domingo, 1 de abril de 2012

Domingo de la Pasión o de Ramos, B (1 abril 2012)

Evangelio del Domingo de Ramos "De la Pasión del Señor"
Algunas aclaraciones de tipo litúrgico y práctico previo para meditar y vivir el evangelio:
1. Con la celebración del último domingo de cuaresma llamado de palmas “de Ramos” de la Pasión del Señor comenzamos la semana "mayor" o semana santa en la que recordamos y entramos para participar en el centro y fundamento de nuestra fe cristiana: la pasión, muerte y resurrección de Jesús. No en todas las misas se hace el recuerdo con una procesión larga y solemne, pero en todas se hace memoria del hecho y se bendicen ramos y palmas y se lee la pasión, por esto el color litúrgico es rojo. Se trata del reconocimiento anticipado del triunfo de Cristo.
2. Lo primero que se proclamó, gritó y escribió de los evangelios fue la resurrección y con ella la pasión y muerte del Señor Jesús. El hecho vergonzoso de la pasión y muerte de Jesús sólo pudo ser superada con la certeza de su resurrección.
3. Para los escolares y para las familias comienzan también las "vacaciones de semana santa". Es recomendable que no se olvide el centro de la fe y que busquen celebrarla en cualquier parte donde se encuentren. Que con la ausencia de deberes y compromisos escolares y laborales no se relaje la fe ni venga a menos la maduración espiritual.
4. Muchas personas, especialmente jóvenes, se van de "misiones", hacen retiros, jornadas, encierros y pascuas de adolescentes o jóvenes. ¡Felicidades por ellos! Ojalá que testimonien a fondo lo que creen y celebran y que su fe se vea acrecentada, su esperanza fortificada y su caridad encendida.
5. Por último, se recomienda que en esta semana leamos despacio y con espíritu de reflexión el texto del Evangelio de Marcos sobre la Pasión y Muerte de Jesús. Ojalá lo puedan comentar en familia ahondando el significado. Y si pueden ver nuevamente la película de la Pasión, mejor, nos ayudará a estar en este clima.
Texto a meditar y contemplar: Marcos 14,1-15,47.
 Lectura (Lectio): lo que dice la palabra de Dios en sí misma.La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén marca, el comienzo de la Semana Santa, la semana de la pasión del Señor. Hoy Jesús hace su entrada en la ciudad santa para cumplir todo lo que había sido anunciado por los profetas. Jesús entra sentado sobre un asno que le habían prestado, para que se cumpliera la profecía de Zacarías: “Digan a la hija de Sión, Mira que tu rey viene hacia ti, humilde y montado sobre un asna, sobre la cría de un animal de carga”.
Entonces la gente que también se traslada a Jerusalén con motivo de las fiestas, y que había escuchado las palabras de Jesús y había visto los milagros que realizaba manifiesta su fe mesiánica gritando: “¡Hosanna al hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”
Este día, llegaron a su punto culminante las expectativas de Israel con respecto al Mesías. Eran expectativas alimentadas por las palabras de los antiguos profetas y confirmadas por Jesús de Nazaret con su enseñanza y, especialmente, con los signos que había realizado.
Meditación (Meditatio): lo que a mí me dice la palabra de Dios. Al entrar en Jerusalén, Jesús sabe, sin embargo, que el júbilo de la multitud lo introduce en el corazón del "misterio" del dolor y la muerte. Es consciente de que va al encuentro de la muerte y no recibirá una corona real, sino una corona de espinas.
Aunque no todos los hombres conozcan una muerte como la de Cristo, la pasión, como peripecia humana, es en cierto modo la historia de todo hombre. Es igual a la historia de millones de hombres. Y es inevitable. Por ese lado, no habría nada que celebrar. Pero en ese mundo, opaco y duro, ha entrado libremente Jesucristo. Y ha entrado hasta la soledad del sufrimiento, hasta la traición y el abandono de los amigos, hasta el juicio con testigos falsos, la condena y el suplicio, injustos, la fiebre de la tortura y el frío de la muerte. Así consumó la Encarnación, abrazando hasta el final la condición humana, sin condiciones y sin límites.
La entrada en Jerusalén fue una entrada triunfal no sólo porque las masas, al igual que cada uno de nosotros y casi por definición, son volubles, manipulables, arbitrarias. La entrada en Jerusalén fue triunfal también porque desde aquella pasión del Hijo de Dios, la pasión del hombre ya no es la hora de la derrota, sino la hora misteriosa del triunfo: el triunfo del amor infinito de Dios sobre el infierno y la soledad del hombre.
Este misterio de dolor y de amor lo propone el apóstol Pablo en la carta a los Filipenses: "Cristo, por nosotros, se sometió incluso a la muerte, y una muerte de cruz". Y en la vigilia pascual añadiremos: “Por eso, Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el nombre sobre todo nombre”.
Oración (Oratio): lo que le digo a Dios desde su palabra y desde mi vida. Enséñanos, Señor a hacer silencio en estos días, para escuchar tu palabra y meditar en tu Misterio de Amor; para aprender a escuchar como discípulos que van en camino, de tu mano, animados por el Espíritu descubriendo la voluntad de tu Padre. Enséñanos a orar como tú, Señor. Llamando Papá a Dios, confiándonos en sus manos, buscando sus caminos,  pidiendo con fuerza y coraje que venga el Reino de Vida, que llegue la Justicia prometida, que haya Pan para todos. Ayúdanos a orar para conocer lo que Dios quiere, lo que nos pide, lo que sueña para nosotros. Enséñanos Señor a aceptar la cruz del seguimiento, pues no se siguen tus huellas sin caminar hacia la entrega y sin vivir la renuncia. Ayúdanos a tomar tu cruz cada día, para morir a nuestros egoísmos y bajezas. Tu Palabra nos invita a seguir tus pasos, abandonarnos en el Dios de la vida; desde el silencio, la oración, el servicio y la cruz, caminamos, Señor, para aprender a convertirnos.
 Contemplación (Contemplatio): hago silencio para adorar, alabar, agradecer y bendecir a Dios  Cada uno somos un personaje importante en la narración de la Pasión, porque por cada uno entregó la vida Jesús. Vivámosla con el respeto de quien oye la narración del Amigo que da su vida por mí.
 
 
 
La Paz con ustedes.

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