jueves, 16 de diciembre de 2010

4° domingo Adviento, A (19 diciembre 2010)

Texto a meditar y a orar: 
Mateo 1, 18-24.

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.
Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.
Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.

LECTURA.
El relato está centrado en José por el anuncio del nacimiento de Jesús; narra la perplejidad de José ante la maternidad virginal de su mujer y la aceptación de la intervención de Dios en ella. El evangelista afirma que Jesús procede de Dios a través de la acción misteriosa del Espíritu en María, y que la vinculación de Jesús con Israel es sólo legal, pues acontece a través de la paternidad de José.
La decisión de Dios de entrar en la historia humana interfiere en la vida de los hombres, así lo hizo con José y con María. El anuncio del nacimiento de Jesús fue una sorpresa para quien iba a hacer de Padre, la maternidad de María le puso en un grave aprieto; sin embargo, que Dios le explicara a José la situación y le descubriera el porvenir del niño no le hizo más fácil su aceptación; tuvo que resignarse apadrinar un hijo que él no había engendrado.
Antes de convivir con María, José tuvo que decidir, si aceptando a María ya madre, aceptaba la intromisión de Dios en su vida íntima y la aniquilación de sus proyectos más personales, José tuvo que descubrir y saber que con el nacimiento de Jesús se cumplía la profecía antigua y terminaba la espera del salvador prometido; pero esto no le ahorró tener que sacrificar su sueño mejor; para ser guardián de la familia de Dios, tuvo que renunciar a ser padre; por tener que hacer de padre del hijo de Dios, no pudo hacer de esposo.
José y María fueron, sin duda, quienes más alto precio tuvieron que pagar por hacer posible la encarnación de Dios. Por llevar adelante Dios sus planes, desbarató los planes de esta joven pareja y los invitó a una vida de obediencia.

MEDITACIÓN. 
Próxima la navidad, el motivo de nuestra fiesta y la razón de nuestra alegría es celebrar la decisión de Dios de hacerse uno como nosotros y estar entre nosotros. Esto demuestra lo mucho que Dios nos ha querido. Pero la alegría y la confianza en este Dios no quita ni ahorra el tener que pagar un precio, el de la obediencia a Dios y el cambio de nuestros planes y la aceptación de su voluntad como fue el caso de María y de José. La intervención de Dios en la historia significó la anulación de los planes personales y de los sueños en la vida de José, la intromisión en su vida íntima; José fue secuestrado en vida por Dios, y lo aceptó siendo obediente.
La historia de José, es la historia del creyente en Dios y en sus planes de salvación; cuando Dios se acerca al hombre o a la mujer, nunca llega en vano ni en balde; la encarnación de Dios fue posible no sólo porque Dios quiso ser hombre, sino también porque se encontró con hombres que obedeciéndole le dejaron ser Dios y llevar sus planes y les supusiera la renuncia de los propios proyectos y la forma de vida con la que tanto habían soñado. Prestar la propia vida para que Dios se encarne en el mundo, es la historia de María y José y es la historia del creyente; renunciar a los propios planes y a los propios hijos, a su presente y a su futuro para ponerse totalmente a disposición de Dios esa es la obediencia del creyente como la María y José.

ORACIÓN.
Gracias, Padre Bueno, porque tu voluntad ha sido tan grande y tan amorosa para con nosotros, que has querido estar en medio de nosotros y encarnarte en la persona de tu Hijo Jesús. Sí, esa ha sido desde siempre tu voluntad; nosotros estamos agradecidos contigo, Padre, porque sigues viendo a nuestro mundo con ilusiones y con alegría de salvación a pesar de nuestras cortas y distorsionadas visiones de ella; esto nos hace comprender que tu amor y tu deseo de salvación es lo que le da sentido a la vida y a nuestras vidas.
Gracias, porque has entrado en nuestra historia y te has valido de personas que obedeciendo a tu voluntad y renunciando a sus planes de realización personal, supieron descubrir cuál era tu voluntad y dar su aceptación a tus planes. Así fue en María y en José. Gracias, Padre, porque por ellos y en su obediencia nos has señalado el camino de seguimiento; porque mediante ellos y su libre generosidad, ha sido posible tu intervención en la historia de las personas. Gracias, porque sigues necesitando de personas, hombre, mujeres, jóvenes, niños, para llevar adelante tus planes y sigues pidiendo obediencia a tu voluntad.

CONTEMPLACIÓN.
Te invito para que en estos días, antes de la fiesta de Navidad, tengas unos momentos de silencio y postrándote ante Dios lo adores y después también le agradezcas que haya querido encarnarse y ser nuestro Salvador. Contempla, medita, reflexiona y deja que Dios lleve adelante sus planes en tu persona como lo hizo con María y José.

Feliz Navidad.


La Paz con ustedes.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe (12 diciembre 2010)

Texto a meditar y orar:
Lucas 1, 39-48

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y entrando en casa de Zacarías, saludo a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor” Entonces dijo María: “Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava”. 

Lectura (Lectio): Busca leyendo (¿Qué te dice el texto en sí mismo) lee atentamente varias veces el texto evangélico y descubre todos los detalles, personajes,  actitudes y relaciones.
Después de haber recibido el anuncio del Ángel Gabriel y después de haber concebido en su seno al Hijo de Dios, María siente la necesidad de ir en ayuda de su parienta. El motivo por el cual María, encinta, visita a su prima Isabel, está dicho en el relato de la Anunciación, cuando el Ángel Gabriel le anuncia que va a ser la Madre de Dios y le señala que el signo en el cual podrá verificar la verdad de su explicación  será que Isabel, la que llamaban estéril, está ya esperando un niño y se encuentra en el sexto mes.  Es por eso que va en busca de su prima y se encuentran María e Isabel; ambas son destinatarias de la no fecundidad, una porque es estéril y grande de edad y la otra porque es virgen;  sin embargo ambas se encuentran encinta, aunque sea por diverso modo – una por el contributo del marido y la otra por la gracia del Espíritu Santo. También María acude a Isabel con Jesús en su vientre: “encarnado en su seno por obra del Espíritu Santo”. Cuando Isabel oye el saludo de María, Ella queda llena del Espíritu Santo también y reconoce y proclama por primera vez que María es la Madre del Señor.
En el diálogo entre las dos mujeres, Isabel reconoce la fe de María y le dice: “Bienaventurada Tú que has creído en las palabras del Señor”. En la fe y confianza de María en Dios, se encuentra su grandeza; fe en la palabra que Dios le ha dirigido; fe en creer que en Dios todo es posible; fe en la certeza de las promesas de Dios. Y cuando descubre lo que Dios ha hecho, proclama y canta, en su humildad, el grande cántico de alabanza: “Mi alma glorifica al Señor porque ha mirado la humildad de su sierva…”

Meditación: (Meditatio) “…y encontrarás meditando”. (Qué te dice a Ti el texto). Reflexiona y profundiza la Palabra.
Cuando supo que esperaba a Dios, se puso en camino de quien la necesitaba; María nos enseña la forma auténtica de esperar a Dios; acercarse de quien necesita ayuda y ponerse a su disposición es el modo mariano de preparar la navidad.
El elogio dirigido por Isabel a María nos lleva a reflexionar, en este tiempo de espera, sobre nuestra fe. María está totalmente segura de que Dios quiere y sabe ser fiel  a la palabra dada. Creyendo, ha comenzado a constatar cómo Dios es fiel en realizar su promesa. La fe de María se manifiesta también en el hecho de ir a visitar a Isabel; un viaje inspirado por la premura de su prima que necesita ayuda pero también un viaje para ir  a contemplar lo que Dios está haciendo en los otros. María e Isabel saben dialogar sobre lo que Dios hace en ellas. Ninguna de las dos habla de sí misma, sino de la otra, o de lo que Dios ha hecho.
La fe de María es la fe de los “pobres del Señor”, es decir de las personas humildes y sencillas que confían en Dios sabiendo reconocer su obra.

Oración: (Oratio) “Llama orando” (¿Qué le digo yo a Dios).    
Gracias, Padre bueno, porque preparándonos a la celebración de la venida de tu Hijo Jesús, tu Palabra centra nuestra atención en María, la madre de Jesús
Gracias, Padre porque encontraste en María una persona que se puso a tu servicio y que creyó en lo que le prometías. Porque por la fe, María concibió a Jesús primero en su corazón y después en su vientre. Y así nos ha mostrado cuál es la actitud del creyente delante de Ti.      
Y es que María apenas se descubrió que la llamabas a ser la Madre de tu Hijo, no supo quedarse con los brazos cruzados, esperando su nacimiento, sino que se puso en camino para ponerse al servicio de quien la necesitaba. Preparando así la venida del Salvador, María se puso al servicio de quien tenía más necesidad que ella y parece que esta es la forma auténtica de esperar a Dios en este tiempo de Adviento.
Gracias, Padre, porque la presencia del Espíritu Santo que impulsó a Isabel a proclamar Bienaventurada a María y a descubrir las maravillas que Tú has hecho en nuestra historia es la misma presencia del Espíritu que ahora me hace decir que Jesús, tu Hijo, que viene al mundo “es el Señor”.

Contemplación (Contemplatio): “…y se te abrirá por la contemplación”
En silencio, adora a Dios, alábalo y bendícelo y toma un propósito para tu vida personal y familiar que sea una pequeña forma de respuesta a la Palabra de Dios

Celebremos con alegría esta fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, Reina de México y Patrona de toda América. Felicidades.           
P. Cleo sdb

La Paz con ustedes.

jueves, 2 de diciembre de 2010

2° domingo Adviento, A (5 diciembre 2010)

Texto a orar y meditar: 
Mateo 3, 1-12.

En aquel tiempo, comenzó Juan el Bautista a predicar en el desierto de Judea, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”. Juan es aquel de quien el profeta Isaías hablaba, cuando dijo: Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.
Juan usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre. Acudían a oírlo los habitantes de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región cercana al Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el río.
Al ver que muchos fariseos y saduceos iban a que los bautizara, les dijo: “Raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda? Hagan ver con obras su arrepentimiento y no se hagan ilusiones pensando que tienen por padre a Abraham, porque yo les aseguro que hasta de estas piedras puede Dios sacar hijos de Abraham. Ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no de fruto, será cortado y arrojado al fuego.
Yo los bautizo con agua, en señal de que ustedes se han convertido; pero el que viene después de mí, es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Él tiene el bieldo en su mano para separar el trigo de la paja. Guardará el trigo en su granero y quemará la paja en un fuego que no extingue”.

Lectura (Lectio): lee varias veces el texto y distingue sus personajes, estructura, verbos y relaciones principales entre ellos para saber qué dice el texto en sí mismo.
Nos presenta a Juan Bautista, cómo vestía y de qué se alimentaba; que acudían a él de todas partes y les anunciaba que viene alguien que les bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. La escena se desarrolla en el desierto de Judea. Están estos personajes: Juan el bautista, habitantes de Jerusalén, Judea, de la región cercana al Jordán, muchos fariseos y saduceos. Predicaba este mensaje: “conviértanse, porque el reino de los Cielos esta cerca” y acudían a él para confesar sus pecados y él les bautizaba en el río. A los fariseos y saduceos les decía “raza de víboras, ¿quién les ha dicho que podrán escapar al castigo que les aguarda…” Y les anunciaba que si él bautiza con agua viene alguien que bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. Así se cumple lo que decía Isaías: “Una voz que calma en el desierto: preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”

Meditaciòn (Meditatio): trata de aplicar ahora el texto a tu vida, trata de sacar lo que te dice a ti, a tu familia, a la comunidad eclesial en la actualidad.
Meditar en este Domingo sobre Juan el Bautista, tanto sobre su persona, como sobre su mensaje y lo que significa. Juan es aquel que da testimonio de su misión y de su entrega; el cómo vestía y de qué se alimentaba y dónde vivía. Su mensaje es de preparación y conversión porque el Reino de Dios está cerca y es la voz en el desierto: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”. Porque “el que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. El los bautizará en el Espíritu Santo y su fuego. El separará el trigo de la paja y guardará el trigo y quemará la paja”. Juan Bautista, “es el más grande de los nacidos de mujer” y cumple su misión de ser el “Precursor”, preparando un Pueblo bien dispuesto para su llegada.

Oración (Oratio): respóndele al Señor, háblale desde su palabra y desde tu vida.
Señor, que seamos también parte de ese pueblo bien dispuesto para recibirte; que esta predicación de Juan Bautista disponga nuestro corazón y nuestro ser, enderece nuestros senderos, motive en obras para arrepentimiento, y así, lleguemos a ser trigo y no paja. Señor, ya que hemos sido desde nuestro bautismo, bautizados en el Espíritu Santo y su fuego, que viviendo este tiempo de adviento y al esperar tu venida, nos impulse a anunciar y procurar con todo nuestro ser, el Reino de los Cielos.

Contemplación: haz silencio, déjate consolar y amar por el Señor, y toma alguna decisión para ponerlo al centro de tu vida cotidiana.

Feliz Domingo. En esta semana al celebrar a de la Madre de Dios, como Inmaculada Concepción y Santa María de Guadalupe, nos ayude a preparar la venida del Salvador en Navidad.

El Señor les bendiga: Nacho, SDB.

La Paz con ustedes.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

1er. domingo Adviento, A (28 noviembre 2010)

Premisa
Este domingo comenzamos el nuevo año litúrgico y que no coincide con el año civil. El evangelio que nos presentará a Jesús y con el cual lo iremos conociendo y siguiendo todo el ciclo litúrgico, en este nuevo ciclo “A”, será el de San Mateo.
Comenzamos, además, con el tiempo de ADVIENTO, que quiere decir “venida”, para nosotros, en dos sentidos: la primera venida del Salvador en su Encarnación, y la segunda, que es la venida que esperamos de modo decidido, comprometido, alegre y confiado y la llamamos PARUSIA. Así, pues, todo nos invita a prepararnos a la memoria de lo que pasó en la Encarnación del Hijo de Dios y, sobre todo, a gritarle con toda la Iglesia, ¡Ven, Señor Jesús! y a caminar a su encuentro.

Texto a orar y meditar: Mateo 24, 37-44

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.
Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”.

Lectura (Lectio): lee varias veces el texto y distingue sus personajes, estructura, verbos y relaciones principales entre ellos para saber qué dice el texto en sí mismo.  
En el evangelio de hoy Jesús tiene como interlocutores a sus discípulos y les habla de la próxima y segura venida del Hijo del Hombre. Sabemos que de ese modo él se autonombraba delante de sus discípulos. Además encontramos otro título: Señor. Este segundo título es el que las primeras comunidades le daban después de la resurrección. El es el Kirios y salvador esperado (quiere decir Señor en griego), ya no es el sufriente sino el triunfante y juez del universo esperado de modo inminente por todas las comunidades cristianas, entre ellas la de San Mateo. Jesús utiliza dos hechos para hacer notar la venida del Hijo del Hombre y Señor. Una que hace alusión al Diluvio, a Noé, tomada del Antiguo Testamento y presente en la fe de sus contemporáneos. Otra hace alusión a la vida cotidiana: la sorprendente e inesperada llegada de los ladrones. Por el uso de ambos hechos Jesús nos deja ver que dicha venida acontecerá, sin saber día y hora, dentro de la vida cotidiana, cuando uno menos se lo espera y cuando la rutina se ha convertido en ley que parece no será interrumpida ni sorprendida por nada ni nadie. De ahí que nos llame la atención y nos invite a velar y a estar preparados dado que no sabemos cuándo llegue nuestro Señor y Salvador. Si no estamos despiertos, si no estamos preparados y atentos perderemos su presencia y su venida, la misma salvación.

Meditaciòn (Meditatio): trata de aplicar ahora el texto a tu vida, trata de sacar lo que te dice a ti, a tu familia, a la comunidad eclesial en la actualidad. 
La comunidad cristiana y cada uno de nosotros dentro de ella somos interpelados por Jesús, sea por su mensaje como por la certeza o incertidumbre que provoque en nosotros su segunda venida. Así pues, su Parusía (quiere decir segunda venida gloriosa), pide determinadas actitudes. Lo más cierto es que va a suceder y que desconocemos el día y la hora, como él mismo nos lo ha dicho, y eso no es para provocar desconcierto, ni angustia, ni indiferencia o dejadez. Más bien es para fortalecer nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad como modos y actitudes de vivir y caminar a su encuentro. Lejos de quedarnos pasivos, somos invitados a crecer en relación con él, una relación hecha de alegría y decisión por ir a su encuentro dado que él ya viene hacia nosotros. Él nos invita a velar y estar preparados. Ojalá que adormecedores como la rutina, la vida cómoda y la desilusión no debiliten nuestra vigilia y el deseo de su venida. Ojalá que el hedonismo, el individualismo y el relativismo sean superados en nuestra preparación a su venida por el gozo auténtico de la vida, la solidaridad y la seguridad de que no hay otro Señor y Salvador fuera de él.

Oración (Oratio): respóndele al Señor, háblale desde su palabra y desde tu vida.  
Señor Jesús, ¿Cómo no desearte?, ¿Cómo no esperarte?, ¿Cómo no ir a tu encuentro si sabemos que no hay otro Salvador fuera de ti? Con las palabras del apóstol Pedro te decimos: Señor, ¿A quién iremos, si sólo tú tienes palabras de vida eterna? Señor Jesús: ¡Ven, te esperamos!, la esperanza en ti ilumina y da sentido a nuestras vidas. Esperarte a ti es darle iniciativa y alegría a nuestras vidas. Sólo esperándote a ti podremos sobrellevar situaciones difíciles y hasta incomprensibles de nuestras vidas. Señor Jesús, caminamos y corremos hacia a ti porque estamos seguros que tú vienes como Salvador y lleno de Amor hacia nosotros.

Contemplación: haz silencio, déjate consolar y amar por el Señor, y toma alguna decisión para ponerlo al centro de tu vida cotidiana.

Feliz comienzo del ADVIENTO que nos prepara a la Navidad.
Nacho, SDB.

La Paz con ustedes.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (21 noviembre 2010)

Texto del Evangelio a meditar y orar:
Lucas 23, 35-43


Cuando Jesús estaba ya crucificado, las autoridades le hacían muecas, diciendo: “A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido”.
También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a él, le ofrecían vinagre y le decían: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: “Este es el rey de los judíos”.
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: “Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro le reclamaba, indignado: “¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho”. Y le decía a Jesús: “Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí”. Jesús le respondió: “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Lectura (Lectio): Busca leyendo (¿Qué te dice el texto en sí mismo) lee atentamente varias veces el texto evangélico y descubre todos los detalles, personajes, actitudes y relaciones.
Con la celebración de la realeza de Cristo finaliza la Iglesia el año cristiano. Hoy la Iglesia proclama que Cristo es nuestro Rey, porque Dios lo ha hecho Señor de la Vida y de las vidas de las gentes. Las tres lecturas de hoy, cada una a su modo, nos ubican en la persona de Cristo como centro de la historia, Rey universal y la forma en que expresa su forma de reinar en el mundo.
En el Evangelio, se insiste en la realeza de Jesús y en la salvación que viene a traernos. Y así el relato habla de la ironía con la cual las autoridades primero, seguidas por los soldados y finalmente por uno de los criminales provocan a Jesús y retan a hacer palpable y a manifestar la verdad de su título de Rey de los Judíos cuando bajando de la cruz, se salve.
Junto con Jesús, el relato del Evangelio, habla que fue el “buen ladrón”, el que alcanza una respuesta de Jesús, se encuentra unido al Él en el sufrimiento y encontró un lugar en su reino, cuando le pide que se acuerde de él cuando esté en su reino y reconoce que Jesús le puede llevar a gozar de ése reino y de ése poder salvífico que para los demás había servido de risa y de mofa. El buen ladrón reconoce en Jesús y en su muerte en la cruz una esperanza de salvación para él.
Y el cuadro culmina cuando Jesús proclama: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”; la salvación ha iniciado con la entrega de Jesús y su vida en la cruz. El reino de Dios ya ha iniciado.

Meditación: (Meditatio) “…y encontrarás meditando”. (Qué te dice a Ti el texto). Reflexiona y profundiza la Palabra.
Que Cristo sea nuestro Rey se lo debemos al amor que Dios nos tiene. Y Dios nos quiere súbditos de un solo Señor, es Cristo y es el mismo que fue crucificado. La cruz es el lugar desde donde Cristo se manifiesta como rey y manifiesta el poder de su reinado.
Declararse súbdito de Cristo Rey impone al creyente la servidumbre de la cruz. Si Jesús ha sido investido como rey mediante su pasión y la muerte en cruz, ninguno puede ilusionarse con entrar a su reino si no hace propio el camino real por él recorrido.
No es la cruz, sino Cristo crucificado la meta de la vida del creyente; entrar en su gloria o en el paraíso, lo consigue sólo quien es compañero de pasión y de cruz, quien comparte con él la entrega de la propia vida.

Oración: (Oratio) “Llama orando” (¿Qué le digo yo a Dios).
Señor Jesús, reinar desde la cruz, es una forma inusitada e impensable de reinar. Como las personas que te acusaban el día de tu pasión, también a nosotros nos escandaliza y nos hace dudar y tambalear nuestra fe. Y es que si Tú has sido investido como rey mediante tu pasión y tu cruz, creo que la misma suerte nos toca si queremos seguirte; debemos creer que tenemos que hacer propio el camino real que ya Tú has recorrido. Y es que la meta de nuestra vida eres Tú; pero a Ti te encontraremos crucificado entregando la vida por los demás. Ayúdanos a descubrirte en la cruz y a aceptarte así, descubriendo ahí nuestra salvación. Y enséñanos a asumir la obediencia a Dios Padre en la aceptación de la cruz de cada día y de la entrega de nuestra vida en ella. Enséñanos, a compartir nuestra cruz contigo y a pedirte la gracia de gozar contigo también del reino que has preparado para todos los que creen en Ti.

Contemplación (Contemplatio): “…y se te abrirá por la contemplación” En silencio, adora a Dios, alábalo y bendícelo y toma un propósito para tu vida personal y familiar que sea una pequeña forma de respuesta a la Palabra de Dios
Agradece a Dios el regalo de la salvación y agradécele que sea así en la cruz de Cristo. Comparte con Jesús tus penas, tus soledades, tus desgracias y los momentos dolorosos de tu vida que son la cruz de todos los días y ofrécelos a Él. Comparte con Jesús tu propia cruz.

Viva Cristo Rey. Feliz Fiesta de CRISTO REY .
La Paz con ustedes.

jueves, 11 de noviembre de 2010

33° domingo ordinario, C (14 noviembre 2010)

Texto a meditar, orar y practicar: 
Lucas 21, 5-19

En aquel tiempo, como algunos ponderaban la solidez de la construcción del templo y la belleza de las ofrendas votivas que lo adornaban, Jesús dijo: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”.
Entonces le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” Él les respondió: “Cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre y dirán: ‘Yo soy el Mesías. El tiempo ha llegado’. Pero no les hagan caso. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones, que no los domine el pánico, porque eso tiene que acontecer, pero todavía no es el fin”.
Luego les dijo: “Se levantará una nación contra otra y un reino contra otro. En diferentes lugares habrá grandes terremotos, epidemias y hambre, y aparecerán en el cielo señales prodigiosas y terribles.
Pero antes de todo esto los perseguirán a ustedes y los apresarán; los llevarán a los tribunales y a la cárcel, y los harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Con esto darán testimonio de mí.
Grábense bien que no tienen que preparar de antemano su defensa, porque yo les daré palabras sabias, a las que no podrá resistir ni contradecir ningún adversario de ustedes.
Los traicionarán hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos. Matarán a algunos de ustedes y todos los odiarán por causa mía. Sin embargo, no caerá ningún cabello de la cabeza de ustedes. Si se mantienen firmes, conseguirán la vida.

LECTURA (Lectio): observa lo que dice el texto en sí mismo, mira su estructura y relaciones, sus personajes y verbos principales.
A partir de las expresiones de admiración de los peregrinos respecto a los hermosos adornos, la grande construcción con magníficas piedras y las ofrendas que había en el templo de Jerusalén, Jesús pronuncia una afirmación profética y tajante: “Días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra de todo esto que están admirando; todo será destruido”. No se hace esperar la pregunta a dicha afirmación: “Maestro, ¿cuándo va a ocurrir esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?” Después de dicha pregunta parecería que Jesús cambia el discurso centrándolo en su persona. Jesús previene y alerta contra gente que usurpará su nombre y su misión para atemorizar y confundir a las jóvenes comunidades cristianas y a cada uno de sus seguidores: “cuando oigan decir yo soy y el tiempo está cerca, no les hagan caso”. Además elimina las tendencias alarmistas que aterran “a la gente normal” por el hecho de que se den situaciones de conflicto, que según los falsos mesías y los miopes profetas, hablarían de un final inminente (Guerras, pestes, catástrofes y revoluciones). Luego dirige Jesús el discurso de lo general a lo particular diciendo a sus seguidores: “les van a echar mano y les van a perseguir y les van a encarcelar por ser mis discípulos”. Con este cambio de discurso Jesús invita ahora a dar testimonio de Él tanto delante de autoridades como de familiares, con la certeza de que serán asistidos por la sabiduría de su Espíritu. Jesús concluye esperanzadoramente su discurso invitando a la confianza y a la perseverancia hasta dar la vida por Él: “No perecerá ni un cabello de su cabeza. Por su perseverancia serán salvados”.


MEDITACIÓN (Meditatio): ve lo que Dios te dice a ti desde el texto, en tus circunstancias particulares, familiares y sociales.
Lo primero que podemos sacar del texto como aplicación a nuestras vidas es poner la confianza en Dios Padre más que en los templos del saber, del poder, del placer o en cualquier tipo de construcción social, de institución política, ritual o devocional, dado que éstos son sólo medios. Poner, igualmente, la confianza en Jesús como el único salvador y no en los falsos mesías y falsos profetas que todos los días y por todos los medios se presentan como salvadores y sabedores de todo, que te hacen cualquier tipo de ofertas con tal de hacerte sentir a gusto, seguro y hasta feliz. Del mismo modo poner nuestra confianza en el Espíritu Santo y en su sabiduría que en ningún momento ni circunstancia nos dejará solos, pues así sabremos responder a cuestionamientos implícitos y explícitos, directos e indirectos de personas, grupos y movimientos sobre el sentido de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestra existencia.
Lo segundo es aprender a vivir perseverantes dando testimonio de Cristo en medio de todo tipo de situaciones individuales, familiares, eclesiales y sociales, teniendo como referente, como punto de partida y de llegada a nuestro Señor Jesucristo, su evangelio, su segunda venida. La confianza perseverante en Él, como adhesión de toda nuestra vida a Él, el encuentro y continua relación con Él, nos salvará.

ORACIÓN (Oratio): respóndele a Dios desde el texto aplicado a tu vida, conviértelo en oración.
Señor Jesús, haz que me de cuenta de que si no creo suficientemente en Ti estaré al vaivén de creer en cualquier cosa que brille, que apantalle, que dé buena imagen. Me doy cuenta de que muchos de nuestros hermanos cristianos y católicos han dejado de creer en Ti, para creer en horóscopos, adivinos, chamanes y brujas. Me he dado cuenta de que muchas veces desconfiamos y nos quejamos de Ti y volvemos nuestros rostros y nuestra mirada a seguridades que provocan momentáneas euforias y luego decepciones y hondas tristezas. Muchos anuncian catástrofes y se gozan viendo realizados sus deseos enfermizos, otros se sumen en un hoyo negro y no saben ver de otro color, porque según ellos ese es el color de la realidad. Señor Jesús, te pedimos que nos des tu Espíritu, para que los males y dificultades propios de la vida no nos hagan pesimistas, ni las adversidades derrotistas, y en cambio seamos capaces de dar testimonio alegre y sereno de tu presencia, de tu venida, porque aún no es el fin… así podremos contagiar de esperanza a quienes no la tienen, o la han perdido o no la conocen. ¡Amén!

CONTEMPLACIÓN (Contemplatio): haz silencio y en tu interior adora, alaba, bendice y da gracias a Dios. Toma decisiones para tu vida personal, familiar, laboral, escolar y social, y puedas acercarte más a Jesús y a tu prójimo.

Saludos y bendiciones.
La Paz con ustedes.

jueves, 4 de noviembre de 2010

32° domingo ordinario, C (7 noviembre 2010)

Texto a meditar y orar:
Lucas 20, 27-38.

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús algunos saduceos. Como los saduceos niegan la resurrección de los muertos, le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito que si alguno tienen un hermano casado que muere sin haber tenido hijos, se case con la viuda para dar descendencia a su hermano. Hubo una vez siete hermanos, el mayor de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo, el tercero y los demás, hasta el séptimo, tomaron por esposa a la viuda y todos murieron sin dejar sucesión. Por fin murió también la viuda. Ahora bien, cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será esposa la mujer, pues los siete estuvieron casados con ella?"
Jesús les dijo: "En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios, pues él los habrá resucitado.
Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven".

Lectura (Lectio): Busca leyendo (¿Qué te dice el texto en sí mismo) lee atentamente varias veces el texto evangélico y descubre todos los detalles, personajes, actitudes y relaciones.
Jesús está en Jerusalén y tiene mucha actividad, así nos lo dice el contexto: encuentros con los jefes de Israel, hablan acerca de su autoridad, del impuesto y este tema de la resurrección; porque en ese tiempo había la creencia que para sobrevivir después de la muerte sería a través de los hijos; por eso la ley del Levirato. Aparecen los saduceos (que negaban la resurrección) ante Jesús y le presentan una cuestión: “de quién será esposa si los siete estuvieron casados con ella? que con frecuencia discutían entre ellos y la hacen ahora a Jesús para ridiculizar la resurrección de los muertos. Entonces, Jesús da una respuesta para enseñar la manera en qué es posible la fe en la resurrección de los muertos y cuál es el camino en que deben ser interpretadas las escrituras.

Meditación: (Meditatio) “…y encontrarás meditando”. (Qué te dice a Ti el texto). Reflexiona y profundiza la Palabra.
Podemos profundizar el texto de este Domingo que tiene varios temas de meditación: un tema, es el de la vida futura: “serán como ángeles puesto que son hijos de Dios”; otro tema, esta vida futura la comienzan a vivir aquellos que aceptan vivir el celibato o virginidad: “los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de los muertos, ni ellos tomarán mujer, ni ellas marido, ni pueden morir, porque son como ángeles y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección”; y, finalmente, un otro tema, relativo a Dios; es que “nuestro Dios es Dios de vivos, porque para El todos viven”; no es un Dios de muertos. Para responder así a los saduceos y a todos aquellos que tienen una idea materialista de la vida y no admiten la resurrección; es decir, la vida eterna: Jesús con su enseñanza de la escritura hace la invitación a decidirse: a creer.

Oración: (Oratio) “Llama orando” (¿Qué le digo yo a Dios).
Señor, Dios de vivos. Señor, Dios de la Vida. Vivir la vida contigo desde ahora, es vivir la vida como hijos de Dios, para vivir como hijos de la resurrección; nos has enseñado, Señor, que la vida futura, será para los que vivieron como lo hiciste Tu, Señor, aceptando vivir sólo por el reino de los Cielos. Señor, vivir tu enseñanza es comenzar a vivir la vida verdadera, puesto que nuestro Dios es un Dios de vivos. Tú mismo lo dijiste: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, “Yo soy la Resurrección y la Vida, quien cree en Mí, nunca morirá”. Concédenos desde ahora vivir en la Vida para siempre contigo.

Contemplación (Contemplatio): “…y se te abrirá por la contemplación”
Vemos que nuestra sociedad actual vive esa cultura de muerte y negación en la Resurrección de los muertos y la Vida futura, por eso, el aborto, divorcio, eutanasia, abandono de los ancianos, de los disminuidos físicos e ideologías afines.
Ahora somos invitados a vivir nuestra fe y así lo hacemos cuando la proclamamos y profesamos: “esperamos la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”, lo decimos cada Domingo.


Feliz Domingo para todos y sus Familias. Nacho, SDB.
La Paz con ustedes.