lunes, 1 de septiembre de 2014

lectio 23 DOrd A

23 Domingo Ordinario, A.
 
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 18, 15-20
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.
Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.
Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos".
 
Lectura (Lectio: qué dice el texto): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.
Este pasaje del evangelio se le llama el discurso eclesial donde Mateo recoge una serie de gestos, sentencias y parábolas que Jesús dice a sus discípulos, presentándonos el comportamiento de los fieles al interno de la comunidad cristiana; porque habla del hermano que había cometido una falta de mal ejemplo para toda la comunidad y es motivo de escándalo. Es el método que Jesús quiso que existiera para la corrección fraterna en la comunidad.
El evangelio de Mateo introduce el tema del hermano que ha pecado y el modo de reconciliarlo con la comunidad. El pecado de la persona en la comunidad es una falta que ha provocado el mal ejemplo en la comunidad con el riesgo de escandalizar a los que están vacilantes en su fe dentro de ella. En este caso cada miembro de la comunidad tiene el deber de reprender fraternalmente al pecador, no tanto porque tome conciencia del mal cometido sino para que se enmiende y se convierta. La comunidad juega un rol importante. El evangelio de hoy muestra la práctica de la corrección fraterna y subraya en primer lugar el deber de buscar en cualquier modo la reconciliación con el hermano insistiendo sobre la aclaración y el diálogo, antes de llegar a la separación definitiva. Aún cuando la llamada de atención al pecador es severa de parte de la comunidad, debe siempre existir la preocupación de la salvación del hermano y la nostalgia de su regreso a la comunidad. Entre el pecado de un miembro y la vida de la comunidad existe una relación muy estrecha. Y así el motivo más profundo de la escucha de la oración de la comunidad es la misteriosa presencia de Cristo. Es gracias a la presencia de Jesús que en la Iglesia se crea la armonía, superando divisiones y conflictos que tienen su origen en el pecado y en el miedo. El lugar de la presencia de Dios que se revela en Cristo es la comunidad de creyentes reconciliados con Dios y reunidos en oración.
 
Meditación (Meditatio: lo que te dice Dios desde el texto): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.
Muy pronto la comunidad tuvo que enfrentarse al hecho de la existencia del pecado en su interior. Descubierto el poder del pecado, los cristianos también reconocen el poder de la gracia. Jesús contó con que el pecado se haría presente en la vida de sus discípulos, no por ello se desanimó, en el camino de conversión de pecador que es oferta de perdón repetida con perseverancia, pero donde la libertad del pecador tenía que ser respetada. La comunidad cristiana tuvo que aprender a perdonar, porque tuvo que reconocer que el pecado era una realidad en su seno; y así el contacto con las faltas de sus miembros la convirtió a la misericordia. Jesús exige a sus discípulos que perdonen, pero también les muestra la forma como deberían hacerlo: con delicadeza, con tacto, con perseverancia. Pero también advierte Jesús por duro que parezca, que no  habrá que considerar hermano al que persiste en su falta: a quien rehúsa el perdón ofrecido hay que rehusarle la convivencia fraterna. Y también no hay que olvidar que Jesús prometió que Dios escucharía la oración de quien, reunidos en su nombre, se habrían ocupado por recuperar al hermano caído, por acercarse al alejado de Dios para acercarlo a Dios. Como para hacernos notar que es la oración en común la que es importante.
- Los temas que se nos proponen para meditar en este evangelio pueden ser los siguientes: la corrección fraterna, el diálogo, y la oración comunitaria.
 
 
Oración (Oratio: lo que tú le dices a Dios): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.
Señor Jesús, hoy nos descubres en tu Palabra tu Amor misericordioso que nos llega a través del perdón de la comunidad. Hoy descubrimos que somos pecadores y el pecado está presente en nuestras vidas; pero tu invitación es a que recorramos el camino de la conversión; así nos quieres perseverando por los caminos del perdón una y otra vez. Así nos quieres para que aceptemos que el perdón y la salvación nos vienen de Ti. Y descubrimos que no nos condenas por ser pecadores, pero tampoco quieres que vivamos en el pecado y menos que compartamos con los demás el pecado. Tú, Señor Jesús, nos dejas en libertad, nos invitas a vivir en comunión y a la aceptación de nuestras faltas y nos pides la humildad y reconocerte como nuestro Salvador.
- Señor, Tú no quieres que nadie se pierda; lo buscas como el pastor busca a la oveja perdida; quieres que exista el entendimiento, el diálogo en la corrección entre hermanos; y que tengan la certeza que Tú estás presente cuando dos o más se reúnen para orar; Señor, ayúdanos a apreciar lo que enseñaste y practicaste.
 
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él.
 - Me consuela, tu preocupación por el que peca; me ilumina saber el método para corregirse entre los hermanos, como también lo que se consigue cuando estamos reunidos para pedir al Padre que está en los cielos y que Tú te haces presente; me invitas a decidirme a vivir esa forma de ser en el diálogo y en la corrección fraterna; haz que deposite más mi confianza en la oración comunitaria.
- Me invitas a crecer en diálogo, humildad para aceptar la corrección fraterna, el sentido comunitario y de oración. Es una invitación a buscar, cueste lo que cueste, la unidad eclesial y el perdón al hermano, mediante el dialogo y el entendimiento.
Esta semana ayuda a alguien que te rodea; tal vez lo que necesita es de tu tiempo, de tu corrección amable, de tu perdón fraterno, de tu atención esmerada; recuerda que si logras reconciliarlo con Dios, has encontrado la salvación para él y para Ti también. Al celebrar el mes de la Patria, nuestro México tiene necesidad de testigos de fraternidad, de unidad, de diálogo. 
Dios les bendiga en todas sus actividades de esta semana. Saludos.
 
 
 
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

miércoles, 27 de agosto de 2014

lectio 22 DOrd A

Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 16, 21-27
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo: "No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: "¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!"
Luego Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a si mismo, que tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto las veces que sea necesario hasta que logres distinguir los personajes y sus relaciones, los verbos principales y la situación señalada con su antes y su después.
Tenemos como protagonistas a Jesús y a Pedro, igual que el domingo pasado. En esta ocasión, Jesús hace el primer anuncio de su pasión, entre los pasajes de la profesión de Pedro, del domingo pasado, y la experiencia de la transfiguración del próximo. Ante el anuncio de su propia pasión y muerte para alcanzar la resurrección, vemos a un Pedro desconcertado y escandalizado por tal afirmación por parte de Jesús. Eso deja ver que para Pedro (y muchos de los primeros cristianos) era incompatible el que Jesús fuera "Mesías, Hijo de Dios", con el sufrimiento y la cruz a manos de los dirigentes de la religión y conocedores y aplicadores de la ley de Moisés. Jesús ve, esta postura de Pedro, como venida del mismo satanás, del tentador, del contrario a Dios. Jesús no deja pasar la ocasión para instruir afirmando que el discipulado exige olvido de sí mismo, cargar la cruz diaria, pensar como piensa Dios y no los hombres y un seguimiento radical, al punto de valorar más a Jesús que la propia vida, porque Él mismo es la vida y la salvación.
Meditación (Meditatio): desde el texto busca lo que Dios te dice para tu vida ordinaria.

En la persona y figura de Pedro se muestra la Iglesia, cada uno de nosotros, en relación con Jesús. El domingo pasado, de modo impulsivo y eufórico, le reconocíamos junto con Pedro como el Mesías, el Hijo de Dios entre nosotros y para nosotros. Sin embargo en esta ocasión, lejos de toda euforia y muy cerca de nuestra realidad, nos resistimos y no logramos conciliar el sacrificio de su propia vida, que llega a los niveles escandalosos de la cruz, con su ser Hijo de Dios. Obrando de ese modo nos alejamos de Dios y nos acercamos al mismo satanás, que no acepta los planes de amor de Dios. Mostramos que queremos un seguimiento de Cristo cómodo y, al mismo tiempo, triunfante. Cualquiera de nosotros podemos convertirnos en "tentadores" de Jesús, porque eso quiere decir satanás: alejador de Dios. Cualquiera de nosotros está dispuesto a hacer a un lado el esfuerzo diario, el dolor y el sacrificio de lo propio, exigiendo al mismo tiempo triunfo, felicidad, resurrección. Obrando así nos alejaríamos y alejaríamos a los demás y a Jesús mismo del Plan de salvación del Padre, perderíamos "la vida", aunque ganaríamos el mundo. Jesús nos enseña y pide, que para seguirle y salvar lo más valioso, es necesario la renuncia y sacrificio de uno mismo y cargar la cruz diaria, sólo de este modo se llega a la resurrección, a la felicidad, al cumplimiento del plan de Dios.
Oración (Oratio): desde tu vida iluminada por el texto háblale a Dios.
Señor Jesús, muchas veces nos pasa como a Pedro: te reconocemos como nuestro Dios y salvador en momentos de bienestar y de euforia, pero nos escandalizamos cuando nos hablas de la pasión y cruz, dentro de los planes de amor y salvación del Dios. Te rehuimos y te negamos cuando nos pides, que para ser tu discípulo, renunciemos a nosotros mismos, a nuestros intereses; que aceptemos la cruz de cada día: la de la relación y del amor a las personas con las que vivimos; la del sacrificio del propio yo  para darnos a los demás; la de la vida optimista y alegre en medio de los problemas y del dolor; la de la confianza plena en ti aunque pareciera que te has alejado y ya no estás; la del humilde reconocimiento de nuestra fragilidad y debilidad cuando el orgullo se levanta para juzgar y dominar. Por todo eso te pedimos perdón, Señor; y para seguirte y salir de todo eso, te pedimos tu ayuda, Señor.
Contemplación (Contemplatio): haz silencio en lo más íntimo de tu corazón y desde allí agradece, adora, alaba y bendice a Dios; ofrécele cambiar en algo para bien tuyo, de los demás y gloria de Él.
Dios bendiga toda tu semana y te sientas feliz de intentar ser mejor seguidor de Jesús. Saludos.
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

jueves, 21 de agosto de 2014

lectio 21 DOrd A

21 Domingo Ordinario, A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 16, 13-20.
 
En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".
Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios   vivo".
Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".
Y les ordenó a   sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.
 
Lectura (Lectio): fíjate bien en lo que dice el texto, lee atentamente, saca sus personajes, su ubicación, su relación y el mensaje central. 
En este relato se encuentran Jesús y sus discípulos. Ocupa parte importante en este diálogo Simón Pedro. Se sitúan en la región de Cesarea de Filipo. Nos presenta las opiniones de la gente acerca de Jesús. Y Simón Pedro, haciéndose voz de los apóstoles, lo proclama como 'Mesías' e 'Hijo de Dios'. Entonces Jesús le recuerda el sentido de su nombre: Pedro, es decir, 'Piedra'; por lo tanto, será de ahora en adelante, fundamento sobre el que se edificará la comunidad; le confía su Iglesia, le confía su Autoridad. También, le confía a Pedro las 'Llaves', la responsabilidad; para 'atar y desatar', es decir, para admitir o no en la comunidad. Jesús llama a Pedro de 'Bienaventurado', 'Feliz', porque se ha mostrado dócil a la inspiración divina y se ha dejado guiar por El. Serán 'Bienaventurados' todos aquellos y aquellas que sean capaces de dejarse guiar por Pedro, el vicario de Cristo, en la tierra. De forma que ni los poderes del infierno podrán contra la Iglesia.
 
Meditación (Meditatio): fíjate en lo que te dice el texto y aplícalo a la vida ordinaria.
Escuchamos como los discípulos habían convivido con Jesús algún tiempo. Les provoca para que se definan. Antes de preguntarles por su opinión personal, quiere saber de sus discípulos lo que la gente está diciendo sobre El. Así les preparaba esta cuestión decisiva: "¿Quién soy Yo para ustedes?" Deben proclamar públicamente lo que en secreto tantas veces han pensado. Jesús no se contenta que le hayan seguido y compartido su trabajo e intimidad. Es que el seguimiento de Jesús no es nunca asunto privado: sino profesión pública, decir en alto lo que siente el corazón; es la manera en que el discípulo superará toda prueba. Confesar a Jesús como lo hizo Pedro; al aceptarlo como Cristo e Hijo de Dios, no sólo proclamó lo que sentía por Jesús, sino lo que Dios quería. Creer en Cristo Jesús supone, hacer nuestro el punto de vista de Dios, ver a Jesús como Dios mismo lo ve, sentir por El lo que Dios por El siente, contemplarlo y amarlo como Dios lo quiere. La doble imagen de la roca y de las llaves define la tarea de Pedro como guía autorizado en el ámbito de la Iglesia, por el poder de la Palabra de Cristo. Pedro primero en la fe y en la confesión de fe, elegido y encargado por el Señor como guía, transformado y llamado con un nombre nuevo, primero en la autoridad que hace de los apóstoles cabezas de la Iglesia, llega a ser así punto de referencia seguro al interno del Colegio Apostólico y en la Iglesia desde sus orígenes y en todos los tiempos.
 
Oración (Oratio): fíjate ahora en lo que tú le dices a Dios desde la vida iluminada por el texto, después de escuchar a Dios, háblale.
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?" nos preguntas, Señor. Que sean nuestras las palabras de Pedro: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". Nos invitas a aceptarte a Ti y aceptar tu Iglesia. A reconocerte a Ti y a reconocer a Pedro; a amarte a Ti y a amar a Pedro. A obedecerte a Ti y a obedecer a Pedro. A dejarnos guiar por Ti y dejarnos guiar por Pedro. Sólo así te perteneceremos y   perteneceremos a la Iglesia. Amaremos a la Iglesia, obedeceremos a la Iglesia, y edificaremos tu Iglesia. Con la confianza de que nada podrá contra Ella, como lo has dicho, Señor.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio, adora, alaba y bendice a Dios por haberte hablado, déjate llenar de su paz y lleva su palabra a tu vida con un buen propósito.
 
Sea nuestra esta grande alegría de reconocer y ser como Jesús y de ser Iglesia, obedeciendo a Pedro, es decir, al Papa.
 
 
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

martes, 12 de agosto de 2014

lectio 20 DOrd A

20 Domingo Ordinario, A.
Lectura Orante de la palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 15, 21-28.
 
En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: "Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros". Él les contestó: Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel".
Ella se acercó entonces a Jesús, y postrada ante él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!" É le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos". Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos". Entonces Jesús le respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas". Y en aquel mismo instante quedó sana su hija.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): (lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central).
El relato de la curación realizada por Jesús le sirve a Mateo para mostrar la llegada del Reino y de la salvación a los pueblos paganos. Jesús se retira a territorio pagano es decir al norte de Galilea; pocas veces lo hacía. El evangelista resalta el lugar de procedencia de la mujer cuando dice: una mujer del grupo de los eran llamados cananeos.
Es importante saber que los cananeos habían sido expulsados por los judíos, quienes decían que estos pervertían al pueblo judío induciéndoles a la idolatría, y por eso los judíos les llamaban en forma despectiva 'perros'.
Para Mateo es importante presentar la identidad y la figura de esta mujer; que ya de entrada, en Israel, la mujer estaba marginada de la vida pública: y en este caso era una mujer abandonada (porque no tiene un marido que interceda por su hija y debe hacerlo sola) además es gentil, o sea no pertenencia al Pueblo de Israel; detalles muy significativos en torno al diálogo con Jesús. Por tres veces la mujer solicita la ayuda de Jesús pues le reconoce de palabra como "Hijo de David y como Señor", y lo adora como Dios. Cosa que no hacían los judíos que no reconocían a Jesús como Señor. Pues bien su única petición de esta mujer es implorar la misericordia de Dios, pidiendo a Jesús insistentemente que sane a su hija. Pero a pesar de las súplicas y posibles llantos de dolor de esta mujer, es la actitud de Jesús que no responde. Sin embargo es la enfermedad de la hija y la imposibilidad de la curación la que llena de coraje a la madre; de no haber sido por la urgencia de un milagro la mujer no hubiera acudido a Jesús  ni habría importunado a sus discípulos con sus gritos. La respuesta de Jesús a los discípulos que piden e interceden por la mujer es una negativa pues los elegidos primeros y preferenciales son el Pueblo de Israel.
 
Meditación (Meditatio): (saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad).
El episodio relata el grande poder de la fe y se encuentra expresado en la confianza que pone una madre en Jesús surgida de su necesidad y de su sufrimiento. Jesús admira la grandeza de la fe de esta mujer sencilla que, por amor a su hija, no duda en invocarle con insistencia, a pesar de todos los obstáculos y dificultades. Es grande la humildad y desarmante la terquedad de esta cananea. Algo sabía ella sobre Jesús puesto que lo llama "Hijo de David" y además acude a Él sabiendo que sólo Él le ayudará y le insiste que le atienda su petición y no se siente ni ofendida por el diálogo con Jesús ni por su negativa a atenderla pues ciertamente ella no pertenecía al pueblo de Israel. Por ser tan insistente, Jesús la atiende en su necesidad pero además la propone como modelo para los creyentes. Fue la insistencia de la mujer la  que venció la resistencia de Jesús. Ante semejante fe y tamaña insistencia, Jesús no puede por menos que claudicar, aunque esta fe la descubra en una mujer pagana; y es que Dios claudica siempre, como Jesús aquel día cuando descubre una fe grande y cuando encuentra tamaña confianza en Él; cuando el creyente se resiste a que Dios le diga no una y otra vez; cuando no se contenta también con los silencios de Dios, porque sabe que obtendrá, como la mujer pagana, lo que desea y pide. Porque el creyente sabe que Dios termina por escuchar a quien responde a su indiferencia con una petición renovada. Y es que el verdadero creyente tiene que aprender a resistir el aparente silencio con el que Dios responde a sus oraciones e insistir en sus peticiones. Y es que la perseverancia y la insistencia en la oración tienen que ser las pruebas más claras de la necesidad que tiene el creyente de Dios y de la confianza total puesta en Él.
 
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Señor Jesús, tu paso por la vida, tu presencia salvadora y tu Palabra nos invitan a crecer como creyente. Como esta mujer cananea del evangelio de hoy, nos descubrimos intercediendo por los demás, por los pobres, por los que sufren, por los necesitados, por sus necesidades, por sus sufrimientos, por sus penas, por nuestra sociedad, por la familia; creer en Ti es para nosotros ser insistente en nuestra petición hecha oración, pues es un bien para ellos, para los demás y nos descubrimos intercesores cuando nos confiamos en tu misericordia, en tu bondad, en tu amor.   
Tú nos conoces bien y sabes que siendo tus hijos e hijas, no hemos estado en muchas ocasiones, tal vez, a la altura de lo que quieres de nosotros, pero nos sentimos acogidos por tu amor y nuestra fe en Ti nos asegura tu misericordia y eso nos hace vivir felices y agradecidos contigo, Señor.
 
 
Contemplación (Contemplatio).
Te invito a ponerte en las manos de Dios y contemplar los momentos en los que Dios ha intervenido en tu vida; los momentos en que te has sentido que Dios no te ha escuchado y por último que recuerdes los momentos en los que has sido más "insistente" en tu oración ante Dios.  Y que todo esto sea motivo de oración y contemplación agradecida.                                                                                                                                                                       
 
 
 
La Paz con ustedes.

miércoles, 6 de agosto de 2014

lectio 19 DOrd A

19 Domingo Ordinario, A.
 
Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios.
 
Lectura orante de la Palabra de Dios del Texto del Evangelio de  San Mateo 14, 22-33.
 
En aquel tiempo, inmediatamente después de la multiplicación de los panes, Jesús hizo que sus discípulos subieran a la barca y se dirigieron a la otra orilla, mientras él   despedía ala gente. Después de despedirla, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba él solo allí.
Entretanto, la barca iba muy lejos de la costa y las olas la sacudían, porque el viento era contrario. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el agua. Los discípulos, al verlo andar sobre el agua, se espantaron y decían: "¡Es un fantasma!" Y daban gritos de terror. Pero Jesús les dijo enseguida: "Tranquilícense y no teman. Soy yo".
Entonces le dijo Pedro: "Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el   agua". Jesús le contestó: "Ven". Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: "¡Sálvame, Señor!" Inmediatamente Jesús le tendió la mano, lo sostuvo y le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".
En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús, diciendo: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio):  fíjate bien en lo que dice el texto, lee atentamente, saca sus personajes, su ubicación, su relación y el mensaje central. 
Jesús es presentado con múltiples facetas. Se hace ver la insondable y   misteriosa riqueza de su persona. Pero por sobre todo se le presenta como el HIJO de DIOS a quien sus seguidores por propia convicción han de reconocer y adorar aún con su poca fe y sus muchas dudas respecto a él. Veamos algunos de esos puntos: Jesús da de comer su palabra y panes a los que le siguen y los despide atentamente; ordena a sus discípulos que vayan a otra parte para que descansen y él pueda quedarse solo para pasar la noche en oración, con su Padre; se deja ver a los lejos y los discípulos le perciben como un 
fantasma; camina sobre el agua dejando ver que tiene dominio sobre ella; salva a Pedro de ahogarse y le reprende por su poca fe; su sola presencia serena a los discípulos y calma la tempestad; él, que antes parecía un fantasma y provocaba miedo, ahora es adorado y   reconocido como el Hijo de Dios.
 
Meditación (Meditatio): fíjate en lo que te dice el texto y aplícalo a la vida ordinaria.
La comunidad eclesial de San Mateo con frecuencia experimentaba confusión, miedo, y 
sentía que no se consolidaba, que fracasaba y se hundía. Al igual que a Pedro, a   nuestras comunidades eclesiales y familiares no les alcanza el puro entusiasmo para confiar y seguir decididamente a Cristo. No alcanzamos a distinguir bien la presencia de Cristo cuando con entusiasmo le pedimos que nos llame a seguirlo caminando sobre los problemas de la vida. Sin embargo, con frecuencia y ante los primeros movimientos 
fuertes, sentimos que la vida se nos hunde. Nuestra poca fe y nuestras dudas nos 
hunden. Aunque Jesús esté allí, a un lado nuestro, los vientos de la vida cotidiana nos zarandean y nos siembran el miedo y la duda, y nos preguntamos: ¿Será Jesús realmente el Hijo de Dios o es solo algo irreal e ilusorio?, ¿No   será mejor confiar en el dinero, el poder, las influencias y las magias y horóscopos, que en Él? Sin embargo Jesús no deja de escuchar nuestras súplicas y gritos de auxilio y de modo inmediato nos tiende la mano para sacarnos a flote sin dejar de hacernos amigablemente un firme reproche: "Hombre o mujer de poca fe, ¿Por qué dudaste?". La actitud de Pedro y los demás que estaban en la barca nos sirve de ejemplo dentro de la Iglesia y de nuestra familia, hay que reconocerlo y adorarlo como el Hijo de Dios cercano y pronto para salvarnos. Jesús no excluye de su Iglesia a quienes tienen poca fe o dudan o se equivocan, sino que los comprende, los educa y los incluye en su barca, una barca en la que caben todos, 
porque él vino a salvarnos a todos.
 
Oración (Oratio): fíjate ahora en lo que tú le dices a Dios desde la vida iluminada por el texto, después de escuchar a Dios, háblale.
Señor Jesús, Hijo de Dios, tú eres el salvador en las tormentas de nuestra vida; tú eres la fuerza que nos sostiene en los momentos de miedo y la luz que nos ilumina en los momentos de duda; tú eres la claridad en nuestras confusiones. A ti te adoramos, te bendecimos y te alabamos, a ti te reconocemos como el Hijo de Dios, como el Señor de nuestra   comunidad eclesial y de nuestras familias. Tú sabes qué frágiles y cobardes somos. Tú ves cómo nos provocan miedo tantas situaciones: tranquilízanos, pacifícanos, 
sálvanos. Dinos siempre: "no teman, aquí estoy, soy yo". Amén.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio, adora, alaba y bendice a Dios por haberte hablado, déjate llenar de su paz y lleva su palabra a tu vida con un buen propósito.
 
 
 
 
 
La Paz con ustedes.

miércoles, 30 de julio de 2014

lectio 18 DOrd A

18 Domingo Ordinario, A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 14, 13-21.
 
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.
Como ya se hacía tarde, se acercaron los discípulos a decirle: "Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer". Pero Jesús les replicó: "No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer". Ellos le contestaron: "No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados". Él les dijo: "Tráiganmelos".
Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos  comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
 
Lectura (Lectio): (lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central).
Este relato es narrado en los evangelios seis veces y por lo mismo su repetición es un reflejo de la importancia que tenía la multiplicación de los panes para los primeros creyentes. El relato es un recuerdo fresco en la mente de los que lo vieron y vivieron, cuando recordaban que Dios alimentó antiguamente a su pueblo por el desierto con el maná; pero Jesús superará a Moisés y al hecho del desierto cuando es Él quien alimenta a los creyentes. Enseguida, los discípulos también son invitados a dar de comer al gentío y   aunque la tarea parece imposible para ellos al principio, Jesús les enseña que la solución está en el compartir. Y, posteriormente, hay que notar que el relato posee un tono litúrgico, que recuerda otro parecido como es la institución de la Eucaristía: "al atardecer, tomó los panes, pronunció la bendición, los partió y se los dio a los discípulos…" Jesús ofrece así el banquete del Reino. Encontramos estos personajes: se habla, de Juan el Bautista que lo habían matado, Jesús, la gente que lo seguía, la muchedumbre, los enfermos, los discípulos, los hombres (cinco mil), las mujeres y los niños. Y los verbos: seguir, ver, compadecerse, despedir, irse y comprar, dar, traer, mandar, tomar, mirar, pronunciar la bendición, partir, dar, distribuir, comer, sobrar,  llenarse. Lugares: en una barca, en un lugar apartado, en lo despoblado y empezando a oscurecer, el sentarse sobre el pasto. Jesús que se compadece e interviene, curando enfermos, y saciando el hambre de las gentes. Nos hace notar los sentimientos y las actitudes de Jesús.
 
Meditación (Meditatio): (saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad).
Uno de los signos más portentosos que realiza de Jesús es la multiplicación de los panes. Jesús, alejándose hacia un lugar apartado y solitario, es buscado por la gente para saciarse de su Palabra, sin importarles, ni siquiera saciar su hambre de pan; y lo primero que Jesús vio fue una muchedumbre que le buscaba en su lugar de retiro porque sentía necesidad de sus palabras. El creyente del evangelio es el que se da cuenta que le falta Jesús y es quien va en su búsqueda sin permitir que se aleje; éste es el mejor modo de asegurarse que él saciará un día su hambre. Dice el evangelio bellamente que cuando Jesús vio a la multitud, sintió compasión de la gente y esto nos afecta pues sólo quien se acerca a Jesús habiéndolo echado en falta, lo encontrará compasivo y misericordioso, comprensivo con nuestras carencias y dispuesto a ayudarnos a superarlas. Porque Jesús alimentó a una muchedumbre de la que antes se había compadecido y a la que había sanado; antes del pan les prestó atención y cuidado; se cuidó de ellos antes de darles alimento. Y por último, la dureza del corazón de los discípulos fruto de la insensibilidad y la incapacidad para sentir compasión de los demás es otro de los aspectos que vio Jesús; es Jesús que le dice al hombre, en cuanto varón, que debe ser sensible ante las necesidades de los demás; además, no permitirá que se desliguen de su responsabilidad frente al que menos tiene o quien padece más hambre que nosotros; no se puede pensar en satisfacer la propia necesidad, sin hacerse cargo de las necesidades de los demás. Y es que el maestro no ve bien que sus discípulos piensen en desentenderse de los hambrientos, sólo porque no tienen lo necesario para darles de comer.
 
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Señor, tu Palabra, nos muestra el Amor del Padre para cada uno de nosotros, es alimento nuestras vidas. Señor, mueve nuestros corazones hacia Ti, que te busquemos, que te descubramos en tu retiro y en tu silencio y que ahí, como discípulos, te escuchemos y saciemos nuestra hambre de Ti; que tu Palabra le dé sentido a nuestro caminar por la vida, para que nos confiemos a Ti y a tu amor; que tu Palabra sea lámpara que ilumina nuestras vidas para poder ver las necesidades de los demás. Señor, que veamos por los demás y caminemos a la luz de tu Palabra y de tu Evangelio. Sólo alimentándonos de ti saciaremos nuestra hambre y la de los demás.  
 
Contemplación (Contemplatio): siéntete contemplado por el Señor. Te invito a buscar a Dios en un momento de tu día de trabajo y descubrirle tu Persona y en la intimidad del encuentro con Él siéntete contemplado por Él, comprendido por Él y amado por Él. Y después deposita tu confianza en Él y agradécele.
 
 
La Paz con ustedes.

miércoles, 23 de julio de 2014

lectio 17 DOrd A

17 Domingo Ordinario, A.
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Mateo 13, 44 - 52.
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.
El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
También se parece el Reino de los cielos a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación. ¿Han entendido todo esto?"
Ellos contestaron: "Sí". Entonces él les dijo: "Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
 
Lectura (Lectio): lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.
Nos encontramos a orillas del lago de Genesaret. Donde Jesús enseñó tantas veces y donde llamó a sus primeros discípulos; allí ellos descubrieron el valor del Reino. Este párrafo es la conclusión del bello capítulo 13 centrado sobre las parábolas. Y se distinguen fácilmente las tres parábolas. La del "tesoro escondido", la del "vendedor de perlas" y la de la "Red que echan en el mar". En las dos primeras parábolas se muestra claramente el comportamiento de los protagonistas y en la última que nos habla de una selección, es decir un carácter escatológico, donde tendrá lugar una separación, semejante a la del trigo y la cizaña que escuchamos el domingo pasado. Las parábolas nos invitan a un discernimiento y elección en favor de un bien que vale mucho más que cualquier otro. Es decir, se ilustra la actitud que es necesario asumir de frente a un tesoro o una perla que se han encontrado y que es la misma actitud que hay que tener frente a la realidad del Reino. Delante del "don de Dios" para las personas, realizado en Cristo, es necesario hacer una evaluación y una elección. Pero, es bueno reflexionar que habrá una selección hecha por los ángeles como los hicieron los pescadores al sacar la red a la playa.
           
Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.
Jesús confirma a sus oyentes que el Reino de Dios no está al alcance de todos, pero que ya todos pueden encontrarlo, pues está, como el tesoro o la piedra preciosa, esperando ser develado. Y da un criterio para discernir su invención; quien lo encuentra puede desprenderse de todo cuanto tiene, con tal de obtenerlo; si Dios no nos merece cualquier renuncia, la renuncia a cualquier bien, es que no lo hemos descubierto.
El descubridor de tesoros y el traficante de perlas, se encontraron repentinamente con algo que no esperaban; no perdieron tiempo y tuvieron que perder sus bienes; supieron que solo vendiendo todo lo que tenían podían obtenerlo; para hacerse propietarios del bien recién descubierto. Y porque sabían que era lo que habían descubierto, reaccionaron con rapidez; y el desprendimiento de sus posesiones fue total.
Así es el Reino de Dios: una vez encontrado, se encuentra la fuerza para poner todo en venta con tal de adquirirlo; una vez descubierto, se descubre que los bienes que se tienen no valen tanto, ni siquiera todos juntos, como vale él. Delante del "don de Dios" para las personas, realizado en Cristo, es necesario hacer una evaluación y una elección. La evaluación acerca de la absoluta prioridad del bien que es encontrado (la expresión indica que el bien es fruto de la gratuita libertad de Dios), seguida de la capacidad de subordinarle todo lo demás.
La pregunta que dirige Jesús a sus discípulos sigue siendo actual: el gozo de quien pierde todo es posible sólo a quien conoce la alegría de ganar a Dios y su Reino. Las parábolas son para el creyente de cualquier tiempo, una invitación a tener un discernimiento y una responsabilidad sobre una propuesta que bien vale la entrega de toda la vida. Las parábolas explican su naturaleza escondida y la irresistible atracción que despierta en quien lo descubre: y es El Reino de los cielos.
 
 
Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Dios y Padre Bueno: Te pedimos que nos asista tu Espíritu Santo para vivir en continua búsqueda de ese Reino de los Cielos que se encuentra oculto. Gracias por este gran regalo que nos invitas a buscar; danos la fuerza para que encontrándolo, saber desprendernos de todo cuanto tenemos y entregar todo a cambio. Hoy, pues, ante este Reino que está oculto y que se nos ha sido descubierto, nos sentimos motivados a actuar con rapidez y vender todo lo que tenemos para así apenas alcanzarlo.
Señor, te pedimos la fuerza para adquirir este tesoro; te pedimos la claridad de inteligencia y la sabiduría para descubrir que todo cuanto poseemos, no vale tanto como vale ese tesoro; te pedimos que muevas nuestro corazón para deshacernos de todo lo que nos impide encontrarnos con este tesoro. Y al final cuando haya esa selección, esa separación, cuéntanos entre aquellos, que dejaron, que vendieron todo, para poseerte, Porque ese tesoro eres tú Señor.
 
Contemplación (Contemplatio): haz silencio y en lo más hondo de tu corazón adora, alaba y bendice a Dios que te habla y te invita a cambiar tu vida, a descubrirlo como la Luz que ilumina tu vida y a vivirla con profundidad y sentido.
 
 
 
La Paz con ustedes.