jueves, 25 de junio de 2009

13° Domingo Ordinario B (28 junio 2009)

Texto a meditar y orar
Mc. 5, 21-43


Lectura (Lectio): Este relato nos presenta a Jesús al otro lado del lago. Donde sucedieron dos señales. Dos gestos decisivos de Jesús se entrecruzan en este relato: la curación de una mujer enferma y la resurrección de la hija de Jairo. Ambos tienen numerosos puntos en común: en los dos el beneficiario es siempre una mujer; en ambos casos hay transgresión, liberación y superación de una religión legalista que está incapacitada para curar y dar la vida; en ambos la gente representa un problema para Jesús, pues lo estrujan; en ambos casos Jesús queda impuro según la Ley, por haber sido tocado por una mujer impura y por haber tocado a la niña y por fin, en ambos se proclama la importancia de la fe para recuperar la salud y la vida. Por lo mismo, Jesús aparece como libertador y dador de vida al margen y en contra de las leyes de la pureza. La mujer que tenía una pérdida de sangre continua era el símbolo de la frustración vital; si ya por el hecho de ser mujer pasaba a ser una marginada social y religiosa, por este tipo de enfermedad cargará con una marginación mucho más atroz y por lo mismo no podía tocar nada ni menos ser tocada porque todo lo convertía en impuro. Pero su fe le lleva por encima de la ley, buscar y tocar a Jesús. Jairo recurre a Jesús porque para él y para su familia hay un límite y es la muerte. Tanto la mujer enferma como la hija de Jairo tenían doce años: o de enfermedad o de edad.

Meditación (Meditatio) En tiempo de Jesús, las leyes religiosas normaban la vida de las personas y de sociedad, eran leyes muy rigurosas, que convertían en marginados a quienes no las cumplieran. Jesús suscita la fe en las personas que lo buscan. La fe está al centro de estos dos hechos milagrosos, de estos dos relatos de vida. El evangelista necesitaba dejarlo claro en aquellos ambientes cargados de magias, amuletos, mitologías paganas, lo que salva no es el simple contacto físico, sino la fe. Por la fuerza de la fe la mujer curada se va en paz, con plenitud interior y exterior de vida como si hubiera vuelto a nacer. Por la fuerza de la fe del Padre, la niña se puso en pie y echó a nadar, recupera la vida cuando esta parecía que le había sido arrebatada. La fe exigirá siempre encuentro y diálogo personal con el Señor. Nada importante pasó hasta que no se llegó a un encuentro personal con Jesús. En la persona que cree, hay siempre algo que le puede salvar, reconstruir y liberar de todo lo que le impide vivir: quien sabe creer en el Dios de la vida y acierta a confiar su existencia en Jesús, posee en si mismo una fuerza capaz de liberarle de todo lo que le deshumaniza y destruye como persona. Sano es quien en capaz de realizar su total proyecto de vida en libertad. Esta salud total es la que Jesús transmite: él no se limita a curar enfermedades física, sino a salvar. La fe cura integralmente, es decir, salva.

Oración (Oratio): Señor de la vida y de la muerte que nunca obligas a creer en Ti: solamente invitas para que te aceptemos, como enviado del Padre. Aumenta nuestra fe en Ti y que todos los signos prodigiosos hechos por Ti, nos oriente hacia el milagro mayor: tu propia Resurrección. Tu presencia en nuestro mundo es el regalo más grande, es la vida pues nos manifiestas el Amor del Padre; éstas son las señales de los tiempos nuevos, de los tiempos mesiánicos. Gracias, Señor porque levantas nuestra vida cuando nos vuelves a decir: “No temas, basta que tengas fe”. Señor aumenta nuestra fe.

Contemplación (Contemplatio): haz silencio y te invito a que te pongas en la escena del evangelio y siéntete parte de un mundo con tantas formas de enfermedad y experimenta a Jesús liberador. Acércate a Jesús y deja que su perdón te cure y te libere y te haga sentirte libre.

Un saludo. P. Cleo sdb

jueves, 18 de junio de 2009

12° domingo ordinario, B (21 junio 2009)


Texto de Marcos 4, 35-41

Un día al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaban. Iban además otras barcas.

De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” El se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros. “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”

LECTURA (lo que dice el texto):

El relato del Evangelio esta narrado por los tres evangelistas y hace parte de los cuatro milagros que retratan la condición humana y muestran el poder de Jesús. El pasaje de hoy nos muestra a Jesús dormido en una barca, luego increpando al viento y posteriormente reprendiendo a sus discípulos. Además muestra a los discípulos en su barca con Jesús en medio del lago, sorteando con miedo una tempestad, gritando a Jesús que se despierte porque parece indiferente a lo que pasa y al final, después de ser reprendidos, admirando a aquél que había callando el viento y calmado la tempestad tan sólo con su palabra. La barca puede ser tomada como símbolo de la Iglesia, de la familia o de la vida personal y el que Jesús esté dormido símbolo de una cierta sensación de lejanía de Dios, de una supuesta indiferencia ante lo que pasa a los hombres y a los que creen en Él. El reclamo de Jesús es claro: aún no tienen fe aunque esté en medio de ellos. Es muy importante la pregunta que al final del texto se hacen los discípulos: ¿Quién es este? Entre asombros y frustraciones se irán respondiendo la pregunta hasta toparse con la pasión, muerte y resurrección. Después de ésta tendrán la respuesta que mientras estaban con Él no atinaban a conseguir.

REFLEXIÓN/MEDITACIÓN (lo que me dice Dios por el texto):

Este pasaje nos dice que El viene con nosotros en el barco de la vida, en este viaje para la eternidad. Señor, hoy me dice tu Palabra que, muchas veces en la travesía de mi vida, en ese ir y venir de una orilla a otra y de un lugar a otro, hay problemas y situaciones que golpean mi vida, mi familia, mi Iglesia y siento que se hunde la barca y me vuelvo a ti con miedo y desesperado, angustiado, reclamando tu presencia porque te siento indiferente a lo que pasa y que me pasa. Pero aquí estás tú para calmar mis tormentas y serenar mis ánimos, para traer la paz donde todo parecía caos. Tú, amorosa y firmemente me reclamas: ¿Por qué tienes miedo? ¿Aún no tienes fe? Me dices y aseguras que estás en medio de mi vida, de la familia, de la Iglesia y que mientras yo no te eche fuera nada me podrá pasar. Marcos nos lo presenta como dominador del poder del mal, simbolizado por el mar y un mar tempestuoso. El es el Salvador. Nos hace reflexionar sobre una tormenta con Jesús y sin Jesús; es decir, delante de un problema con o sin Jesús.

ORACIÓN (lo que le digo y respondo desde el texto y desde mi vida):

Señor, hay tantas situaciones adversas, nubes negras, pequeñas y grandes. Chocan tantas olas y soplan tantos vientos contra tu Iglesia, contra mí y mi familia, que tiendo a desanimarme y a no ver ni la luz ni la salida, tengo miedo, siento que mi barca se hunde. Despierta, Señor, ponte de pie en el centro de mi vida. Tú, Señor Jesús, puedes y sabes calmar vientos y tormentas amenazantes que vienen desde dentro o de fuera de mi persona. Gracias por haberlo hecho ya otras veces, por haberme serenado. Te pido que te quedes dentro y al centro de mi vida, dormido o de pié, no importa, pero que tenga yo tan sólo un poco de fe para saber y sentir que estás ahí y en mí, que tenga la certeza de que no te he alejado ni dejado. Yo sé quién eres Tú, que haces callar los vientos y apaciguas las tempestades: eres el Hijo de Dios, mi salvador. Gracias, Señor, porque tú siempre estas y estarás con la gente, en los momentos de crisis y dificultad.

CONTEMPLACIÓN (te toca a ti): guardar un momento de silencio y adorar, admirar, gustar y gozar a Dios presente en su Palabra y en tu vida cotidiana.

ACCIÓN (te toca a ti): tomar una decisión y elegir una acción aplicable que te ayude a cambiar tu vida en la familia, en el trabajo durante la semana, etc. Así puedes ir haciendo vida, poco a poco pero seguramente, la Palabra de Dios.

Me despido pidiendo por ti para que tu encuentro con la Palabra de Dios sea cada vez más profundo y encuentres en ello más gusto y felicidad.


Cuentas con mi oración y bendición. Con aprecio sincero:

Nacho, SDB.

martes, 9 de junio de 2009

11° domingo ordinario, B (14 junio 2009)


Texto a meditar y orar:
Mc. 4, 26-34

Lectura. El párrafo evangélico de éste domingo está formado por la parábola de “la semilla” que germina y crece por sí sola; y después la del grano de mostaza.
Parece ser que las parábolas que Marcos presenta se colocan en un momento de dificultad del ministerio de Jesús. Inicialmente sus parábolas y sus milagros suscitaron entusiasmo; las gentes recurrían a él atraídos por la autoridad de su enseñanza que les golpeaba fuertemente y por la potencia de su actuar. Después fue decayendo poco a poco el entusiasmo y retirándose las masas, fue permaneciendo solamente el restringido grupo de discípulos. Diversas afirmaciones de la narración de Marcos, dejan intuir la situación crítica que se verifica en el ministerio galileo de Jesús.
Esta situación de crisis tuvo sus repercusiones negativas sobre el ánimo de los discípulos todavía inseguros respecto de su adhesión al Maestro. Jesús va a su encuentro y se apresura a iluminarles sus dudas y confortar su espíritu mediante las parábolas. Ambas parábolas explican la naturaleza del reino de Dios y la convicción personal de su predicador
La de la “semilla” que crece y por sí sola es portadora de un mensaje de confianza. A los discípulos, preocupados porque la palabra de Jesús es rechazada, él les dice que es necesario tener paciencia. A su tiempo, ella dará su fruto. La resistencia de los hombres y su acogida superficial pueden obstaculizar el camino de la Palabra, pero no podrán hacer vana su fecundidad. Los discípulos no deben por tanto ceder ante la tentación de la ansiedad y del miedo. La Palabra viene proclamada con confianza, fortaleza y perseverancia; ella sigue su curso y, respetando los tiempos de Dios que son diversos de aquellos de los hombres, conseguirá resultados imprevistos e inesperados.
Y la parábola del grano de mostaza, expresa también un mensaje de confianza y de esperanza. Los discípulos están preocupados por el inicio modesto del reino de Dios y en su interior se preguntan cuál será su desarrollo. Humanamente ellos van viendo avecinarse la sombra del fracaso. Jesús los consolida afirmando que el reino de Dios inicia con poco, pero después se desarrollará gradualmente alcanzando la plena realización. El pide a sus discípulos una absoluta confianza en su persona y un abandono incondicionado a su Palabra. Por lo tanto es necesario una grande capacidad de discernimiento para leer lo positivo que existe en las situaciones humanas encontradas en el camino de cada día.

Meditación. Jesús estaba seguro de que Dios implantaba, lenta pero eficazmente, su voluntad en el mundo: la fuerza vital de la simiente es mayor que su aparente destrucción.
Predicar el Reino de Dios fue la ocupación principal de Jesús durante su ministerio público. El Dios que Jesús predicaba es un Dios que sigue viviendo y trabajando en el mundo, de incógnito, pero con eficacia, como la semilla germina y va creciendo, sin que se sepa muy bien cómo; es un Dios que se sabe que está presente no porque se le vea a Él personalmente, sino porque pueden verse siempre en crecimiento sus obras; como el sembrador y como el cristiano, que está seguro de que Dios está construyendo su reino en éste mundo lenta pero inexorablemente, a pesar de las resistencias de sus enemigos y de los pecados de sus amigos.
La certeza de Jesús ha de crear en sus discípulos seguridad. La certeza de tener a Dios en la vida y en medio de sus vidas. Jesús anima a sus discípulos a poner su confianza en Dios por encima y más allá de las evidencias: sin verle a nuestro alrededor, podemos sentirle; podemos contar con su presencia, sin tenerle todavía al descubierto.
La parábola de Jesús desvela una ley de la naturaleza y de la fe: en lo más pequeño, en lo cotidiano, está Dios actuando. Quien cree en este Dios, latente pero activo, recupera esa paz que sólo Dios produce, tan interior que nadie puede robársela, tan evidente que se hace envidiar por quienes no comparten la misma seguridad.
Quien está seguro de la actuación de Dios en él y en el mundo, no se desinteresa de sí ni de su mundo, porque le llevaría a desinteresarse del Dios que está detrás, mejor, dentro de sí y del mundo.
Creer en el Dios de Jesús, ése Dios que vive y actúa dentro de nuestro mundo como la semilla dentro del campo, lleva a vivir esperanzados, sin que la fatiga diaria nos quite el sueño ni el ansia por gozar hoy de los frutos de nuestro esfuerzo nos fuerce a vivir tensos, preocupados, por el día de mañana.
Hoy ser, creyente en Jesús, debe caracterizarnos por nuestra confianza y ánimo frente a los problemas de nuestra sociedad; preocupados por mejorarla, sobre todo sabiendo que Dios la está trabajando, nos sentiremos así, sus compañeros de ilusiones y fatigas.

Oración. Gracias Padre Bueno porque tu Hijo Jesús tuvo como principal preocupación predicarnos el Reino tuyo; porque tu Voluntad quiso transmitírnosla por medio de parábolas y juntamente nos comunicaba cómo eras y cómo te comportabas con los hombres. Cada palabra que Jesús nos transmitió nos hablan de Tí, de tu cercanía a mi vida y a la vida de los hombres y que te dejas sentir en la rutina de la vida diaria.
Es que nos hablas, Señor Jesús, del reino de Dios narrando la vida misma de los hombres. Nos comunica que la acción de Dios es semejante a la de una semilla que en el silencio, no cesa de ser activo, aunque cese en mí la memoria de Él o tal vez la incapacidad de encontrarlo en la vida. Dios, dice Jesús, trabaja de incógnito pero con eficacia, no tiene prisa, tiene su propio método y su propia pedagogía; me da la impresión de que el evangelio dice que no tienes prisa, en forma lenta pero inexorable y todavía más a pesar de la oposición de los enemigos o bien de los errores o pecados de los amigos, también va adelante la iniciativa tuya.
Hoy, Señor, tu Palabra me invita a tener la confianza puesta en Tí, en Dios, en tu Palabra y reconocer agradecido que cuento con tu presencia, aún sin haberte todavía descubierto. Sentirte activo en el mundo, en mi corazón tal vez sin haberte contemplado todavía y sin haber vivido experiencias fuera de lo ordinario de la vida y de mi vida.
Me invitas a tener la paciencia suficiente, porque tengo mi fe puesta en Tí y saber reconocer en las pequeñas cosas los frutos de la actuación de Dios; saber contemplar agradecido la potencia salvadora de Dios en los pequeños acontecimientos de cada día y esperar con fe el tiempo oportuno de la intervención amorosa de Dios.
Creer en tu intervención amorosa, Oh Dios, me hace vivir lleno de esperanza, entendiendo que cada cosa y preocupación tiene su momento y se realiza a su tiempo, y esto no debe quitarme el sueño ni turbar mi fe en Tí.
Convence mi corazón con tu Palabra, para que la entrega de la propia vida, el dolor, el sufrimiento, aún los momentos en que mi vida roce la muerte y la tristeza no aniquilen mi paz interior y la alegría de vivir, porque en Tí tengo puesta mi confianza como el sembrador la pone en la semilla sabiendo que dará todos sus mejores resultados.

Contemplación. Me consuela que Tú, Señor estás trabajando en silencio y construyendo tu Reino y que yo formo parte de ése proyecto. Tengo plena confianza en el amor de Dios y en su intervención callada pero efectiva y amorosa. Reconozco y agradezco la fuerza creadora de Dios en el interior de la historia humana y de mi propia vida.

Un saludo. P. Cleo sdb

jueves, 4 de junio de 2009

Santísima Trinidad, B (7 junio 2009)



Es la Fiesta de Dios.

Saber que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo porque nos fue revelado por Jesucristo. Está en el centro de la fe cristiana, y envuelve toda oración y acción de la Iglesia.


Texto San Mateo 28, 16-20.

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús se postraron, aunque algunos titubeaban.

Entonces, Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.


Lectura: Los Apóstoles al acercarse a Jesús, en la Galilea, subieron al monte y “al ver a Jesús se postraron”. En el Evangelio de hoy, nos narra que Jesús envió a los Apóstoles. Al enviar Jesús por todo el mundo a los Apóstoles, “vayan y enseñen a todas las naciones”, que estaban en adoración, Jesús no los desvía de la oración, sino que los ayuda a completar el gesto de adoración. Luego los envía y les manda bautizar. La fórmula bautismal que recoge el Evangelio: “bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”, es explícitamente trinitaria, y es única en el nuevo testamento, y debe provenir de la práctica litúrgica de la comunidad cristiana. Finalmente Jesús dice: “y sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.


Meditación: Los apóstoles hicieron el gesto de adoración delante de la grandeza divina. También años atrás habían hecho lo mismo los reyes magos delante del Niño Dios. Porque la adoración es dada sólo a Dios.

La actitud de adoración significa que se reconoce el señorío absoluto de Dios y quien adora significa también ponerse en total disposición para lo que Dios quiera. Eso lo significamos cuando en el Padre Nuestro decimos “hágase tu voluntad”; al decirlo en verdad, estamos diciendo desde lo más íntimo, que estamos adorando a Dios. La experiencia nos enseña que quien adora verdaderamente a Dios tiene necesidad de repartir el don de la fe. El verdadero cristiano estará siempre en estas dos actitudes, de ponerse de rodillas en adoración y de levantarse y partir para llevar a los demás el bien y la paz que la bondad de Dios le dará para distribuirlas..

Los dos gestos están en el Evangelio de hoy y corresponden a la actitud de la persona delante del Misterio de la Santísima Trinidad. Cuando Jesús dice: “y sepan que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”, nos recuerda que no estamos solos, abandonados, en la adoración y en el testimonio. El Señor está con nosotros. Inseparablemente porque es la cabeza del Cuerpo que es la comunidad cristiana, la Iglesia.


Oración: En este día, las comunidades cristianas proclaman solemnemente su fe en la Trinidad santa y manifiestan su alegría por ser llamados a participar de la vida de Dios, desde el día del bautismo, en la comunidad de amor constituida por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Para que todos conozcan que Dios siempre ama, la Iglesia invoca a la Santísima Trinidad, en toda acción sacramental, y en la vida común de todos los días los cristianos con el simple hecho de bendecirse continúan a invocar a la Santísima Trinidad.

Vamos a dar gracias en la Santa Misa porque hacemos parte de la familia divina y porque somos templos del Dios vivo que habita en nosotros.


Amo a Dios Padre, amo a Dios Hijo, amo a Dios Espíritu Santo,

Espero en Dios Padre, espero en Dios Hijo, espero en Dios Espíritu Santo,

Creo en Dios Padre, creo en Dios Hijo, creo en Dios Espíritu Santo,

Perdón Dios Padre, perdón Dios Hijo, perdón Dios Espíritu Santo,

Invoco a Dios Padre, invoco a Dios Hijo, invoco a Dios Espíritu Santo.

Gracias Dios Padre, gracias Dios Hijo, gracias Dios Espíritu Santo. Amen.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

Feliz Fiesta.

Con cariño, Nacho, SDB.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Domingo de Pentecostés, B (31 mayo 2009)


“Reciban al Espíritu Santo”
Jn. 20, 19-23

Lectura. El evangelio de hoy presenta la misión (del Espíritu a los discípulos y de los discípulos al mundo) para el perdón universal.
La voluntad del Señor Resucitado de encontrarse con los apóstoles y discípulos, supera los obstáculos: la casa atrancada y unos discípulos encerrados en su temor, no son impedimentos. Es significativo que de unos hombres aterrados no habrían salido valientes predicadores de no haberse dado un encuentro real con el Señor Jesús; y luego, el texto presenta una alusión muy sutil del cuerpo resucitado del Señor Jesús. El darse a ver, con sus señales de la pasión confirma el interés del evangelista en probar la identificación de Jesús, que los discípulos lograron sólo gracias a la intervención del mismo Señor.
La presencia inesperada de Jesús en medio de ellos les devuelve la alegría. Y les concede, como regalo la paz. Su repetido saludo no es un mero deseo, sino don concedido y viático para una misión. El enviado de Dios, devuelto a la vida y vuelto al Padre, encarga a los suyos de su propia misión y los hace sus enviados.
También la lectura del evangelio nos recuerda en primer lugar la creación del primer hombre, cuando Dios inspira su aliento al barro y en segundo lugar, hace imaginar que se está cumpliendo la esperanza escatológica de la recreación de los huesos desencarnados que proclama el Profeta Ezequiel en su libro.
A la presencia del Espíritu, el Evangelio asegura junto con la presencia del Señor entre los suyos, el perdón universal e incondicionado de los pecados; es decir que para el Evangelio de Juan es la comunidad cristiana el único lugar en el mundo donde ya no tiene futuro el pecado del hombre, porque su misión, su tarea exclusiva es el perdón universal y hasta incondicional de los pecados. En manos de hombres queda ahora la misión del Hijo: abrir a los hombres al amor y capacitarlos para la entrega; más que autoridad y poder es éste un servicio y una responsabilidad que convierte a los discípulos en hombres nuevos.

Meditación. El nuevo Hombre, que es Jesús Resucitado, da la misión y la posibilidad a sus discípulos de ser nuevos hombres y hacer nueva a la humanidad, dándoles su Espíritu.
Quien cree en la Resurrección del Señor Jesús, tiene el perdón como quehacer y el Espíritu de Jesús como viático.
La presencia del Señor Resucitado saca al discípulo de sus temores, de sus miedos, de la inseguridad y le trae como primer regalo la alegría de tener presente a su Señor y le viene otorgado el don de la Paz.
Para el discípulo y para la comunidad de creyentes, es el Espíritu del Resucitado el que hace al hombre nuevo a los ojos de Dios; es el Espíritu que llenándoles de nueva vida hace surgir de la debilidad al hombre. Y es la misión del perdón lo que lo comprometerá en la nueva evangelización.
La comunidad cristiana, nació el día en que los discípulos de Jesús, superaron sus miedos, vieron al Resucitado y recuperaron la alegría de vivir y además, vieron el mundo como la gran misión. Era un sólo día, y sin Jesús a su alcance, pero llenos de su Espíritu, los discípulos hicieron más que durante los años de convivencia con Jesús por los caminos de Palestina.
Ser discípulo de Jesús, ser creyente es sentirse enviado por el Señor al mundo y aprender a vivir del Espíritu que nos ha sido dado como regalo. Sentir la presencia del Espíritu en nuestras vidas es recuperar la tarea para la cual nacimos al mundo como Iglesia: la tarea del perdón.

Oración. Señor Jesús, que has querido encontrarnos en el lugar de nuestras falsas seguridades; donde nuestros miedos y temores nos han encerrado y contemplar la decepción que nos causa el no poder testimoniarte como la Nueva Vida. Te agradezco porque en tu presencia constante como Resucitado nos has dado, a la Iglesia, al Espíritu que nos hace hombres nuevos, nos da tu aliento y fuerza nos envía a anunciar una nueva humanidad que realizando el perdón de los pecados proclama tu Amor.

Contemplación. Me siento llamado a vivir más del Espíritu del Señor. Dejarme guiar por motivaciones de tipo espiritual. Estoy invitado a quitar de mi vida, miedos, recelos, suspicacias, desconfianzas y vivir serenamente la espera del Señor. ¿Hay signos en mi vida de la presencia del Espíritu Santo? Vivo de la Alegría del Resucitado. ¿Aprendo a ofrecer el perdón a los demás?

Feliz Fiesta de Pentecostés P. Cleo sdb.

martes, 19 de mayo de 2009

Ascención del Señor, B (24 mayo 2009)


Texto para leer, meditar y orar:
Marcos 16, 15-20.
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda criatura. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado.. Éstos son los milagros que acompañarán a los que hayan creído: arrojarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño; impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos”.

El Señor Jesús, después de hablarles, subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba su predicación con los milagros que hacían.



Lectura: (Lo que dice el texto).

El evangelio de hoy es una síntesis de lo que sucedió a Jesús a partir de la resurrección: habla de la Ascensión y lo que llama la atención de este evangelio es el encargo de la misión del Resucitado a sus apóstoles para que hagan discípulos en todas las partes del mundo. Se describe esta misión de la misma manera que Jesús la puso en práctica en el mismo evangelio de Marcos. Por tanto, Él es el modelo de nuestra predicación y de nuestros compromisos cristianos. El Reino, ahora, se hace presente cuando sus discípulos se empeñan, como Jesús, en vencer el mal del mundo y en hacer realidad la liberación de todas las situaciones angustiosas de la vida por medio del evangelio.

La fiesta de la Ascensión del Señor es la celebración de la última aparición del Señor Jesús resucitado a sus discípulos. Es la fiesta de una partida-ausencia (de Cristo) en beneficio de una presencia-responsabilidad (de la iglesia), de la cual el Espíritu del Resucitado es el alma invisible. El evangelio nos presenta los últimos recuerdos que los discípulos conservaron de Jesús: la escena nos describe la despedida de Jesús, su abandono de nuestro mundo y su retorno al mundo de Dios; el tiempo de convivencia con él había llegado a su fin, sin que ellos pudieran hacer nada en contra para que siguiera conviviendo con ellos; pero tuvieron que empezar a aprender a vivir sin tenerle con ellos, al alcance de su vista y de su corazón.

La aparición del Resucitado y el mandato misionero a los Once, lo mismo que la Ascensión son los dos breves relatos del evangelio de hoy.. Los discípulos reciben el encargo de ir a misionar a todos los pueblos; “predicar el evangelio” se ha vuelto una expresión técnica de la actividad misionera y el contenido es anunciar la vida, muerte y resurrección de Cristo. Y los signos son expresiones de la presencia del nombre de Jesús salvador y no por virtud propia del mediador humano.


Meditación (Lo que te dice Dios desde el texto).

Jesús sube junto a Dios y los discípulos viven en la tierra su ausencia; tal es el destino de los discípulos de Cristo en el mundo; vivir sin ver a Cristo a su alrededor, en su mundo, en su corazón.

Y sin embargo, Jesús no dejó solos a sus discípulos, los deja bien atareados, no los abandona, ya que les deja un importante quehacer, un deseo por cumplir, un testamento; sus últimas palabras encierran, en efecto, su última voluntad: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio”. Ha impuesto al discípulo el tenerle en sus pensamientos, en su palabra hasta que se le pueda tener de nuevo y para siempre entre manos; teniendo que estar ausente, no quiere ser olvidado. Que haya dejado físicamente al discípulo, no significa que lo haya abandonado: está ante Dios intercediendo por cada uno de sus discípulos, siempre y cuando el discípulo se dedique a anunciarle y a proclamarle.

El mundo ha de saber que Cristo vive, que Él vendrá, que está junto a Dios; y el discípulo está en el mundo para decírselo. Para que la predicación de los discípulos convenza al mundo, debe ir acompañada de un compromiso personal con el mundo y de los signos de los creyentes. El mundo está esperando que la promesa de Jesús se realice y que quienes le hablan de Dios, se lo hagan visible en su forma de vivir.

Mientras se proclame el evangelio por todas partes, el discípulo sentirá la presencia del Señor que trabaja en él y por medio de él. Sólo se siente huérfano de Jesús quien no lo predica como él quiere: porque todo el que da testimonio de Él con la vida y su lucha diaria contra el mal, se siente confortado por la compañía de Jesús y la eficacia de su poder.



Oración (Lo que Tú le dices a Dios desde tu vida iluminada `por el texto)

Hoy, Señor Jesús, reconociendo tú partida de entre nosotros, tenemos que reconocer que así fue tu voluntad, estar sentado junto al Padre en tu Señorío y dejarnos solos, con tu recuerdo en el corazón. Tenemos que aprender a vivir tu ausencia porque así lo has querido y así lo ha querido el Padre. Tu deseo es que llevemos adelante tu testamento como una forma nueva de presencia tuya en medio nuestro: quieres que proclamemos tu evangelio por todo el mundo, esta es nuestra tarea y lo que nos mantendrá ocupadas nuestras vidas y nuestros pensamientos.

Cuando te has ido, Señor, nos has dejado como herencia y tarea hablar a los demás de Tí; de Tí que llena de alegría nuestro corazón y que mueves nuestra esperanza para anunciarte que estás en nuestro mundo. Señor que con el buen ejemplo de nuestra vida les anunciemos a los demás tu presencia.



Contemplación (Agradece a Dios, adora y alaba el misterio de su presencia en tu vida). Reflexiona sobre los momentos en que descubres la presencia de Dios en tu vida.

Mi mejor deseo en este mes de Mayo, en este mes de la Virgen María, y Felicidades por la fiesta de María Auxiliadora de los Cristianos en este 24 de Mayo.



Nacho, SDB.

lunes, 11 de mayo de 2009

6° domingo Pascua, B (17 mayo 2009)


Texto a meditar y orar:
Jn 15,9-17

Lectura.
El texto evangélico de este domingo nos presenta a Jesús que desvela el secreto y el motivo último que ha guiado e impulsado toda su vida: el amor; y que nos vuelve a proponer en otra clave diferente qué es lo fundamental de la comunidad, en qué consiste su misión y cuál es la condición de su fecundidad. Ahora la imagen son los amigos invitados a colaborar en su trabajo. Ser de la comunidad de Jesús es cuestión de amor.Y la relación con Jesús ha de ser a ejemplo de la suya con el Padre.
El amor, origen y principio de la relación Padre-Hijo, es el motivo y el término de comparación en la relación que ha de existir entre Jesús y sus discípulos. La permanencia en esa relación amorosa la consigue una obediencia concreta. La alegría, que es regalo del mesías, que siente Jesús será, entonces, patrimonio de los discípulos dóciles. Ante un Cristo que se ausenta, los cristianos sabrán conservar la alegría si se aman: la obediencia debida al Señor se identifica con el amor mutuo.
La medida del amor fraterno, que no es libre, pues es objeto de mandato, tampoco está al arbitrio del discípulo: el amor del creyente tiene el amor de Cristo como norma. La disponibilidad para hacer la voluntad del Padre puede llevar hasta dar la propia vida por los amigos; la alegría del obediente no queda hipotecada ante la muerte propia. La declaración por parte de Jesús que hace amigos a sus discípulos es única en el Nuevo Testamento. La amistad de Jesús la tiene quien permanece siéndole discípulo obediente, es decir, quien como él ama hasta dar la vida por los amigos.
Como amigos, conocen las intenciones de su Señor; el criterio que garantiza la nueva relación que media entre Jesús y sus discípulos radica en la participación de éstos en sus planes, en el conocimiento de su programa, en las confidencias compartidas y no en la igualdad natural o en la opción previa por parte de los discípulos: han sido elegidos y destinados, seleccionados y puestos ante la tarea de dar ante el mundo el fruto permanente: amar al hermano. Y puesto que no han elegido ellos, sino que fueron elegidos, porque no son ya siervos sino amigos, porque ya no ignoran sino que saben su destino, se les puede ordenar el amor. Sólo a quien se le da a experimentar amor puede exigírsele que ame; para el amado, amar no es tarea impuesta sino necesidad por satisfacer.

Meditación.
Jesús en el evangelio de hoy continúa desarrollando la idea de la permanencia en él como modo y medio de vida para el discípulo. La permanencia no es inactividad pietista, ni dejar a un lado la propia iniciativa: la permanencia exige ponerse a trabajar en los mandamientos, el amor impone obediencia. Y es fuente de alegría plena. Y como el mandamiento nace del amor que Dios nos tiene, se reduce también al amor que debemos tenernos mutuamente. Este amor impuesto por quien nos lo ha proporcionado, no tiene más límite que la propia vida; hay que estar dispuestos a entregarla por los amigos. Quien obedece no es siervo, sino Amigo del Amante. Prueba que es querido por Dios no quien lo afirma, ni siquiera quien lo desea, sino quien hace su querer, amando al prójimo sin límites, con toda la vida.
Antes que tener que buscar al prójimo que amar, Cristo ha salido en nuestra búsqueda, se nos ha aproximado, nos ha distinguido con su amor. Yendo a nuestro encuentro, eligiéndonos como personas a quienes querer: nos bastaría con permanecer en su amor.
Sintiéndonos amados por Dios no nos debe ser imposible amar a los demás; porque de otra forma estamos mostrando nuestra incapacidad para amar. Nos estamos quedando sin experimentar cuánto nos quiere Él, cuánto nos conviene su amor; sólo porque no entendemos o no aceptamos su modo de amarnos, nos estamos privando de sentirnos amados. Y esto es claro, quien no se siente amado, está incapacitado para amar.
El discípulo de Jesús se sabe amado y sabe cómo permanecer en ese amor; dejándose amar por el Señor Jesús, aquél que ha dado la vida por él.
Dejando que su querer sea el nuestro, haciendo nuestra su voluntad, no nos extrañaremos de sus exigencias, ni nos acobardaremos ante sus tareas, en apariencia, tan imposible como es el amor fraterno.
La amistad de Jesús se consigue en la obediencia a su voluntad, por utópica e irrealizable que nos parezca. Jesús encuentra a sus amigos entre los que le son obedientes. Antes de quejarnos de su falta de amor, deberíamos examinarnos de nuestra falta de obediencia: el obediente de Dios jamás duda de su amor. Cuando dudamos del amor que Dios nos tiene - y parece que cada día, cada situación, nos dan nuevas razones para dudar de él -, estamos confesando nuestra desobediencia.
El fruto de la obediencia a Dios es el amor fraterno y el fruto del amor fraterno es la confianza ilimitada en el Dios amante.
La obediencia que Jesús pide a sus discípulos no es ciega; aunque sea muy exigente, nunca es servil. Pide nuestra vida, nuestra obediencia, porque ha dado la suya por nosotros; busca amigos que confían tanto en él que se atreven a vivir con libertad esa amistad de la que nunca dudarán. Sólo el amigo sabe las razones, sólo el íntimo conoce a su Señor.

Oración.
Oh Amor, de quien ha recibido nombre todo amor, Amor santo y santificador, vida que das la vida, revélanos el misterio de tu santo Amor y el secreto del canto que susurra en el corazón de tus hijos.
Nosotros poseemos una vida del espíritu solamente porque somos amados por Tí y el Espíritu viene a nosotros con su caridad.
Si conociéramos cuanto es grande tu amor por nosotros, jamás tendríamos miedo de ir tu encuentro con nuestra miseria y enfermedad espiritual, más bien conociendo tu amor, amaremos más presentarnos a tí con vestido de pobre. La miseria se vuelve ventaja nuestra cuando no tenemos que buscar más que misericordia.
Nos has llamado, Señor, te nos has revelado.
Delante de tu misterio insondable, dónanos el amor que cree.
Delante de nuestras frágiles fuerzas, danos el amor que espera.
Delante a las inevitables incomprensiones, danos el amor que soporta.
Delante del mal que nos hiere, danos el amor que perdona.
Delante a la nuestra y a otras miserias, danos tu amor que todo lo acoge.
Gracias, Señor, por invitarnos a vivir en el amor y llamarnos a ser obedientes a Tí. Manda tu Espíritu que me ayude a experimentar tu amor y descubrir cuánto me quieres y saberme y descubrirme amado por Tí por un don gratuito y no por un merecimiento personal. Enséñame a dejarme amar por Tí y obedecerte haciendo tu voluntad.

Contemplación.
Sentirme feliz porque experimento que Dios me quiere. Saberme y sentirme amado y contemplado por Dios. Invitado por Él a vivir en el amor y a obedecerle.

Un saludo para Ti y mi oración. P. Cleo sdb