pervertían al pueblo judío induciéndoles la idolatría, y por eso los judíos les llamaban en forma despectiva perros.


Para Mateo es importante presentar la identidad y la figura de esta mujer; que ya de entrada, en Israel, la mujer estaba marginada de la vida pública: y en este caso era una mujer abandonada (porque no tiene un marido que interceda por su hija y debe hacerlo sola) además es gentil, o sea no pertenencia al Pueblo de Israel; detalles muy significativos en torno al diálogo con Jesús. Por tres veces la mujer solicita la ayuda de Jesús pues le reconoce de palabra como “Hijo de David y como Señor”, y lo adora como Dios. Cosa que no hacían los judíos que no reconocían a Jesús como Señor. Pues bien su única petición de esta mujer es implorar la misericordia de Dios, pidiendo a Jesús insistentemente que sane a su hija. Pero a pesar de las súplicas y posibles llantos de dolor de esta mujer, es la actitud de Jesús que no responde. Sin embargo es la enfermedad de la hija y la imposibilidad de la curación la que llena de coraje a la madre; de no haber sido por la urgencia de un milagro la mujer no hubiera acudido a Jesús ni habría importunado a sus discípulos con sus gritos.La respuesta de Jesús a los discípulos que piden e interceden por la mujer es una negativa pues los elegidos primeros y preferenciales son el Pueblo de Israel.

Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.

El episodio relata el grande poder de la fe y se encuentra expresado en la confianza que pone una madre en Jesús surgida de su necesidad y de su sufrimiento. Jesús admira la grandeza de la fe de esta mujer sencilla que, por amor a su hija, no duda en invocarle con insistencia, a pesar de todos los obstáculos y dificultades. Es grande la humildad y desarmante la terquedad de esta cananea. Algo sabía ella sobre Jesús puesto que lo llama “Hijo de David” y además acude a Él sabiendo que sólo Él le ayudará y le insiste que le atienda su petición y no se siente ni ofendida por el diálogo con Jesús ni por su negativa a atenderla pues ciertamente ella no pertenecía al pueblo de Israel. Por ser tan insistente, Jesús la atiende en su necesidad pero además la propone como modelo para los creyentes. Fue la insistencia de la mujer la que venció la resistencia de Jesús. Ante semejante fe y tamaña insistencia, Jesús no puede por menos que claudicar, aunque esta fe la descubra en una mujer pagana; y es que Dios claudica siempre, como Jesús aquel día cuando descubre una fe grande y cuando encuentra tamaña confianza en Él; cuando el creyente se resiste a que Dios le diga no una y otra vez; cuando no se contenta también con los silencios de Dios, porque sabe que obtendrá, como la mujer pagana, lo que desea y pide. Porque el creyente sabe que Dios termina por escuchar a quien responde a su indiferencia con una petición renovada. Y es que el verdadero creyente tiene que aprender a resistir el aparente silencio con el que Dios responde a sus oraciones e insistir en sus peticiones. Y es que la perseverancia y la insistencia en la oración tienen que ser las pruebas más claras de la necesidad que tiene el creyente de Dios y de la confianza total puesta en Él.

Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Señor Jesús, tu paso por la vida, tu presencia salvadora y tu Palabra me invitan a crecer como creyente. Como esta mujer cananea del evangelio de hoy, me descubro intercediendo por los demás, por los pobres, por los que sufren, por los necesitados, por sus necesidades, por sus sufrimientos, por sus penas, por mi sociedad, por mi familia; creer en Ti es para mí ser insistente en mi petición hecha oración, pues es un bien para ellos, para los demás y me descubro intercesor cuando me confío en tu misericordia, en tu bondad, en tu amor.
Tú me conoces bien y sabes que siendo tu hijo, no he estado en muchas ocasiones, tal vez, a la altura de lo que quieres de mí, pero me siento acogido por tu amor y mi fe en Ti me asegura tu misericordia y eso me hace vivir feliz y agradecido contigo, Señor.

Contemplación (Contemplatio).

Te invito a ponerte en las manos de Dios y contemplar los momentos en los que Dios ha intervenido en tu vida; los momentos en que te has sentido que Dios no te ha escuchado y por último que recuerdes los momentos en los que has sido más “insistente” en tu oración ante Dios. Y que todo esto sea motivo de oración y contemplación agradecida.


P. Cleo sdb

viernes, 8 de agosto de 2008

Domingo 19° ordinario, A (10 agosto 2008)


Texto a meditar y orar:
Mateo 14, 22-33.

Evangelio.
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieron a la otra orilla, mientras él despedía ala gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entretanto, la barca iba muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: “¡Es un fantasma!” Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: “Tranquilícense y no teman. Soy yo”.

Entonces le dijo Pedro: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”. Jesús le contestó: “Ven”. Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: “¡Sálvame, Señor!” Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: “Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”.

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: “Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios”.
Lectura (Lectio): fíjate bien en lo que dice el texto, lee atentamente, saca sus personajes, su ubicación, su relación y el mensaje central.

Jesús es presentado con múltiples facetas. Se hace ver la insondable y misteriosa riqueza de su persona. Pero por sobre todo se le presenta como el HIJO de DIOS a quien sus seguidores por propia convicción han de reconocer y adorar aún con su poca fe y sus muchas dudas respecto a él. Veamos algunos de esos puntos: Jesús da de comer su palabra y panes a los que le siguen y los despide atentamente; ordena a sus discípulos que vayan a otra parte para que descansen y él pueda quedarse solo para pasar la noche en oración, con su Padre; se deja ver a los lejos y los discípulos le perciben como un fantasma; camina sobre el agua dejando ver que tiene dominio sobre ella; salva a Pedro de ahogarse y le reprende por su poca fe; su sola presencia serena a los discípulos y calma la tempestad; él, que antes parecía un fantasma y provocaba miedo, ahora es adorado y reconocido como el Hijo de Dios.

Meditación (Meditatio): fíjate en lo que te dice el texto y aplícalo a la vida ordinaria.

La comunidad eclesial de San Mateo con frecuencia experimentaba confusión, miedo, y sentía que no se consolidaba, que fracasaba y se hundía. Al igual que a Pedro, a nuestras comunidades eclesiales y familiares no les alcanza el puro entusiasmo para confiar y seguir decididamente a Cristo. No alcanzamos a distinguir bien la presencia de Cristo cuando con entusiasmo le pedimos que nos llame a seguirlo caminando sobre los problemas de la vida. Sin embargo, con frecuencia y ante los primeros movimientos fuertes, sentimos que la vida se nos hunde. Nuestra poca fe y nuestras dudas nos hunden. Aunque Jesús esté allí, a un lado nuestro, los vientos de la vida cotidiana nos zarandean y nos siembran el miedo y la duda, y nos preguntamos: ¿Será Jesús realmente el Hijo de Dios o es solo algo irreal e ilusorio?, ¿No será mejor confiar en el dinero, el poder, las influencias y las magias y horóscopos, que en Él? Sin embargo Jesús no deja de escuchar nuestras súplicas y gritos de auxilio y de modo inmediato nos tiende la mano para sacarnos a flote sin dejar de hacernos amigablemente un firme reproche: "Hombre o mujer de poca fe, ¿Por qué dudaste?". La actitud de Pedro y los demás que estaban en la barca nos sirve de ejemplo dentro de la Iglesia y de nuestra familia, hay que reconocerlo y adorarlo como el Hijo de Dios cercano y pronto para salvarnos. Jesús no excluye de su Iglesia a quienes tienen poca fe o dudan o se equivocan, sino que los comprende, los educa y los incluye en su barca, una barca en la que caben todos, porque él vino a salvarnos a todos.

Oración (Oratio): fíjate ahora en lo que tú le dices a Dios desde la vida iluminada por el texto, después de escuchar a Dios, háblale.

Señor Jesús, Hijo de Dios, tú eres el salvador en las tormentas de nuestra vida; tú eres la fuerza que nos sostiene en los momentos de miedo y la luz que nos ilumina en los momentos de duda; tú eres la claridad en nuestras confusiones. A ti te adoramos, te bendecimos y te alabamos, a ti te reconocemos como el Hijo de Dios, como el Señor de nuestra comunidad eclesial y de nuestras familias. Tú sabes qué frágiles y cobardes somos, tú ves cómo nos provocan miedo tantas situaciones: tranquilízanos, pacifícanos, sálvanos. Dinos siempre: “no teman, aquí estoy, soy yo”.

Contemplación (Contemplatio): haz silencio, adora, alaba y bendice a Dios por haberte hablado, déjate llenar de su paz y lleva su palabra a tu vida con un buen propósito.

El Año Paulino, que estamos celebrando, conociendo más a san Pablo, sobretodo a través de sus cartas, nos fortalezca en la fe.

Bendiciones y oraciones para ti y todos tus seres queridos:

P. Nacho, SDB