miércoles, 14 de enero de 2009

2º domingo Ordinario, B (18 enero 2009)


Texto a meditar y orar:
Juan 1, 35-42

Al día siguiente Juan estaba otra vez allí con dos de sus discípulos, y vio a Jesús que pasaba, y dijo : He ahí el Cordero de Dios. Y los dos discípulos le oyeron hablar, y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y viendo que le seguían, les dijo : ¿Qué buscáis? Y ellos le dijeron: Rabí (que traducido quiere decir, Maestro), ¿dónde te hospedas? Él les dijo : Venid y veréis. Entonces fueron y vieron dónde se hospedaba; y se quedaron con Él aquel día, porque era como la hora décima. Uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús era Andrés, hermano de Simón Pedro. Él encontró primero a su hermano Simón, y le dijo : Hemos hallado al Mesías (que traducido quiere decir, Cristo). Entonces lo trajo a Jesús. Jesús mirándolo, dijo: Tú eres Simón, hijo de Juan; tú serás llamado Cefas (que quiere decir: Pedro).

Lectio (lee detenidamente el texto e identifica sus elementos principales):
El Evangelio de Juan nos muestra una vocación de los primeros discípulos diferente a los Evangelios Sinópticos - donde Jesús llama a los primeros pescadores a la orilla del mar -. Jesús es seguido por dos discípulos de Juan, cuyo número indica la capacidad de ser testigos, son gente ya iniciada en la búsqueda de Dios. Juan el Bautista les ha presentado a Jesús como el Cordero de Dios, símbolo del sacrificio pascual y del cumplimiento de la Alianza.
A diferencia del relato de quienes se ofrecen a seguir a Jesús y él les responde que el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8, 18-20; Lc 9, 57-58) , la respuesta de Jesús es una invitación a ver dónde vive él. La experiencia resulta ser tan significativa para estos discípulos que pasan el resto del día, y es tan fuerte que Andrés busca comunicarla con su hermano Simón.
El cambio de nombre significa una vida nueva, una misión especial, quien da los nombres nuevos está recreando a la persona, es una de las maneras de actuar de Dios (Abraham e Israel, por ejemplo). El nombre de "Piedra" habla tanto de testarudez, como de firmeza.

Meditatio (reflexiona acerca de la Palabra leída y de las repercusiones que tiene en tu vida):
Los discípulos que se encuentran con Jesús, ya estaban en un proceso de búsqueda, ¿sigo buscando a Dios para seguirle, o doy por supuesto que ya lo poseo y no necesito buscar más? Dios nos sale al encuentro, pero ocupamos abrir el corazón para poderlo reconocer.
Estar con Jesús es una experiencia que transforma, para él no basta un seguimiento de su causa, sino un deseo de quedarse con él. Muchos pueden hacer el bien, pero lo importante para el cristiano es estar con su Señor, pues el cristianismo no es una ideología, sino una alianza que toca todas las dimensiones de nuestra existencia, no es "amor de un rato", sino de permanecer. ¿Qué tanto mi encuentro con Dios es un encuentro interpersonal?, ¿qué tanto dialogo con él?, ¿cuánto tiempo "pierdo" para estar con él?
Estar con Jesús no es una experiencia egoísta, quien encuentra a Jesús siente la necesidad de comunicarlo, no es un Dios que uno posea, es un Dios que se ofrece a todos. Así como Andrés llevó a su hermano Pedro ante Jesús, ¿a quiénes he llevado a Jesús en los últimos días?, ¿meses?, ¿años?
El cambio de nombre representa una misión, una predilección por parte de Dios. Cuando nos bautizamos, se nos dio un nombre: ¿qué significado tiene mi nombre para mí?, ¿cómo puedo relacionar mi identidad dentro del proyecto de Dios?

Oratio (expresa ante el Padre Dios tu oración que brota de este pasaje del Evangelio):
Padre Bueno, que has establecido una Alianza Nueva y Eterna a través de Jesús, tu Hijo, el Cordero sin mancha, dame la luz de tu Espíritu para saber reconocerlo en mi caminar por el mundo. Dame el valor para acercarme a él y descubrirlo vivo en la Palabra, en la Eucaristía y en mis hermanos más necesitados. Dame el valor para permanecer a su lado; quisiera estar con él hasta la noche de mi vida, y antes que separarme de él, quiero que todo confluya en él: mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi sociedad. Dame la audacia para gritar a todos - no sólo con palabras, sino con toda mi vida - "Hemos encontrado al Mesías". Amén.

Contemplatio (goza las promesas de tu Señor contenidas en esta Palabra, y haz un acto que te ayude a vivir la salvación):
Pon atención en la Eucaristía en el momento de la fracción del Pan: "Este es el Cordero de Dios...", saborea el significado de ese pan que es vida para ti y los demás, y al momento de comulgar "pierde" tiempo con él, platicándole, dejándole que le hable a tu corazón, y ofrece esa comunión por aquellos de tus hermanos que por diversas causas no pueden acercarse sacramentalmente a Jesús, tu Señor.

martes, 6 de enero de 2009

El Bautismo del Señor (11 enero 2009)



Evangelio que vamos a meditar y desde el cual vamos a orar:
San Marcos 1, 7-11

Lectio (Lo que dice el texto)

Brevemente el evangelista relata el inicio del ministerio público de Jesús: la predicación del Bautista y la intervención pública de Dios lo identifican como el Dador del Espíritu e Hijo predilecto de Dios. La narración sirve para descubrir la verdadera identidad de Jesús: es mucho más de cuanto se podía esperar, dado su poder de bautizar con el Espíritu de Dios; Dios en persona rompe su silencio, y el cielo, para declararlo públicamente su hijo. Difícilmente podría empezar mejor la 'vida de Jesús', el Mesías e Hijo de Dios. Así da a entender Marcos a sus lectores que su personaje no es un hombre de Dios más y que su mensaje no es simple buena noticia. En su persona y en su predicación se va a hacer presente el mismo Dios.

El evangelio hoy nos presenta a Jesús, ya adulto, que baja al Jordán para ser bautizado por Juan. Para Jesús tuvo que ser ésta una decisión fundamental, tanto como para señalar un hito en su vida: hasta este momento, y aunque apenas sepamos algo de cuanto pudo haber hecho antes o cómo debió haber vivido, se puede decir que llevó una existencia normal, la que correspondía a un campesino galileo; de ahora en adelante, vivirá en los caminos, sin techo ni familia propias, anunciando cercano el reino de Dios y acercándose a los hombres que quisieran escucharle; casi todo cuanto sobre él sabemos, los milagros que conocemos así como sus parábolas, las continuas disputas con sus antagonistas y la difícil relación con sus discípulos, su vida errante y su muerte trágica, corresponde al período que sigue a este encuentro con el Bautista y es su consecuencia lógica. El bautismo transformó radicalmente a Jesús: si tanto significó para él, ¿qué no podrá significar para nosotros?

Para los judíos el bautismo era una práctica penitencial; quien lo recibía, reconocía sus propios pecados y buscaba de todo corazón volver a Dios. Jesús se unió a una muchedumbre que descendía al Jordán en busca de perdón y ansiosa de conversión; pero su bautismo no fue efecto de su arrepentimiento: Dios en persona se encargaría de disipar cualquier sombra de duda al declararlo públicamente su Hijo Predilecto. Quienes fueron al Bautista para acercarse a Dios, encontraron en aquel compañero de camino al Dios que habían perdido: el Dios que creían alejado de sus preocupaciones y de su pecado, el Dios que tantas veces habían desconocido estaba junto a ellos, camino del Jordán. Y el Hijo de Dios, identificado ante la gente y Juan por su Padre, no sabe hacer otra cosa que predicar la conversión y acercar el Reino a quien más los necesitan: ser totalmente de Dios, pertenecer a su familia, lo pone a disposición de cuantos pertenecen a Dios y aún no son totalmente suyos.

Desde el momento en que Dios, rompiendo su silencio y rompiendo los cielos, proclama a Jesús como su hijo querido; éste no tuvo más misión en la tierra que proclamar el querer y la voluntad de su Padre que está en los cielos. Saberse hijo de Dios lo convirtió en misionero, haber sido anunciado como predilecto le llevó a anunciar al Dios que tanto le quería: sentirse amado por Dios lo hizo su envidado a los hombres.

Meditatio (Lo que me dice Dios desde el texto)

No deberíamos olvidarnos hoy de que también nosotros hemos sido, como Jesús y en su nombre, bautizados. Contemplar hoy a Jesús, llamado hijo por su Dios y llamado a predicar su reino, tendría que ayudarnos a recuperar nuestra dignidad de hijos y nuestra misión de testimonios, un honor y una tarea que hemos recibido al mismo tiempo el día de nuestro bautismo.

Si a veces no logramos sentirnos amados por Dios, si con frecuencia no somos capaces de encontrar al Padre en el Dios a quien acudimos, ¿no será que, a diferencia de Jesús, nos hemos olvidado de la misión del hijo, el quehacer que Dios impone a quien reconoce como hijo suyo el día mismo de su adopción? Si el reino de Dios no ocupa nuestro corazón y nuestras manos, si no nos preocupan los asuntos de nuestro Padre, no podremos jamás sentirnos, aunque lo seamos, familia de Dios: el Dios de Jesús deja de ser familiar con quien no se familiarice con su voluntad. ¿Con qué derecho nos lamentamos de que Dios nos se comporta con nosotros como debería un padre? Quien se sabe hijo, actúa como tal: se siente amado, sólo quien ama; seremos capaces de percibir la preocupación de Dios por nosotros, sus atenciones:; quien no se interesa por Dios, difícilmente podrá sentir el interés de Dios.

Perdemos mucho tiempo los cristianos, a veces toda la vida, cuando sólo nos interesa de Dios sus gracias y no su voluntad, sus dones y no el reino. Si sólo nos preocupa que Dios se nos muestre bueno, algo mejor hoy de cuanto fue ayer, no sentiremos su amor: el hijo no duda del cuidado del Padre y cuida de los intereses familiares sin esperar salario a cambio. Preocuparse un poco más por cuanto hay que hacer aún en el mundo para que Dios vuelva a ser conocido y amado, respetado y bendecido, nos convertiría en sus hijos amados. Ese fue el camino de Jesús que hoy estamos contemplando.

Oratio (Lo que le digo a Dios confrontando mi vida con el texto)

Gracias, Padre, Bueno porque en tu Hijo Jesús y en su nombre hemos sido bautizados y desde ese día somos y nos llamamos hijos tuyos y nos sentimos queridos y amados por Tí. Gracias, porque éste es el regalo más grande que podemos haber recibido en nuestra condición de hombres, el saber que Tú, todo un Gran Dios te has fijado en nuestras criaturas para llamarnos a gozar de la dignidad de tu Familia.

Esta gran dignidad de hijos la reflexionamos, agradecemos y contemplamos desde el momento en que contemplamos en la Palabra de Dios a Jesús llamado Hijo por su Dios y llamado a predicar su reino.

Gracias, Padre, porque con la adopción en el día del bautismo nos haces sentirnos parte de tu Familia. Que el regalo grande que has hecho de nosotros, de llamarnos a formar parte de la dignidad de hijos tuyos nos haga actuar como tales; que sintiéndonos amados, estemos llamados por vocación a amar; que Tú, Padre entres de lleno en nuestro corazón porque te interesas por nosotros para llevar adelante tu reino.

Contemplatio (Haz silencio, adora, alaba y bendice a Dios oculto, pero más presente que nada ni nadie en tu vida)

Dediquémonos a contemplar a Jesús: es él nuestro cielo abierto y la voz de nuestro Dios, su Hijo más querido. Y veamos en él cuanto estamos llamados a ser: hijos de Dios y misioneros del Padre.

Digamos al mundo, con “orgullo” que tenemos un Padre en nuestro Dios, nos convertirá en hijos suyos queridos. ¿Podríamos aspirar a más con tan poco esfuerzo?

Oraciones y bendiciones en este año para todos. Un grande abrazo:
P. Cleo. sdb.

jueves, 1 de enero de 2009

Epifanía del Señor (4 enero 2009)



Texto a meditar y orar:
Mt 2, 1-12

Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo». Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén.

Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. «En Belén de Judea, –le respondieron–, porque así está escrito por el Profeta: "Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel"».

Herodes mandó llamar secretamente a los magos y después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: «Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avísenme para que yo también vaya a rendirle homenaje».

Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría, y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra.

Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.


LECTIO (busca leyendo):
Los magos o sabios de oriente son en el Evangelio de Marcos, destinado a los judíos conversos al cristianismo, el signo de la apertura a la salvación de Dios a todos los pueblos. Los sabios sabían leer los signos de los movimientos celestes y con ello adecuar los ciclos de las estaciones, eran personas muy atentas a la naturaleza.
Herodes el Grande, era un rey que no descendía de la casa de David, era un rey tolerado por el imperio romano, y que había remosado el Templo de Jerusalén, como el centro político-religioso del pueblo judío. El nacimiento de un rey de la casa de David supondría su destitución al tiempo que una provocación para el imperio.
El nacimiento de una estrella, según variadas tradiciones, señala el nacimiento de un personaje decisivo en la historia, en este caso no sólo corresponde a una señal que anuncia, también es una señal que conduce a un lugar preciso.
MEDITATIO (y encontrarás meditando):
La apertura de la salvación a todos los pueblos responde a un anhelo de salvación universal. Los hombres de todos los tiempos y lugares han buscada a Dios, y entre más sabios son, entre más conocen y palpan el misterio de la vida, los signos de Dios son más claros. Una vez que la señal de Dios ha iluminado el corazón humano como una estrella en medio de la oscuridad, Dios nos atrae hacia él, no basta con saber la existencia de Dios si no nos encontramos con él. ¿Me preocupo por conocer más de mi fe con la atenta escucha a la razón? ¿Puedo conciliar ciencia y fe, o tengo miedo de arrodillarme ante el Misterio que sobrepasa mis propias ideas?
Las intenciones de buscar a Dios pueden ser diversas. Herodes, al buscar al niño, busca destruirlo para que su proyecto de poder no sea trastocado; mientras que los magos de oriente se han desinstalado de su tierra y de su vida para adorarlo. ¿Por qué voy en busca de Jesús, para aceptarlo como mi Señor, o para dominarlo como un calmante a mi conciencia? ¿O quisiera encontrarlo para que no estorbe en mi vida?
La docilidad para seguir la estrella implica una fe dispuesta a la aventura, implica hacer caso de nuestros sueños y dejar iluminar nuestra vida por la fuerza discreta de Dios, no todos se percataron de la estrella, ni siquiera los sabios de Jerusalén.
ORATIO (llama orando):
Señor mío, voy en busca de tu presencia en mi vida. Me cuestiono tantas veces sobre el lugar para encontrarte. Estoy sediento de ti, tú mismo me hiciste un ser libre e inteligente y ansío encontrar respuesta a la pregunta por mi propia existencia. Ilumíname con esa estrella para poder recorrer los desiertos de mis pensamientos hastaque pueda encontrarte como mi Salvador. Y cuando llegue a vislumbrarte en el horizonte de mi vida, dame la fortaleza y la valentía para elevar mi mirada hacia ti, para dejarme conducir por tu amor y ofrecerte mi persona como oro que proclame tu realeza, como incienso que se quema ante tu altar, como mirra que acepta la muerte con la esperanza firme en la resurrección.
CONTEMPLATIO (y se te abrirá en la contemplación):
Busca los signos de Dios en tu vida, y gózate de saber que no eres quien busca primero, sino que él te ha estado buscando desde siempre porque te ama. Con esa confianza del que se siente amado, acércate a esos lugares en que está presente: la Eucaristía, la Palabra y tu hermano(a), especialmente el (la) que está necesitado(a) de ti.




sábado, 27 de diciembre de 2008

Domingo Infra Octava de Navidad, La Sagrada Familia (28 diciembre 2008)


Texto a meditar y orar:
Lucas 2, 22-40

Cuando se cumplieron los días para la purificación de ellos, según la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor (como está escrito en la Ley del Señor: todo primogénito será consagrado al Señor), y para ofrecer un sacrificio conforme a lo dicho en la Ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones. Y había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón; y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre élY por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús le trajeron para cumplir por Él el rito de la ley, él tomó al niño en sus brazos, y bendijo a Dios y dijo: Ahora, Señor, permite que tu siervo se vaya en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel. Y los padres del niño estaban asombrados de las cosas que de Él se decían. Simeón los bendijo, y dijo a su madre María: He aquí, este niño ha sido puesto para la caída y el levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción (y una espada traspasará aun tu propia alma) a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones. Y había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Ella era de edad muy avanzada, y había vivido con su marido siete años después de su matrimonio, y después de viuda, hasta los ochenta y cuatro años. Nunca se alejaba del templo, sirviendo noche y día con ayunos y oraciones. Y llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios, y hablaba de Él a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Habiendo ellos cumplido con todo conforme a la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. Y el niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.

Lectio (busca leyendo):
El Evangelio nos muestra a José y a María como una pareja de fieles judíos, que cumplen la ley del Señor. Nos muestra su pobreza, al ofrecer sólo dos pichones en sacrificio, como se pedía a la gente de escasos recursos.
La aparición de dos personajes ancianos y venerados que hablan maravillas del niño desconcierta a sus padres, que si bien conocían su origen divino, este hecho sobrepasa la adoración de los pastores, es una confirmación de Jesús como el Salvador prometido.
María guarda las cosas en su corazón, como una actitud de reverencia y acogida del misterio de su hijo; y la profecía de Simeón sobre ella nos muestra la conexión entre el hijo y su madre dentro del plan de salvación.

Meditatio (y encontrarás meditando):
José y María no están exentos del cumplimiento de la ley de Dios, antes bien, cumplen con libertad y prontitud este mandamiento. La familia de Jesús dentro de su pobreza sabe tener una fe profunda, aún en medio del "terremoto" que implicó el nacimiento del Hijo de Dios entre ellos. En la actualidad vemos familias sostenidas y unidas por la fe, en contraste con muchas familias sin un objetivo que los una y los proyecte hacia la esperanza, sólo sobreviven; el amor se acrece en la esperanza común que suscita la fe.
La presencia de los dos personajes: Simeón y Ana, son relacionados con el Antiguo Testamento que espera el cumplimiento de las profecías. Dios es fiel a sus promesas, y Simeón en su vejez, demuestra una vida consumada y feliz. ¿Por qué vale la pena haber vivido?, esa es la pregunta del sentido de la existencia, Simeón se abrió a la esperanza y Dios le mostró en una nueva vida el cumplimiento. No fue algo que él pudiera acumular o gozar sólo para sí, sino una persona nueva que en sí misma es una promesa para muchos. ¿Al vivir mi relación de familia, qué esperanza tengo yo?, o ¿soy esperanza para alguien? Es necesario abrirnos a la novedad en nuestra vida.
Cuando María guarda las cosas en su corazón, nos enseña a respetar aquello que no comprendemos de los demás. Muchos problemas de comunicación se dan por querer imponer nuestras ideas, por querer hallar una respuesta mecánica al actuar del otro. María acoge el misterio de la persona, no entiende "lógicamente" sino que ama como primer movimiento. María, como madre, está unida a la suerte del Hijo. ¿Doy a mi familia ese respeto?, ¿soy capaz de compartir la suerte de cada uno de sus miembros, de alegrarme con sus éxitos?

Oración (llama orando):
Dios Padre, que en tu Hijo Jesús nos llamas a toda la Familia Humana a ser parte de tu Familia, concédenos la luz de tu Espíritu para abrir nuestro corazón a la esperanza en tus promesas. Danos fortaleza para esperar que la salvación está ya aquí, entre nuestros hermanos. Danos sabiduría para acoger la gratuidad del misterio de cada vida que se nos ofrece en nuestras familias; enséñanos a respetarnos y a valorar el proyecto que tienes para cada uno de ellos, danos la gracia de maravillarnos en ellos.
Señor Jesús, tú que quisiste nacer en una familia humana, enséñanos a valorar lo sagrado que Dios ha sembrado en cada una de nuestras familias. Amén.

Contemplatio (y se te abrirá por la contemplación):
Déjate maravillar por los dones que Dios ha concedido a tu familia, no te detengas tanto en lo oscuro, sino en la luz de Dios que triunfa y se ha convertido para ti, al menos, en el regalo de la vida. Agradece en lo profundo de tu corazón, en actitud de fe, la confianza que Dios tiene en ti al poner en tus manos una familia (seas padre, madre, hermano o hijo) y comprométete a ser esperanza para ellos.

Dios bendiga a tu familia!!!

miércoles, 17 de diciembre de 2008

4º Domingo de Adviento, B (21 diciembre 2008)


Texto a meditar y orar:
Lucas 1, 26-38.

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.

LECTURA

El episodio se centra en dos momentos: la revelación del Plan divino; y el consentimiento de María.

Más que una simple narración de aparición de un ángel, ésta es la crónica de la misión que tendrá que llevar adelante María. Porque Dios anuncia su presencia presentando su plan y, a través de él, presentándose a sí mismo, a María. Vocación personal y revelación de Dios coinciden. El saludo angélico es insólito; antes de decirle a la doncella lo que Dios quiere de ella le ha expresado cuánto la ha querido Dios; y antes de darle la tarea, le ha hecho sentir que la ha escogido.

Los Personajes: El Ángel. es el enviado de Dios que siempre lleva un anuncio de alegría y de esperanza; anuncia nacimientos y revela eventos mesiánicos, explica unos y otros. En el anuncio a María, Gabriel desempeña contemporáneamente todos estos roles. - María. Siempre queda identificada como mujer que tiene como proyecto de vida el matrimonio; y la virginidad, a la que se aludirá más tarde, no será el obstáculo, sino, más bien, el requisito para el proyecto divino. Dios le va a preparar planes para los que ni estaba preparada ni se estaba preparando.- El Novio-.José, el prometido de María, viene mencionado en el Nuevo Testamento siempre en relación al origen de Jesús. Al asegurar al hijo de María la ascendencia de David, José da sólida base a la reivindicación cristiana del mesianismo para Jesús.

MEDITACIÓN

María está presentada hoy como modelo de colaboración con Dios, que anda buscando un modo de encarnarse. Porque el Dios que nació de María, tiene necesidad de colaboradores para hacerse presente y vivo en nuestro mundo.

Por lo tanto hoy tenemos que darnos cuenta de la necesidad que el Dios de la Navidad precisa de fieles que le crean, que le escuchen, cuando descubre su plan de encarnación entre las gentes. Hay que tomar en serio esta “urgencia” que tiene Dios. Un Dios así, tan necesitado como para necesitar de nosotros, se ha puesto a nuestra altura, merece nuestra confianza; un Dios así, que pide permiso para entrar en nuestra vida, como se lo pidió a María, que cuenta con nosotros para hacerse prójimo de los demás; es un Dios de fiar y merece más que respeto.

Dios quiere encarnarse en nuestro mundo y sigue buscando creyentes que se declaren dispuestos como María, a acogerlo sinceramente, con el corazón, totalmente, en sus vidas.

ORACION

Gracias, Padre Bueno, porque cuando buscas salvar a tu pueblo, nos invitas a prestarte nuestras vidas y a creer en Ti. María nos ayuda a contemplar agradecidos el Plan de Amor que has pensado.

Agradecidos porque nos llamas y nos tomas en cuenta y porque te has hecho encontradizo con nuestro mundo te pedimos que nos proporciones la capacidad de acogida y de obediencia que encontraste en María. Dispuestos al “hágase en nosotros la Palabra de Dios”.

Bendito seas, Señor, por las maravillas que obraste en María Virgen. Al tiempo que soñamos y nos deseamos Tu intervención en cada uno de nosotros: ¡Y bendito también porque estarías dispuesto a repetirlas con nosotros, si en nosotros encontraras siervos como María. Amén.

CONTEMPLACIÓN

Con María, maravillémonos del Dios que nos ha concedido un puesto en su proyecto..., siempre que nosotros le concedamos un puesto en nuestra vida. Eso mismo decimos cuando rezamos: “Dios te salve María, llena de Gracia, es Señor es contigo; bendita eres entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre, Jesús”.

Preparémonos para la Venida del Señor.
Navidad es Jesús, Dios con nosotros.
Feliz Navidad.

Nacho, SDB.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

3er. Domingo Adviento, B (14 diciembre 2008)


Texto a meditar y orar:
Jn 1,6-8. 19-28


Texto: (lee este texto, serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)

Lectura: (Lectura de lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor):
En medio de tanto rechazo de Jesús, hay quien da testimonio en su favor: Juan, un enviado de Dios. La función atribuida al Bautista es, exclusivamente, de testigo de la luz y el contenido de su testimonio es facilitar el creer en Jesús; no era la luz, sólo la testimoniaba. Y el destinatario del Bautista es el mundo de las tinieblas que no acogió la luz, a pesar de que existieran testigos de ella y son el grupo de discípulos del Bautista, que no han llegado aún a la fe ni a la luz.
La presencia de Juan y su testimonio anuncian las esperanzas mesiánicas, ya ha llegado la salvación tan esperada; no hay lugar, pues, para que lo anuncien próximo sino para que lo atestigüen presente.
El evangelio de Juan presenta al Bautista siendo cuestionado por los judíos y por lo mismo se siente obligado a dar testimonio; queda así establecida, desde el inicio mismo del relato, la confrontación: todo el evangelio de San Juan se presentará como las actas de un gran proceso sobre Jesús; el Bautista es el primer testigo de la defensa y los judíos anuncian la resistencia a creer en él, lo acusarán después y lo condenarán.
La misión del Bautista no consiste en cumplir las esperanzas judías, sino en profundizarlas. El Bautista es simplemente la voz que prepara la salvación, anunciando su llegada. Su bautismo en agua reúne multitudes; no es aún tiempo de salvación, pero está ya señalando su presencia.


Meditación: (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias):

El testimonio de Juan es el primero de una serie, con la que el evangelista presenta la persona de Jesús y que concluirá con su auto revelación. El Bautista se ve obligado a dar razón de su actividad y de su misión.; todo lo que es y hace está en función del que ha de venir después. Con una triple negación corrige las posibles expectativas de los judíos: no es quien esperan, tan sólo su portavoz; proclama lo que debe y no cuanto estaban dispuestos a oír sus interlocutores. Anuncia con su actuación lo mismo que con su palabra, algo que no se esperaban.

Juan presentía cercano a Dios y se puso a proclamarlo. Por su género de vida y sus convicciones personales, no debió caer demasiado simpático a sus conciudadanos; eso no le importaba a Juan, le interesaba su misión personal y su Dios por venir: estando ya de camino, había que dedicarle en cuerpo y alma a prepararle la llegada.

Nuestro testimonio como el de Juan nos debe llevar a anunciar a Aquel a quien servimos y que es mucho mejor de cuanto nosotros logramos anunciar y mayor que nuestras realizaciones. Juan no era el Mesías, pero fue el siervo digno, lo suficientemente bueno como para vivir esperándole y mantener la esperanza viva en otros.

Basta saberlo en camino y saber que uno no es digno de él ni para ponerse a su servicio; pero hay que decirlo con la vida, con las obras que hablen y con palabras que lo signifiquen. Quien conoce que Dios tiene voluntad de encontrarse con los hombres, está llamado, como el Bautista, a servirle de portavoz y pregonero.


Oración: (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo):

Señor Jesús:
Si es breve la espera,
sabemos que Tú estás cercano:
Llega la luz, la luz del mundo.
La oscuridad desaparece
y también en el corazón
se enciende la llama.
¿Quién eres Tú que vienes,
anunciado por el gran profeta?

No conocemos todavía tu rostro,
pero ya nuestro corazón se alegra.
Hemos oído la “voz”
Anunciar tu reino entre nosotros;
nos ha inmerso en el agua,
limpios de nuestros pecados.
Y ahora buscamos tu rostro,
la luz que ilumina el mundo,
la alegría esperada desde siempre.
Juan se pone a “anunciarte” y a “testimoniarte”, Señor,
aquel que es el más digno,
aquel que es potente de Espíritu Santo.

Creemos
y la fe nos hace vivir en la alegría y en la espera en Tí.

Contemplación: (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, adoro, alabo, y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria, personal, familiar, laboral, social, escolar…):

Me siento contemplado por Dios porque Dios quiere mi felicidad. Y descubro que la Buena Nueva de la salvación es un mensaje de alegría; basada en la victoria de Cristo, con su nacimiento, muerte y resurrección. El mundo no es absurdo ya que Dios le ama, y el principio vital de su éxito se nos ha dado una vez por todas en Jesucristo. La alegría que caracteriza este Domingo tiene motivo: “El Señor está cerca”.

Preparándonos al Nacimiento del Señor, les deseo que Dios les bendiga.

P. Cleo sdb

sábado, 6 de diciembre de 2008

2° Domingo Adviento, B (7 diciembre 2008)


Texto a meditar y orar:
Mc 1, 1-8

Evangelio
Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios.
Según está escrito en el profeta Isaías: "Mira, envío mi mensajero por delante de ti, el cual preparará tu camino. Voz del que grita en el desierto: ¡Preparen el camino al Señor; nivelen sus senderos!"
Apareció Juan el Bautista en el desierto, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Toda la región de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él y, después de reconocer sus pecados, Juan los bautizaba en el río Jordán.
Juan iba vestido con pelo de camellos, llevaba una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Esto era lo que proclamaba: "Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo. Yo no soy digno ni de postrarme ante él para desatar la correa de sus sandalias. Yo los bautizo con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo.

Lectio:
Este pasaje marca el inicio de la Buena Nueva según Marcos, que es el Evangelio más antiguo. Aquí se presenta la imagen del precursor del Mesías que es Juan el Bautista. Se le representa en el desierto que es el lugar de la primitiva alianza, lugar del encuentro con el Dios que sacó de Egipto al pueblo de Israel (Oseas 2, 16).Se le caracteriza como al profeta Elías (2 Reyes 1, 8), que según una creencia difundida entre muchos judíos milenaristas, habría de regresar antes de la llegada del Mesías. Come langostas y miel silvestre, no pan o alimento elaborado por los hombres, mostrando así su total dependencia a Dios.

Juan anuncia un bautismo de conversión, un baño en agua, pero reconoce que hay un bautismo mayor que es el del Espíritu Santo, que sólo es capaz de darlo el Mesías. La preparación del camino, según la profecía de Isaías (40, 3) anuncia la inminencia de la salvación de Dios que llega para restaurar a Jerusalén.

Meditatio:
El tiempo de adviento nos recuerda la llegada del Hijo de Dios, tanto al fin de los tiempos (escatológica), como el recuerdo de su nacimiento de María en Belén (histórica).

Su llegada no tiene que ser tiempo de terror como muchas veces nos lo hacen ver algunas corrientes apocalípticas, su llegada es el momento de la Salvación y la Misericordia. Por ello, el preparar el camino no es un requisito para su advenimiento, sea cual sea nuestra disposición el Señor llegará. El preparar el camino no es un beneficio para Dios, cuya grandeza puede sortear cualquier monte o valle; ante él no somos dignos ni siquiera de inclinarnos para desatar la correa de su sandalia. El preparar el camino es un disponernos a acoger la Gracia del Espíritu Santo. El bautismo de conversión hecho por Juan es una invitación a recordar los beneficios que de Dios hemos recibido para poder acoger el gran don que Jesús viene a traernos: el ser Hijos de Dios (Gálatas 4, 6).

La urgencia de la conversión tiene su base en el tiempo que estamos perdiendo de no recibir al Señor que ya está entre nosotros, como escucharemos después en el prólogo del Evangelio de Juan: "Vino a los suyos, pero los suyos no lo recibieron" (1, 11).

Este mensaje está en continuidad con el del domingo anterior que nos habla de estar vigilantes a la llegada del Señor, y con el próximo que nos mostrará la figura de Juan el Bautista que reconoce la salvación que supera en mucho nuestra pequeñez.

Oratio:
Señor, se acerca la hora, tu hora, el tiempo de tu presencia en mi vida. Dame la luz necesaria para saber reconocer los signos de tu paso por mi vida, para poder abajarme y reconocer que estoy necesitado de ti, de tu Gracia, de tu paz.

Así podré allanar las montañas de mi orgullo y altivez para abrirme a la sencillez de quien espera la salvación como un regalo; así podré rellenar los valles de mis desánimos, inflamado por la esperanza en el momento de mi plena liberación por el don de tu Espíritu con que me has bautizado para participar de la Buena Nueva de ser hijo de Dios. Amén.

Contemplatio:
En la espera de la celebración de la Navidad, trata de reconocer que la presencia de Dios en tu vida no se reduce a una fecha, sino que poco a poco se va cumpliendo en la medida en que dispones tu vida para su llegada, y con esa esperanza, cambiar el sentimiento de temor por el de gratitud para lograr una conversión más auténtica.