miércoles, 17 de diciembre de 2008

4º Domingo de Adviento, B (21 diciembre 2008)


Texto a meditar y orar:
Lucas 1, 26-38.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

LECTURA

El episodio se centra en dos momentos: la revelación del Plan divino; y el consentimiento de María.

Más que una simple narración de aparición de un ángel, ésta es la crónica de la misión que tendrá que llevar adelante María. Porque Dios anuncia su presencia presentando su plan y, a través de él, presentándose a sí mismo, a María. Vocación personal y revelación de Dios coinciden. El saludo angélico es insólito; antes de decirle a la doncella lo que Dios quiere de ella le ha expresado cuánto la ha querido Dios; y antes de darle la tarea, le ha hecho sentir que la ha escogido.

Los Personajes: El Ángel. es el enviado de Dios que siempre lleva un anuncio de alegría y de esperanza; anuncia nacimientos y revela eventos mesiánicos, explica unos y otros. En el anuncio a María, Gabriel desempeña contemporáneamente todos estos roles. - María. Siempre queda identificada como mujer que tiene como proyecto de vida el matrimonio; y la virginidad, a la que se aludirá más tarde, no será el obstáculo, sino, más bien, el requisito para el proyecto divino. Dios le va a preparar planes para los que ni estaba preparada ni se estaba preparando.- El Novio-.José, el prometido de María, viene mencionado en el Nuevo Testamento siempre en relación al origen de Jesús. Al asegurar al hijo de María la ascendencia de David, José da sólida base a la reivindicación cristiana del mesianismo para Jesús.

MEDITACIÓN

María está presentada hoy como modelo de colaboración con Dios, que anda buscando un modo de encarnarse. Porque el Dios que nació de María, tiene necesidad de colaboradores para hacerse presente y vivo en nuestro mundo.

Por lo tanto hoy tenemos que darnos cuenta de la necesidad que el Dios de la Navidad precisa de fieles que le crean, que le escuchen, cuando descubre su plan de encarnación entre las gentes. Hay que tomar en serio esta “urgencia” que tiene Dios. Un Dios así, tan necesitado como para necesitar de nosotros, se ha puesto a nuestra altura, merece nuestra confianza; un Dios así, que pide permiso para entrar en nuestra vida, como se lo pidió a María, que cuenta con nosotros para hacerse prójimo de los demás; es un Dios de fiar y merece más que respeto.

Dios quiere encarnarse en nuestro mundo y sigue buscando creyentes que se declaren dispuestos como María, a acogerlo sinceramente, con el corazón, totalmente, en sus vidas.

ORACION

Gracias, Padre Bueno, porque cuando buscas salvar a tu pueblo, nos invitas a prestarte nuestras vidas y a creer en Ti. María nos ayuda a contemplar agradecidos el Plan de Amor que has pensado.

Agradecidos porque nos llamas y nos tomas en cuenta y porque te has hecho encontradizo con nuestro mundo te pedimos que nos proporciones la capacidad de acogida y de obediencia que encontraste en María. Dispuestos al “hágase en nosotros la Palabra de Dios”.

Bendito seas, Señor, por las maravillas que obraste en María Virgen. Al tiempo que soñamos y nos deseamos Tu intervención en cada uno de nosotros: ¡Y bendito también porque estarías dispuesto a repetirlas con nosotros, si en nosotros encontraras siervos como María. Amén.

CONTEMPLACIÓN

Con María, maravillémonos del Dios que nos ha concedido un puesto en su proyecto..., siempre que nosotros le concedamos un puesto en nuestra vida. Eso mismo decimos cuando rezamos: “Dios te salve María, llena de Gracia, es Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”.

Preparémonos para la Venida del Señor.
Navidad es Jesús, Dios con nosotros.
Feliz Navidad.

Nacho, SDB.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

3er. Domingo Adviento, B (14 diciembre 2008)


Texto a meditar y orar:
Jn 1,6-8. 19-28


Texto: (lee este texto, serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)

Lectura: (Lectura de lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor):
En medio de tanto rechazo de Jesús, hay quien da testimonio en su favor: Juan, un enviado de Dios. La función atribuida al Bautista es, exclusivamente, de testigo de la luz y el contenido de su testimonio es facilitar el creer en Jesús; no era la luz, sólo la testimoniaba. Y el destinatario del Bautista es el mundo de las tinieblas que no acogió la luz, a pesar de que existieran testigos de ella y son el grupo de discípulos del Bautista, que no han llegado aún a la fe ni a la luz.
La presencia de Juan y su testimonio anuncian las esperanzas mesiánicas, ya ha llegado la salvación tan esperada; no hay lugar, pues, para que lo anuncien próximo sino para que lo atestigüen presente.
El evangelio de Juan presenta al Bautista siendo cuestionado por los judíos y por lo mismo se siente obligado a dar testimonio; queda así establecida, desde el inicio mismo del relato, la confrontación: todo el evangelio de San Juan se presentará como las actas de un gran proceso sobre Jesús; el Bautista es el primer testigo de la defensa y los judíos anuncian la resistencia a creer en él, lo acusarán después y lo condenarán.
La misión del Bautista no consiste en cumplir las esperanzas judías, sino en profundizarlas. El Bautista es simplemente la voz que prepara la salvación, anunciando su llegada. Su bautismo en agua reúne multitudes; no es aún tiempo de salvación, pero está ya señalando su presencia.


Meditación: (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias):

El testimonio de Juan es el primero de una serie, con la que el evangelista presenta la persona de Jesús y que concluirá con su auto revelación. El Bautista se ve obligado a dar razón de su actividad y de su misión.; todo lo que es y hace está en función del que ha de venir después. Con una triple negación corrige las posibles expectativas de los judíos: no es quien esperan, tan sólo su portavoz; proclama lo que debe y no cuanto estaban dispuestos a oír sus interlocutores. Anuncia con su actuación lo mismo que con su palabra, algo que no se esperaban.

Juan presentía cercano a Dios y se puso a proclamarlo. Por su género de vida y sus convicciones personales, no debió caer demasiado simpático a sus conciudadanos; eso no le importaba a Juan, le interesaba su misión personal y su Dios por venir: estando ya de camino, había que dedicarle en cuerpo y alma a prepararle la llegada.

Nuestro testimonio como el de Juan nos debe llevar a anunciar a Aquel a quien servimos y que es mucho mejor de cuanto nosotros logramos anunciar y mayor que nuestras realizaciones. Juan no era el Mesías, pero fue el siervo digno, lo suficientemente bueno como para vivir esperándole y mantener la esperanza viva en otros.

Basta saberlo en camino y saber que uno no es digno de él ni para ponerse a su servicio; pero hay que decirlo con la vida, con las obras que hablen y con palabras que lo signifiquen. Quien conoce que Dios tiene voluntad de encontrarse con los hombres, está llamado, como el Bautista, a servirle de portavoz y pregonero.


Oración: (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo):

Señor Jesús:
Si es breve la espera,
sabemos que Tú estás cercano:
Llega la luz, la luz del mundo.
La oscuridad desaparece
y también en el corazón
se enciende la llama.
¿Quién eres Tú que vienes,
anunciado por el gran profeta?

No conocemos todavía tu rostro,
pero ya nuestro corazón se alegra.
Hemos oído la “voz”
Anunciar tu reino entre nosotros;
nos ha inmerso en el agua,
limpios de nuestros pecados.
Y ahora buscamos tu rostro,
la luz que ilumina el mundo,
la alegría esperada desde siempre.
Juan se pone a “anunciarte” y a “testimoniarte”, Señor,
aquel que es el más digno,
aquel que es potente de Espíritu Santo.

Creemos
y la fe nos hace vivir en la alegría y en la espera en Tí.

Contemplación: (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, adoro, alabo, y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria, personal, familiar, laboral, social, escolar…):

Me siento contemplado por Dios porque Dios quiere mi felicidad. Y descubro que la Buena Nueva de la salvación es un mensaje de alegría; basada en la victoria de Cristo, con su nacimiento, muerte y resurrección. El mundo no es absurdo ya que Dios le ama, y el principio vital de su éxito se nos ha dado una vez por todas en Jesucristo. La alegría que caracteriza este Domingo tiene motivo: “El Señor está cerca”.

Preparándonos al Nacimiento del Señor, les deseo que Dios les bendiga.

P. Cleo sdb

sábado, 6 de diciembre de 2008

2° Domingo Adviento, B (7 diciembre 2008)


Texto a meditar y orar:
Mc 1, 1-8

Evangelio
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.
Según está escrito en el profeta Isaías: "Mira, envío mi mensajero por delante de ti, el cual preparará tu camino. Voz del que grita en el desierto: ¡Preparen el camino al Señor; nivelen sus senderos!"
Apareció Juan el Bautista en el desierto, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y, después de reconocer sus pecados, Juan los bautizaba en el río Jordán.
Juan iba vestido con pelo de camellos, llevaba una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Esto era lo que proclamaba: "Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. Yo los bautizo con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo.

Lectio:
Este pasaje marca el inicio de la Buena Nueva según Marcos, que es el Evangelio más antiguo. Aquí se presenta la imagen del precursor del Mesías que es Juan el Bautista. Se le representa en el desierto que es el lugar de la primitiva alianza, lugar del encuentro con el Dios que sacó de Egipto al pueblo de Israel (Oseas 2, 16).Se le caracteriza como al profeta Elías (2 Reyes 1, 8), que según una creencia difundida entre muchos judíos milenaristas, habría de regresar antes de la llegada del Mesías. Come langostas y miel silvestre, no pan o alimento elaborado por los hombres, mostrando así su total dependencia a Dios.

Juan anuncia un bautismo de conversión, un baño en agua, pero reconoce que hay un bautismo mayor que es el del Espíritu Santo, que sólo es capaz de darlo el Mesías. La preparación del camino, según la profecía de Isaías (40, 3) anuncia la inminencia de la salvación de Dios que llega para restaurar a Jerusalén.

Meditatio:
El tiempo de adviento nos recuerda la llegada del Hijo de Dios, tanto al fin de los tiempos (escatológica), como el recuerdo de su nacimiento de María en Belén (histórica).

Su llegada no tiene que ser tiempo de terror como muchas veces nos lo hacen ver algunas corrientes apocalípticas, su llegada es el momento de la Salvación y la Misericordia. Por ello, el preparar el camino no es un requisito para su advenimiento, sea cual sea nuestra disposición el Señor llegará. El preparar el camino no es un beneficio para Dios, cuya grandeza puede sortear cualquier monte o valle; ante él no somos dignos ni siquiera de inclinarnos para desatar la correa de su sandalia. El preparar el camino es un disponernos a acoger la Gracia del Espíritu Santo. El bautismo de conversión hecho por Juan es una invitación a recordar los beneficios que de Dios hemos recibido para poder acoger el gran don que Jesús viene a traernos: el ser Hijos de Dios (Gálatas 4, 6).

La urgencia de la conversión tiene su base en el tiempo que estamos perdiendo de no recibir al Señor que ya está entre nosotros, como escucharemos después en el prólogo del Evangelio de Juan: "Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron" (1, 11).

Este mensaje está en continuidad con el del domingo anterior que nos habla de estar vigilantes a la llegada del Señor, y con el próximo que nos mostrará la figura de Juan el Bautista que reconoce la salvación que supera en mucho nuestra pequeñez.

Oratio:
Señor, se acerca la hora, tu hora, el tiempo de tu presencia en mi vida. Dame la luz necesaria para saber reconocer los signos de tu paso por mi vida, para poder abajarme y reconocer que estoy necesitado de ti, de tu Gracia, de tu paz.

Así podré allanar las montañas de mi orgullo y altivez para abrirme a la sencillez de quien espera la salvación como un regalo; así podré rellenar los valles de mis desánimos, inflamado por la esperanza en el momento de mi plena liberación por el don de tu Espíritu con que me has bautizado para participar de la Buena Nueva de ser hijo de Dios. Amén.

Contemplatio:
En la espera de la celebración de la Navidad, trata de reconocer que la presencia de Dios en tu vida no se reduce a una fecha, sino que poco a poco se va cumpliendo en la medida en que dispones tu vida para su llegada, y con esa esperanza, cambiar el sentimiento de temor por el de gratitud para lograr una conversión más auténtica.

martes, 25 de noviembre de 2008

1er. domingo Adviento (30 noviembre 2008)

Texto a meditar y orar:
Marcos 13, 33-37



Lectura (Lectio): lee atentamente y cuantas veces sea necesario el texto evangélico y descubre su estructura, sus personajes, sus actitudes, sus relaciones. Busca lo que dice la Palabra de Dios en sí misma.

Estamos iniciando el calendario “litúrgico” con el tiempo de adviento y el motivo fuerte y profundo se refiere a la “pronta venida de Cristo”. En el contexto de ésta venida, el cristiano vive su propio camino. Las lecturas bíblicas de este tiempo proponen los lineamientos del camino del cristiano que espera encontrarse con su Señor.

El evangelio de este domingo es una pequeña parábola que habla de la venida del dueño de la casa. Por lo mismo, el “dueño” (“dueño” = “Señor”), viene al encuentro de sus siervos mientras ellos están ocupados a su servicio y en un tiempo que se señala durante la “noche”. Hay un mandato que es el de “vigilar” y viene motivado por Jesús así: “No sabéis a qué hora será el momento preciso”, es decir, “el día y la hora”, del regreso de su Señor. Estas palabras parecen unir la necesidad de la vigilancia con la ignorancia del tiempo en el cual el Señor vendrá al encuentro con sus siervos. Tal motivación se confirma con la imagen del ladrón, lo imprevisible y lo clandestino. El dueño de la casa motiva a los siervos en la necesidad de una vigilancia continua, ininterrumpida, incansable. Para los siervos que se mantienen despiertos, el Señor no llega inesperadamente porque “lo están esperando”, siempre están atentos para abrirle la puerta mientras llega y toca. Estos tales, son declarados “Bienaventurados”, justamente porque están “despiertos” y “prontos”.



Meditación (Meditatio): descubre lo que la Palabra de Dios te dice ahora a ti en tu vida ordinaria, en tus circunstancias.

Vigilar es sobre todo, estar atento y en tensión para captar “al que está por llegar”, para sentir casi en anticipo sus pasos, para anticipar el abrazo y el “apretarse a él”, cuando su rostro se aclara y no se esconde más. “Vigilar” será entonces una actitud orientada hacia el encuentro esperado. Todavía más, es estar esperando lo inesperado, no se sabe en qué hora llegue ni cual es la forma en que llegue. Existe por lo tanto el riesgo de la rutina de una administración cansada de lo que se nos ha dejado administrar. Es necesario recuperar la dimensión de la espera tan viva y fuerte en los profetas y en los apóstoles; y tan pérdida en nuestro tiempo. El mejor medio para conocer a Dios es buscarle e ir a su encuentro; es aquel de no tenerlo, sino desearlo con ardiente sed, andar buscándolo, hurgando en los signos y en los sonidos su voz e “ir a su encuentro”.



Oración (Oratio): desde lo que dice la Palabra en sí misma y desde lo que te dice para la vida respóndele, háblale, dialoga con Él.

Padre Bueno, que me invitas a estar en espera, al acecho de tu venida y en actitud de vigilancia. Porque me has llamado a cuidar y administrar tus bienes y me has comprometido en el trabajo que Tú quieres que haga mientras Tú regresas.

Te suplico que me enseñes a administrar lo que es tuyo; pero más importante que me enseñes a vivir con actitud creativa la vigilancia y con sed ardiente tu espera, porque vas a llegar en el momento más inesperado y me quieres disponible y con las manos llenas, y rindiéndote cuentas de lo que te pertenece.

Hoy me señalas que lo importante es vivir en vigilancia; es decir, en espera de tu persona; que mis pensamientos y mis acciones sean expresiones de atención a la menor indicación de que el Señor estás por llegar; que mi pensamiento esté completamente marcado por Tí y por tu pronta venida; que todo mi ser, gire en torno a ésta venida y a este acontecimiento. Te pido, Señor, que enseñándome a esperar al Esperado, que eres Tú y que mi vida no caiga en la rutina de una administración de tus bienes sin sentido.



Contemplación (Contemplatio): haz silencio, adora, alaba y bendice, déjate consolar e iluminar y toma una decisión que implique tu vida familiar, laboral, escolar, social...

P. Cleo sdb

martes, 18 de noviembre de 2008

Solemnidad Cristo Rey del Universo, A (23 de noviembre de 2008)


Evangelio:
Mateo 25, 31-46.

Con este Domingo, fiesta de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, concluye el año litúrgico; en el que hemos venido haciendo memoria de cuanto Dios ha hecho por nosotros y pudimos por ello sentirnos con El agradecidos. Tenemos buenos motivos para festejar el reinado de Cristo, que comenzó cuando venció la muerte, resucitando. Pero nuestra alegría sería inútil como nuestras esperanzas también, si no nos preguntáramos si, de verdad, queremos pertenecer a ese Reino.

Hoy nuestra celebración nos tiene que llevar a reconocer que Dios ha estado con nosotros durante este año, sin olvidar, como nos dice la Palabra de Dios que aún debemos responder ante El por tanta bondad ya recibida. Aceptar a Cristo como nuestra Rey nos obliga hoy a vivir ya sometidos a su voluntad; esperar su Reino como nuestra herencia nos impone el cumplimiento de lo que El quiere de nosotros.

LECTURA, Encontramos a Jesús y sus discípulos en el largo discurso, sobre el juicio final, que es exclusivo de san Mateo. Describe ese juicio de manera gráfica y popular; como rey y juez rodeado de gloria, acompañado de todos sus ángeles para dictar sentencia; y es el pastor que separa las ovejas de los cabritos. Es en ese momento del juicio, que se tiene una separación radical entre buenos y malos, entre los que entran y los apartados y puestos fuera, que se encontraban a la derecha o a la izquierda. Con la imagen del Rey Pastor, Mateo recuerda a su comunidad que el provenir de Dios va antecedido por su juicio del Señor. El escenario es grandioso: la sentencia será definitiva. Significativo es el paralelismo con que están construidas las dos escenas del juicio: tanto los buenos como los malos se condenan por lo que hicieron u omitieron. Además la advertencia es realmente grave, los dos grupos no se daban cuenta a quien estaban haciendo el bien, ni mucho menos, a quien se lo negaban.

Es necesario tener en cuenta el criterio de que se sirve el juez para pronunciar sentencia: es la preocupación efectiva de cada persona por los pobres y necesitados. El texto nos presenta e identifica a los necesitados con el mismo Señor Jesús. Y nos presenta ejemplos concretos en dónde se han encontrado a Jesús: en el hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo y encarcelado, porque le dieron de comer, le dieron de beber, lo hospedaron, lo vistieron, lo visitaron o lo fueron a ver. “Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo”. Termina diciendo: “Entonces irán estos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

MEDITACION, Este relato, el del Juicio Final, nos ayuda a meditar en el Señor Jesús, quien aparece como Rey, juzgando. Y nos hace reflexionar en ese momento. Cómo y qué se hizo en el Reino, durante la propia existencia. Nos hace reflexionar en la Vida Eterna y en el Castigo Eterno. En el “vengan benditos de mi Padre, tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo” O en el: “apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles”, porque se preocuparon de hacer el bien a los más insignificantes o por lo que dejaron de hacer a los más insignificantes. Jesús mismo se lo advirtió a sus discípulos. Con la imagen del Pastor que dispone con libertad absoluta de su rebaño y nos advierte cómo piensa ser rey: llegará el día en que “separará unos de otros, como el pastor separa ovejas de carneros”. Quizá no nos estemos dando cuenta de lo mucho que arriesgamos: el rechazo de Dios puede ser nuestro porvenir. Nos conviene tomar en serio lo que nos estamos jugando. Jesús ha querido adelantarnos los criterios que van a guiar su juicio: y es sorprendente que no se nos vaya a preguntar si hemos amado mucho, o siempre, a Dios; si hemos seguido a Cristo o hemos vuelto a El siempre que lo dejamos; lo que sí nos preguntará, si nos hemos interesado por los más pequeños de sus hermanos; por aquellos que han necesitado de nuestra ayuda. No seremos juzgados por los buenos sentimientos que tenemos en el corazón ni por los buenos propósitos que hicimos; solamente lo que hayamos hecho a uno de esos hermanos más pequeños nos salvará; o seremos condenados por no haber hecho nada. No son obras extraordinarios las que decidirán si Dios es nuestro porvenir; porque dar agua al sediento, vestido al desnudo, visitar al enfermo lo mismo que al encarcelado. Y sin embargo, su sola práctica nos hará ciudadanos del Reino. Salvación o condena, Dios o su ausencia total, dependen de nuestra misericordia que supimos hacer.


ORACION, Señor nos has hablado con tu Palabra y nos dices que serán dichosos para siempre aquellos o aquellas que han hecho el bien, a los más insignificantes, aún sin saber que te lo hacían a Ti, porque se encontrarán con un Juez que los hará entrar a la Vida Eterna. También, es bueno saber, aunque suene dura tu Palabra, que lo que no hicimos a los más insignificantes, te lo hemos dejamos de hacer a Ti, Señor. ¿Cuándo, Señor, te vimos? Ser misericordioso, hoy, con quien nos necesite, hoy, será nuestra salvación el día del juicio. Lo que hagamos a uno de los más pequeños e insignificantes, Dios lo considera hecho a sí mismo. Te pedimos que nos concedas la gracia de ser siempre sensible al hermano o a la hermana que tiene necesidad. Señor, justo juez, si vinieras a juzgarme hoy, ¿qué cuentas te presentaría?


CONTEMPLACION, (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, adoro y alabo, y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria personal, familiar, social, laboral, escolar…) La Fiesta de Cristo Rey nos invita a esto:

Cambiar el Mundo. Ustedes saben muy bien que el Día puede nacer, que debe nacer, que el mundo debe cambiar. Ustedes los jóvenes deben sentirse en la responsabilidad de cambiar el mundo, de darle la vuelta al mundo. Yo les pediría a ustedes, muchachos y muchachas, la capacidad, las ganas, la voluntad de soñar, de cambiar... No se conformen con las cosas como están. Ni en sus familias, ni en nuestros pueblos, ni en la sociedad, ni en la Iglesia. ¡Vamos a cambiar! (Pedro Casaldáliga, Obispo).

Compartir el Pan. ¿Tratas con honor al Cuerpo de Cristo? No lo desprecies cuando esté desnudo. No lo honres aquí, dentro de una iglesia para, después, despreciarlo fuera, cuando sufre frío y desnudez. Porque el que dijo “Esto es mi Cuerpo” es el mismo que dijo: “Tuve hambre y no me diste de comer”. ¿De qué te servirá adornar el Altar de Cristo?

Sacia, primero, al hambriento y ven, después, a adornar el Altar. ¿Eres capaz de fabricar un cáliz de oro y no eres capaz de dar un vaso de agua fresca? El Templo de tu Hermano necesitado es mucho más precioso que este templo. El Cuerpo de Cristo es para ti un altar. Es más sagrado que el altar de piedra sobre el que celebras el santo Sacrificio. El altar lo tienes en todas partes: en las calles, en las plazas (San Juan Crisóstomo).

Saludos y bendiciones. ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! fue lo que gritaron los mártires mexicanos, y muchos más en diferentes tiempos y lugares de nuestro mundo.

Nacho, SDB

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Domingo 33° ordinario, A (16 de noviembre de 2008)


Texto a meditar y orar:
Mt 25, 14-30

Evangelio.


Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió.

En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. "Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado." "Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor."

Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: "Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado." "Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor."

Llegó luego el que había recibido un solo talento. "Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!" Pero el señor le respondió: "Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes."»
Palabra del Señor.

Lectura (Lectio): fíjate bien en lo que dice el texto, lee atentamente, saca sus personajes, su ubicación, su relación y el mensaje central.

El Evangelio con el lenguaje de las parábolas habla del hombre que dejando a sus empleados al cuidado de sus bienes partió repartiéndoles sus propiedades en forma de talentos, según las capacidades de cada siervo y después regresando quiso ajustar cuentas sobre la administración y la responsabilidad de lo encomendado.

Ciertamente el talento era una unidad contable que equivalía a unos cincuenta kilos de plata, y se empleaba para medir grandes cantidades de dinero. Era equivalente a unos seis mil denarios, y un denario aparece en el Evangelio como el jornal de un trabajador del campo. Aún el siervo que recibió menos bienes (un talento) obtuvo del Señor una cantidad de dinero muy grande.

El relato recorriendo la primera parte como una normal descripción se detiene en el hombre que recibió un denario y es explícito en describir el procedimiento que utiliza para no perder el denario que se le había encomendado y más su forma de razonamiento que utiliza para llegar a la sentencia final que muestra la dureza del dueño.

Uno de los siervos escondió el talento que le había sido confiado: Siervo malo y perezoso le llama su señor. Este siervo no sirvió a su señor por falta de amor.


Meditación (Meditatio): fíjate en lo que te dice el texto y aplícalo a la vida ordinaria.

La parábola es un homenaje a la responsabilidad activa y a la libertad humanas. Una llamada al trabajo, a la creatividad, al riesgo, a la valentía en la vida de cada día. Lo que se exige es siempre poco en comparación con lo que se recibe.

El hombre no es dueño, sino administradores de unos bienes recibidos y encomendados de los que ha de dar cuenta. El Evangelio señala que la vida en la tierra es un tiempo para administrar la herencia del Señor, y así ganar el Cielo. Esta muy claro en la parábola: Los siervos somos nosotros; los talentos son las condiciones con que Dios ha dotado a cada uno; el tiempo que dura el viaje del amo es la vida; el regreso inesperado es la muerte; la rendición de cuentas, el juicio; entrar al banquete, el Cielo.

Por lo tanto Dios encomienda a todos una misión, da unos talentos desmedidos y espera una respuesta productiva que exprese la actitud creativa de la persona.

Sin embargo uno de los siervos temeroso de su Señor primero y llamado malo y perezoso después, esconde el talento que le había sido confiado. Este siervo ofende e indigna a su señor por su falta de amor. Y es que lo contrario de la pereza es precisamente la diligencia, que significa amar. El amor da alas para servir a la persona amada. El Señor condena al que no desarrolla los dones que Él les dio y los emplea en su propio servicio, en vez de servir a Dios y a sus hermanos los hombres.

Para Jesús tener miedo equivale a no tener fe. La fe no es algo que se encierra, es vida que se expresa en amor y entrega a los demás.


Oración (Oratio): fíjate ahora en lo que tú le dices a Dios desde la vida iluminada por el texto, después de escuchar a Dios, háblale.

Señor Jesús,
Señor, soy un trasto, pero te quiero;
te quiero terriblemente, locamente,que es la única manera que tengo yo de amar,porque ¡sólo soy un payaso!Señor acepta la ofrenda de este atardecer...
Mi vida, como una flauta, está llena de agujeros...,pero tómala en tus manos divinas.
Que tu música pase a través de míy llegue hasta mis hermanos los hombres;
que sea para ellos ritmo y melodíaque acompañe su caminar,alegría sencilla de sus pasos cansados...
Ulibarri Fl.


Contemplación (Contemplatio): haz silencio, adora, alaba y bendice a Dios por haberte hablado, déjate llenar de su paz y lleva su palabra a tu vida con un buen propósito.

¿Qué miedos me impiden multiplicar los talentos que he recibido? Examinemos cómo aprovechamos el tiempo, la puntualidad y el orden; si dedicamos la atención debida a los deberes familiares; si procuramos extender el Reino de Cristo en las almas y en la sociedad con los talentos
recibidos.

Dios te bendiga
P. Cleo sdb

jueves, 6 de noviembre de 2008

Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán (9 de noviembre de 2008)


Esta fiesta nos hace ver el significado y el valor del templo en la vida religiosa del Pueblo de Dios y sobre la función cultual de nuestras iglesias catedrales y parroquiales.

En el año 324 fue erigida la primera basílica (casa del rey) por el emperador Constantino en el palacio de Letrán. Inicialmente sólo era una fiesta para la ciudad de Roma y desde el año 1565 se extendió a todas las iglesias.

La Archibasílica de San Juan de Letrán o San Giovanni in Laterano es la Catedral de Roma, donde se encuentra la sede episcopal del Obispo de Roma (el Papa). Está dedicada a Cristo Salvador, sin embargo es más conocida con el nombre de san Juan de Letrán porque tanto Juan Evangelista como Juan Bautista indicaron al Salvador.

El nombre oficial es Archibasilica Sanctissimi Salvatoris, es la más antigua y la de rango más alto entre las cuatro basílicas mayores o papales de Roma, y tiene el título honorífico de "Omnium urbis et orbis ecclesiarum mater et caput" (madre y cabeza de toda las iglesias de la ciudad de Roma y de toda la tierra), por ser la sede episcopal del primado de todos los obispos, el Papa. Fue consagrada por el Papa San Silvestre I.


Lectio Divina del Texto
Juan 12, 13-22.

Cuando se acercaba la Pascua de los Judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: “Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre”.

En ese momento, sus discípulos se acordaron de lo que estaba escrito: El celo de tu casa me devora.

Después intervinieron los judíos para preguntarle: “¿Qué señal nos das de que tienes autoridad para actuar así?”. Jesús les respondió: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Replicaron los judíos: “Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?”
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho aquello y creyeron en la Escritura y en las palabras que Jesús había dicho.

Lectura:

Este relato los discípulos lo entendieron mejor ya después de la resurrección del Señor y recordaron lo sucedido. Nos presenta este texto cuando Jesús llega a Jerusalén por motivo de la Pascua, y se acercó al Templo. Primero nos hace ver la situación de cómo lo encontró; segundo, la actitud de Jesús, y nos presenta la reacción del Señor, al contemplar cómo habían transformado la Casa de su Padre; en tercer lugar, el pensamiento de los judíos en relación al significado del templo; y finalmente para los discípulos qué significado tuvo este hecho de la vida del Señor ya Resucitado.

Meditación.

Esta acción de Jesús nos hace ver que el Templo es la Casa de Dios, Padre Nuestro. Está anunciando una nueva víctima: a El mismo y no ya los animales destinados al sacrificio; y, sobretodo, Jesús con su Resurrección nos ha indicado cómo es ahora nuestra relación con el Padre y entre los discípulos Así como Jesús tiene un gran amor por la casa del Padre, lo recordaron los discípulos, también nosotros: El celo de tu casa me devora.

Y esto nos lleva a meditar, a amar, a tener ese celo o pasión, por el lugar donde estamos reunidos cuando celebramos la Eucaristía, ¡cuántas cosas importantes han pasado! Seguramente que muchos han sido bautizados en este templo, y han iniciado así su camino cristiano. Muchos también han recibido aquí la primera comunión y desde aquella primera vez han continuado participando cada domingo en la Misa. También han recibido aquí la confirmación, o han celebrado su matrimonio. Y más de una vez han venido a decir el último adiós, y a rezar, por algún pariente o amigo difunto. O han entrado aquí a rezar ante el sagrario. Este templo es una señal visible de todo esto y todas las iglesias nos recuerdan que Dios está presente en medio de su Pueblo.

Todos nosotros hemos sido consagrados "templo de Dios" el día de nuestro bautismo. Por esa razón todo hombre y mujer merece respeto, estimación, valoración. "Si alguno destruye el templo de Dios, Él lo destruirá porque el templo de Dios es santo: ese templo son ustedes".

Cada hombre y cada mujer son sagrados. No podemos convertir a nuestro hermano en esclavo o servidor nuestro, en alguien a quien no sabemos perdonar, comprender, ayudar. Nadie es un instrumento, un productor o un objeto de placer para nosotros. Cada hombre y cada mujer, sea barrendero o artista de cine, sea gobernante o un obrero sin trabajo, sea viejo o niño, sea un ejecutivo triunfante o un minusválido, sea una mujer llena de belleza o una mujer fea, sea un policía o un terrorista, todos son "sagrados", son templo de Dios. Merecedores de todo amor, de todo respeto, de toda comprensión.

Que la Eucaristía de hoy nos haga vivir más intensamente los cimientos de nuestra fe. Que siempre que entremos en esta iglesia, o en cualquier otra iglesia, o siempre que pasemos por delante de la misma, se renueven estos cimientos. Sobre todo debemos dar frutos en el cumplimiento de los mandamientos, especialmente del mandamiento "nuevo" de la caridad que es el cimiento que sostiene a la Iglesia fundada por Cristo.

Oración.

Señor ¿Por qué razón nosotros los cristianos debemos ir al templo los Domingos? Porque es el día de la Resurrección del Señor. Jesús no nos salva separadamente; Él ha venido para formar un Pueblo, una comunidad de personas, para que vivamos en comunión con Él y entre los hermanos; es decir, siendo Iglesia. Este lugar, el templo, nos invita constantemente, cuando escuchamos las campanas o vemos las torres de nuestras iglesias, y somos llamados, convocados a ir, porque es el lugar privilegiado para encontrarnos contigo y con los demás, y ser así Iglesia, Comunidad: lugar donde escuchamos tu Palabra y donde celebramos el memorial de la muerte y resurrección del Señor. Y recibimos la Eucaristía para poder llegar un día contigo. Ayúdanos a saber valorizar cada vez más nuestra fe en el Señor resucitado. Amén.

Contemplación:

¿Cada cuando vamos a la Iglesia o Templo? ¿Hay algo que podamos mejorar al respecto?
Durante este mes invita a algunas personas a ir a la Iglesia a orar un momento. Puede ser tu familia o alguno de tus amigos.

El Señor les bendiga. Nacho, SDB.