jueves, 29 de septiembre de 2011

27° domingo ordinario, A (2 octubre 2011)

Texto evangélico para meditar y rezar:
Mateo 21, 33-43 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: “Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego lo alquiló a unos viñadores y se fue de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo. Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: ‘A mi hijo le respetarán’. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: ‘Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia’. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron. Ahora, díganme: cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores? Ellos le respondieron: “Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo”. Entonces Jesús les dijo: “¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable? Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos”. 

Lectura (Lectio: qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después. 
esús está en Jerusalén y enseña en el templo con una autoridad reconocida por el pueblo, pero no así por los sumos sacerdotes, escribas y fariseos, y es a ellos a quienes se refiere la parábola. Se nota que la relación es áspera. Jesús les habla en términos agrícolas conocidos por todos y significativos por su contenido respecto a la relación de Dios con su pueblo, considerado desde antiguo la “viña del Señor”. Esta parábola podemos dividirla en varias partes: primero el dueño prepara su viñedo y lo renta a unos labradores para que lo cuiden; luego les pide en el tiempo oportuno y a través de mediadores lo que le toca de la cosecha de su propio terreno y su propio viñedo, pero dos veces se niegan a dar lo que corresponde al dueño y hasta maltratan y matan a los enviados; como último recurso envía a su hijo, pensando que lo respetarán y actuarán juiciosamente, pero lo sacan de la viña y lo matan pensando en quedarse como herederos del viñedo. Acabada la parábola Jesús cuestiona a sus auditores, o sea los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, los que con su respuesta señalan su inapropiado comportamiento y mencionan su propia condenación. Jesús, refiriendo a sí mismo un conocido pasaje de la Sagrada escritura, les acusa franca y abiertamente de querer quedarse con lo que nos les pertenece al rechazar al dueño y a su mismo hijo. Luego dicta la sentencia: el cuidado del Reino de Dios que se les había confiado les será quitado y se le entregará a un pueblo que sí lo cuide y a tiempo produzca la debida cosecha para entregarla. 

Meditación (Meditatio: lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria. 
Hemos venido reflexionando varios domingos sobre el tema de la Viña: la invitación a trabajar todos en la viña, después aquellos dos hijos que son invitados a ir a la viña y ahora este pasaje. Este texto recuerda el hermoso poema de la viña del capítulo 5º de Isaías y nos deja ver un claro reclamo de Dios a quienes, habiéndonos confiado la construcción y cuidado del Reino, no hemos rendido los frutos esperados sino que, al contrario, hemos ofrecido resistencia a la voluntad del dueño de la viña y hasta nos hemos querido quedar con ella a la fuerza y sin merecerla, hemos querido quedarnos con lo que bondadosamente se nos prestó y para nada nos pertenece, desconociendo que sólo Dios es dueño. Lo mismo que a Israel, a nosotros que formamos la Iglesia, se nos ha confiado la construcción del Reino de Dios y si no rendimos a tiempo los frutos esperados y comenzamos a sentirnos dueños se nos retirará esa confianza y ese cuidado para ofrecerlo a quienes sí respondan como servidores y constructores y no como dueños. Lo mismo podemos aplicarlo, en menor escala, a comunidades y a familias concretas, todo se nos ha confiado para que lo construyamos y lo cuidemos conforme a la voluntad del dueño. Por lo tanto de nada ni de nadie somos dueños, sólo Dios es dueño de todo y de todos, lo mismo que su Hijo. Actuar con pretensiones y del modo que no nos corresponde es desconocer y echar a perder nuestra verdadera misión allí donde el verdadero dueño nos ha confiado. También nos hace reflexionar sobre el cómo aceptamos a su Hijo o lo rechazamos. 

Oración (Oratio: lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios. 
Dios y Padre bueno, tú eres nuestro Señor, nuestro bien, nuestro dueño y nuestro todo. A ti te alabamos y te damos gracias por la confianza depositada en nuestra Iglesia, en nuestras comunidades y en nosotros para construir, extender y cuidar tu Reino, el mismo por el que tu Hijo Jesús dio la vida y nos lo dejó como tarea. Tú eres el dueño y nosotros somos tus trabajadores. No permitas que busquemos interesada y torpemente sentirnos o querer hacernos dueños. Danos tu Espíritu para que reconozcamos a Jesucristo tu Hijo, y que en todo lo que emprendamos pongamos a tu Hijo Jesús como piedra angular del Reino. Que seamos esos trabajadores que buscamos dar fruto y construir el Reino; jamás permitas que nos desviemos y para que el cuidado del Reino no nos sea quitado. Señor dueño nuestro que sigamos mereciendo la confianza que ya una vez nos has tenido. 

Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele un cambio en tu vida para bien tuyo, de los demás y gloria de Él. Y trabaja con responsabilidad por el Reino. Hemos comenzado el mes del rosario y el mes de las misiones. Oremos por todos los misioneros y misioneras; y lo mismo pidamos para que el Señor de la mies haga nacer en muchos jóvenes esta vocación para servir a su Iglesia. 

La Paz con ustedes.

viernes, 23 de septiembre de 2011

26° domingo ordinario, A (25 septiembre 2011)

Texto a meditar, orar y vivir: 
Mateo 21, 28-32. 

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Este respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”. Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas, sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”. 

Lectura (Lectio): (lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central).  
Para entender la Parábola hay que tener en cuenta la ocasión y el motivo que la provocó: Jesús había entrado en Jerusalén triunfalmente y se había presentado en el Templo donde había expulsado a los comerciantes, y se habían preguntado el origen de tal autoridad. Jesús acalla a los principales y las autoridades al preguntarles sobre el Bautista y su misión. El relato de esta parábola es sobrio, reducido a lo esencial y está construido sobre la oposición que existe entre los dos hijos de un Padre. Un padre dueño de una viña invita a sus dos hijos a trabajar en su propiedad. El primer hijo le demuestra un religioso respeto hacia su padre llamándolo “señor”, y por esto digno de ser escuchado y aunque con mucha cortesía dice que sí, al final termina no yendo a la viña. El otro hijo, por el contrario respondiendo secamente y en forma negativa, cambia de pensamiento y va finalmente a trabajar en la viña. El arrepentimiento de éste hijo es lo importante. Pero la parábola se construye también sobre la oposición que existe en tiempos de Jesús sobre las dos categorías de hombres en las cuales está dividida la sociedad según el pensamiento religioso judío: por una parte están los elegidos, miembros del pueblo de Dios que responden positivamente a la llamada del Reino, pero solamente de palabras; y por otra parte los indiferentes y pecadores, que no observan la ley de Moisés y lo que prescriben los rabinos. Los miembros de ambos grupos son hijos de Dios: Pero si los primeros se sienten convencidos de estar en el único y verdadero camino porque son observantes de los mandamientos de Dios; se diferencian de los segundos que son transgresores de la voluntad de Dios tan sólo como lo señala el párrafo evangélico, por no tener necesidad de conversión al descubrir la voluntad de Dios en la enseñanza de Jesús. 

Meditación (Meditatio): (saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad). 
En el evangelio de hoy, Jesús ha querido reflejar el drama de Dios con nosotros, sus hijos: también Él tiene hijos que se conforman con decirse dispuestos a obedecerle, e hijos que, tras haberse muchas veces negado, acaban por hacer lo que de ellos quiere. Y es aquí donde tiene sentido la preferencia de Dios por los malos aparentemente y la prioridad de que gozarán en su Reino sobre los aparentemente buenos. Este es el centro del Evangelio de hoy: los que todos reconocen como pecadores entrarán en el Reino de Dios antes que los que todos estimaban como ‘santos’, ‘buenos’. Y es que delante de Dios no nos hacen mejores hijos las obras que le hayamos prometido, solo de palabra, por buenas que sean sino las que ya hemos realizado, aunque no sean las mejores. Dios dejará pasar todas nuestras anteriores negaciones, siempre que, al final, terminemos por hacer lo que desea de nosotros. Ninguno es demasiado bueno para Dios por lo que dice; será bueno de verdad, tan sólo quien haga su voluntad. 

Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.  
Señor, quieres que cumplamos tu Palabra. La única que conduce a la Vida. Pero decimos y no hacemos. Haz que cambiemos, que nos convirtamos, para hacer lo que tú nos invitas. Que nunca nos consideremos de los ‘buenos’… pero que no hacen tu voluntad. Señor, ayúdanos a trabajar en tu Viña, para que seamos hijos obedientes a tu Palabra. 

Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a trabajar en su reino, a descubrir su querer. Dios te siga invitando a trabajar por su Reino, en su Viña, te bendiga y te guarde de todo mal, porque te mira siempre con amor. 

Feliz semana junto con los tuyos. La Paz con ustedes.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

25° domingo ordinario, A (18 septiembre 2011)

Texto evangélico para meditar y rezar:
Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: “El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo’. Salió de nuevo al medio día y a media tarde e hizo lo mismo. Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ‘¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?’ Ellos les respondieron: ‘Porque nadie nos ha contratado’. El les dijo: ‘Vayan también ustedes a mi viña’. Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: ‘Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta llegar a los primeros’. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno. Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: ‘Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor’. Pero él respondió a uno de ellos: ‘Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?’ De igual manera, los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos”.

Lectura (qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después. 
La parábola de los viñadores la escribe sólo San Mateo. Jesús está yendo desde Galilea a Jerusalén. Y Jesús les cuenta a sus discípulos esta parábola para explicarles el Reino de los Cielos. La primera parte nos dice como el amo de la viña contrata trabajadores para su viña en diferentes horas del día. La segunda parte cuenta como el mismo amo paga a los trabajadores, con esta particularidad, es el mismo pago para todos: un denario. Nos hace ver que el amo es justo y generoso. La imagen de la viña era ya frecuente en el Antiguo Testamento, puesto que es como un símbolo del pueblo de Israel. Es un lenguaje lleno de sorpresas por parte del dueño de la viña. Quiere decir: Dios llama a trabajar en su Reino a todas horas. Y a los que se empeñen por trabajar en su Reino recibirán el premio de la bondad del mismo Dios.

Meditación (lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria. 
Esta parábola nos ayuda a meditar el comportamiento de Dios. Es un Dios que quiere ser bueno con todos, en el que no valen los privilegios, ni méritos en su presencia; que da a todos por igual, con un procedimiento fuera de lo común, porque lo que interesa es la bondad; precisamente porque se lo da a quienes no lo merecen. Ante el Dios de Jesús, quien se crea con derechos, se verá confundido; Dios no es justo para ser bueno con unos pocos: es bueno con todos, porque concede sus dones sin fijarse en el momento que invita. Es lo escandaloso de la parábola al recibir algunos desiguales reciben igual. Es el amor de Dios que crea igualdad, y produce comunión plena. El propietario que contrata y se pasa todo el día contratando obreros para su viña nos hace descubrir el empeño expreso de nuestro Dios para que no haya ociosos en su Reino.

Oración (lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios. 
Señor de la Viña que no quieres que ninguno se quede sin trabajar en el Reino de los Cielos y que invitas a todas horas y que haces ver tu bondad para con todos sin distinción, que te muestras generoso y bueno para con todos. Señor nos invitas a participar en el Reino de los Cielos, todos los días; y siempre muestras que eres un Dios lleno de bondad y generosidad para con todos. Haz que nos dispongamos, que aceptemos esta invitación de trabajar por tu Reino.

Contemplación: haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él. En esta semana contempla como el Señor quiere que trabajes en su Reino y a procurar su Reino. Aprende de la bondad de Dios, que es bueno con todos, sin excepción. Al celebrar estas fiestas Patrias, trabajemos en todo momento por extender el Reino de Dios anunciado por Cristo y, así, hagamos un México más fraterno, más justo y solidario.

El Señor les bendiga; oraciones y saludos.
La Paz con ustedes.

lunes, 12 de septiembre de 2011

24° domingo ordinario, A (11 septiembre 2011)

Texto evangélico para meditar y rezar:
Mateo 18, 21-35 

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”. Entonces Jesús les dijo: El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía muchos millones. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’, El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti? Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes si cada cual no perdona de corazón a su hermano” 

Lectura (Lectio: qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después. 
Una pregunta de Pedro a Jesús sobre las veces que hay que perdonar a quien nos ofende produce una respuesta contundente y hasta ejemplificada. Jesús afirma categórico que hay que perdonar no sólo “muchas veces”, sino “siempre”. Jesús ratifica su sentencia al modo oriental, con una comparación que pone al centro el Reino de los Cielos. La comparación tiene como protagonistas a un rey y dos siervos deudores. Y el diálogo es muy semejante para uno y para el otro. Un primer servidor le adeudaba muchos millones, no tenía con qué pagar y sólo podría hacerlo si eran vendidos él, su mujer, sus hijos y todos sus bienes, al modo de aquel tiempo. La súplica profunda del siervo movió la compasión del rey y éste le perdonó toda la deuda. Un segundo servidor le adeudaba poco dinero al siervo que había sido perdonado de su deuda millonaria y éste con exigencia agresiva le pedía que le pagara lo que le debía bajo amenaza de enviarlo a la cárcel. El segundo deudor de rodillas suplicaba paciencia y compasión, como el primero lo había hecho, pero no fue escuchado y sí fue enviado a la cárcel hasta que pagara todo lo que debía. Los testigos de lo ocurrido indignados fueron al rey y le contaron lo que sucedió. El rey llamó al siervo malvado y le cuestionó diciéndole: “¿No debías haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?”. Dicho esto lo entrega a los verdugos para que no sea soltado hasta que pague. Concluye Jesús su relato afirmando que “lo mismo hará el Padre celestial con aquellos que no perdonen de corazón a su hermano”. 

Meditación (Meditatio: lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria. 
Todos estamos conscientes de que en la vida ordinaria cometemos o nos cometen todo tipo de ofensas: en la familia, en los grupos de amigos y de trabajo, en la comunidad eclesial y social, por lo tanto el tema no es raro sino muy real y cotidiano. Ya en tiempos de Jesús la ley decía que se podía perdonar hasta tres veces, solamente… La respuesta de Jesús, que inaugura el nuevo Reino de Dios y la nueva ley con su persona y su mensaje, se opone a la antigua ley del talión: al “ojo por ojo y diente por diente”. Una persona buena y sensata como Pedro (y como nosotros) sabe que se puede y debe perdonar algunas veces, pero el problema es saber “cuántas veces”, de tal modo que esos arranques nuestros de calculador perdón nos permitan seguir dentro de las leyes de la religión y de la tranquilidad de la conciencia. Seguramente ni Pedro ni nosotros esperamos la respuesta de Jesús, y menos estamos dispuestos a seguirla, pero aquí viene la luz de la parábola. Por lo visto todos los siervos eran deudores, y si al que más debía se le perdonó todo, a todos los demás igual se les perdonaría porque una primera súplica ya había abierto el corazón compasivo del rey. Así que aprendiendo de él los demás habrían de ser igualmente compasivos con sus compañeros, dado que ya no había deudas. Pero la lógica se rompe cuando uno no entiende como gracia el haber sido perdonado de todo y se porta de modo justiciero e incriminatorio con quien le adeuda poco. El problema del siervo “malvado” no está en ser deudor, porque todos somos deudores, quién más quién menos, sino en no haber aprendido a perdonar como él fue perdonado, de modo compasivo y misericordioso. Por eso, cuando nosotros no perdonamos y vivimos con rencores que pudren el alma y amargan la vida, lo que hacemos es mostrar que diferimos del pensar y sentir de Jesús, de Dios; que nos ganan la soberbia y el orgullo, y negamos rotundamente la necesidad de Dios y de su perdón, aparentando que somos buenos y perfectos, muy apegados a la “ley”, como los fariseos, pero no a Dios, Padre misericordioso. Por eso hay que aprender de Dios a perdonar siempre y de corazón a nuestro hermano, desde esta actitud se comienza a vivir “en el cielo”, porque se vive en Dios. 

Oración (Oratio: lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios. 
Dios y Padre Bueno, la Palabra de tu Hijo sobre el perdón nos muestra la manera de vivir para todos aquellos que siguen a Jesús y por eso se nos hace simplemente imposible, un perdón sin límites nos parece impensable; y nunca lo comprenderemos porque nos encontramos llenos de soberbia e hipocresía y porque no nos hemos sentido pecadores, ni nos hemos dispuesto a arrojarnos a tus pies, pidiendo compasión y perdón. Por eso, enséñanos a reconocernos pecadores, para saber perdonar de corazón. Enséñanos a pedir y a desear tu perdón, Señor; y, también, a perdonar a quien me haya ofendido. Sabemos que tu perdón siempre estás dispuesto a concederlo, porque Tú, Señor, eres generoso. Quieres que nosotros tus hijos, tus hijas, aprendamos a serlo, dando y perdonando. 

Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele un cambio en tu vida para bien tuyo, de los demás y gloria de Él. Durante la semana, dispongámonos a arrodillarnos, ante el Señor Jesús para pedir perdón, y que estamos dispuestos a perdonar también a los demás. Este es el mejor camino para crear y vivir como hermanos en nuestra Patria, al celebrar las fiestas de nuestro querido México. 
Viva México y Santa María de Guadalupe. 

La Paz con ustedes.

jueves, 1 de septiembre de 2011

23° domingo ordinario, A (4 septiembre 2011)

Texto evangélico para meditar y rezar: 
Mateo 18, 15-20 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano. Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo. Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”. 

Lectura (Lectio: qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después. 
Este pasaje del evangelio se le llama el discurso eclesial donde Mateo recoge una serie de gestos, sentencias y parábolas que Jesús dice a sus discípulos, presentándonos el comportamiento de los fieles al interno de la comunidad cristiana; porque habla del hermano que había cometido una falta de mal ejemplo para toda la comunidad y es motivo de escándalo. Es el método que Jesús quiso que existiera para la corrección fraterna en la comunidad. El evangelio de Mateo introduce el tema del hermano que ha pecado y el modo de reconciliarlo con la comunidad. El pecado de la persona en la comunidad es una falta que ha provocado el mal ejemplo en la comunidad con el riesgo de escandalizar a los que están vacilantes en su fe dentro de ella. En este caso cada miembro de la comunidad tiene el deber de reprender fraternalmente al pecador, no tanto porque tome conciencia del mal cometido sino para que se enmiende y se convierta. La comunidad juega un rol importante. El evangelio de hoy muestra la práctica de la corrección fraterna y subraya en primer lugar el deber de buscar en cualquier modo la reconciliación con el hermano insistiendo sobre la aclaración y el diálogo, antes de llegar a la separación definitiva. Aún cuando la llamada de atención al pecador es severa de parte de la comunidad, debe siempre existir la preocupación de la salvación del hermano y la nostalgia de su regreso a la comunidad. Entre el pecado de un miembro y la vida de la comunidad existe una relación muy estrecha. Y así el motivo más profundo de la escucha de la oración de la comunidad es la misteriosa presencia de Cristo. Es gracias a la presencia de Jesús que en la Iglesia se crea la armonía, superando divisiones y conflictos que tienen su origen en el pecado y en el miedo. El lugar de la presencia de Dios que se revela en Cristo es la comunidad de creyentes reconciliados con Dios y reunidos en oración. 

Meditación (Meditatio: lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria. 
Muy pronto la comunidad tuvo que enfrentarse al hecho de la existencia del pecado en su interior. Descubierto el poder del pecado, los cristianos también reconocen el poder de la gracia. Jesús contó con que el pecado se haría presente en la vida de sus discípulos, no por ello se desanimó, en el camino de conversión de pecador que es oferta de perdón repetida con perseverancia, pero donde la libertad del pecador tenía que ser respetada. La comunidad cristiana tuvo que aprender a perdonar, porque tuvo que reconocer que el pecado era una realidad en su seno; y así el contacto con las faltas de sus miembros la convirtió a la misericordia. Jesús exige a sus discípulos que perdonen, pero también les muestra la forma como deberían hacerlo: con delicadeza, con tacto, con perseverancia. Pero también advierte Jesús por duro que parezca, que no habrá que considerar hermano al que persiste en su falta: a quien rehúsa el perdón ofrecido hay que rehusarle la convivencia fraterna. Y también no hay que olvidar que Jesús prometió que Dios escucharía la oración de quien, reunidos en su nombre, se habrían ocupado por recuperar al hermano caído, por acercarse al alejado de Dios para acercarlo a Dios. Como para hacernos notar que es la oración en común la que es importante. - Los temas que se nos proponen para meditar en este evangelio pueden ser los siguientes: la corrección fraterna, el diálogo, y la oración comunitaria. 

Oración (Oratio: lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios. 
Señor Jesús, hoy nos descubres en tu Palabra tu Amor misericordioso que nos llega a través del perdón de la comunidad. Hoy descubrimos que somos pecadores y el pecado está presente en nuestras vidas; pero tu invitación es a que recorramos el camino de la conversión; así nos quieres perseverando por los caminos del perdón una y otra vez. Así nos quieres para que aceptemos que el perdón y la salvación nos vienen de Ti. Y descubrimos que no nos condenas por ser pecadores, pero tampoco quieres que vivamos en el pecado y menos que compartamos con los demás el pecado. Tú, Señor Jesús, nos dejas en libertad, nos invitas a vivir en comunión y a la aceptación de nuestras faltas y nos pides la humildad y reconocerte como nuestro Salvador. - Señor, Tú no quieres que nadie se pierda; lo buscas como el pastor busca a la oveja perdida; quieres que exista el entendimiento, el diálogo en la corrección entre hermanos; y que tengan la certeza que Tú estás presente cuando dos o más se reúnen para orar; Señor, ayúdanos a apreciar lo que enseñaste y practicaste. 

Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él. 
- Me consuela, tu preocupación por el que peca; me ilumina saber el método para corregirse entre los hermanos, como también lo que se consigue cuando estamos reunidos para pedir al Padre que está en los cielos y que Tú te haces presente; me invitas a decidirme a vivir esa forma de ser en el diálogo y en la corrección fraterna; haz que deposite más mi confianza en la oración comunitaria. 
- Me invitas a crecer en diálogo, humildad para aceptar la corrección fraterna, el sentido comunitario y de oración. Es una invitación a buscar, cueste lo que cueste, la unidad eclesial y el perdón al hermano, mediante el dialogo y el entendimiento. Esta semana ayuda a alguien que te rodea; tal vez lo que necesita es de tu tiempo, de tu corrección amable, de tu perdón fraterno, de tu atención esmerada; recuerda que si logras reconciliarlo con Dios, has encontrado la salvación para él y para Ti también. Dios les bendiga en todas sus actividades de esta semana. Saludos. 

La Paz con ustedes.

sábado, 27 de agosto de 2011

22° domingo ordinario, A (28 agosto 2011)

Texto evangélico para meditar y rezar: 
Mateo 16, 21-27 

En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo: “No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti”. Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: “¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!” Luego Jesús dijo a sus discípulos: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a si mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras”. 

Lectura (Lectio): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.  
Tenemos como protagonistas a Jesús y a Pedro, igual que el domingo pasado. En esta ocasión, Jesús hace el primer anuncio de su pasión, entre los pasajes de la profesión de Pedro, del domingo pasado, y la experiencia de la transfiguración del próximo. Ante el anuncio de su propia pasión y muerte para alcanzar la resurrección, vemos a un Pedro desconcertado y escandalizado por tal afirmación por parte de Jesús. Eso deja ver que para Pedro (y muchos de los primeros cristianos) era incompatible el que Jesús fuera “Mesías, Hijo de Dios”, con el sufrimiento y la cruz a manos de los dirigentes de la religión y conocedores y aplicadores de la ley de Moisés. Jesús ve, esta postura de Pedro, como venida del mismo satanás, del tentador, del contrario a Dios. Jesús no deja pasar la ocasión para instruir afirmando que el discipulado exige olvido de sí mismo, cargar la cruz diaria, pensar como piensa Dios y no los hombres y un seguimiento radical, al punto de valorar más a Jesús que la propia vida, porque Él mismo es la vida y la salvación. 

Meditación (Meditatio): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria. 
En la persona y figura de Pedro se muestra la Iglesia, cada uno de nosotros, en relación con Jesús. El domingo pasado, de modo impulsivo y eufórico, le reconocíamos junto con Pedro como el Mesías, el Hijo de Dios entre nosotros y para nosotros. Sin embargo en esta ocasión, lejos de toda euforia y muy cerca de nuestra realidad, nos resistimos y no logramos conciliar el sacrificio de su propia vida, que llega a los niveles escandalosos de la cruz, con su ser Hijo de Dios. Obrando de ese modo nos alejamos de Dios y nos acercamos al mismo satanás, que no acepta los planes de amor de Dios. Mostramos que queremos un seguimiento de Cristo cómodo y, al mismo tiempo, triunfante. Cualquiera de nosotros podemos convertirnos en “tentadores” de Jesús, porque eso quiere decir satanás: alejador de Dios. Cualquiera de nosotros está dispuesto a hacer a un lado el esfuerzo diario, el dolor y el sacrificio de lo propio, exigiendo al mismo tiempo triunfo, felicidad, resurrección. Obrando así nos alejaríamos y alejaríamos a los demás y a Jesús mismo del Plan de salvación del Padre, perderíamos “la vida”, aunque ganaríamos el mundo. Jesús nos enseña y pide, que para seguirle y salvar lo más valioso, es necesario la renuncia y sacrificio de uno mismo y cargar la cruz diaria, sólo de este modo se llega a la resurrección, a la felicidad, al cumplimiento del plan de Dios. 

Oración (Oratio): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios. 
Señor Jesús, muchas veces nos pasa como a Pedro: te reconocemos como nuestro Dios y salvador en momentos de bienestar y de euforia, pero nos escandalizamos cuando nos hablas de la pasión y cruz, dentro de los planes de amor y salvación del Dios. Te rehuimos y te negamos cuando nos pides, que para ser tu discípulo, renunciemos a nosotros mismos, a nuestros intereses; que aceptemos la cruz de cada día: la de la relación y del amor a las personas con las que vivimos; la del sacrificio del propio yo para darnos a los demás; la de la vida optimista y alegre en medio de los problemas y del dolor; la de la confianza plena en ti aunque pareciera que te has alejado y ya no estás; la del humilde reconocimiento de nuestra fragilidad y debilidad cuando el orgullo se levanta para juzgar y dominar. Por todo eso te pedimos perdón, Señor; y para seguirte y salir de todo eso, te pedimos tu ayuda, Señor. 

Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él. Dios bendiga toda tu semana y te sientas feliz de intentar ser mejor seguidor de Jesús. Saludos. 

La Paz con ustedes.

miércoles, 17 de agosto de 2011

21° domingo ordinario, A (21 agosto 2011)

Texto a meditar y orar:  
Mateo 16, 13-20. 

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”. Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo”. Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. 

Lectura (Lectio): fíjate bien en lo que dice el texto, lee atentamente, saca sus personajes, su ubicación, su relación y el mensaje central. 
En este relato se encuentran Jesús y sus discípulos. Ocupa parte importante en este diálogo Simón Pedro. Se sitúan en la región de Cesarea de Filipo. Nos presenta las opiniones de la gente acerca de Jesús. Y Simón Pedro, haciéndose voz de los apóstoles, lo proclama como ‘Mesías’ e ‘Hijo de Dios’. Entonces Jesús le recuerda el sentido de su nombre: Pedro, es decir, ‘Piedra’; por lo tanto, será de ahora en adelante, fundamento sobre el que se edificará la comunidad; le confía su Iglesia, le confía su Autoridad. También, le confía a Pedro las ‘Llaves’, la responsabilidad; para ‘atar y desatar’, es decir, para admitir o no en la comunidad. Jesús llama a Pedro de ‘Bienaventurado’, ‘Feliz’, porque se ha mostrado dócil a la inspiración divina y se ha dejado guiar por El. Serán ‘Bienaventurados’ todos aquellos y aquellas que sean capaces de dejarse guiar por Pedro, el vicario de Cristo, en la tierra. De forma que ni los poderes del infierno podrán contra la Iglesia. 

Meditación (Meditatio): fíjate en lo que te dice el texto y aplícalo a la vida ordinaria. 
Escuchamos como los discípulos habían convivido con Jesús algún tiempo. Les provoca para que se definan. Antes de preguntarles por su opinión personal, quiere saber de sus discípulos lo que la gente está diciendo sobre El. Así les preparaba esta cuestión decisiva: “¿Quién soy Yo para ustedes?” Deben proclamar públicamente lo que en secreto tantas veces han pensado. Jesús no se contenta que le hayan seguido y compartido su trabajo e intimidad. Es que el seguimiento de Jesús no es nunca asunto privado: sino profesión pública, decir en alto lo que siente el corazón; es la manera en que el discípulo superará toda prueba. Confesar a Jesús como lo hizo Pedro; al aceptarlo como Cristo e Hijo de Dios, no sólo proclamó lo que sentía por Jesús, sino lo que Dios quería. Creer en Cristo Jesús supone, hacer nuestro el punto de vista de Dios, ver a Jesús como Dios mismo lo ve, sentir por El lo que Dios por El siente, contemplarlo y amarlo como Dios lo quiere. La doble imagen de la roca y de las llaves define la tarea de Pedro como guía autorizado en el ámbito de la Iglesia, por el poder de la Palabra de Cristo. Pedro primero en la fe y en la confesión de fe, elegido y encargado por el Señor como guía, transformado y llamado con un nombre nuevo, primero en la autoridad que hace de los apóstoles cabezas de la Iglesia, llega a ser así punto de referencia seguro al interno del Colegio Apostólico y en la Iglesia desde sus orígenes y en todos los tiempos. 

Oración (Oratio): fíjate ahora en lo que tú le dices a Dios desde la vida iluminada por el texto, después de escuchar a Dios, háblale. 
 “Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?” nos preguntas, Señor. Que sean nuestras las palabras de Pedro: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Nos invitas a aceptarte a Ti y aceptar tu Iglesia. A reconocerte a Ti y a reconocer a Pedro; a amarte a Ti y a amar a Pedro. A obedecerte a Ti y a obedecer a Pedro. A dejarnos guiar por Ti y dejarnos guiar por Pedro. Sólo así te perteneceremos y perteneceremos a la Iglesia. Amaremos a la Iglesia, obedeceremos a la Iglesia, y edificaremos tu Iglesia. Con la confianza de que nada podrá contra Ella, como lo has dicho, Señor. 

Contemplación (Contemplatio): haz silencio, adora, alaba y bendice a Dios por haberte hablado, déjate llenar de su paz y lleva su palabra a tu vida con un buen propósito. 
Sea nuestra esta grande alegría de reconocer y ser como Jesús y de ser Iglesia, obedeciendo a Pedro, es decir, al Papa. Bendiciones y oraciones para ti y todos tus seres queridos 

La Paz con ustedes.