martes, 14 de octubre de 2014

lectio DOMUND

 
DOMINGO MUNDIAL DE LAS MISIONES.
 
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 28, 16-20.
 
En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús, se postraron, aunque algunos titubeaban.
Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente varias veces el texto de Mateo, hasta que te familiarices con él y puedas reconocer su estructura, personajes, verbos, interacciones y relaciones para que sepas qué es lo que dice el texto en sí mismo.
 
Hoy nos encontramos con el final del evangelio de San Mateo. Podemos dividir en cuatro pequeñas partes el texto. En primer lugar, los apóstoles están todavía  bajo el asombro de la resurrección y se han movido de Jerusalén a la Galilea de los gentiles, allí donde vivió Jesús, donde sus paisanos vieron en Él la luz, el amor y la salvación de Dios. Es en esta Galilea de paganos donde se escucharon las primeras y también las últimas palabras del Resucitado, es como un testamento que de ningún modo se puede desatender.  Aquí mismo se marca tanto la fe como la duda de los discípulos pues se dice que todos, cuando ven a Jesús resucitado, le adoran, sabiendo que sólo se adora a Dios, pero que algunos aún titubean, dudaban.
En segundo lugar está la afirmación de Jesús: "Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra", indicando con ello que ha sido resucitado por Dios y vive en su presencia.
En tercer lugar, y como consecuencia de haber recibido dicha autoridad, manda a los discípulos diciéndoles: "vayan a las gentes de todas las naciones y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles lo que les he mandado".
Finalmente, se concluye con una promesa que da seguridad y garantía del éxito de la misión, del envío que acaba de hacer: "Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo".
 
Meditación (Meditatio): lo que esta palabra en sí me dice a mí en mi vida y circunstancias actuales.
La Iglesia celebrando este Domingo el Día de las Misiones, nos recuerda el empeño de cada uno de nosotros tiene en relación a Cristo y a los Hermanos. Todos nosotros somos deudores del Evangelio. Si hoy se constata una "reducción" de la religiosidad, porque hombres y mujeres, en grande número, prefieren seguir otras maneras diferentes de pensar y decidir por ídolos como son el dinero,  el consumismo, el placer, el poder; bien se puede decir que una parte de responsabilidad es también nuestra, dado que ni siempre vivimos el compromiso de nuestra vida cristiana. Son cristianos que se alejan de la vida en comunidad, de la Iglesia.
¿Por qué misioneros?
La raíz de ser misioneros la encontramos en la voluntad misma de Cristo. Es Cristo que al fundar la Iglesia dejó a los Apóstoles y a los demás discípulos el mandato de evangelizar todas las naciones y pueblos. "Vayan... enseñen a todas las naciones bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
Cada uno recibimos el mandato misionero en el Bautismo. Ese mandato recibe después plenitud en el sacramento de la Confirmación, porque hace más fuertes los dones recibidos en el Bautismo y nos hace hábiles, para que seamos misioneros y testimonios de Cristo.
El sentido del Día Misionero, en el fondo, es este: que no nos acomodemos a nuestro pequeño mundo ya conseguido para Cristo, ni nos sintamos satisfechos con lo que hicimos en nuestro apostolado, y ni siquiera  juzguemos que los demás  hagan lo que nos corresponde, haciéndonos a un lado de las propias responsabilidades; sino el de multiplicar nuestros empeños para que Cristo sea de hecho conocido y aceptado como el Redentor de la humanidad, el Centro del Universo y de la Historia.
"La celebración de la jornada Misionera Mundial, nos impulsa a tomar renovada conciencia de la dimensión misionera de la Iglesia y nos recuerda la vigencia de la misión, que "atañe a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales" (RM,2).
Que, "ningún creyente, ninguna institución de la Iglesia se puede sustraer al supremo deber de anunciar a Cristo a todos los pueblos" (RM,3). Algunos datos:
Población mundial: más de 6 848 550 000 billones.
Cristianos: casi 1billón
No cristianos: más de 4 billones.
Católicos: 1 195 671 000. El 17.46 % de la población mundial;
(p. ejemplo: Sacerdotes en el mundo: 412 236. Un sacerdote por 2900 católicos).
Estos datos nos presentan la urgencia del anuncio del Evangelio y el hecho de vivir el Evangelio.
 
Oración (Oratio): lo que yo le respondo y le digo al Señor desde mi vida después de escuchar su palabra.
Señor, te reconocemos y te adoramos porque eres nuestro Dios y Salvador, el Hijo del Padre. Aparta de nosotros toda duda. Te bendecimos y te alabamos porque a través de tu Iglesia misionera, a través de personas que escucharon tu llamado misionero hemos sido bautizados y te hemos conocido y tú nos has hecho tuyos y te pertenecemos junto con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Te damos gracias por confiar en nosotros, limitados, para continuar en nuestra vida ordinaria tu obra y tu misión de evangelización. Te pedimos que a todos los bautizados nos hagas ver y entender lo importante que somos para ti en la evangelización y extensión del Reino de tu Padre allí donde estamos, vivimos y trabajamos. Te pedimos por todos los misioneros que se encuentran en lugares difíciles. Y que nosotros no nos sintamos incapaces de hacerlo porque tú siempre estás con nosotros, que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. ¡Amén!
 
El Papa Francisco en el mensaje para este año, nos dice así: "El gran riesgo del mundo actual, con su múltiple y abrumadora oferta de consumo, es una tristeza individualista que brota de un corazón cómodo y avaro, de la búsqueda enfermiza de placeres superficiales, de la conciencia aislada" (EG n.2) Por lo tanto la humanidad tiene una gran necesidad de aprovechar la salvación que nos ha traído Cristo. Los discípulos son los que se dejan aferrar cada vez más por el amor de Jesús y marcar por el fuego de la pasión por el Reino de Dios, para ser portadores de la alegría del Evangelio…
La Paz del Señor y oremos por los misioneros y misioneras.
 
La Paz con ustedes.

jueves, 9 de octubre de 2014

como logré que muchos católicos

UN buen artículo
Nacho, SDB. 
La Paz con ustedes.

miércoles, 8 de octubre de 2014

lectio 28 DOrd A

 
28 Domingo Ordinario, A.
 
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 22, 1-14.
 
En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo: "El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.
Envió de nuevo a otros criados que les dijeran. 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales ordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.
Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.
Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.
Cuando el rey entró a saludar a los convidados vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".
Palabra del Señor,
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.
Hemos venido escuchando como Jesús se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo y esta es la tercera ocasión. Y para esto cuenta una parábola, la del banquete de bodas para el hijo del rey. Y el rey envía a sus criados para llamar a los invitados. El banquete está preparado. Jesús aprovecha la imagen del banquete para comunicarse. El rey que celebra el casamiento de su Hijo es Dios. La invitación a la fiesta es la llamada del Evangelio, y los primeros invitados es el pueblo de Israel que lo rechaza. Con Jesús el Reino de Dios es ofrecido a todos, solamente que, para entrar en el banquete es necesario tener el vestido de la ceremonia. La imagen del grande banquete esta realizado en Cristo en la Última Cena (y es así, para todos, prenda de vida eterna)
 
Meditación (lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.
¿Por qué los habitantes de Jerusalén se comportaron con Jesús como si fuera un desconocido? Y San Mateo buscó la respuesta en las enseñanzas de Jesús: porque Israel es como una planta estéril; porque no escucharon al enviado de Dios; porque no obedecieron a Dios; porque mataron al heredero; porque no acogieron la invitación. En el relato de la parábola queda claro que no interesa al narrador ni la preparación al banquete, ni el desarrollo, ni los sentimientos de aquella persona y ni los comensales que sustituyeron a los invitados. Lo esencial del relato es hacer sobresalir el banquete de bodas del Hijo, y que los invitados al banquete, lo rechazaron y el anfitrión reaccionó con cólera, los excluyó y dio el lugar a otros. Esa situación debe ser colocada en el ambiente de Jesús, en confrontación entre Jesús y sus adversarios, sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, que rechazaban su mensaje. En esta parábola, Mateo, quiere comprometer directamente a todo discípulo. Y la finalidad  es la de llevar a la comunidad de discípulos, aquí estamos incluidos, a reflexionar sobre el 'por qué' Israel fue destruida; y después, sobre la situación de aquellos que sustituyeron a los invitados. Es, pués, toda una reflexión comunitaria.
La parábola habla de otras realidades: de los anunciadores del Evangelio que recorren todos los caminos del mundo e invitan a cuantos encuentran y la sala del banquete se llenó de comensales, de buenos y malos.  El ser llamado para ser comensal significa que se es elegido, faltando llegar a ser salvo. Muchos son de hecho los llamados, pero pocos los escogidos; esto nos habla de cualidad y no de cantidad. El final de la parábola insiste en una respuesta personal que se exige a cada uno: no basta aceptar la invitación, es necesario tener  el traje de bodas; es decir vestir ese traje, porque participar en el seguimiento de Jesús, vale mucho y no es cualquier cosa. O sea, el hecho de ser cristiano vale mucho y no lo podemos rebajar por cualquier cosa. Porque la entrada definitiva en el Reino está señalada en participar en el Banquete.
 
Oración (lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios. Escribe, en esta ocasión, tu oración.
 
Contemplación: haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él.
El evangelio, una vez más, es una invitación  a tomar posición a favor de la justicia del Reino, que es libertad y vida para todos. La comunidad de los que siguen a Jesús será esposa del Cordero cuando vista el traje de la justicia. Nos presenta a Dios que es un Dios que invita, llama, a participar en el banquete de bodas para su Hijo. Y quiere invitar a todos. Es un Dios que llama ansiosamente para que todos participemos, es decir, que nadie se pierda esta Fiesta. Lo único que pide es estar dispuesto, 'vestido' para ese banquete.
Me consuela e ilumina que eres un Dios de fiesta, que invitas siempre a participar en la fiesta del banquete de bodas de tu Hijo. Eres un Dios de alegría, porque invitas a todos, buenos y malos. Nos pides únicamente, saber valorar la grande dignidad que tenemos y no estropearla porque menos importantes, eso es vestir ese traje de fiesta. Así pues, escucharé y aceptaré tu invitación que es lo que importa. Lo viviré y celebraré en el banquete de la Eucaristía y en la Vida.
 
Participemos espiritualmente en el Sínodo de la Familia, juntamente con el Papa, los Obispos y muchas familias del mundo que participan. Octubre mes de las misiones y del Rosario. En esta semana contempla como el Señor quiere que participes en el banquete de su Reino y a procurar su Reino.
 
 
La Paz con ustedes.

martes, 30 de septiembre de 2014

lectio 27 DOrd A

 
27 Domingo Ordinario, A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 21, 33-43
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.
Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
Ahora díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?. Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".
Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos".
Palabra del Señor.
Gloria ti, Señor Jesús.
Lectura (Lectio): ): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.
Jesús se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo   Se nota que la relación es áspera.  Jesús les habla en términos agrícolas conocidos por todos y significativos por su contenido respecto a la relación de Dios con su pueblo, considerado desde antiguo la "viña del Señor". y cuenta la parábola de los viñadores homicidas; en la que el propietario habiendo alquilado su viñedo y llegando el tiempo de la vendimia envía a sus criados a recoger los frutos; y leemos como los viñadores a los criados primeros los maltrataron y a los demás también; y cuando envía finalmente a su hijo lo mataron. Y Jesús en primer lugar les pregunta que cosa hará el dueño de la Viña y les cita un texto de la Escritura que le da fuerza su explicación y  termina explicando el sentido de la parábola; que en el Reino de Dios al pueblo que no dé frutos se le quitará y se le dará a otro pueblo.
Meditación (Meditatio): lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.
La imagen de la Viña del Señor es tradicional en el profetismo. Jesús denuncia con vigor el comportamiento de los que recibieron el anuncio, y al no dar fruto en la viña se les quitará. Esta parábola es un símbolo de la relación del Señor con su pueblo. Jesús asegura a sus oyentes como el Señor se comporta con los suyos, ya que el Señor se preocupa personalmente por ellos, enviando a su propio hijo: Jesucristo. Y al mismo tiempo Jesús recuerda el deber de entregar frutos para corresponder a tanto desvelo del Propietario: Dios. Por eso, todo arrendatario está en deuda con el propietario. El Reino de Dios será para quien de fruto y no pertenecerá a quien se niegue a reconocerse deudor. Reflexionando sobre esta parábola, todo esto también sucede en nuestro días: si el Occidente cristiano no pone atención, por ejemplo, al secularismo que produce el alejamiento de Dios, se arriesga a ser suplantado por otro; como también por el consumismo, que nos han acostumbrado el cine y la TV a vivir de esa forma. También de manera positiva: la comunidad cristiana transformó al mundo al vivir el evangelio y no viviendo obsesionados por la fama, o el dinero, viviendo felices incluso cuando llegaba el momento de dar la vida por Cristo el Señor; es decir, viviendo de manera diferente al mundo pagano. Era un pueblo que entrega frutos buenos y construían el Reino de Dios.
Oración (Oratio): lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.
Señor, Tú eres el Señor de la Viña. Así nos lo has dicho en las Escrituras. Siempre estás invitando a dar frutos; pero las gentes tanto en el pasado como en el presente no han producido frutos y hasta han maltratado a tus enviados y a tu propio Hijo Jesucristo lo mataron. Ayúdanos a trabajar siempre en tu Viña y producir frutos. Que lo más importante de nuestra vida sea el aceptar a tu Hijo Jesucristo. Amén.
Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele un cambio en tu vida para bien tuyo, de los demás y gloria de Él. Y trabaja con responsabilidad por el Reino.
 
Hemos comenzado el mes   del rosario y el mes de las misiones. Oremos por el próximo sínodo sobre la Familia que tiene lugar en Roma, reunidos el Papa y los Obispos. 
 
 
La Paz con ustedes.

martes, 23 de septiembre de 2014

lectio 26 DOrd A

26 Domingo Ordinario, A.
 
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 21, 28-32.
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: "¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: 'Hijo, ve a trabajar hoy en la viña'. Él contestó: 'Ya voy, señor', pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este respondió: 'No quiero ir', pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?" Ellos le respondieron: "El segundo".
Entonces Jesús les dijo: "Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor   Jesús.
 
Lectura (Lectio): (lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central).
 
Para entender la Parábola hay que tener en cuenta la ocasión y el motivo que la provocó: Jesús había entrado en Jerusalén triunfalmente y se había presentado en el Templo donde había expulsado a los comerciantes, y se habían preguntado el origen de tal autoridad. Jesús acalla a los principales y las autoridades al preguntarles sobre el Bautista y su misión. El relato de esta parábola es sobrio, reducido a lo esencial y está construido sobre la oposición que existe entre los dos hijos de un Padre. Un padre dueño de una viña invita a sus dos hijos a trabajar en su propiedad. El primer hijo le demuestra un religioso respeto hacia su padre llamándolo "señor", y por esto digno de ser escuchado y aunque con mucha cortesía dice que sí, al final termina no yendo a la viña. El otro hijo, por el contrario respondiendo secamente y en forma negativa, cambia de parecer y va finalmente a trabajar en la viña. El arrepentimiento de   éste hijo es lo importante. Porque descubre la voluntad el padre. Pero la parábola se construye también sobre la oposición que existe en tiempos de Jesús sobre las dos categorías de personas en las cuales está dividida la sociedad según el pensamiento religioso judío: por una parte están los elegidos, miembros del pueblo de Dios que responden diciendo que 'si' a la llamada del Señor, pero solamente de palabras; y por otra parte los indiferentes y pecadores, que no observan la ley de Moisés y lo que prescriben los rabinos. Los miembros de ambos grupos son hijos de Dios: Pero si los primeros se sienten convencidos de estar en el único y verdadero camino porque se dicen observantes de los mandamientos de Dios, pero sólo de palabra…; se diferencian de los segundos que son los que dicen 'no', pero que son capaces de arrepentirse y de transgresores de la voluntad de Dios se hacen cumplidores; tan sólo como lo señala el párrafo   evangélico, si tienen la necesidad de conversión al descubrir la voluntad de Dios en la enseñanza de Jesús.
 
Meditación (Meditatio): (saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad).
 
En el evangelio de hoy, Jesús ha querido reflejar el drama de Dios con nosotros, que somos como esos dos hijos: también Él tiene hijos que se conforman con decirse dispuestos a obedecerle, e hijos que, tras haberse muchas veces negado, acaban por hacer lo que el Señor quiere. Y es aquí, donde tiene sentido la preferencia de Dios por los que aparentemente parecen malos y la prioridad de que gozarán en su Reino sobre los aparentemente buenos. Este es el centro del Evangelio de hoy: todos los que se reconocen como pecadores entrarán en el Reino de Dios, antes de todos los que se estimaban como 'santos', 'buenos'. Y es que delante de Dios no nos hacen mejores hijos las obras que le hayamos prometido, solo de palabra, por buenas que sean, o de muy buenos propósitos, sino las que ya hemos realizado, aunque no sean las mejores. Dios dejará pasar todas nuestras anteriores negaciones, siempre que, al final, terminemos por hacer lo que   desea de nosotros. Ninguno es demasiado bueno para Dios, por lo que dice; será bueno de verdad, tan sólo quien haga su voluntad.
 
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
 
Señor, quieres que cumplamos tu Palabra. La única que conduce a la Vida. Cuántas veces decimos y no hacemos. Haz que cambiemos, que nos convirtamos, para hacer lo que tú quieres y nos invitas. Que nunca nos consideremos de los 'buenos'… pero que no hacen tu voluntad. Que estemos dispuestos a cambiar para cumplir tu querer. Señor, ayúdanos a trabajar en tu Viña, para que seamos hijos obedientes a tu Palabra. Amén.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a   trabajar en su reino, a descubrir su querer.
 
Que el Señor nos siga invitando a trabajar por su Reino, en su Viña, Y Él les bendiga y les guarde de todo mal, porque nos mira siempre con amor.
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

martes, 16 de septiembre de 2014

lectio 25 DOrd A

25 Domingo Ordinario, A.
 
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 20, 1-16.
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Salió de nuevo al medio día y a media tarde e hizo lo mismo.
Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: '¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?' Ellos les respondieron: 'Porque nadie nos ha contratado'. El les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.
Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: 'Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta llegar a los primeros'. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.
Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: 'Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor'.
Pero él respondió a uno de ellos: 'Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?'
De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.
La parábola de los viñadores la escribe sólo San Mateo. Jesús está yendo desde Galilea a Jerusalén. Y Jesús les cuenta a sus discípulos esta parábola para explicarles el Reino de los Cielos. La primera parte nos dice como el amo de la viña contrata trabajadores para su viña en diferentes horas del día. La segunda parte cuenta como el mismo amo paga a los trabajadores, con esta particularidad, es el mismo pago para todos: un denario. Nos hace ver que el amo es justo y generoso. La imagen de la viña era ya frecuente en el Antiguo Testamento, puesto que es como un símbolo del pueblo de Israel. Es un lenguaje lleno de sorpresas por parte del dueño de la viña. Quiere decir: Dios llama a trabajar en su Reino a todas horas. Y a los que se empeñen por trabajar en su Reino recibirán el premio de la bondad del mismo Dios.
 
Meditación (lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.
Esta parábola nos ayuda a meditar el comportamiento de Dios. Es un Dios que quiere ser bueno con todos, en el que no valen los privilegios, ni méritos en su presencia; que da a todos por igual, con un procedimiento fuera de lo común, porque lo que interesa es la bondad; precisamente porque se lo da a quienes no lo merecen. Ante el Dios de Jesús, quien se crea con derechos, se verá confundido; Dios no es justo para ser bueno con unos pocos: es bueno con todos, porque concede sus dones sin fijarse en el momento que invita. Es lo escandaloso de la parábola al recibir algunos desiguales reciben igual. Es el amor de Dios que crea igualdad, y produce comunión plena. El propietario que contrata y se pasa todo el día contratando obreros para su viña nos hace descubrir el empeño expreso de nuestro Dios para que no haya ociosos en su Reino.
 
Oración (lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.
Señor de la Viña que no quieres que ninguno se quede sin trabajar en el Reino de los Cielos y que invitas a todas horas y que haces ver tu bondad para con todos sin distinción, que te muestras generoso y bueno para con todos. Señor nos invitas a participar en el Reino de los Cielos, todos los días; y siempre muestras que eres un Dios lleno de bondad y generosidad para con todos. Haz que nos dispongamos, que aceptemos esta invitación de trabajar por tu Reino.
 
Contemplación: haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él.
En esta semana contempla como el Señor quiere que trabajes en su Reino y a procurar su Reino. Aprende de la bondad de Dios, que es bueno con todos, sin excepción.
Al celebrar estas fiestas Patrias, trabajemos en todo momento por extender el Reino de Dios anunciado por Cristo y, así, hagamos un México más fraterno, más justo y solidario.
El Señor les bendiga; oraciones y saludos.
 
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

lunes, 8 de septiembre de 2014

lectio 24 DOrd A

24 Domingo Ordinario, A.
 
Texto evangélico para meditar y rezar: Mateo 18,   21-35
 
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: "Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?" Jesús le contestó: "No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete".
Entonces Jesús les dijo:   El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo', El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.
Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: 'Págame lo que me debes'. El compañero se le arrodilló y   le rogaba: 'Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo'. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: 'Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.
Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús. 
 
Lectura (Lectio: qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.
Una pregunta de Pedro a Jesús sobre las veces que hay que perdonar a quien nos ofende produce una respuesta contundente y hasta ejemplificada. Jesús afirma categórico que hay que perdonar no sólo "muchas veces", sino "siempre". Jesús ratifica su sentencia al modo oriental, con una   comparación que pone al centro el Reino de los Cielos. La comparación tiene como protagonistas a un rey y dos siervos deudores. Y el diálogo es muy semejante para uno y para el otro. Un primer servidor le adeudaba muchos millones, no tenía con qué pagar y sólo podría hacerlo si eran vendidos él, su mujer, sus hijos y todos sus bienes, al modo de aquel tiempo. La súplica profunda del siervo movió la compasión del rey y éste le perdonó toda la deuda. Un segundo servidor le adeudaba poco dinero al siervo que había sido perdonado de su deuda millonaria y éste con exigencia agresiva le pedía que le pagara lo que le debía bajo amenaza de enviarlo a la cárcel. El segundo deudor de rodillas suplicaba paciencia y compasión, como el primero lo había hecho, pero no fue escuchado y sí fue enviado a la cárcel hasta que pagara todo lo que debía. Los testigos de lo ocurrido indignados fueron al rey y le contaron lo que sucedió. El rey llamó al   siervo malvado y le cuestionó diciéndole: "¿No debías haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?". Dicho esto lo entrega a los verdugos para que no sea soltado hasta que pague. Concluye Jesús su relato afirmando que "lo mismo hará el Padre celestial con aquellos que no perdonen de corazón a su hermano".
 
Meditación (Meditatio: lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.
Todos estamos conscientes de que en la vida ordinaria cometemos o nos cometen todo tipo de ofensas: en la familia, en los grupos de amigos y de trabajo, en la comunidad eclesial y social, por lo tanto el tema no es raro sino muy real y cotidiano. Ya en tiempos de Jesús la ley decía que se podía perdonar hasta tres veces, solamente… La respuesta de Jesús, que inaugura el nuevo Reino de Dios y la nueva ley con su persona y su mensaje, se opone a la antigua ley del talión: al "ojo por ojo y diente por diente". Una persona buena y sensata como Pedro (y como nosotros) sabe que se puede y debe perdonar algunas veces, pero el problema es saber "cuántas veces", de tal modo que esos arranques nuestros de calculador perdón nos permitan seguir dentro de las leyes de la religión y de la tranquilidad de la conciencia.   Seguramente ni Pedro ni nosotros esperamos la respuesta de Jesús, y menos estamos dispuestos a seguirla, pero aquí viene la luz de la parábola. Por lo visto todos los siervos eran deudores, y si al que más debía se le perdonó todo, a todos los demás igual se les perdonaría porque una primera súplica ya había abierto el corazón compasivo del rey. Así que aprendiendo de él los demás habrían de ser igualmente compasivos con sus compañeros, dado que ya no había deudas. Pero la lógica se rompe cuando uno no entiende como gracia el haber sido perdonado de todo y se porta de modo justiciero e incriminatorio con quien le adeuda poco. El problema del siervo "malvado" no está en ser deudor, porque todos somos deudores, quién más quién menos, sino en no haber aprendido a perdonar como él fue perdonado, de modo compasivo y misericordioso. Por eso, cuando nosotros no perdonamos y vivimos con rencores que pudren el alma y amargan la vida,   lo que hacemos es mostrar que diferimos del pensar y sentir de Jesús, de Dios; que nos ganan la soberbia y el orgullo, y negamos rotundamente la necesidad de Dios y de su perdón, aparentando que somos buenos y perfectos,  muy apegados a la "ley", como los fariseos, pero no a Dios, Padre misericordioso. Por eso hay que aprender de Dios a perdonar siempre y de corazón a nuestro hermano, desde esta actitud se comienza a vivir "en el cielo", porque se vive en Dios. 
 
Oración (Oratio: lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.
Dios y Padre Bueno, la Palabra de tu Hijo sobre el perdón nos muestra la manera de vivir para todos aquellos que siguen a Jesús y por eso se nos hace simplemente imposible, un perdón sin límites nos parece impensable; y nunca lo comprenderemos porque nos encontramos llenos de soberbia e hipocresía y porque no nos hemos sentido pecadores, ni nos hemos dispuesto a arrojarnos a tus pies, pidiendo compasión y perdón. Por eso, enséñanos a reconocernos pecadores, para saber perdonar de corazón.
Enséñanos a pedir y a desear tu perdón, Señor; y, también, a perdonar a quien me haya ofendido. Sabemos que tu perdón siempre estás dispuesto a concederlo, porque Tú, Señor, eres generoso. Quieres que nosotros tus hijos, tus hijas, aprendamos a serlo, dando y perdonando.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele un cambio en tu vida para bien tuyo, de los demás y gloria de   Él.
 
Durante la semana, dispongámonos a arrodillarnos, ante el Señor Jesús para pedir perdón, y que estamos dispuestos a perdonar también a los demás. Este es el mejor camino para crear y vivir como hermanos en nuestra Patria, al celebrar las fiestas de nuestro querido México. 
Viva México y Santa María de Guadalupe.
 
 
 
La Paz con ustedes.