UN buen artículo
Nacho, SDB.
La Paz con ustedes.
Oración (Oratio): lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios. Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele un cambio en tu vida para bien tuyo, de los demás y gloria de Él. Y trabaja con responsabilidad por el Reino. Hemos comenzado el mes del rosario y el mes de las misiones. Oremos por el próximo sínodo sobre la Familia que tiene lugar en Roma, reunidos el Papa y los Obispos. 26 Domingo Ordinario, A. Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 21, 28-32. En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Ellos le respondieron: "El segundo".Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él".Palabra del Señor.Gloria a ti, Señor Jesús. Lectura (Lectio): (lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central). Para entender la Parábola hay que tener en cuenta la ocasión y el motivo que la provocó: Jesús había entrado en Jerusalén triunfalmente y se había presentado en el Templo donde había expulsado a los comerciantes, y se habían preguntado el origen de tal autoridad. Jesús acalla a los principales y las autoridades al preguntarles sobre el Bautista y su misión. El relato de esta parábola es sobrio, reducido a lo esencial y está construido sobre la oposición que existe entre los dos hijos de un Padre. Un padre dueño de una viña invita a sus dos hijos a trabajar en su propiedad. El primer hijo le demuestra un religioso respeto hacia su padre llamándolo "señor", y por esto digno de ser escuchado y aunque con mucha cortesía dice que sí, al final termina no yendo a la viña. El otro hijo, por el contrario respondiendo secamente y en forma negativa, cambia de parecer y va finalmente a trabajar en la viña. El arrepentimiento de éste hijo es lo importante. Porque descubre la voluntad el padre. Pero la parábola se construye también sobre la oposición que existe en tiempos de Jesús sobre las dos categorías de personas en las cuales está dividida la sociedad según el pensamiento religioso judío: por una parte están los elegidos, miembros del pueblo de Dios que responden diciendo que 'si' a la llamada del Señor, pero solamente de palabras; y por otra parte los indiferentes y pecadores, que no observan la ley de Moisés y lo que prescriben los rabinos. Los miembros de ambos grupos son hijos de Dios: Pero si los primeros se sienten convencidos de estar en el único y verdadero camino porque se dicen observantes de los mandamientos de Dios, pero sólo de palabra…; se diferencian de los segundos que son los que dicen 'no', pero que son capaces de arrepentirse y de transgresores de la voluntad de Dios se hacen cumplidores; tan sólo como lo señala el párrafo evangélico, si tienen la necesidad de conversión al descubrir la voluntad de Dios en la enseñanza de Jesús. Meditación (Meditatio): (saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad). En el evangelio de hoy, Jesús ha querido reflejar el drama de Dios con nosotros, que somos como esos dos hijos: también Él tiene hijos que se conforman con decirse dispuestos a obedecerle, e hijos que, tras haberse muchas veces negado, acaban por hacer lo que el Señor quiere. Y es aquí, donde tiene sentido la preferencia de Dios por los que aparentemente parecen malos y la prioridad de que gozarán en su Reino sobre los aparentemente buenos. Este es el centro del Evangelio de hoy: todos los que se reconocen como pecadores entrarán en el Reino de Dios, antes de todos los que se estimaban como 'santos', 'buenos'. Y es que delante de Dios no nos hacen mejores hijos las obras que le hayamos prometido, solo de palabra, por buenas que sean, o de muy buenos propósitos, sino las que ya hemos realizado, aunque no sean las mejores. Dios dejará pasar todas nuestras anteriores negaciones, siempre que, al final, terminemos por hacer lo que desea de nosotros. Ninguno es demasiado bueno para Dios, por lo que dice; será bueno de verdad, tan sólo quien haga su voluntad. Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios. Señor, quieres que cumplamos tu Palabra. La única que conduce a la Vida. Cuántas veces decimos y no hacemos. Haz que cambiemos, que nos convirtamos, para hacer lo que tú quieres y nos invitas. Que nunca nos consideremos de los 'buenos'… pero que no hacen tu voluntad. Que estemos dispuestos a cambiar para cumplir tu querer. Señor, ayúdanos a trabajar en tu Viña, para que seamos hijos obedientes a tu Palabra. Amén. Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a trabajar en su reino, a descubrir su querer. Que el Señor nos siga invitando a trabajar por su Reino, en su Viña, Y Él les bendiga y les guarde de todo mal, porque nos mira siempre con amor. 24 Domingo Ordinario, A. Texto evangélico para meditar y rezar: Mateo 18, 21-35 En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".Entonces Jesús les dijo: El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo', El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: 'Págame lo que me debes'. El compañero se le arrodilló y le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: 'Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano".Palabra del Señor.Gloria a ti, Señor Jesús. Lectura (Lectio: qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.Una pregunta de Pedro a Jesús sobre las veces que hay que perdonar a quien nos ofende produce una respuesta contundente y hasta ejemplificada. Jesús afirma categórico que hay que perdonar no sólo "muchas veces", sino "siempre". Jesús ratifica su sentencia al modo oriental, con una comparación que pone al centro el Reino de los Cielos. La comparación tiene como protagonistas a un rey y dos siervos deudores. Y el diálogo es muy semejante para uno y para el otro. Un primer servidor le adeudaba muchos millones, no tenía con qué pagar y sólo podría hacerlo si eran vendidos él, su mujer, sus hijos y todos sus bienes, al modo de aquel tiempo. La súplica profunda del siervo movió la compasión del rey y éste le perdonó toda la deuda. Un segundo servidor le adeudaba poco dinero al siervo que había sido perdonado de su deuda millonaria y éste con exigencia agresiva le pedía que le pagara lo que le debía bajo amenaza de enviarlo a la cárcel. El segundo deudor de rodillas suplicaba paciencia y compasión, como el primero lo había hecho, pero no fue escuchado y sí fue enviado a la cárcel hasta que pagara todo lo que debía. Los testigos de lo ocurrido indignados fueron al rey y le contaron lo que sucedió. El rey llamó al siervo malvado y le cuestionó diciéndole: "¿No debías haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?". Dicho esto lo entrega a los verdugos para que no sea soltado hasta que pague. Concluye Jesús su relato afirmando que "lo mismo hará el Padre celestial con aquellos que no perdonen de corazón a su hermano". Meditación (Meditatio: lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.Todos estamos conscientes de que en la vida ordinaria cometemos o nos cometen todo tipo de ofensas: en la familia, en los grupos de amigos y de trabajo, en la comunidad eclesial y social, por lo tanto el tema no es raro sino muy real y cotidiano. Ya en tiempos de Jesús la ley decía que se podía perdonar hasta tres veces, solamente… La respuesta de Jesús, que inaugura el nuevo Reino de Dios y la nueva ley con su persona y su mensaje, se opone a la antigua ley del talión: al "ojo por ojo y diente por diente". Una persona buena y sensata como Pedro (y como nosotros) sabe que se puede y debe perdonar algunas veces, pero el problema es saber "cuántas veces", de tal modo que esos arranques nuestros de calculador perdón nos permitan seguir dentro de las leyes de la religión y de la tranquilidad de la conciencia. Seguramente ni Pedro ni nosotros esperamos la respuesta de Jesús, y menos estamos dispuestos a seguirla, pero aquí viene la luz de la parábola. Por lo visto todos los siervos eran deudores, y si al que más debía se le perdonó todo, a todos los demás igual se les perdonaría porque una primera súplica ya había abierto el corazón compasivo del rey. Así que aprendiendo de él los demás habrían de ser igualmente compasivos con sus compañeros, dado que ya no había deudas. Pero la lógica se rompe cuando uno no entiende como gracia el haber sido perdonado de todo y se porta de modo justiciero e incriminatorio con quien le adeuda poco. El problema del siervo "malvado" no está en ser deudor, porque todos somos deudores, quién más quién menos, sino en no haber aprendido a perdonar como él fue perdonado, de modo compasivo y misericordioso. Por eso, cuando nosotros no perdonamos y vivimos con rencores que pudren el alma y amargan la vida, lo que hacemos es mostrar que diferimos del pensar y sentir de Jesús, de Dios; que nos ganan la soberbia y el orgullo, y negamos rotundamente la necesidad de Dios y de su perdón, aparentando que somos buenos y perfectos, muy apegados a la "ley", como los fariseos, pero no a Dios, Padre misericordioso. Por eso hay que aprender de Dios a perdonar siempre y de corazón a nuestro hermano, desde esta actitud se comienza a vivir "en el cielo", porque se vive en Dios. Oración (Oratio: lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.Dios y Padre Bueno, la Palabra de tu Hijo sobre el perdón nos muestra la manera de vivir para todos aquellos que siguen a Jesús y por eso se nos hace simplemente imposible, un perdón sin límites nos parece impensable; y nunca lo comprenderemos porque nos encontramos llenos de soberbia e hipocresía y porque no nos hemos sentido pecadores, ni nos hemos dispuesto a arrojarnos a tus pies, pidiendo compasión y perdón. Por eso, enséñanos a reconocernos pecadores, para saber perdonar de corazón.Enséñanos a pedir y a desear tu perdón, Señor; y, también, a perdonar a quien me haya ofendido. Sabemos que tu perdón siempre estás dispuesto a concederlo, porque Tú, Señor, eres generoso. Quieres que nosotros tus hijos, tus hijas, aprendamos a serlo, dando y perdonando. Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele un cambio en tu vida para bien tuyo, de los demás y gloria de Él. Durante la semana, dispongámonos a arrodillarnos, ante el Señor Jesús para pedir perdón, y que estamos dispuestos a perdonar también a los demás. Este es el mejor camino para crear y vivir como hermanos en nuestra Patria, al celebrar las fiestas de nuestro querido México. Viva México y Santa María de Guadalupe.