jueves, 17 de julio de 2014

lectio 16 DOrd A

Lectura Orante de la Palabra (lectio divina) del Evangelio de San Mateo 13, 24-43
En aquel tiempo, Jesús propuso esta parábola a la muchedumbre: "El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó. Cuando crecieron las plantas y se empezaba a formar la espiga, apareció también la cizaña.
Entonces los trabajadores fueron a decirle al amo: 'Señor, ¿qué no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues salió esta cizaña?' El amo les respondió: 'De seguro lo hizo un enemigo mío'. Ellos le dijeron: '¿Quieres que vayamos a arrancarla?' Pero él les contestó: 'No. No sea que al arrancar la cizaña, arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntos hasta el tiempo de la cosecha y, cuando llegue la cosecha, diré a los segadores: Arranquen primero la cizaña y tenla en gavillas para quemarla; y luego almacenen el trigo en mi granero'".
Luego les propuso esta otra parábola: "El Reino de los cielos es semejante a la semilla de mostaza que un hombre siembra en un huerto. Ciertamente es la más pequeña de todas semillas, pero cuando crece, llega a ser más grande que las hortalizas y se convierte en un arbusto, de manera que los pájaros vienen y hacen su nido en las ramas".
Les dijo también otra parábola: "El Reino de los cielos se parece a un poco de levadura que tomó una mujer y la mezcló con tres medidas de harina, y toda la masa acabó por fermentar".
Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas con parábolas, y sin parábolas nada les decía, para que se cumpliera lo que dijo el profeta: Abriré mi boca y les hablaré con parábolas; anunciaré lo que estaba oculto desde la creación del mundo.
Luego despidió a la multitud y se fue a su casa. Entonces se le acercaron los discípulos y le dijeron: "Explícanos la parábola de la cizaña sembrada en el campo".
Jesús les contestó: "El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles.
Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles para que arranquen de su Reino a todos los que inducen a otros al pecado y a todos los malvados, y los arrojen en el horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.  
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto cuantas veces sea necesario, hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.
Las Parábolas nos ayudan a entender el Reino de Dios. La parábola de la cizaña que hoy meditamos, está centrada sobre la paciencia de Dios. Y marca significativamente un contraste entre la mentalidad del patrón del campo y aquella de los servidores: impacientes e imprudentes los segundos; paciente, prudente y sabio el primero. Jesús introduce una distinción entre el tiempo presente, para pensarlo en tiempo de espera, de misericordia, de acogida de los pecadores, de conversión como una invitación a todos, con el tiempo final, que sólo será el tiempo del rendir cuentas.
Por otra parte, la comunidad mesiánica instaurada por Jesús es actualmente una realidad en la cual habitan juntos el germen del bien y al mismo tiempo las fuerzas del mal, una realidad plenamente injertada en la historia y por lo mismo incompleta, en camino hacia la instauración completa y final que tendrá lugar sólo en el misterioso futuro de Dios.
En labios de Jesús, por tanto, la parábola es una invitación dirigida a los fieles a dejar a un lado cualquier impaciencia entre hacer el bien o el mal y a los "sordos", y a replantear sus posiciones. Es anuncio de esperanza, basado sobre la convicción de que las fuerzas del mal no lograrán sofocar las semillas de la alegría y de la santidad, sino sobre todo, basada en el presente, sobre la misericordia de Dios.
Las dos pequeñas parábolas; la del grano de mostaza y la de la levadura, tratan también ellas, de corregir una distorsionada espera y sugieren una justa mentalidad respecto a la persona y a la obra de Jesús: el reino de Dios no se instaura en la potencia, en la magnificencia y en la gloria. Por lo mismo, ninguna impaciencia es legítima, ninguna desilusión puede ser motivada por resultados reducidos.
Las dos parábolas giran en torno a un contraste "pequeño, grande". Pequeño es el grano de mostaza, pequeña es la levadura; grande es el árbol, grande es la masa de pasta. En la persona de Jesús ha tomado cuerpo una lucha que manifiesta los caracteres de la pequeñez y la simplicidad de los inicios, sin la aparición de toda la potencia y la riqueza que lleva por el contrario su máxima maduración.
Todavía más, la parábola de la levadura, respecto a aquella del grano de mostaza, deja ver el dinamismo y el poder transformador de Jesús y de su gracia pascual; ciertamente a través del silencio y de la elección entusiasta y escondida.
En la parábola de la cizaña, la respuesta del patrón es un freno a la impaciencia de los siervos y, por lo tanto, un correctivo para las esperas mal fundadas al respecto del Mesías y a su obra. Con la parábola del trigo y la cizaña Jesús proclama que en el Reino de Dios no todo lo que crece, con su predicación, es trigo limpio; y el día ha de llegar en que se haga justicia; mientras tanto, a todo lo que haya crecido se le concede una oportunidad. Dios como el sembrador tiene paciencia con su campo.
Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.
La parábola de la cizaña nos habla de la presencia del mal en nuestro mundo como un dato palpable; pero Jesús, con ella quiere dar respuesta a nuestra angustia ante su poder amenazante; y más que nada pretende convencernos de la bondad de Dios, de su paciencia y de su mesura con los malos.
Hay dos convicciones de fondo: el mal es real; hay que contar con él en un mundo creado por Dios y dentro del hombre hecho a imagen de Dios. Por otra parte, Jesús enseña que hay que contar, en especial, con un Dios al que le preocupa esta presencia del mal en su mundo y en el hombre; un Dios que, por respeto al bien que existe junto con el mal, da largas a su intervención.
El discípulo debe saber convivir con el mal sin connivencias: tendrá que habituarse a responder a Dios junto a quien lo ignora e intentar hacer su voluntad entre quienes no la viven. La impaciencia frente al mal imperante no legitima al buen discípulo como tal, sólo sus buenas obras.
Es sorprendente la forma de reaccionar de Dios frente al mal; la paciencia de Dios no es debilidad, sino fortaleza, confianza en sí mismo y en el poder del bien. Mientras no llegue el día de la cosecha, el bueno puede dejar de serlo y el malo también: el cristiano tiene que saber que Dios ha tomado ya la decisión de vencer el mal existente en su corazón y en su entorno; pero ha de saber también que espera que los que aún viven del mal, o en medio de él, lo reconozcan y se salven.
Hoy con esta parábola nos damos cuenta de que el mundo siendo un campo abonado por el mal. Dios nos tiene paciencia; esto nos lleva a ser más comprensivos, menos exigentes con los demás.
La Palabra es una invitación a fiarnos de la bondad de Dios y a tener paciencia con los malvados. Tener un Dios paciente con el mal tiene sus consecuencias: hay que aceptarlas y aceptarle como Él es. Tiene, con todo, de bueno que quienes creemos en Él podemos aceptarnos a nosotros mismos, aunque no seamos buenos del todo, y aceptar nuestro mundo, tal como es.
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Gracias, Padre, porque te preocupas de nosotros y nos quieres dentro del mundo y afrontando en medio del mundo el mal y los problemas que ocasiona; porque nos quieres en el mundo sin pactar alianzas con el mal, por el contrario luchando por ser levadura de un Reino nuevo que se manifiesta en la humildad, en la sencillez, en la pequeñez, pero en la firmeza de convicciones, en la profundidad de horizontes.
Hoy contemplamos agradecidos que tu forma de actuar y tu fortaleza es tenernos paciencia delante de nuestro proceso de crecimiento hacia el bien, caminando hacia el día de la cosecha; reconociendo que observas y contemplas la actitud de nuestro corazón. Esta debe ser mi actitud como discípulo tuyo, a la vez que me llamas a ser fermento de la "masa", me pides ser paciente con los que no los son y valorar su persona, porque esa es tu actitud. Amén.

Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón, adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida y toma algún buen propósito que sea oportuno en este momento.
Te invito a que te sientas contemplado por un Dios de misericordia, paciente, que ve tu corazón y que respetando tu proceso, te quiere mejor para que seas fermento en el mundo, en el ambiente donde vives y así, veas siempre la vida con confianza, con paciencia y con esperanza. Porque Jesucristo con su Muerte y Resurrección nos ha salvado.
 
 
 
La Paz con ustedes.

miércoles, 9 de julio de 2014

lectio 15 DOrd A

15 Domingo Ordinario, A.
 
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 13, 1-23
 
Un día salió Jesús de la casa donde se hospedaba y se sentó a la orilla del mar. Se reunió en torno suyo tanta gente, que él se vio obligado a subir a una barca, donde se sentó, mientras la gente permanecía en la orilla. Entonces Jesús les hablo de muchas cosas en parábolas y les dijo:
"Una vez salió un sembrador a sembrar, y al ir arrojando la semilla, unos granos cayeron a lo largo del camino; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros granos cayeron en terreno pedregoso, que tenía poca tierra; ahí germinaron pronto, porque la tierra no era gruesa; pero cuando subió el sol, los brotes se marchitaron, y como no tenía raíces, se secaron. Otros cayeron entre espinos, y cuando los espinos crecieron, sofocaron las plantitas. Otros granos cayeron en tierra buena y dieron fruto: unos, ciento por uno; otros, sesenta; y otros, treinta. El que tenga oídos, que oiga".
Después se le acercaron sus discípulos y le preguntaron: "¿Por qué les hablas en parábolas?" Él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los cielos, pero a ellos no. Al que tiene, se le dará más  y nadará en la abundancia; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven y oyendo no oyen ni entienden.
En ellos se cumple aquella profecía de Isaías que dice: Oirán una y otra vez y no entenderán; mirarán y volverán   a mirar, pero no verán; porque este pueblo ha endurecido su corazón, ha cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni comprender con el corazón. Porque no quieren convertirse ni que yo los salve.
Pero, dichosos ustedes, porque sus ojos ven y sus oídos oyen. Yo loes aseguro que muchos profetas y muchos justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.
Escuchen, pues, ustedes, lo que significa la parábola del sembrador.
A todo hombre que oye la palabra del Reino y no la entiende, le llega el diablo y le arrebata lo sembrado en su corazón. Esto es lo que significan los granos que cayeron a lo largo del camino.
Lo sembrado sobre terreno pedregoso significa al que oye y la acepta inmediatamente con alegría; pero, como es inconstante, no la deja echar raíces, y apenas le viene una   tribulación o una persecución por causa de la palabra, sucumbe.
Lo sembrado entre los espinos representa a aquel que oye la palabra, pero las preocupaciones de la vida y la seducción de las riquezas la sofocan y queda sin efecto.
En cambio, lo sembrado en tierra buena representa a quienes oyen la palabra, la entienden y dan fruto: unos, el ciento por uno; otros, el sesenta; y otros, el treinta".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús. 
 
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto cuantas veces sea necesario, hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.
San Mateo en el capítulo 13 nos propone el 'discurso parabólico', donde se encuentran ocho parábolas, que son una fuerte llamada a la escucha del anuncio del Reino. En este relato encontramos cuatro partes: una introducción, la parábola del sembrador, el motivo del porqué habla en parábolas y la interpretación de la parábola del sembrador. Jesús se dirige a la multitud en parábolas, en enigmas, en metáforas "quien tenga oídos, que oiga"; pues las parábolas son un género literario adecuado para revelar un misterio y lo avala la referencia de Isaías 6, 9-10. La parábola dicha por Jesús nos presenta: el sembrador, semilla, terrenos diferentes, resultados conseguidos. El sembrador desaparece para dar lugar la atención a la semilla. La semilla es la protagonista del relato. Son tres terrenos improductivos y uno solo es fecundo. La insistencia del fracaso de los tres casos (intervención de satanás, falta de perseverancia, dominio de las preocupaciones y riquezas mundanas). La enseñanza de Jesús es precisa y muy real. La explicación de la parábola es una interpretación alegórica. Mateo nos ayuda a interpretarla en la Iglesia y hace reflexionar sobre la responsabilidad de aquellos que escuchan la Palabra de Dios.
 
Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.
Con esta parábola, Jesús descubre una de las leyes secretas del Reino, el poder oculto, pero eficaz de la Palabra de Dios y al mismo tiempo enfrenta a sus oyentes con sus propias responsabilidades: no basta con escuchar, hay que dar frutos; acoger las enseñanzas no es suficiente, si luego no se vive de la Palabra de Dios. La siembra llega a todos, nos dice Jesús, pero no todos están igualmente preparados, los obstáculos que cada uno pone a la entrada de Dios en la propia vida, son tan diferentes como son las circunstancias concretas en que vivimos. La palabra de Dios necesita acogida y cuidados; pero será su potencia, y no la capacidad de quienes la oyen, lo que producirá frutos en la vida del creyente. Dios ha confiado en nosotros, sembrando su Palabra en nuestra vida. La esperanza y la fe que Dios nos ha tenido cuando nos ha considerado dignos de su Palabra, tendrá que conmovernos, de un Dios que sigue sembrando en nosotros; no debemos desanimarnos por el escaso fruto que le rendimos. Don recibido, semilla sembrada, Palabra de Dios escuchada es una responsabilidad que satisfacer.
 
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Gracias, Padre Bueno, porque una vez más nos manifiestas tu gran deseo de mostrarnos en tu Hijo Jesús, los misterios del Reino. Hoy reconocemos por medio de tu Palabra que nos invitas a cambiar nuestro corazón, porque del corazón vienen las intenciones, la buena voluntad. Y porque la invitación que nos haces es darle acogida a tu Palabra. Porque la semilla que has depositado en nuestro corazón es la que produce el   fruto del Reino de los Cielos. Hoy queremos darnos cuenta del grande regalo que es la semilla de tu Palabra en nuestras vidas. Ayúdanos a vivirla en nuestro mundo, en nuestra comunidad, en nuestra familia y en nuestra vida personal. Gracias, Señor; no dejes de sembrar tu Palabra en nuestro mundo y en nuestras vidas.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón, adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida y toma algún buen propósito que sea oportuno en este momento.
 
Que pases una feliz semana porque has dejado que la Palabra de Dios,   escuchada en la Eucaristía del Domingo, vaya dando el fruto querido por Dios sembrador. 
 
 
 
La Paz con ustedes.

miércoles, 2 de julio de 2014

lectio 14 DOrd A

14 Domingo Ordinario A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 11, 25-30.
 
En aquel tiempo Jesús exclamó: "¡Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan  mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera".
Palabra del Señor.
Gloria ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto cuantas veces sea necesario hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.
El Evangelio de hoy describe el ser de Jesús como el Hijo de Dios y su relación con Dios Padre. Es un texto precioso y en él encontramos no sólo las palabras y los sentimientos con los que Jesús, en oración, se dirige hacia su Padre; sino que también expresa una invitación a compartir con él, el descanso y la enseñanza. Es una invitación dirigida a todos los que se sienten cansados y agobiados. La oración de Jesús es de acción de gracias a su Padre. La acción de gracias significa para Jesús, aceptar los planes de Dios y estos planes sólo pueden ser aceptados por aquellos que son sencillos, conscientes de su pequeñez ante Él con la actitud de humilde y por aquellos que están en búsqueda de ese Alguien que sea capaz de llenar de sentido la propia vida.
La invitación que hace Jesús a sus discípulos es en primer lugar a vivir como su maestro, con una carga de obligaciones (el famoso "yugo", de la relación discípulo-maestro), más suave que el que imponen otros maestros; cuando se les invita a vivir el espíritu de la Ley (de Moisés), y no el cumplimiento de la Ley en sí misma. Y en segundo lugar es una invitación para pedirle al Padre aquello de lo que tenemos necesidad y que nos da la garantía de que seremos escuchados por Él.
 
Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.
Los pobres, los humildes y los sencillos, son ellos,  la razón de la oración de Jesús y en ella Jesús revela su secreto más íntimo: el Dios de la gente sencilla es el Padre de Jesús, el Dios que tiene a bien hacer sabio al ingenuo y entendido al que ignoraba.
El que seamos nosotros la causa de la oración de Jesús, nos tiene que hacer sentirnos grandes ante Él; y que en esta oración se nos declare que Él es el Hijo de Dios; nos tiene que hacer sentir todavía más agradecidos con Él; es el máximo bien al que podemos aspirar. Y después de orar, Jesús invitó a los que aceptaron sentirse a gusto con Él, para que reparen sus fuerzas y que alivien sus penas, mientras le siguen de cerca. Hay una carga y un alivio para los que le siguen; Jesús no libera de la obediencia ni de la cruz a sus discípulos tan sólo les promete que no sucumbirán ante sus exigencias y que no les pesará ser obedientes ni cargar con la propia cruz.
 
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Como lo hizo Jesús, también hoy, nosotros te bendecimos, Oh Padre, Señor del cielo y de la tierra porque has ocultado los grandes misterios de tu Reino a los sabios e inteligentes; y has querido revelarlo a los sencillos. Gracias por señalar a tus predilectos: los sencillos, los pequeños, porque lo que los hace grandes ante Ti es el seguir tus planes, como nos los revela Cristo Jesús. Gracias Señor porque también nos ayudas a aprender a llevar nuestras cargas; porque llevarlas como tú, serán para nosotros más leves y nunca pesadas. Gracias Señor.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida y toma algún buen propósito que sea oportuno en este momento.
 
 
La Paz con ustedes.

jueves, 26 de junio de 2014

los cristianos

 Muchos saludos
Nacho, SDB
La Paz con ustedes.

martes, 24 de junio de 2014

lectio S Pedro S Pablo

 
 
DOMINGO: SAN PEDRO Y SAN PABLO, Apóstoles, A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 10, 37- 42

La solemnidad de san Pedro y san Pablo nos permite contemplar la estrecha amistad que se establece entre Jesucristo y estos dos hombres elegidos para misiones muy importantes.
 
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo'" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".
Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos, todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado   en el cielo".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto cuantas veces sea necesario, hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.  En el relato están Jesús y sus discípulos. En una región determinada: Cesarea de Filipo. Primero, Jesús se dirige a sus discípulos y les hace unas preguntas y al contestar y afirmar, le responde a Pedro. Le dice unas palabras significativas. El evangelio nos hace ver la profesión de fe de Simón Pedro y la respuesta de Jesús; donde se muestra la función de Pedro en la Iglesia. Jesús le dice que esta profesión de fe no viene de la "carne  ni de la sangre"; es inspirada por el Padre. Por eso, el Señor Jesús alabó la docilidad y fidelidad de Pedro, bajo la inspiración de Dios. Escuchamos en el relato, una serie de expresiones de sabor bíblico (Piedra, Llaves, atar y desatar) con las que anuncia la misión de Pedro en la Iglesia. Este texto lo consideran como el centro del evangelio de Mateo, tanto por su situación como por su contenido.
 
Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad. Pedro habla en nombre de los apóstoles. Su fe es el fundamento de la comunidad que se va estructurando. Después de dos milenios, la "roca" sobre la que está fundada la Iglesia sigue siendo la misma: es la fe de Pedro. "Sobre esta piedra" (Mt 16, 18) Cristo construyó su Iglesia, edificio espiritual que ha resistido al embate de los siglos; no sobre bases humanas e   históricas puesto que no hubiera podido resistir el asalto de tantos enemigos. Esta solemnidad festeja a las dos columnas de la Iglesia: Pedro y Pablo. Por una parte, Pedro es el hombre elegido por Cristo para ser "la roca" de la Iglesia: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16,16). Pedro, hombre frágil y apasionado, acepta humildemente su misión y arrostra cárceles y maltratamientos por el nombre de Jesús (cf. Hch. 5,41). Predica con "parresía", con valor, lleno del Espíritu Santo (cf. Hch 4,8). Pedro es el amigo entrañable de Cristo, el hombre elegido que se arrepiente de haber negado a su maestro, el hombre impetuoso y generoso que reconoce al Dios hecho hombre, al Mesías prometido: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo"(cf. Mt 16,16). Los Hechos de los apóstoles narran en esta solemnidad la liberación de Pedro de las cárceles herodianas. "Con esta intervención extraordinaria, Dios ayudó a   su apóstol para que pudiera proseguir su misión. Misión no fácil, que implicaba un itinerario complejo y arduo. Misión que se concluirá con el martirio "cuando seas viejo otro te ceñirá y te llevará donde no quieres" (cf. Jn 21,18) precisamente aquí, en Roma, donde aún hoy la tumba de Pedro es meta de incesantes peregrinaciones de todas las partes del mundo 
"Cristo, al instituir a los Doce, "formó una especie de Colegio o grupo estable y eligiendo de entre ellos a Pedro lo puso al frente de él". "Así como, por disposición del Señor, san Pedro y los demás apóstoles forman un único colegio apostólico, por análogas razones están unidos entre sí el Romano Pontífice, sucesor de Pedro, y los obispos, sucesores de los apóstoles". El Señor hizo de Simón, al que dio el nombre de Pedro, y solamente de él, la piedra de su Iglesia. Le entregó las llaves de ella; lo instituyó pastor de todo el rebaño. "Está claro que también el Colegio de los apóstoles, unido a su Cabeza, recibió la función de atar y desatar dada a Pedro". Este oficio pastoral de Pedro y de los demás apóstoles pertenece a los cimientos de la Iglesia. Se continúa por los obispos bajo el primado del Papa.
A lo largo de los siglos, el Espíritu Santo ha iluminado a hombres y mujeres, de todas las edades, vocaciones y condiciones sociales, para que se convirtieran en "piedras vivas" (1 P 2, 5) de esta construcción. Son los santos, que Dios suscita con inagotable creatividad, mucho más numerosos que los que señala solemnemente la Iglesia como ejemplo para todos. Una sola fe; una sola "roca"; una sola piedra angular: Cristo, Redentor del hombre.
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios. ¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios!¡Cuántas veces habremos afirmado, en nuestra vida, esta profesión de fe, que un día pronunció Simón, hijo de Jonás, en Cesarea de Filipo! Y hemos sido impulsados a fijar la mirada en "Jesucristo, único Salvador, ayer, hoy y siempre". Señor, que nuestra vida y nuestras celebraciones sean una incesante profesión de fe en Cristo. A la pregunta, siempre actual, de Jesús a sus   discípulos: "Y ustedes ¿quién dicen que soy yo?" (Mt 16, 15), los cristianos pudiéramos responder, una vez más, uniendo nuestra voz a la de Pedro: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". "¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo" (Mt 16, 17). "¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!". La bienaventuranza de Simón es la misma que escuchó María santísima de labios de Isabel: "Bienaventurada tú, que has creído, porque lo que ha dicho el Señor se cumplirá" (Lc 1, 45). Ambos tuvieron experiencia del amor de Dios en Cristo Jesús. Esa experiencia los acompañó durante toda su vida y les dio una viva conciencia de su misión. Tiene, pues, razón Pedro al concluir con emoción: "Señor, Tú sabes todo, Tú sabes que yo te amo" (EV).
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón, adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida y toma algún buen propósito que sea oportuno en este momento.
Cuando el Papa ejerce su ministerio espiritual de Maestro, Sacerdote y Pastor lo hace en virtud de la voluntad de Cristo, manifestada a Pedro. La tarea específica del obispo de Roma es la misma que la de Pedro: mantener a la Iglesia unida, conservarla en la unidad de fe y de vida. De la función unificadora del Papa se sigue también, la importante tarea doctrinal y la de santificar.
Ahora después de más dos milenios 2000 años continúan a ser, Pedro y Pablo, nuestros "padres en la fe".
Celebremos y pidamos por la intercesión de Pedro y de Pablo la perfecta fidelidad a la enseñanza apostólica, la unidad de la Iglesia y la fortaleza en la fe. Esta solemnidad es una cordial invitación para renovar nuestra adhesión incondicional al vicario de Cristo sobre la tierra, el Papa.
El misterioso itinerario de fe y de amor, que condujo a Pedro y a Pablo de su tierra natal a Jerusalén, luego a otras partes del mundo, y por último a Roma, constituye en cierto sentido un modelo del recorrido que todo cristiano está llamado a realizar para testimoniar a Cristo en el mundo.
Que alegría sabernos que somos y vivimos como Iglesia.
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

jueves, 19 de junio de 2014

lectio 12 DOrd A

12 DOMINGO ORDINARIO, A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 9, 36 - 10, 8.
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "No teman a los hombres. No hay nada oculto que no llegue a descubrirse; no hay nada secreto que no llegue a saberse. Lo que les digo de noche, repítanlo en pleno día, y lo que les digo al oído, pregónenlo desde las azoteas.
No tengan miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Teman, más bien, a quien puede arrojar al lugar de castigo el alma y el cuerpo.
¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una moneda? Sin embargo, ni uno solo de ellos cae por tierra si no lo permite el Padre. En cuanto a ustedes, hasta los cabellos de su cabeza están contados. Por lo tanto, no tengan miedo, porque ustedes valen mucho más que todos los pájaros del mundo.
A quien me reconozca delante de los hombres, yo también lo reconoceré ante mi Padre, que está en los cielos; pero al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre, que está en los cielos".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto y ubica sus partes, personajes, lugares, verbos y el hecho o idea central.
Este relato de Mateo presenta las situaciones por las que pasaba la comunidad cristiana y recuerda las diversas enseñanzas de Jesús acerca del discípulo ideal y en especial las de apóstol; porque, sufrirían persecuciones y deberían hablar francamente y sin temor. Es un texto que nos presenta muchos contrastes: cubierto, descubierto; escondido, sabido; de noche, en pleno día; cuerpo, alma; reconocer, negar. Jesús antes de enviar a sus apóstoles los instruyó, porque serían sus representantes para ejercer su misión. La primera regla de conducta que Jesús inculca a sus apóstoles es la ausencia de miedo, y lo dice por tres veces; el miedo está vedado al apóstol de Jesús; sus palabras no temen el silencio ni la oscuridad, ni tampoco los cuerpos de sus enviados han de temer la muerte; porque teniendo la propia vida en las manos del Padre los hace valioso; y eso es lo que debe importarles; porque Dios se ocupa no sólo de sus vidas sino, incluso, de su cabello. Jesús se ha comprometido en defender ante Dios a quien haya salido en su defensa ante las gentes; pero quien lo haya negado o silenciado, no será reconocido por Jesús ante el Padre.   
 
Meditación (Meditatio): reflexiona el sentido del texto y aplícalo a la vida.
El Evangelio es mensaje para proclamar a las gentes: "díganlo desde las azoteas". Actualmente, y de mil maneras, se nos quiere imponer a los cristianos si no es el silenciamiento, si a la privatización de nuestra fe, y se le llama de secularismo o laicismo; en nuestra sociedad se da por supuesto que seamos libres de creer como nos plazca, pero se protesta que llevemos con orgullo la práctica pública de la fe. Y lo peor es que muchos de nosotros nos conformamos con poder confesar a Dios en privado: así estamos rehuyendo el testimonio público, como si no estuviéramos demasiado convencidos de cuanto creemos; tenemos a Dios arrinconado en un lugar de nuestra conciencia o solo en nuestro corazón. Ese tipo de "respeto humano" ahoga nuestro testimonio y nuestras expresiones públicas de fe y agranda nuestro miedo. No es así como quiso Jesús a sus apóstoles. Mientras no perdamos ese miedo de aparentar lo que somos, no seremos aquello que Dios quiere de nosotros; hasta que no nos presentemos ante los demás contentos de ser sus discípulos-misioneros cristianos, nuestra opción no será atrayente, ni fidedigna.
 
Oración (Oratio): qué es lo que te sugiere la Palabra de Dios y qué le dices como respuesta.
Nos paraliza el miedo; en vez de hablar desde las azoteas se prefiere callar lo que más nos interesa, y no logramos convencer a nadie. Y lo peor es que hoy, a diferencia de tiempos pasados, es más sutil la tentación de dejar y más frecuentes son las deserciones en la fe; se prefiere perder antes la fe que la vida; las convicciones no nos duran tanto…Nos dices, Señor, que no tengamos miedo… Y nos consuela saber que el Padre Celestial cuida de quien cuida sus intereses. Nos fortalece y alienta que para el Señor valemos mucho más que los pajarillos, y nos tiene tan en cuenta que sabe hasta de nuestros cabellos; y, por si eso no bastara, el Señor, se ha comprometido en defender ante el Padre a quien haya salido en su defensa ante las gentes. El creyente que arriesga su vida o el honor puede que no convenza, pero su testimonio da que pensar y cuestiona a quien lo recibe. Es lo que espera Cristo de todo cristiano, de toda comunidad cristiana, de la Iglesia.
 
 
Contemplación (Contemplatio): en el silencio y en lo más íntimo de tu persona adora, alaba, bendice y agradece a Dios y contémplalo y finalmente haz alguna aplicación o propósito para vivirlo durante la semana.
 
 
 
La Paz con ustedes.

jueves, 12 de junio de 2014

lectio SANTÍSIMA TRINIDAD

LA SANTÍSIMA TRINIDAD, A.
 
Lectura Orante de la Palabra del Evangelio según: Juan 3,   16-18.
 
"Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvará por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios".
Palabra de Dios.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente y cuantas veces sea necesario el texto hasta que logres distinguir claramente sus   partes, los personajes y sus acciones y relaciones. Distingue el pensamiento o frase central. Encuentra lo que Dios dice en el texto. 
Este pequeño pero denso trozo de evangelio pertenece al final del capítulo 3º de San Juan donde Jesús dialoga con Nicodemo y le invita a "nacer de nuevo del agua y del Espíritu". La claridad del texto es única. Aquí aparecen dos de los sustantivos y verbos más utilizados por el evangelista San Juan: amor y vida, creer y salvar. Lo podemos dividir en tres partes: Primero, nos pone de manifiesto el grande amor de Dios por el mundo, por todos los hombres de todos los tiempos, es un amor inimaginable. A tanto llega este amor que entrega a su propio Hijo, al amado, con tal de que nadie se pierda, para que todos tengan   vida eterna. Visto bien podemos afirmar que Dios ya no puede amar más. Segundo, además de confirmar el amor de Dios, queda expresada la misión del Hijo: salvar al mundo y no condenarlo. Los paisanos del tiempo de Jesús creían que vendría Dios a condenar a los malos. En cambio en Jesús, Dios quiere salvar a todos, los hombres y mujeres de siempre, sin excepción. Tercero, se retoma el tema de la fe en el Hijo ya señalado. A la entrega y al envío del Hijo por parte del Padre corresponde la fe de las gentes como respuesta. El que crea en él no se perderá pues tendrá la luz para caminar seguramente hacia el Padre, hacia la vida eterna. En cambio el que conociéndole le rechace, no tendrá la luz necesaria para ir a Dios y se perderá en su propia oscuridad.
 
Meditación (Meditatio): busca lo que Dios te dice a ti, en tu vida y circunstancias, desde el texto.
La Iglesia, después de las fiestas de Resurrección, Ascensión y Pentecostés, nos invita a profesar que nuestro Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Celebramos así la fiesta de la Santísima Trinidad. San Pablo en sus cartas cuando, saluda o bendice, utiliza con frecuencia una fórmula trinitaria y hasta nombra a cada persona divina con alguna característica propia: "la gracia de nuestro Señor Jesucristo,   el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con ustedes". Si con la fiesta del domingo pasado terminábamos la Pascua, con la fiesta de hoy comenzamos el tiempo ordinario caminando juntos hacia Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. No estamos solos sino en comunión y acompañados en la vida; no estamos perdidos sino que iluminados sabemos por qué camino vamos; no estamos desorientados sino que ya sabemos a dónde y hacia quién vamos. A nosotros desde pequeños nos enseñaron a utilizar esta fórmula al momento de hacer la señal de la cruz, porque en la cruz y resurrección conocimos la comunión de Dios Trino y su amor y  gracia hacia nosotros. De ese modo reconocemos que no tenemos otro Salvador fuera de Jesús, que no hay otra luz con la que podamos caminar hacia el Padre y hacia la vida eterna. A Dios Trinidad lo reconocemos en múltiples fórmulas y signos dentro de la liturgia y de la   vida ordinaria, la fiesta de hoy es una invitación a "bendecir" con la señal de la cruz e invocando a la Santísima Trinidad a toda persona, particularmente a aquellos con quienes vivimos y nos encontramos a diario: familiares, amigos, compañeros de vida y de trabajo. De ese modo nunca olvidaremos el amor tan grande que Dios nos tiene a todos y cada uno de nosotros, sus hijos e hijas.
 
Oración (Oratio): respóndele a Dios desde tu vida. Háblale haciendo oración como respuesta a lo que te   dice.
Dios Padre: ¿Cómo no reconocer tu amor eterno e infinito por nosotros? Gracias por darnos a tu Hijo y  por amarnos como a tu Hijo. Perdónanos por las veces que te hemos olvidado. Dios Hijo: ¿Cómo no reconocer tu gracia salvadora en nuestras vidas? Gracias por habernos dado a conocer al Padre y por habernos dado la vida y vida en la cruz. Perdónanos por las veces que te hemos rechazado. Dios Espíritu Santo: ¿Cómo no   reconocerte como comunión entre el Padre y el Hijo y como nuestro santificador?  Gracias por estar entre nosotros y con nosotros. Perdónanos por las veces que te hemos ignorado. Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio delante de Dios y de ese modo adóralo y contémplalo y, finalmente, saca   alguna aplicación o propósito para vivir en conversión a Él durante la semana.
 
 
 
 
La Paz con ustedes.