jueves, 18 de noviembre de 2010

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (21 noviembre 2010)

Texto del Evangelio a meditar y orar:
Lucas 23, 35-43


Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”.
También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”.
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Lectura (Lectio): Busca leyendo (¿Qué te dice el texto en sí mismo) lee atentamente varias veces el texto evangélico y descubre todos los detalles, personajes, actitudes y relaciones.
Con la celebración de la realeza de Cristo finaliza la Iglesia el año cristiano. Hoy la Iglesia proclama que Cristo es nuestro Rey, porque Dios lo ha hecho Señor de la Vida y de las vidas de las gentes. Las tres lecturas de hoy, cada una a su modo, nos ubican en la persona de Cristo como centro de la historia, Rey universal y la forma en que expresa su forma de reinar en el mundo.
En el Evangelio, se insiste en la realeza de Jesús y en la salvación que viene a traernos. Y así el relato habla de la ironía con la cual las autoridades primero, seguidas por los soldados y finalmente por uno de los criminales provocan a Jesús y retan a hacer palpable y a manifestar la verdad de su título de Rey de los Judíos cuando bajando de la cruz, se salve.
Junto con Jesús, el relato del Evangelio, habla que fue el “buen ladrón”, el que alcanza una respuesta de Jesús, se encuentra unido al Él en el sufrimiento y encontró un lugar en su reino, cuando le pide que se acuerde de él cuando esté en su reino y reconoce que Jesús le puede llevar a gozar de ése reino y de ése poder salvífico que para los demás había servido de risa y de mofa. El buen ladrón reconoce en Jesús y en su muerte en la cruz una esperanza de salvación para él.
Y el cuadro culmina cuando Jesús proclama: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”; la salvación ha iniciado con la entrega de Jesús y su vida en la cruz. El reino de Dios ya ha iniciado.

Meditación: (Meditatio) “…y encontrarás meditando”. (Qué te dice a Ti el texto). Reflexiona y profundiza la Palabra.
Que Cristo sea nuestro Rey se lo debemos al amor que Dios nos tiene. Y Dios nos quiere súbditos de un solo Señor, es Cristo y es el mismo que fue crucificado. La cruz es el lugar desde donde Cristo se manifiesta como rey y manifiesta el poder de su reinado.
Declararse súbdito de Cristo Rey impone al creyente la servidumbre de la cruz. Si Jesús ha sido investido como rey mediante su pasión y la muerte en cruz, ninguno puede ilusionarse con entrar a su reino si no hace propio el camino real por él recorrido.
No es la cruz, sino Cristo crucificado la meta de la vida del creyente; entrar en su gloria o en el paraíso, lo consigue sólo quien es compañero de pasión y de cruz, quien comparte con él la entrega de la propia vida.

Oración: (Oratio) “Llama orando” (¿Qué le digo yo a Dios).
Señor Jesús, reinar desde la cruz, es una forma inusitada e impensable de reinar. Como las personas que te acusaban el día de tu pasión, también a nosotros nos escandaliza y nos hace dudar y tambalear nuestra fe. Y es que si Tú has sido investido como rey mediante tu pasión y tu cruz, creo que la misma suerte nos toca si queremos seguirte; debemos creer que tenemos que hacer propio el camino real que ya Tú has recorrido. Y es que la meta de nuestra vida eres Tú; pero a Ti te encontraremos crucificado entregando la vida por los demás. Ayúdanos a descubrirte en la cruz y a aceptarte así, descubriendo ahí nuestra salvación. Y enséñanos a asumir la obediencia a Dios Padre en la aceptación de la cruz de cada día y de la entrega de nuestra vida en ella. Enséñanos, a compartir nuestra cruz contigo y a pedirte la gracia de gozar contigo también del reino que has preparado para todos los que creen en Ti.

Contemplación (Contemplatio): “…y se te abrirá por la contemplación” En silencio, adora a Dios, alábalo y bendícelo y toma un propósito para tu vida personal y familiar que sea una pequeña forma de respuesta a la Palabra de Dios
Agradece a Dios el regalo de la salvación y agradécele que sea así en la cruz de Cristo. Comparte con Jesús tus penas, tus soledades, tus desgracias y los momentos dolorosos de tu vida que son la cruz de todos los días y ofrécelos a Él. Comparte con Jesús tu propia cruz.

Viva Cristo Rey. Feliz Fiesta de CRISTO REY .
La Paz con ustedes.

jueves, 11 de noviembre de 2010

33° domingo ordinario, C (14 noviembre 2010)

Texto a meditar, orar y practicar: 
Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.
Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida.

LECTURA (Lectio): observa lo que dice el texto en sí mismo, mira su estructura y relaciones, sus personajes y verbos principales.
A partir de las expresiones de admiración de los peregrinos respecto a los hermosos adornos, la grande construcción con magníficas piedras y las ofrendas que había en el templo de Jerusalén, Jesús pronuncia una afirmación profética y tajante: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”. No se hace esperar la pregunta a dicha afirmación: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” Después de dicha pregunta parecería que Jesús cambia el discurso centrándolo en su persona. Jesús previene y alerta contra gente que usurpará su nombre y su misión para atemorizar y confundir a las jóvenes comunidades cristianas y a cada uno de sus seguidores: “cuando oigan decir yo soy y el tiempo está cerca, no les hagan caso”. Además elimina las tendencias alarmistas que aterran “a la gente normal” por el hecho de que se den situaciones de conflicto, que según los falsos mesías y los miopes profetas, hablarían de un final inminente (Guerras, pestes, catástrofes y revoluciones). Luego dirige Jesús el discurso de lo general a lo particular diciendo a sus seguidores: “les van a echar mano y les van a perseguir y les van a encarcelar por ser mis discípulos”. Con este cambio de discurso Jesús invita ahora a dar testimonio de Él tanto delante de autoridades como de familiares, con la certeza de que serán asistidos por la sabiduría de su Espíritu. Jesús concluye esperanzadoramente su discurso invitando a la confianza y a la perseverancia hasta dar la vida por Él: “No perecerá ni un cabello de su cabeza. Por su perseverancia serán salvados”.


MEDITACIÓN (Meditatio): ve lo que Dios te dice a ti desde el texto, en tus circunstancias particulares, familiares y sociales.
Lo primero que podemos sacar del texto como aplicación a nuestras vidas es poner la confianza en Dios Padre más que en los templos del saber, del poder, del placer o en cualquier tipo de construcción social, de institución política, ritual o devocional, dado que éstos son sólo medios. Poner, igualmente, la confianza en Jesús como el único salvador y no en los falsos mesías y falsos profetas que todos los días y por todos los medios se presentan como salvadores y sabedores de todo, que te hacen cualquier tipo de ofertas con tal de hacerte sentir a gusto, seguro y hasta feliz. Del mismo modo poner nuestra confianza en el Espíritu Santo y en su sabiduría que en ningún momento ni circunstancia nos dejará solos, pues así sabremos responder a cuestionamientos implícitos y explícitos, directos e indirectos de personas, grupos y movimientos sobre el sentido de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra existencia.
Lo segundo es aprender a vivir perseverantes dando testimonio de Cristo en medio de todo tipo de situaciones individuales, familiares, eclesiales y sociales, teniendo como referente, como punto de partida y de llegada a nuestro Señor Jesucristo, su evangelio, su segunda venida. La confianza perseverante en Él, como adhesión de toda nuestra vida a Él, el encuentro y continua relación con Él, nos salvará.

ORACIÓN (Oratio): respóndele a Dios desde el texto aplicado a tu vida, conviértelo en oración.
Señor Jesús, haz que me de cuenta de que si no creo suficientemente en Ti estaré al vaivén de creer en cualquier cosa que brille, que apantalle, que dé buena imagen. Me doy cuenta de que muchos de nuestros hermanos cristianos y católicos han dejado de creer en Ti, para creer en horóscopos, adivinos, chamanes y brujas. Me he dado cuenta de que muchas veces desconfiamos y nos quejamos de Ti y volvemos nuestros rostros y nuestra mirada a seguridades que provocan momentáneas euforias y luego decepciones y hondas tristezas. Muchos anuncian catástrofes y se gozan viendo realizados sus deseos enfermizos, otros se sumen en un hoyo negro y no saben ver de otro color, porque según ellos ese es el color de la realidad. Señor Jesús, te pedimos que nos des tu Espíritu, para que los males y dificultades propios de la vida no nos hagan pesimistas, ni las adversidades derrotistas, y en cambio seamos capaces de dar testimonio alegre y sereno de tu presencia, de tu venida, porque aún no es el fin… así podremos contagiar de esperanza a quienes no la tienen, o la han perdido o no la conocen. ¡Amén!

CONTEMPLACIÓN (Contemplatio): haz silencio y en tu interior adora, alaba, bendice y da gracias a Dios. Toma decisiones para tu vida personal, familiar, laboral, escolar y social, y puedas acercarte más a Jesús y a tu prójimo.

Saludos y bendiciones.
La Paz con ustedes.

jueves, 4 de noviembre de 2010

32° domingo ordinario, C (7 noviembre 2010)

Texto a meditar y orar:
Lucas 20, 27-38.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tienen un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?"
Jesús les dijo: "En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado.
Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven".

Lectura (Lectio): Busca leyendo (¿Qué te dice el texto en sí mismo) lee atentamente varias veces el texto evangélico y descubre todos los detalles, personajes, actitudes y relaciones.
Jesús está en Jerusalén y tiene mucha actividad, así nos lo dice el contexto: encuentros con los jefes de Israel, hablan acerca de su autoridad, del impuesto y este tema de la resurrección; porque en ese tiempo había la creencia que para sobrevivir después de la muerte sería a través de los hijos; por eso la ley del Levirato. Aparecen los saduceos (que negaban la resurrección) ante Jesús y le presentan una cuestión: “de quién será esposa si los siete estuvieron casados con ella? que con frecuencia discutían entre ellos y la hacen ahora a Jesús para ridiculizar la resurrección de los muertos. Entonces, Jesús da una respuesta para enseñar la manera en qué es posible la fe en la resurrección de los muertos y cuál es el camino en que deben ser interpretadas las escrituras.

Meditación: (Meditatio) “…y encontrarás meditando”. (Qué te dice a Ti el texto). Reflexiona y profundiza la Palabra.
Podemos profundizar el texto de este Domingo que tiene varios temas de meditación: un tema, es el de la vida futura: “serán como ángeles puesto que son hijos de Dios”; otro tema, esta vida futura la comienzan a vivir aquellos que aceptan vivir el celibato o virginidad: “los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de los muertos, ni ellos tomarán mujer, ni ellas marido, ni pueden morir, porque son como ángeles y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección”; y, finalmente, un otro tema, relativo a Dios; es que “nuestro Dios es Dios de vivos, porque para El todos viven”; no es un Dios de muertos. Para responder así a los saduceos y a todos aquellos que tienen una idea materialista de la vida y no admiten la resurrección; es decir, la vida eterna: Jesús con su enseñanza de la escritura hace la invitación a decidirse: a creer.

Oración: (Oratio) “Llama orando” (¿Qué le digo yo a Dios).
Señor, Dios de vivos. Señor, Dios de la Vida. Vivir la vida contigo desde ahora, es vivir la vida como hijos de Dios, para vivir como hijos de la resurrección; nos has enseñado, Señor, que la vida futura, será para los que vivieron como lo hiciste Tu, Señor, aceptando vivir sólo por el reino de los Cielos. Señor, vivir tu enseñanza es comenzar a vivir la vida verdadera, puesto que nuestro Dios es un Dios de vivos. Tú mismo lo dijiste: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, “Yo soy la Resurrección y la Vida, quien cree en Mí, nunca morirá”. Concédenos desde ahora vivir en la Vida para siempre contigo.

Contemplación (Contemplatio): “…y se te abrirá por la contemplación”
Vemos que nuestra sociedad actual vive esa cultura de muerte y negación en la Resurrección de los muertos y la Vida futura, por eso, el aborto, divorcio, eutanasia, abandono de los ancianos, de los disminuidos físicos e ideologías afines.
Ahora somos invitados a vivir nuestra fe y así lo hacemos cuando la proclamamos y profesamos: “esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”, lo decimos cada Domingo.


Feliz Domingo para todos y sus Familias. Nacho, SDB.
La Paz con ustedes.

sábado, 30 de octubre de 2010

31º domingo ordinario, C (31 octubre 2010)

Texto a meditar y orar:  
Lucas 19, 1-10

En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó, y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo impedía, porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces corrió y se subió a un árbol para verlo cuando pasara por ahí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le dijo: “Zaqueo, bájate pronto, porque hoy tengo que hospedarme en tu casa.
Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a murmurar diciendo. “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”.
Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús: “Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he defraudado a alguien, le restituiré cuatro veces más”. Jesús le dijo: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abraham, y el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido”.

Lectura (Lectio): Busca leyendo (¿Qué te dice el texto en sí mismo) lee atentamente varias veces el texto evangélico y descubre todos los detalles, personajes, actitudes y relaciones.
Jesús encabeza la marcha hacia Jerusalén. Al pasar por Jericó se encuentra con Zaqueo, que es jefe de publicanos, recaudador de impuestos y por lo tanto hombre rico. Su profesión era considerada pecaminosa por injusta. Ante esta posición económica, contrasta su situación de crisis religiosa, la cual lo impulsa a buscar y querer ver a Jesús; sin embargo, la gente y su baja estatura se lo impiden, por eso se sube a un árbol para ver al Señor cuando pase por ahí.
El Señor pasa, mira a Zaqueo y Él mismo se invita; y elige para hospedarse la casa de un hombre tan despreciado, no ya por su riqueza, sino por el modo como la ha conseguido; el publicano baja del árbol, se alegra y lo recibe en su casa; a lo cual la multitud reacciona en contra de Jesús. Sin negarles la razón que tienen, con su respuesta Jesús da razón de su comportamiento, pues su misión es buscar al extraviado y a salvar a quien se sienta perdido.
Y finalmente, ya en casa, el recaudador de impuestos comunica al Maestro de Nazaret que a partir de este encuentro personal con Jesús su vida ha comenzado a cambiar profundamente. Y Jesús le comunica que con su presencia, la salvación ha llegado hoy a su casa.

Meditación: (Meditatio) “…y encontrarás meditando”. (Qué te dice a Ti el texto). Reflexiona y profundiza la Palabra.
Zaqueo no era un rico cualquiera; era un rico insatisfecho, un pudiente en búsqueda y sabiendo algo sobre el Nazareno, quiere conocer a Jesús. Y por lo mismo Zaqueo no dejó que Jesús pasase de largo porque su vida dejaba mucho que desear y aprovechó la necesidad que sentía de un contacto directo más que de una simple observación externa. Zaqueo era de baja estatura, como para hacer notar que lo era física y sobretodo moralmente.
Jesús se invitó a hospedarse en casa de Zaqueo y permanecer en ella; para el evangelista Lucas, esto indica la comunión entre el huésped y la persona que lo acoge. Y es ahí donde se da la salvación realizada por Jesús. Zaqueo comunica al Maestro que a partir de ese encuentro su vida ha comenzado a cambiar profundamente y es que a partir de la cercanía con Jesús, él descubre la injusticia con la que había labrado su fortuna y porque su vida dejaba mucho que desear, Zaqueo aprovecha la oportunidad del momento en que Jesús se encuentra en su casa para manifestarle su cambio de vida y su conversión a los pobres. Con la llegada de Jesús a casa de Zaqueo, llega la salvación y un rico, insatisfecho de su riqueza, convierte su corazón.

Oración: (Oratio) “Llama orando” (¿Qué le digo yo a Dios).
Señor Jesús, tantas veces has andado caminando entre la gente y cuántas veces hemos querido subirnos, como Zaqueo, a un árbol para verte pasar y conocerte en persona.
Con tu mirada nos invitas a que te hospedemos; nos llamas por nuestro nombre como lo hiciste con tantos amigos tuyos.
Señor, que nuestra baja estatura humana no sea una limitación para reconocer tu grandeza y tu gloria; permítenos que te hospedemos en nuestra casa y que ahí, en la intimidad del encuentro contigo, experimentemos la salvación a la que nos invitas y que ahí, también, te descubramos lo que ha sido nuestro pasado y lo que somos ahora.
Hoy nos ilusionamos mucho al oír tu voz y saber que quieres estar con nosotros, en nuestra casa y te agradecemos por hacernos saber que nadie, aún siendo un pecador, es indigno para tenerte en su casa y estar contigo.

Contemplación (Contemplatio): “…y se te abrirá por la contemplación”
Deja que tu corazón se vaya quedando en silencio. Que se quede junto a Jesús, en la intimidad del hogar, en el silencio acogedor de la noche, sintiendo el gozo de estar juntos. Que en tu corazón resuenen las palabras de Jesús: “Hoy tengo que hospedarme en tu casa”. “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”.

Un saludo. P. Cleo sdb


La Paz con ustedes.

jueves, 21 de octubre de 2010

Domingo 30° ordinario - DOMUND (24 octubre 2010)

DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES-DOMUND

Texto de Mateo 28, 16-20.
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

LECTURA (Lectio): lee y desentraña el texto en sus partes, personajes, acciones, verbos y relaciones principales. Se trata de entender lo que dice el texto en sí mismo, …Busca leyendo.
Este relato sucede después de la Resurrección de Jesús. Los once discípulos fueron citados por Jesús en la Galilea, y tenían que subir al monte (lugar donde Dios se muestra). Cuando lo ven lo adoran, aunque algunos titubeaban, (porque lo habían visto morir en la Cruz) y ahora lo veían vivo. Y Jesús les da orientaciones: A El se le ha dado todo poder; los envía, a enseñar, bautizar en nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, a cumplir todo cuanto les mandó y deben saber que estará todos los días hasta el fin del mundo. Es el final del evangelio de San Mateo. Lo podemos contemplar en cuatro partes: primera, los apóstoles bajo el asombro de la Resurrección están en Galilea, el lugar donde escucharon por primera y última vez a Jesús; allí se da tanto la fe como la duda de los discípulos; segundo, esta la afirmación de Jesús: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra”, es decir, ha sido resucitado y vive en su presencia; tercero, manda a los discípulos: “Vayan a todas las gentes de todas las naciones y háganlas mis discípulos, bautícenlas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enséñenles lo que les he mandado”; finalmente: con la promesa que da seguridad y garantía del éxito de su misión del envío que acaba de hacer: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

MEDITACIÓN (Meditatio): ahora busca lo que dice Dios a tu vida desde el mensaje del texto, …y encontrarás meditando.
 En el relato de este Domingo se nos presenta la última página del evangelio de san Mateo. Domina todo el relato el Cristo glorioso, reunido con los once discípulos. Es una aparición pascual, solemne, ambientada en Galilea y podemos encontrar estos tres hechos: la presentación de Dios, la misión y la promesa de la presencia confortante del Señor. Lo que quiere decir: su autoridad universal: “me ha sido dado todo poder”; da a sus discípulos un mandato: “vayan, enseñen, bauticen…”, y una palabra de promesa y garantía: “sepan que yo estaré con ustedes, todos los días, hasta el fin del mundo”. La mención explícita del bautismo confirma el carácter eclesial del hecho de ser discípulo; y el de continuar haciendo discípulos del Señor Jesús.

ORACIÓN (Oratio): desde el texto y su aplicación a mi vida le hablo al Señor, …llama orando.
Gracias, Señor, porque te mostraste resucitado, allá en la Galilea, donde habías citado a los once discípulos; y te mostraste de tal manera, que aunque titubeaban te adoraron y te reconocieron como el Señor. Desde entonces, los enviaste para que partieran a misionar, a enseñar y a mostrar el amor del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, bautizándolas, enseñándolas a cumplir todo cuanto les mandaste, y que supieran que estarías con todos, todos los días, hasta el fin del mundo. Señor, que al celebrar la Jornada Misionera, en este Domingo, te pedimos: aumenta la confianza en tu presencia constante en tu Iglesia; haz que vivamos con entusiasmo y fidelidad la vocación misionera, de cada una y de cada uno, porque somos tu Iglesia; que nos sintamos alegres de ser enviados y de anunciar a las gentes de nuestro tiempo tu Evangelio. Te pedimos que haya más vocaciones misioneras, gente que quiera dedicarse a esta vocación, de alto riesgo, por causa de tu Nombre.

CONTEMPLACIÓN (Contemplatio): alaba, bendice y da gracias a Dios. Saca algún propósito que te inspire la Palabra de Dios para vivirlo en la semana, …y se te abrirá por la contemplación. Recordando que sólo una tercera parte de la humanidad es Cristiana nos impulsa a dar testimonio de nuestra vocación misionera.

Feliz Domingo para todos Ustedes. Nacho, SDB.

La Paz con ustedes.

jueves, 14 de octubre de 2010

29° domingo ordinario, C (17 octubre 2010)

Texto a reflexionar y rezar:
Lucas 18, 1-8
En aquel tiempo, para enseñar a sus discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les propuso esta parábola:“En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía a él con frecuencia para decirle: ‘Hazme justicia contra mi adversario’.Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando’”.
Dicho esto, Jesús comentó: “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen ustedes acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, y que los haráesperar? Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen ustedes que encontrará fe sobre la tierra?” "Orar siempre y sin desfallecer"

LECTURA (Lectio): lee y desentraña el texto en sus partes, personajes, acciones, verbos y relaciones principales. Se trata de entender lo que dice el texto en sí mismo.
En el texto de hoy San Lucas nos muestra a Jesús que sigue su camino a Jerusalén y enseña a sus discípulos sobre la "necesidad de orar siempre y sin desfallecer", de hecho con esa frase abre el evangelio. Para enseñarles al respecto se sirve de una parábola donde hay dos personajes centrales: un juez y una viuda. El primero se caracteriza por "no temer ni a Dios ni a los hombres", y la viuda por insistirle a más no poder que le haga justicia en su necesidad. De hecho el juez le hace caso no tanto por ejercer su cargo ni por el hecho, sino por la insistente incansable de la viuda. Es necesario hacer notar que la parábola se entiende mejor si nos recordamos que la gente más desfavorecida entre los judíos eran las viudas y los huérfanos, ambos carentes de protección y seguridad. Ellos representan a los más pobres. Al concluir Jesús la parábola se dirige a sus discípulos con una técnica narrativa y de enseñanza en base a preguntas que van llevando al oyente a darse la respuesta adecuada y a convencerse por sí mismos de la importancia del mensaje del maestro: por una parte Dios escuchará y hará justicia a quienes se dirijan a Él, por otra es necesaria la fe para saber esperar confiada y pacientemente lo que se pide.

MEDITACIÓN (Meditatio): ahora busca lo que dice Dios a tu vida desde el mensaje del texto.
Por el modo en que abre y cierra el texto evangélico queda claro que la oración perseverante y la fe confiada son inseparables. El creyente que ora perseverantemente, no hay que confundirlo con hablar mucho, lleva dentro de sí mismo una fe viva y confiada. No se podría insistir si no se creyera que se va a ser escuchado y que, tarde o temprano, se realizará lo que se pide. Por tanto, el creyente de fe no puede ser sino el orante perseverante que se ve y se sabe más fortalecido entre más insiste porque más confía en Dios, a quien se dirige. Vale la pena reflexionar también sobre el ambiente en medio del cual se da la petición y la respuesta de la parábola. Se nos invita a confiar en la bondad y providencia de Dios en medio de un ambiente y unas relaciones corrompidas, adversas al indefenso y colmadas de prepotencia. Se arrancan sus derechos a los más indefensos de la sociedad, a los que más requieren de justicia y en su impotencia claman por lo que necesitan y tienen derecho. En cuanto hijos de Dios tenemos el derecho de pedir su justicia cuando en nuestro mundo no existe la nuestra con la certeza de que seremos escuchados y fortalecidos en la fe y la esperanza. Esperamos confiadamente lo que aún no vemos porque ya lo hemos verificado en la persona de Jesús: en Él se nos ha acercado la justicia del Reino de Dios como en nadie, Él es y será la mejor respuesta a nuestras insistentes peticiones.

ORACIÓN (Oratio): desde el texto y su aplicación a mi vida le hablo al Señor.
Señor Dios, nuestro auxilio en las dificultades y nuestro consuelo en las aflicciones, sin ti no podemos nada, no sabemos nada, no arreglamos ni ordenamos nada de nuestra vida. No permitas que dudemos de tu presencia cercana ni de tu generosa providencia porque tarda en llegar lo que pedimos y necesitamos. Danos el regalo de la confiada perseverancia y no permitas que oremos para decirte lo que tienes que hacer como si no nos conocieras y amaras, sino que amemos y hagamos diariamente y sin desfallecer tu voluntad.

CONTEMPLACIÓN (Contemplatio): alaba, bendice y da gracias a Dios. Saca algún propósito que te inspire la Palabra de Dios para vivirlo en la semana. Dios te bendiga y te guarde. Feliz misa dominical y feliz semana.


La Paz con ustedes.

jueves, 7 de octubre de 2010

28° domingo ordinario, C (10 octubre 2010)

Texto a meditar y orar:
Lucas 17, 11-19

En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.
Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.
Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése fue un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios? Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.

Lectura (Lectio): Busca leyendo (¿Qué te dice el texto en sí mismo) lee atentamente varias veces el texto evangélico y descubre todos los detalles, personajes, actitudes y relaciones.
El evangelio de hoy nos presenta a Jesús caminando hacia Jerusalén, que es el lugar donde Él entregará la propia vida en favor de los demás. En el trayecto se encuentra con los 10 leprosos que reconocen su persona y saben que es quien salva y le piden que tenga compasión de ellos. Su palabra les ordena que se pongan también en camino y vayan a presentarse a los sacerdotes; y durante el recorrido se da la curación de todos. Los 10 se reconocieron curados mientras iban de camino hacia el sacerdote; pero sólo uno regresa a agradecer la curación y sólo él es curado en su interior. El hecho de dar gracias indica una delicadeza humana desconocida por los otros leprosos.
Para entender mejor la mentalidad judía, la lepra era considerada una enfermedad de la cual sólo Dios podía librar y por lo tanto su curación indicaba que habían llegado los tiempos mesiánicos. Además de que la lepra era una enfermedad que introducía al enfermo en un mundo de intocables. Para evitar el contagio le legislación era muy severa; “el leproso llevará sus vestidos rasgados, descubierta su cabeza… y gritará ¡inmundo, inmundo! Y así habitará solo, su morada estará fuera del campamento”. (Lv. 13, 45).

Meditación: (Meditatio) “…y encontrarás meditando”. (Qué te dice a Ti el texto). Reflexiona y profundiza la Palabra.
El relato es un ejemplo del camino de fe que sólo un hombre supo recorrer hasta el final, el samaritano, un extraño. Diez eran los leprosos que reclamaron compasión de Jesús; los diez obedecieron al maestro y los diez se reconocieron curados, pero sólo uno regresando para agradecer, le hizo merecerse una curación mayor, aunque menos visible, pues fue salvado.
Jesús cura a los leprosos, no sólo porque tuvo compasión de ellos, sino también porque ellos obedecieron a su palabra. La obediencia les libró de sus enfermedades.
La fe en Jesús, la obediencia a su Palabra que le mandaba hacer un camino y el agradecimiento a quien le había salvado fueron las actitudes, o mejor, las virtudes del extranjero leproso.

Oración: (Oratio) “Llama orando” (¿Qué le digo yo a Dios).
Señor Jesús que fuiste caminando para entregar tu vida por los demás en Jerusalén y que te has encontrado con los enfermos y les has invitado para que obedeciendo a tu palabra se pusieran también en camino hacia su curación y hacia su salvación; te agradecemos por haberte cruzado en nuestro camino y ahora, con tu Palabra, por invitarnos a seguirte. Y es que, Señor, cuando nos vemos caminando por la vida, nos descubrimos necesitado de Ti, de tu ayuda, de tu compasión, y como los leprosos, nos vemos llenos de debilidades y nos experimentamos enfermos. Ayúdanos a poner nuestra confianza en Ti, a descubrir que tu Palabra nos invita a ponernos en camino hacia la curación y regresar contigo para agradecerte y adorarte por las maravillas que día con día has ido haciendo en nuestras vidas cuando nos experimentamos amados y salvados por Tí.

Contemplación (Contemplatio): “…y se te abrirá por la contemplación”
Dedica un tiempo de silencio y adora, alaba a Dios, déjate consolar e iluminar por Él; sintiéndote enfermo y por lo mismo necesitado de que Dios te cure, hazle una súplica, muéstrale tu agradecimiento y adóralo por sentirte salvado.

Te invito para que tomes un propósito, en relación con éste Evangelio, para esta semana.

P. Cleo sdb.
La Paz con ustedes.