jueves, 17 de febrero de 2011

7° domingo ordinario, A (20 febrero 2011)

Texto del Evangelio según 
san Mateo: 5, 38-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda.
Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.
Porque, si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.

Lectura:
Frente a la interpretación farisea de la ley que había caído en la trampa del mínimo indispensable y del simple cumplimiento externo, Jesús propone una vivencia de la ley desde dentro, y cuyo fundamento es la relación personal con el Padre. Mateo pone en boca de Jesús cinco ejemplos que son una invitación a aplicar este principio a otros casos y situaciones. Las palabras finales: Sean perfectos como su Padre celestial es perfecto son la clave para entender lo que Jesús propone: vivir desde la actitud de quien tiene fija su mirada en Dios y no pone límites ni barreras al amor. El amor del discípulo de Jesús debe imitar el comportamiento misericordioso de Dios. Por eso debe alcanzar incluso a los enemigos, a los que te rodean, los que te golpean y los que te roban. Amar al enemigo para ser misericordioso como el Padre. Y en el Evangelio Jesús nos muestra cómo hacer una sociedad nueva, donde las relaciones entre las personas estén testimoniadas por el amor: el amor a los enemigos: “Amen a sus enemigos”. Jesús rompe las cadenas de un amor interesado, y propone el amor sin límites, sin ningún interés, aun corriendo el riesgo de ser odiados por causa del amor. Jesús nos provoca para amar interesándonos sólo con el bien de aquel que nos odia: “hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian”. Hasta explica qué hacer: “Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda”. Jesús nos propone la importancia del amor delante una sociedad donde la violencia y la ganancia miden el valor de la vida humana. Si creemos que el Reino de Dios pertenece a los pobres, a los hambrientos, a los odiados, expulsados, insultados y maldecidos, y somos como ellos, Dios también nos mirará como semejantes a ellos, y nos hará participar de su Reino.

Meditación: 
Los israelitas entendían la palabra “prójimo” como el paisano como aquellos de su misma razón y nación. Era algo así como no causar perjuicio a la propia sangre. De esta estrechez de miras surge el amor cristiano. Este no tiene espacios y no se circunscribe a lugares, ni a tiempos.
Predominaba en aquellos días, mientras hablaba Jesús de un mundo nuevo, la ley del Talión: 'ojo por ojo, diente por diente'. Era la ley de la venganza. Quien no la llevara a cabo era un cobarde. Momentos difíciles para decir: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Parecían palabras insultantes contra siglos y siglos de tradición. La ley del talión se dio para que las gentes no se destruyeran al buscar la justicia.
Cristo, en su Evangelio de hoy, avanzando más, nos propone: el no inferir daño alguno al que nos lo ha causado. El mal hay que inundarlo con la abundancia del bien; no de otro modo. “Cuando una madre vio que le habían violado a su hija, sintió pena y rabia. Pero pronto llamó al violador y le dijo: ¿Conoces a Cristo? Sí, claro. Me siento avergonzado de lo que he hecho. Me dejé llevar por la pasión. Mira, hijo, le dijo esta mujer: Te perdono. Vete en paz y no vuelvas a hacer más locuras. Y a su marido: Déjate de venganzas. Tenemos que ser creyente verdaderos, como nos dice Jesús”.
San Juan habla muy claro: “La victoria que vence al mundo es la fe”. Hay que dedicarse a anunciar la fe antes que llevar armas para derrotar al que me haga frente. La venganza la hace cualquier fanático. El amor y el perdón están solamente a manos de un creyente. Mantén a tu lado la atmósfera de la fe, la fuerza del perdonar y notarás que por tu vida herida por alguien que te ha hecho el mal, brota una brisa nueva, ajena a todo lo que sea la ley del talión, que con palabras fuertes criticó y ridiculizó el mismo Jesús. El “Yo les digo” de Jesús nos hace crear el Mundo Nuevo del Reino anunciado por Cristo Jesús.

Oración: 
Señor, ayúdanos a entender ser misericordiosos. Ese amor misericordioso que significa dar el corazón a los que no son felices, y a saber descubrir en ellos, los que están privados de la vida, por la pobreza, porque pasan hambre, injusticia, falta de paz, y a descubrir que Jesús les entregó el Reino, al entregarles todo, todo lo que tenía. Tu Palabra nos dice que seamos, “como el Padre celestial es misericordioso”. Que toda vez que celebramos la Eucaristía, memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, celebremos la misericordia de Dios que nos dio lo que más deseamos las gentes: el amor gratuito y el compartir todo, hasta la propia vida. Señor fortalécenos para hacer de nuestra sociedad, una sociedad nueva, basada en la fraternidad, el perdón, el amor compartido. Amén.
Dejémonos cautivar por Jesús al escuchar en ese Monte de la Felicidad la vida nueva que nos propone. Feliz Domingo.

La Paz con ustedes.

jueves, 10 de febrero de 2011

6º domingo ordinario, A (13 febrero 2011)

Texto de
Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley. Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el reino de los cielos. Les aseguro que si su justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, ciertamente no entrarán ustedes en el Reino de los cielos.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.
Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
También han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No cometerás adulterio. Pero yo les digo que quien mire con malos deseos a una mujer, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Por eso, si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecado, arráncatelo y tíralo lejos, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo. Y si tu mano derecha es para ti ocasión de pecado, córtatela y arrójala lejos de ti, porque más te vale perder una parte de tu cuerpo y no que todo él sea arrojado al lugar de castigo.
También se dijo antes: El que se divorcie, que le dé a su mujer un certificado de divorcio; pero yo les digo que el que se divorcia, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, expone a su mujer al adulterio y el que se casa con una divorciada comete adulterio.
Han oído ustedes que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y le cumplirás al Señor lo que le hayas prometido con juramento. Pero yo les digo: No juren de ninguna manera, ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es donde él pone los pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del gran Rey.
Tampoco jures por tu cabeza, porque no puedes hacer blanco o negro uno solo de tus cabellos. Digan simplemente sí, cuando es sí; y no, cuando es no. Lo que se diga de más, viene del maligno”.

Lectura:
Jesús en el Sermón de la Montaña presenta y profundiza la Torá del Mesías. La Torá del Mesías es totalmente nueva, diferente, pero precisamente por eso “da cumplimiento” a la Torá de Moisés. Él especifica y desmenuza las enseñanzas de las Escrituras dándoles una nueva perspectiva y una nueva dimensión. No quita nada de la Tora dada a Moisés. De hecho que Él es enfático al decir: “…no vine a abolir la Ley, sino a llevarla a su plenitud…”. Esta es la novedad que el Señor nos trae, pues por un lado está confirmando todo lo anterior a Él, pero a su vez le está dando una nueva interpretación y con esto se está colocando sobre la misma Ley (que no podía ser modificada ni alterada) y aún sobre Moisés (el gran legislador, que se aparece junto a Él en la transfiguración), revelando de esta manera su identidad, haciéndonos ver que Él está sobre la Ley, porque es el autor de la misma.
En esta perspectiva de confirmar la novedad de sus enseñanzas, está recalcando la validez de la Ley en sí misma enfatizando dos cosas: Primero, que la Palabra se cumplirá, que tiene matiz divino, que es revelación: “…pasará el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán…”; Segundo, que es Norma, que no se limita a una simple información, es preciso, imprescindible hacer vida, la palabra escrita: Tercero, que es estilo de vida, que debe identificar nuestra manera de ser y de actuar.
En estos versículos el Señor retoma tres mandamientos: el no matar, no cometer adulterio; no levantar falso testimonio; y retoma una tradición mosaíca sobre el divorcio. Los confirma todos, pero agrega un detalle, el: “…YO LES DIGO…”, dándole un nuevo matiz, un nuevo espíritu, yendo más allá de la norma y la obligación a la intención y la motivación que se tiene al realizar alguna acción. Con esto está modificando y le está dando lo propio y lo específico de la fe cristiana: el Amor.

Meditación:
Es curioso que si tú lees el Evangelio y las lecturas de hoy, caerás en la cuenta de que Jesús no da una ley nueva, sino una manera nueva de ver la ley antigua y cualquier otra ley. Su novedad consiste fundamentalmente en darle a todo lo antiguo la impronta del amor. Y ante Él no tiene sentido el divorcio, ni vengarse sino amar incluso hasta los propios enemigos.
Si quieres quedarte anclado en el viejo mundo, es decir, la ley a secas, tu vida se dormirá en los laureles. Si, por el contrario, avivas en ti el deseo de vivir lo nuevo, te encontrarás plenamente feliz y realizado.
Jesús dice: “No he venido a abolir ninguna ley” para construir algo totalmente nuevo. “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirla, sino a darle plenitud”. No se trata de sentir nostalgias con el pasado. Jesús es tan libre respecto a todas las cosas que esta libertad, absolutamente única, es uno de los signos de su divinidad.
Jesús no ha venido para añadir unas cuantas leyes más afinadas, sino para revelar el secreto de afinar cualquier ley. Es la cuestión de la letra y del espíritu. La letra es necesaria, pero sólo tiene valor por el espíritu con que se cumple. Y Jesús nos revela que no hay más que un espíritu: el amor. Se le puede llamar nueva ley, pero más vale verlo como la razón y la medida de toda ley.
Es algo nuevo que va más allá de lo prohibido o mandado, va hasta más lejos del amor. Evidentemente, no hay que matar; pero hay muchas maneras de hacer daño a los demás. Baja a tu corazón, hasta lo más profundo, persigue los más secretos y los más pequeños deseos de hacer daño, examina tu voluntad de amar, cúrala si está enferma, refuérzala si es débil. Cuando quieres amar de veras, entonces es cuando mejor te adhieres a la ley de Cristo. Entonces puedes inventar tu vida en medio de las leyes.
La sociedad, como el cristiano, tiene sus leyes. Debes respetarlas como Cristo. Pero no debes falsificarlas como los fariseos. La triste contradicción de nuestra sociedad es que uno puede aparecer justo ante la ley y ser injusto ante los demás, puede no matar y ser un criminal que deja morir de hambre, puede jurar verdad y ser un perfecto mentiroso, puede acudir al templo y oprimir al hermano... Para un creyente la ley verdadera, está hecha de amor... No hemos optado por unos preceptos, sino por una persona: CRISTO.
Tampoco hemos elegido la esclavitud que aniquila al hombre, sino la libertad que da vida.
¿Qué es ser cristiano?, te preguntará a veces la gente. No sé qué les dirás. Pero un cristiano es el que opta libre y responsablemente por Cristo, el que se compromete con la libertad de las demás personas, el sacar de la esclavitud a los oprimidos, el dar de comer al hambriento...
Puedes oír muchas misas cada día y los domingos. Pero esto, a lo mejor, no indica que te hayas decidido por Cristo. Serás un cristiano mediocre, aunque cumplas y seas esclavo de la religión.
Tan sólo soy creyente cuando amo de verdad. Somos creyentes, como Iglesia, cuando amamos de verdad como Cristo.

Oración:
- Señor Jesús, Tú, que tienes palabras de vida eterna…
- Señor Jesús, Tú, que has venido a revelarnos al Padre…
- Señor Jesús, Tú, quieres que vivamos a tu manera…
Para vivir tu proyecto…
- danos un corazón sensible a tu presencia en nosotros…
- danos ganas de buscarte en tu Palabra…
- danos sensibilidad a tus manifestaciones…
- danos la capacidad de comprender tu mensaje…
- haz que actualicemos tus enseñanzas…
- ayúdanos a encontrarte en tu Palabra…
- danos un corazón abierto a tu voz…
- danos la inteligencia que viene de ti…
- danos docilidad a lo que nos pides…
- haz que miremos la vida con tus ojos…
- ayúdanos a mirar al otro como nos miras Tú…
- haz que hagamos vida lo que aprendemos de ti…
- ilumínanos con tu presencia…
- danos capacidad de cambio…
- danos la gracia de sincerarnos con nosotros mismos…
- danos la oportunidad de volver a comenzar…
- haz que cada vez vivamos con más alegría tu seguimiento…
- haz que seamos coherentes entre lo que creemos y vivimos…
- haz que vivamos solo por y para ti…
- danos tu amor.

Señor Jesús,
a ti que has venido a darnos un nuevo sentido a las Escrituras,
te pedimos que nos ayudes a vivir cada vez más
tu estilo de ser y de actuar,
para que al seguirte, vivamos como Tú,
hasta identificarnos plenamente contigo.
Que así sea.
Feliz Domingo.


La Paz con ustedes.

jueves, 3 de febrero de 2011

5° domingo ordinario, A (6 febrero 2011)

Texto a meditar, orar y vivir:
Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.
Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos”.

Lectura (Lectio): lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.
Siguiendo en el contexto del Sermón de la Montaña, donde se veía la felicidad de los pobres, hoy, vemos cómo la comunidad debe ser sal y luz. Tiene este sermón otras partes, es decir: el camino de la perfección, la práctica de la verdadera justicia, es fundamental saber escoger, las actitudes del justo y construir la vida. El texto, de este Domingo, nos presenta a Jesús diciéndoles a sus discípulos que ellos sean la sal de la tierra y la luz del mundo. Son dos elementos muy usados por las gentes, pero aquí Jesús los utiliza a manera de modelos, símbolos, de algo más. Y explica un poco: que si la sal pierde su sabor, no sirve y se debe tirar, y si son luz no es para ocultarla sino para que se ponga en alto y alumbre a todos. Termina diciendo que si los discípulos cumplen su función harán que los demás perciban la presencia divina en el mundo: “den gloria a su Padre que está en los cielos”.

Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.
La comunidad de los seguidores de Jesús tiene una misión y, al mismo tiempo, descubre que esta misión da sentido al sufrimiento y a la persecución: ellos están llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo. Como comunidad, su tarea es realizar la misión de todo el pueblo de Israel: el destino del Siervo, llamado a ser Luz de la Naciones. Si la Comunidad, los seguidores de Jesús dejan de cumplir su misión en relación al mundo pierden su identidad y la razón de su existencia. Los discípulos serán de ahora en adelante modelos para los que los vean, como lo fue Jesús. En un mundo egoísta, en el que cada uno mira por lo suyo, la misión del creyente es salir de sí mismo y ayudar a los demás: es la manera de ser sal y luz, como lo hizo Jesús mismo. La Iglesia, la comunidad cristiana, es sal y luz del mundo.

Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Señor, tú sabías qué cosa era necesario para tus discípulos, que estaban en medio del mundo, entre la gente, y cómo debían estar con ellos; debiendo ser sal y luz. Eso lo viviste primeramente tú, Señor; comenzaste a dar sabor, sentido a la propia vida y a todo; no fuiste sal insípida, sino con sabor, ya que todos decían: “que bien lo hace todo”; eres Luz, puesto para iluminar el mundo, fuiste colocado sobre el monte, para quitar la oscuridad del mundo y de las gentes. Tu Muerte y Resurrección son testigos de ello.
Señor, viviendo como tú lo hiciste; siguiéndote, caminando tu camino, tus discípulos son esa sal y luz para todos, de manera que todos los que viendo a los seguidores de Jesús, haciendo buenas obras, digan y “den gloria a Dios que está en los cielos”.

Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida, a descubrirlo como la Luz que ilumina tu vida y a vivirla con profundidad y sentido.

Les deseo que Dios les acompañe y bendiga.
La Paz con ustedes.

viernes, 28 de enero de 2011

San Juan Bosco, Padre y Maestro de los jóvenes (30 enero 2011)

Del Evangelio de Mateo 18, 1-6. 10.
En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es más grande en el Reino de los cielos?”
Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí. Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al fondo del mar. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo”.

Lectura:
En este discurso se describen las instrucciones de la vida comunitaria. Está dirigido al grupo de discípulos, puesto que existían problemas de convivencia. Y Mateo presenta un modelo de comunidad en el que los discípulos, atentos a la voluntad de Dios, viven la fraternidad desde el perdón y la recepción de los más pequeños. A la pregunta que le hacen, Jesús responde con un gesto simbólico, que revela el cambio de valores que trae consigo la llegada del reino: el mayor es el que se hace semejante a un niño. Es decir, los discípulos deben ser como niños, es decir sencillos, desprendidos, generosos; deben estar atentos a las necesidades de los más débiles e indefensos; deben esforzarse seriamente, aunque siempre con respeto y amor, en buscar al hermano extraviado y reconducirlo al seno de la comunidad.
Jesús y los niños
Las historias de la relación de Jesús con los niños muestran su positiva actitud hacia ellos. Se negó a aceptar las actitudes de su sociedad hacia los niños, que los consideraba como insignificantes y sin importancia. Así como estaba dispuesto a tocar al leproso y a la mujer con flujo de sangre, también estaba dispuesto a recoger a un niño para enseñarles una lección a los discípulos y reunir niños alrededor de él como seres intrínsecamente importantes.
Aquí Jesús transforma una discusión entre adultos orgullosos que disputaban sobre quién era el más importante, en una lección – para mostrar que el Reino de Dios atribuye el valor más grande en el menor. Jesús se identifica con el niño. ‘Cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe.’
Unos versículos más adelante, los mismos discípulos están intentando impedir que los niños vean a Jesús. Una vez más confirma la importancia de los niños para él diciendo, ‘De los tales es el reino de Dios.’
Las autoridades religiosas no aprobaban el comportamiento de los niños cuando gritaban ‘Hosanna al Hijo de David!’ en el templo. Jesús es rápido en ponerse al lado de los niños y reconoce su habilidad para entender y compartir la verdad que les anunciaba.
Las acciones de Jesús reforzaron estas mismas prioridades. Dos de las tres personas que resucitó de entre los muertos era niños, jovencitos: la hija de Jairo (Marcos 5, 21-43) y el hijo de la viuda (Lucas 7, 11-17). Jesús aceptó a un chico pequeño cuya buena voluntad para compartir su almuerzo reveló la duda de los discípulos y, como resultado, se alimentaron cinco mil personas. El propio Jesús proporciona un ejemplo perfecto de desarrollo infantil: ‘Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él’. (Lucas 2, 40). Ciertamente estas simples palabras deberían guiarnos para que entendamos cómo debemos vivir en el Reino que Jesús proclamaba, puesto que toda persona es como dice el propio Jesús: “el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí”.
En la vida de la Iglesia muchos y muchas han seguido la enseñanza de Jesús y se han dedicado a atender al bien de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes; puesto que son siempre el futuro de la humanidad.

De entre todos ellos, está San Juan Bosco, el Padre y Maestro de la Juventud.
Juan Bosco nació en Castelnuovo (Italia) el 16 de Agosto de 1815. Huérfano de padre, su madre Margarita lo educa en el trabajo y la piedad. A los nueve años tienen un sueño profético en el que Jesús y María le indican su misión de transformar muchachos feroces en hijos de Dios.
Se empeñaba en ser sacerdote, pagando con su propio trabajo sus estudios, siendo un buen compañero. Una vez ordenado, descubre en las barriadas de Turín, el riesgo de los jóvenes que no tienen quien les muestre un camino mejor: la vida de Cristo. Los reúne y funda el Oratorio, donde en un clima de familia, el joven se siente acogido como hijo de Dios y llamado a comprometerse con su vida y con la Iglesia. Decía: “Me basta que seas joven para que te ame con toda el alma”
Fue un gran educador, escritor, confesor, constructor de Iglesias, fundador de congregaciones religiosas… pero sobretodo un padre para sus muchachos. Murió el 31 de Enero de 1888. Diciendo: “Digan a los jóvenes que los espero en el Paraíso”.
Imitemos de Don Bosco:
El amor a Jesús sacramentado, a María Auxiliadora y a la Iglesia, representada en el Papa; su entrega generosa por la salvación de los niños, adolescentes y jóvenes, especialmente los que son menos apreciados a los ojos del mundo; y su empeño en cultivar las vocaciones a la vida apostólica.
Oración:
Te damos gracia, Señor, 
porque en Don Bosco, 
nos has dado un Padre y un Amigo de los jóvenes. 
Él está a nuestro lado 
y nos enseña a descubrir 
que Tú eres el Dios del Amor. 
Te pedimos que nos ayudes a vivir 
creciendo en amistad contigo 
y buscando la salvación de los muchachos 
como él lo hizo. 
Amén.

La Paz con ustedes.

jueves, 20 de enero de 2011

3er. domingo ordinario, A (23 enero 2011)

Texto a meditar, orar y vivir: 
Mateo 4, 12-23.

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiro a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que yacía en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.
Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y su padre, lo siguieron.
Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Lectura (Lectio): lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.
El párrafo evangélico de hoy presenta al centro la proclamación del Evangelio del Reino y se compone de cuatro partes: Primera: Jesús inicia su ministerio en Galilea que era una región floreciente desde el punto de vista económico, pero es considerada desde el punto de vista religioso una tierra pobre, tierra de tinieblas y de muerte que esperaba la revelación de Dios. Segunda: Se anuncia el Reino y se pide la conversión; éste es el contenido importante de la predicación de Jesús. Éste anuncio manifiesta que Dios está por intervenir eficazmente en la historia del mundo; el Reino de Dios se está acercando porque propone una nueva esperanza y obliga a cambiar los propios comportamientos. Tercera: Son llamados los primeros discípulos y experimentan en las palabras de Jesús una fuerza de atracción más grande de aquella que les proporcionaba la rutina de la vida a la cual se habían habituado; esta conversión de los discípulos habla ya de que el Reino de Dios comienza a realizarse. Cuarta: Presenta la actividad de Jesús, las enseñanzas y las curaciones como signos de la voluntad de Dios y de la llegada del Reino.

Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.
Jesús será reconocido como Galileo por haber optado por aparecer en medio de los Galileos y ahí fijar su residencia; ésta decisión suya lo acompañará toda la vida. Dios empieza a realizar su promesa cuando su voluntad es ser compatriota de los que han sido humillados, de cuantos no son tomados en cuenta; los que no se sienten suficientemente considerados, aceptados o amados. El ministerio de Jesús empieza con ellos la predicación del Reino.
“Convertíos porque el Reino de Dios está cerca”; éstas primeras palabras de Jesús exigen un cambio radical de conducta; Jesús no podía ser, para los primeros discípulos luz y vida, esperanza y salvación, si ellos no comprendían su vida a la luz de Jesús. La conversión consistirá en poner la propia vida bajo la mirada de Dios y verla ¡y quererla¡ a la luz de sus exigencias. Si Dios no es el centro en la vida del creyente; es decir, lo que alimenta los planes y las esperanzas, el apoyo en las debilidades y en las carencias, entonces no hay conversión a lo que Dios quiere hacer de cada quien

Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Padre, Bueno, que la venida de tu Hijo Jesús ha sido la manifestación más clara de la llegada de tu Reino a los hombres; hoy nos sentimos agradecidos porque nos has demostrado que nos quieres y te preocupas de nuestra salvación. Tú eres la luz que ilumina las tinieblas de los que se encuentran más apartados y más desamparados porque te has declarado amante de los más pobres y abandonados que se mantienen fieles y atentos a tu voluntad. Gracias, Padre, porque Jesús ha querido vivir entre nosotros los pequeños los que no tenemos nada que ofrecer y que nos sentimos desesperados, porque nos oprime el yugo de nuestros propios pecados; gracias, Padre, porque en Jesús se nos ha vuelto a abrir la esperanza del cielo.
Hoy, Padre, con ésta tu Palabra, y asistidos con la luz del Espíritu Santo queremos hacer nuestra conversión hacia Ti; poner nuestra propia vida bajo tu mirada y verla y quererla siempre a la luz de tus exigencias. Transforma Tú, nuestros corazones y enséñanos a seguir a Jesús porque teniéndolo a Él, habremos encontrado el sentido de nuestras vidas, como dice Charles de Foucauld: “Desde que descubrí que Dios existe, entendí que el único sentido de mi vida era vivir para Él”.

Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida, a descubrirlo como la Luz que ilumina tu vida y a vivirla con profundidad y sentido.
Celebrando y orando en esta Semana por la Iglesia para que se llegue a la Unidad de los Cristianos. Y también preparándonos para la fiesta de San Juan Bosco, el Padre y Maestro de los Jóvenes. Les deseo que Dios les acompañe.

La Paz con ustedes.

miércoles, 12 de enero de 2011

2º domingo ordinario, A (16 enero 2011)

Comenzamos el tiempo que se llama Ordinario. Después de haber celebrado adviento, navidad, epifanía, viviremos el llamado tiempo Ordinario, en el período que va desde Epifanía hasta el comienzo de la Cuaresma; para retomarse nuevamente hasta después del Pentecostés. Lo distinguimos por el color verde en los ornamentos del celebrante.

Texto de Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: “Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mi, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel”.
Entonces Juan dio este testimonio: “Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo’. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios”.

(Léelo serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)

Lectura (Lectura de lo que dice el texto en sí mismo para entenderlo mejor): Por un lado nos presenta a Jesús que viene hacia Juan el Bautista, Jesús que esta de camino, que comienza su ministerio. Por otro lado nos presenta a Juan Bautista que da testimonio de Jesús diciendo: que Jesús “es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Él tiene precedencia sobre mí”, y añade que fue testigo de lo que sucedió cuando Jesús fue bautizado: “El Espíritu descendió en forma de paloma y se posó sobre Él”, y sobre el que se pose el Espíritu Santo: “Ese es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo”, “Él es el Hijo de Dios”. Una de las palabras claves de este evangelio es “dar testimonio” (vv 32.34) que viene repetido dos veces. Y otra, es el verbo “ver”, señalado por Juan el Bautista; además de ver con los propios ojos de carne, es necesario ver más en profundidad. Y el texto nos repite tres veces: “Este es Aquel…”

Meditación (Reflexión personal y profundización sobre la palabra, lo que a mí me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias): Uno de los temas de meditación es el testimonio del Bautista al reconocer a Jesús como el “Hijo de Dios”: solamente es posible por el Espíritu. Sin ese don del Espíritu Santo no es posible reconocer a Jesús y mucho menos seguirlo, lo que quiere decir que el testimonio no se agota con el anuncio sino que comporta toda la vida, una vida coherente con aquello que se predica. Así vemos a Juan el Bautista que fue disponible y con suficiente coraje para decirlo en público: afirmando la misión de Jesús, señalando en Jesús el “Cordero que quita el pecado”, y envió a Jesús a todos los que habían acudido a él. Como en el tiempo de Juan el Bautista, hoy sigue Dios necesitando de gentes que den testimonio. Nos hacen falta creyentes que se dediquen a vivir testimoniando cuanto creen.

Oración (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su evangelio. Le respondo): Te alabamos a Ti Señor Jesús, tu eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, el que ya existía antes que todos, el que da su vida por nuestra salvación, eres tú el que pasando sobre Ti el Espíritu Santo, vienes a bautizarnos con este mismo Espíritu Santo. Tú eres Jesús, el Hijo de Dios. ¡Oh Padre! te pedimos que nos ilumines con el Espíritu Santo para que podamos conocer a Jesús y dar testimonio de El, en lo ordinario de la vida, en los acontecimientos, en las cosas, en las personas para que después, de la misma manera en que Juan actuó, podamos verlo y dar testimonio de Él. Te pedimos que nos perdones, puesto que eres el Cordero de Dios, por las veces en que nosotros mismos nos ponemos una venda en los ojos para no verte; y por lo tanto, no dar testimonio de Tí.

Contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, adoro y alabo, y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria personal, familiar, laboral, social, escolar…)…

Saludos y bendiciones. ¡Feliz domingo! Nacho SDB
La Paz con ustedes.

miércoles, 5 de enero de 2011

Bautismo del Señor, A (9 enero 2011)

Texto a meditar, orar y vivir:  
Mateo 3, 13-17


En aquel tiempo, Jesús llegó de Galilea al río Jordán y le pidió a Juan que lo bautizara. Pero Juan se resistía diciendo. “Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?” Jesús le respondió: “Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere”. Entonces Juan accedió a bautizarlo.
Al salir Jesús del agua, una vez bautizado, se le abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios, que descendía sobre él en forma de paloma y oyó una voz que decía desde el cielo: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias”.

Introducción para ubicarnos en el tiempo litúrgico: Después de celebrar las fiestas de navidad y epifanía y antes de volver a los domingos del tiempo ordinario, el evangelio nos recuerda el bautismo de Jesús - última fiesta del tiempo de Navidad -. Hace unos días contemplábamos al niño Jesús recién nacido, visitado por los pastores y adorado por los magos, reconocido por todos como Hijo de Dios, como Mesías salvador. Este domingo contemplamos a Jesús ya adulto, de incógnito entre la multitud y queriendo ser bautizado por Juan. Hay que hacer, pues, un esfuerzo considerable para dejar atrás al niño de Belén, pequeño y adorable, para centrarnos en el seguimiento del profeta de Nazaret, que comienza a recorrer los caminos de Galilea buscando hombres dispuestos a escuchar “el evangelio de Dios” y ver en él la llegada del Reino prometido.

Lectura (Lectio): lee atentamente el texto cuantas veces sea necesario hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.
El bautizo señala el inicio del ministerio público de Jesús: Dios los presentó ante el pueblo que se reunía en torno a Juan el Bautista como su Hijo predilecto. Jesús, en un breve diálogo, vence la resistencia del Juan Bautista. En ese diálogo se refleja la incomodidad de los primeros cristianos que no pudieron negar que Jesús, por propia voluntad, se sometió a ese rito de penitencia propuesto por Juan. El texto nos dice que Jesús, con su bautismo, quiso cumplir humildemente la voluntad de Dios en todo y por eso Dios lo reconoce como su amado Hijo. La fidelidad de Jesús a la voluntad del Padre es lo que mejor revela que, efectivamente, él es el Hijo. Se llama obediencia el camino por el que hace su vida Jesús. Él sabe comportarse y vivir como auténtico Hijo del Padre. Por eso la voz que procede del Padre y el don de su Espíritu son la autentificación de su persona y la garantía de su encomienda: la predicación del Reino y del amor salvador y misericordioso de Dios a todos los hombres.

Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.
El bautismo marcó el inicio de la actuación pública de Jesús. Fue una decisión muy difícil e importante que lo sacó del anonimato y lo acercó, junto con otros, a Juan el Bautista que predicaba la conversión y la escucha de Dios para tomarlo en serio, y más que nunca, en la vida diaria. Por eso, acercarse al bautismo, era manifestar públicamente que se estaba dispuesto a vivir de un modo nuevo, del modo que Dios pedía. Eso es consolador para nosotros, los que todavía no hemos tomado a Dios y su palabra en serio en nuestra vida ordinaria: Jesús, antes de hablarnos de Dios, de su Padre, y de acercarlo a nosotros con su modo de amarnos, se pone a nuestra altura, a la altura de los pecadores necesitados de Dios y de conversión. Así, él da el primer paso: se coloca entre los pecadores, se acerca a nosotros y nos ofrece su evangelio, a Dios. No habría que olvidarlo, cuando domingo tras domingo en la eucaristía, escuchemos y sintamos sus exigencias inauditas y creamos que es imposible su seguimiento: lo primero que hizo para predicarnos un Dios cercano fue acercarse a nosotros que lo necesitamos; antes que cualquier otra cosa compartió nuestra situación y se hizo compañero de bautismo nuestro para proponernos la conversión. Nosotros, los bautizados, estamos invitados a mirarlo a él para ver cómo hay que responder viviendo como hijos y como enviados a una misión.

Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Señor Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, que para salvarnos llevaste hasta el extremo el misterio de la encarnación y nos enseñaste el modo de ser hijos de Dios, el modo de dejarnos conducir por el Espíritu Santo, el modo de llevar a cumplimiento nuestra misión dentro de la Iglesia y de la sociedad, te pedimos nos concedas la gracia de la humildad y de la obediencia para ser siempre fieles, como tú, a Dios Padre que nos ha hecho públicamente sus hijos por medio del bautismo. ¡Amén!

Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te ha hecho su hija, su hijo y te invita a vivir este don de Dios.

Al celebrar el Bautismo del Señor, renovemos también nuestra dignidad de bautizados.
Feliz Domingo.


La Paz con ustedes.