martes, 29 de diciembre de 2009

Epifanía del Señor, C (3 enero 2010)


Esta fiesta solemne nos recuerda que la salvación de Dios que celebramos es para todos los pueblos, para la humanidad entera de ayer, hoy y siempre. La oración colecta de la misa lo expresa muy bien: "diste a conocer en este día, a todos los pueblos el nacimiento de tu Hijo, concede a los que ya te conocemos por la fe, llegar a contemplar cara a cara, la hermosura de tu inmensa gloria".

Texto que vamos a reflexionar:
Mateo 2,1-12


Lectio (Lectura: lee detenida y pausadamente el texto las veces que sea necesario para desentrañar su estructura, personajes, acciones y actitudes. Lo que dice el texto en sí mismo sin interpretar, para poder entender bien)

La narración nos sitúa en el tiempo en que aparece la estrella del rey de los judíos. De oriente nace el sol, y de oriente viene la estrella, y de oriente llegan los magos (los sabios representando a sus pueblos); es del oriente donde nos viene la Luz: esa Luz de los que buscan al Señor y lo hallan en el Niño que acaba de nacer. La señal inquieta tanto a los magos de oriente como al rey local. El centro del relato está en que, “Unos magos de oriente llegaron” para buscar y encontrar al Mesías, “¿Dónde está el rey de los judíos?" preguntaban. Unos para adorarle y se alegran: son unos ‘magos’ que buscan al Mesías dejándose llevar por la revelación de su estrella, para postrarse y adorarle; y el otros: para aniquilarle y porque siente que tiene un rival que hace tambalear su poder, Herodes y los jefes de Jerusalén, a pesar del testimonio de la Escritura, no llegan a reconocer la realidad de Jesús, como Mesías; para Herodes es un rival que hay que eliminar. En vez, los magos, son quienes lo buscan, encuentran y adoran; le ofrecen el oro por ser rey, el incienso por ser Dios y la mirra por haber nacido humano como nosotros. Y con ellos se significan a los pueblos no judíos, que reconocen al Mesías; y al encontrar al Niño, experimentan una “inmensa alegría”. Es el gozo de las gentes de todos los pueblos que caminan al encuentro del Señor, y entran a formar parte de la Iglesia de Cristo.


Meditatio (Meditación: lo a que a ti en tus circunstancias te dice ahora la palabra del evangelio)
San Mateo nos presenta un itinerario de fe, nos dice como hacer ese camino de fe que hicieron los magos: procuraron a Jesús, reconocieron a Jesús, superaron las dificultades, adoraron y ofrecieron. Y recibieron el mejor don: a Jesús mismo.

Este hecho histórico se mezcla con elementos teológico y simbólico. En estos hechos encontramos modelos para seguir o evitar: la de los magos, la de Herodes y la de los sacerdotes y escribas. Meditemos los modelos negativos, a evitar: Herodes, que se sobresalta, convoca no para conocer la verdad, sino para tramar un engaño. El ha elegido la suya propia, su interés, defendiendo su realeza; nada que perturbe el bien de la nación. Todo justifica y hasta ordena la matanza de los inocentes; también se puede llegar a tener esas actitudes de Herodes. Después, la otra actitud negativa, la de los sacerdotes y escribas, que saben dónde había de nacer el Mesías, dan respuestas exactas, son capaces de indicar a los demás pero ellos no se mueven, se quedan cómodamente en Jerusalén; son actitudes muy difundidas entre nosotros, sabemos bien lo que implica seguir a Jesús, hasta lo explicamos a los demás, pero nos falta el valor y la radicalidad de ser testigos de Cristo, sabiendo que se encuentra en los pobres, los humildes, los que sufren. Y finalmente, los Magos, ellos no enseñan con palabras, sino con hechos, no dudaron, se pusieron a camino, dejaron la seguridad de su propio ambiente, actuaron sin vacilación. Y una última indicación preciosa nos llega de los magos: “avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron por otro camino”; es decir, cuando se ha encontrado a Cristo ya no se puede volver por el mismo camino. Al cambiar la vida, cambia el camino: porque la manera de vivir ahora se parece a la de Jesús, al que fueron a adorar. Finalmente la Palabra nos dice que eres el Dios de todos y de todo, nacido de una mujer de nombre María, y que sólo a Ti, te hemos de adorar y reconocer como nuestro Dios.


Oratio (Oración: lo que le digo a Dios desde su palabra y desde mi vida. Mi respuesta a su propuesta)

Padre bueno, gracias por darnos el regalo de tu hijo y ofrecernos en Él tu amor y tu salvación, para todas las personas. Señor Jesús, así como los magos, esos sabios de oriente se dejaron guiar por la estrella para encontrarte y adorarte, también te pedimos no sólo tus señales, sino sobretodo, ayúdanos a dejar todo para ir a adorarte. Danos la capacidad de seguirte, generosa y alegremente, cada día y para siempre; que nuestros sentimientos, pensamientos, cualidades, trabajo y nuestro empeño sean la manera de reconocer, que tú eres nuestro Rey, Dios y Señor. Esta manifestación de Jesús a todas las gentes, pueblos y naciones nos recuerdan nuestra vocación misionera. Te pedimos por todas las personas, lejanas y cercanas, que aun no te conocen y que por muchas causas: o por su egoísmo, soberbia, odios y apegos a las cosas, no han visto esa estrella, ni se han podido alegrar por tu venida, ni se han postrado delante de Ti reconociéndote como Dios. Te pedimos por la Iglesia: para que todos seamos misioneros y discípulos, en nuestra tierra; de tal modo que seamos testigos que anuncian y guían a los demás hacia ti, Jesús, Luz de las Naciones y del Universo.


Contemplatio (Contemplación: haz silencio y en tu interior adora, goza y bendice al Señor encontrado y hazle un ofrecimiento de cambio personal en tu vida ordinaria para la semana).

¿Qué le ofreceremos a Jesús Niño?

Felices fiestas de Navidad y Año Nuevo 2010.
Nacho, SDB.

La Paz con ustedes.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Domingo Infraoctava de Navidad, La Sagrada Familia (27 diciembre 2009)

Texto a meditar y orar:
Lc 2, 41-52


LECTIO: La ley de Moisés prescribía que todos los hebreos que hubiesen cumplido doce años de edad, tomaran parte, en el templo de Jerusalén, en las fiestas de Pascua, Pentecostés y en la de los Tabernáculos. El hecho que narra el evangelio el día de hoy es la obediencia a esta prescripción legal.

El evangelio presenta la familia de Jesús como una familia israelita ordinaria, con un padre “carpintero” y con “hermanos y hermanas” entre el pueblo. Ésta familia cumplidora de las prescripciones legales y tanto así pobre que para rescatar al “primogénito” utiliza el mínimo de la oferta exigida en el Templo.

Una peregrinación al Templo, cuando Jesús estrena mayoría de edad legal, concluye lógicamente el relato de su infancia. El relato no se centra ni en el viaje de ida a Jerusalén ni en la celebración de la Pascua, sino en cuanto sucede a continuación: la pérdida de Jesús en Jerusalén. Tras la anécdota de su extravío casual se cierne la amenaza de su definitiva pérdida: hallarán al hijo buscado entre los doctores admirados, pero no lo recuperarán sino como Hijo de Dios

Por vez primera y en boca de Jesús adulto, aparece la conciencia de su filiación divina; deberse al Padre y a sus intereses le libera de la patria potestad de su familia; por tanto, ni la búsqueda, ni la angustia están justificadas, porque ni se había extraviado, ni les pertenecía; con todo, tener como Padre a Dios y tener que ocuparse de sus asuntos no lo liberará de la obediencia a su familia.

La reacción de María vuelve a ser la única posible en una creyente: acompaña el crecimiento de su hijo con el crecimiento de su fe. El episodio define particularmente bien la capacidad contemplativa de María: su búsqueda de una razón para entender cuanto le ocurría se hace experiencia dramática cuando pregunta a su hijo por el motivo de su comportamiento; no reprocha a Jesús su extravío, desea una justificación que haga razonable su sufrimiento.

Respondiendo a su madre, Jesús dice que “…yo debía estar en la casa de mi Padre”; El verbo “debía”, equivale a “es necesario”; expresa la necesidad de dedicarse plenamente a la voluntad de Dios de las profecías y de las Escrituras. Jesús, por lo tanto, afirma que el “deber” hacia el Padre precede cualquier obligación delante de su familia terrena.

Y después, para Lucas, Jerusalén es la verdadera ciudad de Jesús; inicia y termina su evangelio presentando a Jesús ahí y presentando todas las manifestaciones (epifanías) de Jesús en ése lugar. Y el Templo que es el centro de Jerusalén y la casa de Dios es el verdadero lugar de Jesús. El motivo tan sugestivo de Lucas manifestando la incomprensión de los padres de Jesús; es un argumento utilizado muchas veces en su evangelio. El evangelio no dice hasta qué momento las “palabras” y la realidad de Jesús permanecieron incomprensibles para María, pero deja entender que ella llega por el camino de la “memoria” y de la “meditación”. Al final de la lectura de éste día, Lucas pone el “recordar” de María en el corazón, el cual bíblicamente, lo expresa como la sede de la inteligencia y del conocimiento y sobre todo el centro de la interioridad y de la espiritualidad del hombre. El verbo que se utiliza “conservar” , no es un verbo que indique inmovilidad, sino dinamicidad; es decir, va acompañado por la reflexión y por la reconsideración.



MEDITATIO: Jesús ha venido al encuentro del hombre a través de una familia. Esa fue la voluntad de Dios, hacerse presente a nuestro mundo a través de una familia. El Dios con nosotros, Aquél que se encuentra donde está la familia unida por Dios, es nuestro Dios. Sólo Ése.

Que Dios se nos haga encontradizo en el seno de la familia, no hace más fácil la convivencia con Él. La familiaridad de María y José con Jesús, el Dios encarnado, no les ahorró incomprensiones y dolores, al parecer gratuitos, innecesarios como es todo dolor familiar. Y es que, aunque es hijo, aunque familiar, Jesús es siempre diferente, extraño, alejado de nuestras preocupaciones pequeñas y ocupado siempre en dar satisfacción a su Padre.

Como María, que vivió la experiencia de su hijo que se le pierde; un Dios que se nos puede extraviar, aun yendo con nosotros, es un Dios al que no nos podemos acostumbrar, que siempre nos puede sorprender, que el creyente no puede dejar de contemplar. Darlo por conocido, saberse familiar, es la mejor manera de perderlo. María nos lo enseña.

Como María, con frecuencia, somos los primeros en sorprendernos ante un Jesús que parece extrañarnos con su comportamiento, cuanto más nos esforzamos por entenderlo; creemos que por haberlo aceptado un día, lo conocemos suficientemente; pensamos que somos ya familiares, por habernos familiarizado un poco con su voluntad.

María perdió a su hijo y encontró al Hijo de Dios. El caso es que ella no paró hasta recuperarlo y se atrevió a pedirle una explicación a su comportamiento. Fue ansiosa su búsqueda y grande su anhelo por reencontrarlo.

En realidad, y como María tuvo que aceptar al final, Jesús no se le había perdido: él sabía muy bien donde estaba y la razón; fueron sus padres quienes perdieron al hijo; renunciando a considerarlo como su auténtica familia, Jesús proclamaba Padre sólo a Dios.

La respuesta que Jesús dio a su madre no aclaró su comportamiento: la paternidad de Dios no había sido obstáculo para su maternidad; no lo pudo entender muy bien, pero tuvo que convivir con él. Y hubo que irse acostumbrando a no comprender a quien habría dado a luz. Se puede amar a Dios y cuidarse de El, como María hizo con Jesús, sin llegar a entender sus razones; pero sin dejar de custodiarlo, mientras vivamos en su compañía. Y de hecho, a medida que crecía Jesús, crecía ante su madre como Hijo de Dios.

La forma de conservar a Dios, respetando sus decisiones y aceptando sus opciones, por extrañas que nos parezcan, es, como lo hizo María; conservar cuanto con él vivía entrañablemente en el corazón: guardar en silencio cuanto veía, y guardarse de preguntar mientras con Él convivía.

El misterio de Dios no cupo en la mente de María, pero tuvo cabida en su corazón. Es la única manera garantizada que existe de no perder a Dios. Guardar cada instante que con Él vivimos en nuestra memoria, aprovechar toda ocasión, mientras esté con nosotros, para atenderlo, y renunciar a entenderlo con la mente para comprenderlo con el corazón.



ORATIO: Gracias, Padre, Bueno, porque en tu Hijo Jesús, nos has manifestado que eres un Dios que precisa de cuidados, dado que puede perdérsenos tu Hijo en cualquier momento y lugar.

Hoy, tu Palabra, me invita a dialogar contigo sobre lo que me lleva a perder de vista a tu Hijo o sobre lo que le lleva a Él a esconderse de mi vida y huir de ella.

Me descubro compañero de María en la búsqueda afanosa de Dios y en la angustia por haberlo perdido. Es una sorpresa agradable, y como tal la siento. Y por lo mismo, agradezco a María el haber pasado por esta situación y ser la Maestra en la búsqueda y en el hallazgo de Dios.

Caigo en la cuenta de que quien pierde a Dios no lo recupera idéntico a como lo tenía antes. Doy gracias a Dios por ello: bien valió la pena tu extravío, Señor, tras encontrarte, te recupero más divino. Me quedo admirado y agradecido con los métodos y la forma de proceder del Padre, no siempre comprensibles pero siempre estupendos y hechos por amor a sus creaturas.


CONTEMPLATIO: Me consuela pasar por la experiencia de perder a Jesús, para descubrir al Hijo de Dios y la voluntad del Padre. Quiero aprender a respetar los métodos de Dios y más bien contemplar su acción misericordiosa y amorosa.


P. Cleo

martes, 22 de diciembre de 2009

Natividad del Señor (25 diciembre 2009)


22 de Diciembre de 2009
Les envío un aludo y les deseo una Feliz Navidad cuando estamos esperdo la Venida de Dios nuestro Salvador. Reciban un saludo y me saludan a su Familia de mi parte y les dicen que les ofrezco la intención en la Eucaristía del dia 24 por la noche. Dios les bendiga.


FIESTA DE LA NAVIDAD
Jn 1, 1-18


LECTIO: La liturgia del día de hoy propone el “prólogo” de Juan, una exquisita temática cristológica que constituye una síntesis que la define como una preciosa perla del evangelio de San Juan.

El párrafo evangélico de esta noche de Navidad no se centra en narrar el origen terreno de Jesús sino que lo afirma como principio de todas las cosas; más que interesarse por la existencia histórica de Jesús se ocupa de la preexistencia de la Palabra.

El prólogo, es un himno como tantos otros encontrados en el Nuevo Testamento; himnos cantados en común. Es un canto de la comunidad creyente que celebra agradecida su fe. Es la profesión de fe de una comunidad litúrgica; se insinúa así la mejor actitud para entender el testimonio del evangelio: la acción de gracias común es el punto de partida para la comprensión recta del evangelio.

La experiencia de la Palabra de Dios en Israel, hizo de su fe una vivencia histórica: la Palabra desvela el sentido de los hechos y comunica el designio concreto de Dios. La novedad en el uso juánico del “logos” está en afirmar que la Palabra preexistente ha asumido carne para siempre. El Verbo se ha hecho hombre (va contra el docetismo que atribuía a Cristo una apariencia, no una realidad plenamente humana); Jesús ha hecho propia hasta la fragilidad y la caducidad del la “carne”. En esto reside el misterio de la Encarnación.

El prólogo afirma dos verdades fundamentales del Verbo-Jesús: la de ser-Dios y la de haberse “en-carnado” con la naturaleza humana.

El centro del relato del evangelio es su síntesis: era Dios y se hizo carne; estaba junto a Dios y habitó entre los hombres. Es, sin duda, una de las afirmaciones del Nuevo Testamento más profundas; que incluye:

a) Se anuncia un acontecimiento nuevo: con la Palabra aconteció algo parecido a lo que sucedió con la creación; apareció convertida en realidad débil y mortal, hecha carne. La Palabra de Dios se hizo palabras de Jesús de Nazaret. La solidaridad del logos con la condición humana es total: se hizo hombre.

b) La encarnación es leída ahora asumiendo la imagen de proximidad que Dios mantuvo con su pueblo en el pasado. Habitar entre hombres es la consecuencia de la encarnación, su efecto lógico. La afirmación es programática para todo el relato evangélico: éste mostrará que la morada de Dios, su definitiva presencia entre los hombres, se da en Jesús de Nazaret; en él, Dios se ha querido hacer solidario con la historia del hombre.

En la Palabra encarnada el Dios Aliado se ha convertido en Hombre Dios: el Dios para nosotros se convierte en Dios como nosotros. Y ésa es su gloria, su realidad manifiesta. Quien lo cree, la ve.



MEDITATIO: Este himno abre el cuarto evangelio; es una meditación poética sobre Jesús Hijo y Palabra de Dios. La encarnación no fue más que la fase histórica de la existencia de la Palabra; en esta etapa el creyente pudo ver la gloria de dios y recibir la plenitud de su gracia. Para expresar el misterio de la encarnación de Dios, no existe mejor lenguaje que el que nace de la admiración y del agradecimiento.

Desde aquella primera Navidad nada hay en el hombre de verdaderamente humano que no haya sido deseado por Dios, que no haya sido -y ello es más sorprendente aún- asumido por Dios; ninguna experiencia humana le es ajena; nuestro Dios conoce nuestra vida, entiende nuestro corazón, sabe de penas y alegrías, tuvo una familia, vivió la vida del hombre.

Ante tamaño misterio de amor no cabe más que la sorpresa y el agradecimiento; lo único comprensible para el hombre es el reconocerse comprendido, amado por Dios. Ésta es la suerte, saber que Dios se nos ha hecho semejante.

El confesar con alegría que nuestro Dios fue hecho hombre como nosotros nos compromete. Dios se nos humanizó naciendo de María un día de Navidad; desde aquel día el hombre llega a Dios sólo si no da la espalda a los hombres; desde el día en que nos nació Dios, todo hombre es camino de ida hacia Dios. Puesto que Dios se nos acercó en un hombre, Jesús de Nazaret, todo hombre nos acerca a Dios.

Hacerse con Dios supone, hoy como ayer, recibir a Jesús; únicamente a cuantos lo recibieron, se les dio la facultad y el rango de hijos de Dios. Es nuestra oportunidad. Y puesto que Dios, desde que se hizo hombre, habla nuestro mismo lenguaje, el lenguaje de las manos y el del corazón humano, no nos obliga más que hacernos, como Jesús de Nazaret, verdaderos hombres. Sólo nos exige ser mejores hombres; cuanto más humanos nos hagamos, tanto más nos acercaremos al Dios hombre.


ORATIO: Gracias, Padre, Bueno, porque tu Palabra a través de las mediaciones humanas se ha ido manifestando y has revelado tu voluntad de acercar al hombre a Tí. Pero gracias infinitas porque en la Encarnación de tu Hijo nos has revelado el máximo deseo y la plena voluntad tuya: la nueva creatura redimida en la nueva Creación inaugurada por tu Hijo Jesús y en su Encarnación. Ante este Misterio tan grande de amor, Padre, no me queda más que darte gracias, celebrarlo agradecido y pedirte que tu Espíritu me ayude a corresponder a tan grande Amor. No puedo entender cómo fue posible y porqué lo has hecho; qué es lo que te ha llamado la atención del hombre como para que decidieras que tu Hijo se hiciera uno como nosotros. Tendré que hacer experiencia de ese Amor que me has manifestado y que tendré y vivir tan feliz de sentirme querido y por lo mismo agradecido contigo.

Para mí como creyente, ya no tendré que vivir normando mi vida con leyes; ahora es una persona, es Cristo tu Hijo quien tendrá que ser mi criterio, la ley, el modelo y la promesa de mi vida. Creer en Él me hará vivir en el amor. Sentirme amado por Él me hará saberme llamado a vivir en la fidelidad a Él mismo y a vivir de amor, más que del cumplimiento de leyes y normas. Saberme querido por Dios me hace sentirme llamado a una misión: ser testigo de la presencia de Dios en medio del mundo y de un Dios que encarnándose se manifiesta amándonos y que nos invita a vivir unidos por el amor.

Por lo tanto, tu Palabra, Señor, me revela que tu Voluntad es descubrir tu amor y descubrirlo presente en los que me rodean; es en ellos y a ellos a quien estoy llamado a vivir mi misión. Si Tú has querido hacerte como uno de nosotros, ser hombre con todas las consecuencias, menos el pecado, quiere decir que amando mi naturaleza humana tendré que manifestar que soy tu discípulo en la medida que sea signo de ese amor entre los que me rodean. Gracias, Señor, porque tu presencia y tu amor, pasa por el sacramento del hermano.

CONTEMPLATIO: Agradezco a Dios su Amor; y saber que Dios me ama tanto que viene con su Hijo para redimirme del poder del pecado y darme su salvación me hace vivir confortado. Creer en Jesús y confiarme totalmente a su misericordia y a su poder amoroso.

* Pedir perdón de mi pecado de auto-salvación.
* Confiar en que Jesús es la salvación.
* Experimentar el amor de Dios en mi vida.


P. Salvador Cleofás Murguía V. sdb.
Inspector de MEG

martes, 15 de diciembre de 2009

4º domingo adviento, C (20 diciembre 2009)


Texto
Lucas 1, 39-45


En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea y, entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”. Palabra del Señor.



El Adviento corresponde a las cuatro semanas que anteceden a la fiesta de Navidad. En el actual calendario litúrgico, las tres primeras semanas del Adviento alimentaron en nosotros el deseo de la llegada gloriosa del Señor; en esta última semana hacemos memoria histórica del nacimiento del Señor en Belén.

Lectura (lee detenida y serenamente el texto cuantas veces sea necesario para desentrañar su estructura y personajes y poder comprender lo que dice en sí mismo):
En este cuarto domingo de Adviento, el evangelio de este día se acostumbra llamar “de la visitación de María a Isabel”, y nos muestra la visita de María a su prima Isabel, que también estaba embarazada y a punto de dar a luz a Juan, el Bautista. Pertenece a los relatos de la infancia de Jesús. Y Lucas nos narra no cómo sucedieron los hechos sino una relectura de los hechos a la luz de la muerte y resurrección de Jesús, para ayudar a las primeras comunidades cristianas. Las dos mujeres, llenas del Espíritu Santo, están reunidas y llenas de gozo por el fruto bendito del vientre de María: Jesús. Hay que hacer notar algunas actitudes de María y de Isabel. María lleva en su seno al Hijo de Dios y corre presurosa a servir a su prima y este servicio, más que significar la ayuda proporcionada, es acercar al mismo Hijo de Dios. Por parte de Isabel encontramos la sencillez, gratitud y acogida de quien se reconoce indigna de tal gracia, de tal visita. Además, llama bendita a su prima por el fruto que lleva en el vientre, la reconoce como la madre del "Señor". Es una escena donde se muestra que Dios se muestra a los pobres y hace de ellos su morada. Son significativos los mismos nombres: Jesús (Dios que salva), Juan (Dios es misericordioso), Zacarías (Dios se acordó), Isabel (Dios es plenitud) y María (la amada). Puesto son aquellos que proclaman la misericordia de Dios que se acuerda de ellos y viene a morar con ellos porque los ama y les trae plenitud y salvación. Finalmente hay una afirmación que pone al centro al Dios de la fe de María: "dichosa tú que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor". El anunciado es Jesús, el Hijo de Dios.


Meditación (trata de ver qué es lo que la palabra te dice a ti en tu vida y circunstancias ordinarias):
La palabra nos invita a meditar y a detenernos y profundizar en varios puntos:
Que desde que has entrado, en la historia y en la vida como hombre, en el seno de María, eres "la buena noticia de Dios".
Que quien cree en ti como Buena Nueva del Padre te lleva en el centro de la vida y lo muestra en el amor solidario hecho servicio.
Que María es la mujer creyente en el Hijo de Dios, es la atenta y disponible a la voluntad del Padre y eso la hace mensajera de la buena noticia.
Que el mejor modo de vivir es atender a Dios que nos habla y servir con alegría y prontitud al Dios recibido y al prójimo necesitado.
Que aprendemos de Isabel, como aquella que es capaz de reconocer la presencia del Señor, sobretodo en reconocer que es el Señor Dios para quien todo es posible.
El meditar la Palabra del Señor, nos invita a alegrarnos por Jesús Salvador que nacerá y, también, por las vidas nacidas y las vidas por nacer.
Que el Señor que nos ha buscado para amarnos y salvarnos, nos invita a ir en busca de los necesitados; y que hace saltar de alegría las vidas cuando saben del fruto bendito de su vientre; porque ambas mujeres, expresan el gran valor de creerle a Dios.



Oración (Desde la palabra y desde tu vida alaba, bendice y da gracias al Señor que te habla):
Padre bueno, Dios del amor y de la vida, te alabamos y te damos gracias porque quisiste salvarnos con el regalo de Jesús, tu Hijo.
Señor Jesús, Hijo del Padre, te alabamos y te damos gracias por haberte hecho hombre, para vivir entre nosotros y por mostrarnos al amor y ser el camino que lleva al Padre.
Espíritu Santo, te alabamos y te damos y gracias por fecundar con el amor de Dios el seno de María Virgen.
María, madre de Dios y madre nuestra, bendita seas por creer lo que te anunció el Señor; bendita seas por decir sí, a su invitación; bendita eres por llevar a Jesús dentro de tu vientre; bendita eres por darnos al Hijo de Dios, el único Salvador. Nosotros, como Isabel, reconocemos que no somos dignos de que venga a vernos la madre de mi Señor, pero enséñanos a creer y a recibir el fruto de tu vientre; y así se llenará de alegría y del Espíritu Santo nuestra vida. Amén.

Contemplación:
En estos días de adviento quien mejor nos enseña a recibir a Jesús es su misma madre. María: atenta a la palabra y a la voluntad de Dios, en un silencio interior de oración y vida ofrecida al Señor, en un servicio solidario que busca a los necesitados para darles al Dios que lleva y así alegrar sus vidas.

Como regalo en esta navidad pide el mejor de todos los regalos: al hijo de Dios, Jesús, donado por María. Él alegrará y llenará de luz tu vida, y amarás a todos como El nos enseña.



Navidad es Jesús. Una Feliz Navidad, para todos.

Nacho, SDB.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

3er. domingo Adviento, C (13 diciembre 2009)


Texto a meditar y orar:
Lc 3, 10-18


LECTIO. Igual que el domingo anterior, el evangelio presenta la figura de Juan el Bautista, pero su persona desaparece rápidamente detrás de la personalidad de aquel a quien él anuncia. La misión de Juan consiste en invitar a la disponibilidad para recibir a Cristo. Juan el Bautista logró despertar en el pueblo una actitud de espera señalando que está por realizarse el evento por excelencia, la llegada de Jesús. El objetivo de esta espera mantiene en tensión al creyente, Juan lo presenta a través de tres imágenes: la imagen del siervo, la imagen del agricultor y las imágenes de los dos bautismos.

La llamada a la conversión de parte del Bautista suscitó una respuesta positiva entre el pueblo, que Lucas ejemplariza en un triple diálogo, la gente, los publicanos y los soldados. Quien había incitado a la conversión a Dios, indica el modo de realizarla, en concreto, mediante una conversión al prójimo; la relación interpersonal, renovada, es consecuencia y prueba de una relación renovada con Dios. El amor al prójimo es el denominador común de las tres exigencias y respuestas de Juan el Bautista. Exige, Juan el Bautista relaciones de amor entre las personas y el restablecimiento del derecho mediante el respeto de la justicia de las personas y de las cosas. Las exigencias más importantes son la participación en la pobreza del otro y participar ayudándole y condividiendo, como lo hacía la primitiva comunidad cristiana.

Sorprende la forma tan radical de ésta exigencia en las palabras del Bautista; exige la renuncia, exige interés por los pobres y también a cuando no es indispensable para el sostenimiento de cada día. El Bautista enseña a su modo, que la espera va vivida en la radicalidad del amor al hermano.

Tras Juan vendrá uno que no sólo llamará a la conversión sino que la hará posible con el bautismo del Espíritu; y es Jesús que exigirá mucho más.



MEDITATIO. La alegría es la característica de ésta liturgia de este domingo.

Podrá el creyente estar seguro de preocupaciones profundas, si su ocupación primera es servir al Dios de la alegría. Podrá encarar un futuro con esperanza, porque cree que Dios en persona es su futuro. No puede robarle la alegría, dificultad alguna que surge en su vida, porque es testigo de un Dios que habitó entre los hombres. Y ser testigo de éste Dios-hombre, de modo creíble, sólo puede realizarse estando alegres: hoy esa es la misión, tal vez la más urgente, dar a los demás prueba y razones para vivir con alegría.

A pesar de todo lo malo que pueda haber a nuestro alrededor, a pesar de lo malo que podamos aún ser, el creyente tiene razones para vivir con gozo; no porque se las dé a sí mismo, sino porque Dios lo espera de él. El creyente que confía en que Dios está a su lado, puede conservar siempre la calma y dar siempre testimonio de su serena alegría.

Y es que la alegría que Dios espera del creyente, no es fruto del esfuerzo propio y superación de sus dificultades. Es la alegría del que se sabe cercano a Dios, a pesar de la prueba. Es la paz de quien conoce que su Dios comparte su pena y su preocupación; es el gozo de quien comprende que la fuerza de su esperanza le viene de Dios y no de sus propias fuerzas. La alegría del creyente es la alegría del que espera que Dios sea más grande que su propia necesidad.

Hoy hacen falta creyentes con ilusión, hombres que, por tener fe, conservan su esperanza.

Ésta es la conversión que Dios nos pide a cuantos vivimos esperándolo. Vivir sabiendo que Dios está de regreso, ha de convertir en gozo el tiempo de nuestra espera.



ORATIO. Señor Jesús, esperarte a Ti en este tiempo de adviento, y vivir en contínua espera es vivir en la radicalidad del amor al hermano.

Que Tú, Señor, quieras venir a vivir en nuestro mundo y habitar en nuestros corazones, me tiene que empeñar y comprometer en la construcción de un Reino que se está acercando y me tiene que hacer construir unas relaciones dignas del Señor que viene. La mejor espera del Señor, es la que se hace en familia, hermanados y empeñados en la construcción del Reino.

Vivir así, pensando en Ti y ansiándote, alienta mi esperanza y me hace vivir en alegría. Porque te quiero pedir que me ayudes a vivir sirviéndote y sirviendo a los hermanos; descubriendo en esto los motivos de mi vida y la alegría llena de esperanza de mi corazón.

Enséñame, Señor, a vivir con alegría y lleno de esperanza; despertando en los demás y en los que me has confiado, ilusiones para vivir y trabajar llenando de esperanza los corazones de todos. Gracias, Señor mío y Dios mío.



CONTEMPLATIO. Me llena de gozo y gratitud el reconocer a Dios cercano del hombre y en especial a mi vida. Un Dios encarnado, que es alegría y esperanza de salvación es un Dios que motiva a afrontar con una fe más profunda en Él, los problemas y dificultades de la vida; porque el amor sostiene la esperanza del que creyente que se sabe amado por su Dios. ¡Ven Señor, Jesús¡



Dios les bendiga. P. Cleo sdb.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

2º domingo Adviento, C (6 diciembre 2009)


Texto de Lucas 3, 1-6

En el año décimo quinto del reinado del César Tiberio, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes, tetrarca de Galilea; su hermano Filipo, tetrarca de las regiones de Iturea y Traconítide; y Lisanias, tetrarca de Abilene; bajo el pontificado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías.

Entonces comenzó a recorrer toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías:

Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios.





Lectura: En este evangelio San Lucas nos ubica históricamente. Es una característica de su evangelio. Señala rápidamente el tiempo y las divisiones geográficas y políticas. Da a conocer los personajes con poder político y religioso. De ese modo queda claro que Dios eligió ese espacio y ese momento de la historia para dirigir su palabra a Juan, el hijo de Zacarías, primero, que vivía en el desierto y, segundo, que predicaba junto al Jordán. Así hace de él, su profeta, el precursor de su Hijo que para esas fechas andaba arriba de los treinta años.

Después de ubicarnos nos ofrece el contenido de la predicación de Juan: bautizaba pidiendo un cambio de vida para el perdón de los pecados. Los profetas anteriores a él también pedían la conversión personal y del pueblo. San Lucas alude y hace referencia al cumplimiento de lo predicado hacía muchos años por Isaías: la conversión de la vida. De ese modo "llegará la salvación de Dios y todo mortal la contemplará".



Meditación: Nos ayuda a meditar que el Señor, en un tiempo y lugar determinados de la historia, eligió a Juan como profeta, le dirigió su Palabra para que fuera el precursor de su Hijo, para que anunciara al Salvador esperado. En medio del desierto, de la aridez y escasez de tu palabra resuena una voz que invita a la conversión. A todos lo que experimentaban la ausencia de Dios en sus vidas se les invitaba a cambiar, a disponerse al Dios que venía, nadie sería excluido, Él haría que todos vieran su salvación. También ahora, en el desierto en que vivimos, donde la ausencia de sentido y de palabra de Dios gana campo y se le excluye, resuena la palabra de Juan: "conviértanse", cambien los rumbos del pensamiento, de la acción, de los afectos, para dirigirnos todos y con todo, al Dios que viene. El mensaje de Juan Bautista pretendió preparar a sus contemporáneos para la llegada del Mesías. Nos enumera datos precisos para fundamentar nuestra fe en El. Porque Jesús no aparecería así como de la nada; puesto que sus padres pertenecieron a familias concretas que vivían en determinados pueblos; y en tiempo debidamente determinados. Juan Bautista nos ayudó a establecer cómo hacer y qué tenemos que hacer. Y cuando llegase la Salvación de Dios, por medio de su Encarnación. Y fue motivo de esperanza para todos los pueblos. Para esto es necesario prepararse...

Al contemplar al Precursor y al escuchar su predicación podemos seguir dos pistas para nuestra reflexión:

La primera nos lleva a buscar en Juan Bautista un modelo de imitación: su manera de vivir, su coherencia, su austeridad. Sobretodo nos invita a ser como él: anunciadores de Cristo, dar a conocer a los hermanos al Salvador que llega;

Y una segunda, es el volvernos a su mensaje que con diversas expresiones nos llama a la preparación, quiere decir a la conversión: “preparar el camino del Señor, enderezar senderos tortuosos, aplanar obstáculos...”; con esta forma de decir las cosas nos indica cómo debemos mejorar en el interior, en el fondo de corazón, tanto de las comunidades como de las personas; así de esta manera nos prepararemos para encontrar al Señor. Esta llamada a la conversión lo repite la Iglesia, en especial en este tiempo del año litúrgico



Oración: Señor, gracias por dirigir en un tiempo y espacio determinados tu palabra a Juan y hacer de él tu profeta, el precursor y anunciador de tu Hijo. Señor, gracias por querer que llegue tu salvación a todas las gentes, por querer incluirnos a todos en el amor y la alegría de tu fiesta, en la comunión contigo; Señor, quisiéramos que nuestro mundo fuera diferente, que las todas las divisiones cayeran y dejaran paso y espacio a tu salvación entrando en un camino allanado de conversión donde el centro de todo fueras Tú y allí nacieran la paz y la justicia, el amor y la paz, la solidaridad y la comunión. Señor, no podemos por nosotros mismos, ayúdanos a enderezar lo torcido de nuestras intenciones, a rebajar las asperezas de nuestras relaciones y a cubrir los vacíos de nuestras vidas.



Contemplación: (Guardo silencio y gozo la presencia de Dios en mi vida, contemplo sus maravillas, lo bendigo, lo alabo y lo adoro) La liturgia de este Domingo nos invita a preparar el camino que nos conducirá al encuentro con Jesucristo: lo que vivimos en Navidad y el encuentro definitivo en el “día del Señor”. Es este el sentido de la predicación de Juan Bautista con la llamada a esta preparación.

El Adviento que vivimos es el tiempo de vivir en la esperanza, de saber estar a espera; la semana pasada se nos invitó a la vigilancia; en esta semana se nos invita a la preparación. Preparémonos entonces.



Que la Virgen María, Inmaculada de Guadalupe, sea nuestra madre, maestra y guía, durante este adviento de su Hijo.

Nacho, SDB.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

1er. domingo adviento, C (29 noviembre 2009)

Texto a meditar y orar
Lc 21, 25-28. 31-36

Lectura. Con un lenguaje apocalíptico y catastrófico, el evangelista narra la venida del Hijo del hombre como un gran acontecimiento de liberación. Todo el relato habla de un desorden de los seres creados, orientado todo ello a la venida, a la venida del Hijo del hombre; es más, el mismo hombre mostrará un miedo grande al ver las manifestaciones de la creación. Pero para el creyente se acercará la hora de su liberación. Las señales que pudieran ser atemorizantes, pasan a ser señales esperanzadoras, llenas de la presencia del “esperado”.

La venida del reino de Dios, exige una capacidad de discernimiento en el creyente, lo mismo que una actitud de confianza en las palabras de su Señor. Lo mismo exigirá renuncia, templanza, atención y la actitud fundamental, la de la oración como medio que puede salvar de lo que va a suceder y que prepara a su vez, al encuentro con el Hijo del hombre.

Lucas a diferencia de Mateo y Marcos, no pretende, con este pasaje, anunciar el fin del mundo, se refiere más bien a la proximidad del reino y se relaciona con la predicación de Jesús. Pero eso no impide que Jesús exhorte a los creyentes a que estén atentos. Deben comportarse como el servidor que espera a cualquier hora el regreso de su dueño. Así podrá presentarse el día del juicio sin temor ante el Señor.


Meditación. Le venida del Hijo del hombre presenta la llegada de un gran acontecimiento de liberación. Las señales serán la manifestación más palpables de esa próxima llegada. Es el acontecimiento grande al cual deberán estar puestos los ojos del creyente y del cual deberá estar llena de esperanzas y de ilusiones el corazón del seguidor de Jesús. Porque lo ha prometido el Señor, el evangelista Lucas dice que regresará con poder y gloria.

La actitud del creyente será de discernimiento de las señales de su venida y de una “pronta” venida. Llegará en el momento menos esperado y el creyente está obligado a discernirlo; porque toda su postura es de quien se encuentra preparado y dispuesto en toda su persona y con toda su disposición, no apegándose a las cosas que la normalidad de la gente considera importantes, sino dejándose libre de todo para esperar el acontecimiento como liberación plena de cualquier esclavitud.

La oración será el alimento de todo buen creyente que vive esperanzado; será el criterio de discernimiento de los acontecimientos para quien trata de descubrir en las señales la pronta presencia de su Señor y es también la oración la que mantiene en tensión constante no perdiéndose en cosas innecesarias. Y además se cuida de no entorpecer su mente y su corazón con otros distractores y cosas que le alejen de tener puesta toda su atención en lo que está por llegar, su Señor..


Oración. Señor, Jesús. Con éste tiempo de Adviento, te pido que mi corazón vibre con la gran esperanza de tu pronta venida. Que anhele tu pronta venida como la hacían los judíos por la llegada de su Salvador y liberador, como la anunciaron los profetas y como lo proclamaron los primeros creyentes que viviendo esperanzados se prepararon y se dispusieron a la pronta venida de tu Persona.

Te quiero manifestar el deseo que se vuelve un grito de liberación. Marana-tá, “Ven Señor, Jesús”, que te esperamos porque eres la esperanza de nuestras vidas y porque con tu presencia se hace realidad el reino que nos tienes prometido.

Mientras llega éste momento de tu venida, envía tu Espíritu Santo sobre nuestras personas, sobre tu Iglesia y sobre nuestros corazones, para que descubramos tu presencia en nuestro mundo, para que fortifique nuestra fe y esperanza y para que nos ayude a discernir los signos del tiempo y de tu pronta venida. Que nos dé la confianza de los hijos de Dios que esperan su venida y que las señales de destrucción de nuestro mundo nos hagan descubrir tu inminente llegada y más que asustarnos nos llenen de confianza en que tu tiempo está llegando, porque suspiramos con los pulmones llenos del Espíritu Santo que venga a nuestro mundo.

Que la oración y nuestra continua relación de intimidad contigo, nos haga mantenernos firmes y apegado a tus criterios. Que no embotemos nuestra mente y nuestro corazón con las necesidades de ésta vida y con las preocupaciones de cada día, sino que nos mantengamos en continua tensión hacia Tí y a tu pronta venida; que las cosas sean medios e instrumentos que nos hacen crecer en la manifestación de tu reino y de tu llegada y no nos cierren al encuentro de tu pronta venida.

Hoy, Señor, te pido que manteniéndonos con los ojos puestos en Ti y en tu pronta venida, porque te sentimos como el Amado, mantengas nuestro corazón ardiendo de esperanza y nuestras manos ocupadas en construir y preparando tu pronta venida en nuestro mundo.

Gracias y “Ven Señor Jesús”.


Contemplación. Me siento consolado en mi vida y en mi persona al saber que el Señor viene, su reino llega y se acerca el tiempo de la liberación. Y mientras la Palabra de Dios ilumina mi vida y la capacidad de esperar sólo en El su pronta liberación. Vivo en una constante tensión llena de esperanza. Sólo a Él espero; Él es la realización plena de la vida.



Dios te bendiga. P. Cleo sdb

martes, 17 de noviembre de 2009

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, B (22 noviembre 2009)



Texto de Juan 18, 33-37



En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Esto lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”.

Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.



(Léelo serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)



Lectura (Lectura de lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor):
Se termina el año litúrgico con la Solemnidad de Cristo Rey. El relato de San Juan nos sitúa en el contexto, después de que Jesús es traicionado, apresado y llevado ante las autoridades judías y está ahora delante de las autoridades romanas: Pilato. Pilato tiene delante a Jesús, al que tenías deseos y curiosidad de conocerlo y le hace estas preguntas: ¿Eres Tú el Rey de los judíos? ¿Qué es lo que has hecho? ¿Conque Tú eres rey? Jesús le responde para indicarle cómo es su Reino del que El es rey: “Mi reino no es de este mundo. Soy Rey, vine para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” Fue lo único que le respondió. Se siguió después el camino para morir en la cruz, su trono.



Meditación (Reflexión personal y profundización sobre la palabra, lo que a mí me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias):
Esta Solemnidad de Cristo Rey recuerda a los creyentes que El es el único Señor, al que hay que orientar la historia del mundo, social, personal y comunitaria. Pilato le pregunta: ¿Tú eres Rey de los judíos? Y la respuesta de Jesús clarifica que ese poder real no esta separado de su persona; y si es Rey, lo es de un Reino que no es de aquí, que no depende de las armas, ni de la violencia; su dominio real es dar “testimonio de la Verdad”, y sus súbditos serán testigos de la Verdad puesto que escuchan su voz. “Ser de la verdad” para San Juan significa un modo de vivir, de pensar, de actuar que es fruto de una habitual sintonía con la Palabra de Cristo que se vuelve el único criterio de vida en la existencia del creyente.



Oración (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo):
Señor, delante de Pilato das testimonio de que eres Rey; das testimonio de la Verdad, sin importarte las consecuencias; delante de la presencia del poder temporal eres testimonio que el verdadero poder es el del Padre, el del Cristo y el del Espíritu Santo. Señor, que todas las gentes acepten ese reinado del Cristo Señor, que vino a instaurar al anunciar el Reino de Dios; que “ser testigos de la verdad” nos haga vivir, pensar, actuar en sintonía con la Palabra de Cristo; de tal manera, que sea el único criterio de vida. Señor que te adoremos, alabemos y vivamos solamente para Ti.



Contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, adoro y alabo, y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria personal, familiar, social, laboral, escolar…)


Saludos y bendiciones. Feliz Domingo.
¡Viva Cristo Rey!.
Nacho, SDB.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

33º domingo ordinario, B (15 noviembre 2009)


Texto a meditar y orar:
Marcos 13, 24-32

LECTIO. Lee y asimila la Palabra de Dios.
El mensaje de este día es de “esperanza”: la historia está orientada no hacia la catástrofe, como parece desprenderse de la lectura del Evangelio, sino al cumplimiento del reino de Dios. El cristiano está comprometido en la colaboración de la construcción de un mundo que se anticipa y prepare y anuncie el mundo futuro.
La doctrina escatológica del Nuevo Testamento se diferencía de la del Antiguo Testamento sobre todo por su poner a Cristo al centro de la historia y de la vida. Es Cristo aquel al cual el Padre ha unido la esperanza y el futuro del hombre.
El Evangelio que hoy leemos es el último discurso de Jesús; un discurso difícil de interpretar, tanto por el contenido, que describe el misterio del cumplimiento final de la historia; como por el lenguaje, que es el lenguaje típico del apocalipsis judaicos bíblicos y extrabíblicos.
Al profundizar en la literatura apocalíptica, caracterizada por fuertes contrastes y por una gran variedad de imágenes simbólicas, es necesario poner atención para distinguir entre el “lenguaje” y el “mensaje”, y para evitar dejar en segundo plano lo que es esencial y no privilegiar aquello que es accidental o accesorio.
Es la parte central del discurso escatológico de Jesús. Y se divide en tres partes: a) la venida final del Hijo del hombre; b) la parábola de la higuera; c) los dichos sobre la certeza y la imprevisibilidad del final.
Cuando el relato describe los signos que precederán el cumplimiento del evento final de la historia, las imágenes dejan ver el lenguaje apocalíptico del Antiguo Testamento; pero no se quiere afirmar con estos textos el final del mundo: lo manifiesta el hecho de que una lectura atenta del texto hace ver que la tierra no viene tocada en lo mínimo; el escenario de los sucesos se da en los astros y en los espacios celestes; y tienden todos estos eventos a hacer ver como central la aparición y la manifestación luminosa del Hijo del hombre.
La descripción de los sucesos cósmico pretende subrayar el carácter revolucionario de la venida del Hijo del Hombre. Las nubes, la potencia y la gloria, son todos elementos del Antiguo Testamento que hablan de la presencia y de la potencia de Dios.
El fin último de la “parusía” de Cristo, Hijo del hombre, es aquel de reunir a los elegidos: es este el verdadero vértice y el centro de todo el discurso escatológico.
Marcos habla de la parusía, como realización del gran sueño y de la incesante esperanza que se vivía en el Antiguo Testamento y que proclamaban.
San Marcos subraya la cercanía de la venida en la gloria de Cristo; por otra parte rechaza fijar una fecha precisa y se rebate su imprevisibilidad.
Las previsiones humanas respecto del fin del mundo no quedan en una comunidad cristiana: el único criterio de referencia y de discernimiento es la palabra de su maestro. Sólo la Palabra de Jesús, puede ofrecer la exacta comprensión de la situaciones históricas; sólo la palabra de cristo puede sostener la esperanza cristiana aún delante de las persecuciones y de los eventos negativos; sólo la Palabra de Cristo puede fundar y motivar una correcta actitud de vigilancia activa y de testimonio responsable contra las tentaciones siempre posibles de resignación, de desconfianza y de pesimismo

MEDITATIO. Relee y medita en tu corazón la Palabra de Dios
El texto de Marcos mostrando la dimensión cristológica de la escatología cristiana, va al encuentro de una persona, de un evento personal, donde nuestra libertad personal y la de todos los hombres será plena en el Señor Jesús.
La esperanza cristiana tiene su última expresión y más grande en el evento escatológico de la Pascua del Señor Jesús. La parusía es la Pascua de Jesús en su definitividad para la historia y para el hombre.
La esperanza cristiana y de la comunidad creyente tiene el rostro del Señor Resucitado que viene con “gran poder y gloria”. Es decir que manifiesta su pobre e indefenso amor crucificado y transfigurado en la resurrección como el sentido último, decisivo y definitivo de la historia.
Si la escatología es vivir en tensión hacia la realización plena de los tiempos según el proyecto de Dios; el fin de los tiempos es la persona de Jesús, porque El es el escatológico cristiano; es la figura que se vuelve llamada a la fe, a la conversión, a la vigilancia. Jesús Resucitado que se presenta en la plenitud de la gloria, es la voluntad última de Dios; es el bien y la verdad absoluta del hombre.
La esperanza cristiana tiene en esta párrafo evangélico un aspecto simbólico; tiene la forma de la parábola, del signo; (la higuera). Vivir los momentos de la vida con esta capacidad de profundidad, con esta mirada de ulterioridad.
Permanecer en esta fecunda tensión es la figura cristiana de la esperanza.
De aquí deriva una mirada diversa sobre la historia y que llamamos “discernimiento”; y éste se sitúa entre la consciencia de la insuperabilidad y permanencia de la palabra del Señor y la imposibilidad de encerrarla en una figura presente. La esperanza cristiana tiene la figura del discernimiento y de la decisión práctica; trata de leer la historia a la luz del absoluto llamado de su palabra que exige el riesgo de mi libertad.
Sólo así el reino viene: viene como un don que suscita mi empeño, viene como posibilidad que mueve mi libertad; viene como mandamiento que suscita mi fe; como figura personal que exige seguimiento. Del discípulo y de la comunidad.

ORATIO. Reza con la Palabra de Dios
Dios y Padre Bueno, que en la Venida de Cristo Jesús tu Hijo has manifestado a los hombres la llegada de tu Reino. Te doy gracias por presentarlo como la realización hacia la cual tiende la creación y la historia de los hombres.
El es la manifestación plena de tu voluntad que quiere reunir en torno a El, a todos los hombres dispersos por el mundo; su Palabra es el criterio permanente del cumplimiento de todas las promesas a los que esperamos en la venida y la manifestación plena del Reino. En El se cumplen todas nuestras esperanzas; y en El encuentran alivio todas nuestras penas; nuestra vida se alegra y vive en esperanza porque El Señor Jesús está por llegar “rodeado de gloria y de poder” que le da la Resurrección.
Señor, enséñanos a discernir por los signos de los tiempos que tu venida está próxima; a saber interpretar las manifestaciones de tu llegada triunfante y a saber caminar por la vida con la esperanza del que sabe que su Señor llegará y se anhela su venida.
CONTEMPLATIO. Contempla agradecido lo que Dios ha hecho en tu vida.
Contempla en silencio la forma en que Dios ha intervenido en tu vida; las ocasiones en que has percibido su presencia y agradecele.
Tú, como creyente en Jesús estás invitado a alimentar tu esperanza en Él a base de inventar, e inventariar, los rastros de Dios en el momento presente; en lugar de agrandar la angustia ante los males inminentes o desesperar de una salvación que no se ve.

Un saludo y que Dios les bendiga. P. Cleo sdb.

martes, 3 de noviembre de 2009

32º domingo ordinario, B (8 noviembre 2009)


Evangelio que vamos a orar y meditar:
Marcos 12, 38-44.

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: ¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso.

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas: Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir”.


Lo que dice el texto:
En este Evangelio se reúnen dos relatos distintos pero complementarios. En ambos encontramos a Jesús en el Templo, y en la primera parte también están la multitud y los escribas; mientras que en la segunda parte también en el templo, la gente, muchos ricos y una viuda pobre. Tanto en una parte como en la otra se diferencian la actitud de los escribas que buscan reverencias, asientos de honor, primeros puestos, hacen ostentación de largos rezos y arrebataban los bienes de las viudas; y en la otra parte, los ricos que echaban dinero en abundancia en las alcancías del templo y la pobre viuda que ha echado todo lo que tenía para vivir: sus dos últimas monedas. Se repite con frecuencia la palabra echar: “echaban de lo que les sobraba” y “ha echado todo lo que tenía para vivir”. En ambos reatos se hallan unidos por una palabra: “viuda”. Contrasta la actitud de avidez, por parte de los escribas, hacia los bienes de las viudas, y la sencillez y generosidad de la viuda, frente a los ricos ostentosos. Este relato habla por si solo, sobre la actitud hacia Dios y hacia el ser más indefenso, como pude ser una viuda.

Meditación desde el texto:
Jesús nos enseña que ser como los escribas no es seguir a Jesús, porque ellos buscan todo para ellos. Que si nos guardamos solo para nosotros seremos juzgados como a esos escribas

Y nos hace reflexionar en el ejemplo de un rico y una viuda pobre: el rico echaba en las alcancías lo que le sobraba y la viuda echaba dos moneditas puesto que era todo lo que tenía para vivir. Nos enseña que debemos darlo todo y darnos totalmente. Esa pobre viuda nos enseña a confiar totalmente en Dios, puesto que era el único que le ayudaría.

En la liturgia de hoy las mujeres juegan un papel predominante y positivo. Además se trata de mujeres viudas, con toda la precariedad que ese término traía consigo en los tiempos remotos del profeta Elías (siglo IX a. C.) y de Jesús. No pocas veces la viudez iba unida a la pobreza, e incluso a la mendicidad. Sin embargo, los textos sagrados presentan estas dos buenas viudas no como ejemplo de pobreza sino como ejemplo de generosidad. La viuda del templo es una mujer excepcional. Siendo como era pobre y necesitada, no tenía ninguna obligación de dar limosna para el culto del templo o para la acción social y benéfica que los sacerdotes realizaban en nombre de Dios con las ayudas recibidas. Si tuviese obligación, su acción sería generosa porque dio todo lo poco que tenía, todo su vivir. Su gesto brilla con luz nueva y esplendorosa, precisamente porque se sitúa más allá de la obligación, en el plano de la generosidad amorosa para con Dios. El contraste entre la actitud de la viuda y la de los ricos que echaban mucho, pero de las sobras de sus riquezas, ennoblece y hace resaltar más la generosidad de la mujer. La generosidad de las dos viudas mana de la generosidad misma de Dios, que se nos manifiesta en Cristo Jesús. Generosidad de Jesús que se ofrece de una vez para siempre en sacrificio de redención por todos.


Oración desde el texto y desde la vida:
La generosidad del corazón. Cuando la generosidad no sólo afecta al bolsillo, sino también al corazón, es más auténtica. Si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, da de ese poco, pero tanto en un caso como en otro, hazlo con toda la sinceridad y generosidad de tu corazón. A los ojos de Dios eso es lo que más cuenta.

Señor, Generoso, ¿hasta dónde? En este asunto, no hay leyes matemáticas. El principio fundamental está claro: da, sé generoso. Qué dar, hasta dónde llegar en la generosidad, no admite una sola y única respuesta. Serán las circunstancias las que irán marcando ciertas pautas a nuestra generosidad: por ejemplo, un terremoto o un huracán, una inundación ingente y destructora, una guerra tribal, una epidemia, etcétera. Sobre todo, será el Espíritu de Dios el que irá indicando a cada uno, en el interior de su conciencia, las formas y el grado de llevar a cabo acciones generosas, nacidas del amor, nacidas del corazón. Lo importante es que ninguno de nosotros diga jamás: "hasta aquí". No es posible poner límites al Espíritu de Dios. No está mal que nos examinemos y preguntemos: ¿Estoy dando todo lo que puedo? ¿Estoy dando todo lo que el Espíritu Santo me pide que dé? ¿Estoy dando como debo dar: desprendidamente, generosamente, sin buscar compensaciones? Consideremos la generosidad una gracia de Dios, y pidámosla con sencillez de corazón, pero también con insistencia. Que Dios no la negará a quien se la pida de verdad. Son muchos los que tienen necesidad y se beneficiarán de nuestra generosidad.


Contemplación: Alabo y bendigo a Dios y dejo que su Palabra penetre mi interior y me ilumine para hacer su Voluntad.

Estamos terminando el Año Litúrgico y el mismo texto es una invitación para ir haciendo un balance de nuestra vida durante este año que termina, en relación a nuestro seguimiento de Jesús y nuestro amor a nuestros hermanos. Feliz Domingo,

Nacho, SDB.

jueves, 29 de octubre de 2009

Todos los Santos, B (1º noviembre 2009)

Este domingo presentamos un doble trabajo de oración, el domingo correspondiente del tiempo ordinario (que este año se omite) y la solmenidad de todos los santos, puedes hacer oración en dos días diferentes.

Todos los Santos
Texto a orar y meditar:
Mt 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles y les dijo:
"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos."
Palabra del Señor.

Lectio:
Jesús anuncia un mensaje nuevo que es una contraversión al discurso del poder humano: no son los ricos y poderosos los felices, sino los pobres y pequeños. La dicha anunciada por Jesús está en sintonía con las promesas del Antiguo Testamento, donde Dios se muestra como el garante y defensor de los pobres y oprimidos, entre estas promesas están la tierra, la visión de Dios, la misericordia y el consuelo. Pero están enmarcadas entre dos posesiones presentes: el Reino de Dios.
El que Jesús haga esta discurso desde lo alto del monte, no es casual, es una memoria de Moisés en el Sinaí, dando la ley al pueblo. Jesús aparece como nuevo lesgislador, y así lo ha visto la Iglesia desde sus comienzos: las bienaventuranzas son un programa de vida.
Se habla de las persecuciones y de la recompensa en los cielos, no como un adormecimiento de la necesidad de justicia actual, sino como su plena consumación a través de la historia: el Reino ya está aquí, pero culminará en la eternidad.

Meditación:
La Iglesia nos propone este texto para este solemne día en que recordamos a todos los santos en conjunto. Ellos constituyen a la Iglesia glorificada, son hombres y mujeres como nosotros que vivieron este proyecto de vida de las bienaventuranzas evangélicas.
Las bienaventuranzas son una promesa abierta a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, aún en medio de las contradicciones del mundo que parecen desdecirlas, ¿qué tanto mantengo mi esperanza en Dios?
El Reino de los cielos es la posesión del mismo Dios desde esta vida, como un germen que quedamente va creciendo. ¿Realmente estoy convencido de que mi vida ya está preñada de la santidad de Dios? ¿En qué acontecimientos de mi vida puedo ver la realización del Reino de los cielos en mi propia historia?
Las bienaventuranzas como proyecto de vida, nos plantean encarar las situaciones con un corazón renovado. ¿Cuáles de estas situaciones vivo actualmente?
La confianza en Dios, para dejarse hacer por Él, es una de las claves de muchos santos para dejarse conducir por el camino de la ley del Amor.

Oración:
Señor, que has enunciado en el monte una nueva forma de vida, basada en la confianza infinita en tu misericordia, ayúdame a acrecentar mi anhelo de ti, para que los llantos, hambres y persecuciones de esta vida, más que alejarme, me acerquen a ti. Quiero aventurarme a vivir lo inesperado, pero siempre de tu mano. No pretendo santidad propia, sino sólo aquella felicidad que brota de ti y que es capaz de transfigurar nuestra existencia, haciendo palpable tu Reino ya desde esta vida. Dichosos mis hermanos y hermanas del cielo, que ellos intercedan por mi y sean mi modelo para amarte cada día aunque sea un poquito más.

Contemplación:
Deja que estas palabras hagan eco en tu corazón. Las bienaventuranzas son de esos textos que aún sin nunguna explicación logran consolar el corazón y sostener el compromiso por transformar la propia realidad.
Repítelas a lo largo de la semana, que caldeen tu espíritu y puedas anunciarlas a quienes te rodean con una simple sonrisa.

Dios te llene de su paz.
שלום

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31 Domingo Ordinario “B”
Marcos 12, 28-34

LECTURA. El Evangelio de éste domingo presenta como interlocutores a Jesús y a los jefes sociales y religiosos del judaísmo histórico. El intento del evangelista es doble: afirmar la autoridad absoluta de Jesús y de su enseñanza, y también presentar y motivar la división definitiva del judaísmo.
Es un escriba que se acerca a Jesús animado por una intención recta. La pregunta que le hace a Jesús se entiende en el contexto de las escuelas rabínicas y de las tradiciones de los judíos de ese tiempo. Los grandes rabinos estaban empeñados en encontrar un principio unificador que sintetizara los 613 preceptos positivos y negativos del Pentateuco, pero en esto, todos mantenían opiniones divergentes. Y la respuesta que le da Jesús resulta una combinación de dos textos del Antiguo Testamento.
El primero es el inicio del Shema, con la profesión de fe y el inicio del amor hacia Dios. Este precepto, afirma, Jesús, es el primero, pero rápidamente agrega, citando un segundo mandamiento: es el del amor hacia el prójimo.
La novedad de la enseñanza de Jesús está aquí, precisamente, en haber unido los dos mandamientos, integrándolos el uno en el otro y en haberlos declarado juntos y señalado como “el más grande”. La afirmación definitiva de Jesús se interpreta en el sentido que se trata del mandamiento que está por encima de todos: no es por lo tanto aquel que abraza y sintetiza a los otros, sino del que todos los otros reciben su sentido y aquél respecto del cual no se da uno más grande.
Jesús sin embargo no lo pone sobre el mismo plano: el amor al prójimo es sólo el “segundo” mandamiento. Si es verdad que no es necesario separar u oponer, es también verdad que no se puede reducir el amor hacia a Dios al amor al prójimo.
Jesús enseña que el amor auténtico hacia los hermanos no puede ser practicado en toda su radicalidad sino es que partiendo de la fe en Dios, teniendo a Dios como fundamento y referencia de la propia existencia. Lo que deriva es que no puede existir amor verdadero hacia el prójimo sin escucha de Dios y sin fe en su palabra, como no puede existir fe auténtica sin la práctica del amor fraterno.
El escriba retoma lo dicho por Jesús y expresa un juicio sobre los holocaustos y los sacrificios. El lugar de éste diálogo dan a la afirmación del escriba y de Jesús una particular dureza e incisividad. Están sobre la plaza del templo, después de la expulsión de los vendedores y antes del anunció de la destrucción del templo. Jesús, es claro que no ha entendido abolir el culto como tal, sino su degeneración en el formalismo y, sobretodo, la contraposición que podrá insinuarse entre servicio-culto a Dios y amor por el hombre, entre “misericordia y sacrificio”
Jesús con su respuesta al escriba no sólo condivide la toma de distancia de un culto que en nombre de Dios tolera y favorece formas de convivencia con leyes o estructuras que olvidan el primado del amor, sino sobretodo, acepta cuanto se ha dicho en la fe de Israel: la unicidad absoluta de Dios, deja intuir que todo esto no basta para poder hacer parte del reino; se necesita todavía algo más esencial. Lo esencial e inseparable será lo que ya une la persona de Jesús y su actividad con el reino de Dios.

MEDITACIÓN. Ante la polémica sobre el primer mandamiento y la infinidad de preceptos; Jesús no simplifica la ley: la radicaliza centrando su sentido en el amor total a Dios y en el amor al prójimo como a uno mismo; profundiza las exigencias, haciendo a todas expresión de ese doble amor. El mejor culto a Dios pasa por el cultivo de la fraternidad: entenderlo así, nos acerca al Reino.
La ley de Dios, según Jesús, quedó así resumida en el amor debido a Dios, lo que es lógico para todo creyente, y en un amor al prójimo que iguale el que nos tenemos cada uno, lo cual es excesivo para cualquiera. Esto quiere decir que la obediencia que le debemos a Dios no se salda tanto haciendo lo que se nos manda o evitando lo que se nos prohibe; cuanto amando cuando lo hagamos o lo debamos rehuir; no se trata, simplemente de no hacer el mal ni de omitir el bien, sino de amar lo que hacemos o evitar no hacerlo por amor.
Concentrando toda la ley de Dios en el precepto del amor a Dios, Jesús no nos ha facilitado la obediencia. Nos sigue poniendo en aprietos el tener que amar a Dios sólo y con todas nuestras fuerzas. Y es que la exigencia de amor es la única que el hombre jamás dejará cumplida y, por tanto, nunca se librará de ella; el amor es así, y lo es mucho más el amor que le debemos a Dios; es un amor que siempre se mantiene en deuda; el amor que a Dios debemos nos mantiene siempre endeudados con Él. Por eso, ése es el primer mandamiento suyo. Imponiéndonos su amor, nos ha impuesto un deber; por más, por mejor, que amemos a Dios, siempre estaremos con Él en deuda de amor. Por lo tanto, nuestro esfuerzo por obedecer su mandato será nuestro mejor modo de mostrarle nuestro cariño.
Dios quiere que se le ame en exclusiva, no soporta otros amores que no sean Él en el corazón de los suyos; y, precisamente por ello, manda que amemos a los demás con el mismo amor que nosotros nos tenemos. El único amor, pues, que Dios soporta en sus fieles es el amor a su prójimo. El Dios que quiere ser nuestro, amado en exclusiva, no se siente celoso si amamos a nuestros hermanos. Sólo quien ama a Dios sobre todas las cosas y con todo su corazón podrá poner al prójimo en el centro de sus preocupaciones. Y al mismo tiempo, el amor al prójimo será así, la medida de nuestro amor a Dios

ORACIÓN. Gracias, Señor; porque nos quieres teniéndote por encima de todos nuestros pensamientos y acciones y como el más importante amor de nuestra vida.
Por tu gracia, he llegado a entender que lo más importante de mi vida y el deber primordial es el amor a Tí por encima de cualquier otro amor. Este es lo más importante que tengo que cumplir; pero es la realización más grande que como persona puedo vivir. Amar a Dios sólo y con todas mis fuerzas.
Porque he sido obra salida de las manos de Dios por amor; me siento querido y amado por Él; y esta experiencia de amor que siempre se tiene, es un amor que siempre mantendré en deuda con Él. Hoy descubro que Dios me ha impuesto un deber: amar, ésta es la deuda del amor. Ser obediente con Él será la mejor muestra de mi cariño y de mi amor.
Gracias, Padre, porque quieres que amándote, mi amor a Tí sea exclusivo, porque el verdadero amor exige exclusividad e intimidad.
Y Tú me pides que ame a mi prójimo con el mismo amor que me tengo; y éste es el único amor que esperas de mí y te pido que me ayudes a entenderlo y a vivirlo, pues es la única forma de serte obediente y caminar de acuerdo con tus criterios y ser verdaderamente tu discípulo.
Y es que amándote a Ti con todo el corazón, podré poner al prójimo como centro de mis preocupaciones y de mis quehaceres. La misión a la que me destinas, habla de ello: un Dios, un Padre Bueno que me ha elegido porque me ha amado y mostrándome su amor me ha destinado para salir a hacer el bien a los demás, para mí, a los jóvenes; mi misión es quererles y expresarles el grande amor que Dios les tiene y lo importante que son en la vida del Padre.

CONTEMPLACIÓN. Vive un momento durante la semana en el que te aisles de los ruidos. Toma la Palabra de Dios en las manos y platica con Dios. Experimenta el Amor de Dios y describe los momentos, cosas, personas y experiencias que te hacen sentirte amado o amada. Después describe cuánto lo amas a Él. Con cariño. P. Cleo sdb

lunes, 19 de octubre de 2009

30º domingo ordinario, B (25 octubre 2009)


Texto
Marcos 10, 46-52
(lee serena y tranquilamente el texto una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización).

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”.

Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó A Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.

Lectura (Lectura de lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor):
Nos presenta el último milagro en el Evangelio de Marcos de un hecho real y que tiene un valor simbólico. Presenta a Jesús saliendo de Jericó, junto con sus discípulos y mucha gente. Presenta también a un ciego, nos dice el nombre, Bartimeo, que estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna, que grita: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!; y gritaba más fuerte. Jesús tiene ese encuentro, ese diálogo, con el ciego, diciéndole: “¿Qué quieres que haga por ti?” Maestro, qué pueda ver, le dice el ciego. Jesús le hace reflexionar al decirle: “Vete, tu fe te ha salvado”. Al recobrar la vista comienza a seguir a Jesús por el camino.

Meditación ( Reflexión personal y profundización sobre la palabra, lo que a mi me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias):
Sobresale en este relato lo que se dice literalmente y el mensaje que contiene; es importante, especialmente, el diálogo. Y uno de los temas de meditación es el presentarnos una historia de la fe: descubriendo aquí que es a través de un encuentro personal, el paso del ver, al querer ver a Aquel que lo manifiesta; es un encuentro de salvación a través de la visión, haciéndolo así un creyente: “vete tu fe te ha salvado”. Ese encuentro con Jesús es el encuentro que da la vista; de tal manera que es a través de la fe que se alcanza a descubrir la verdad de Jesucristo: “Jesús, Hijo de David”. Otro tema de meditación es el del pasar de la visión al seguimiento. Ve a Jesús y conoce desde ahora el Camino, porque anteriormente estaba al borde del camino; es al partir de ver a Jesús que ve el camino y lo sigue: sigue a Jesús, el Camino. El hombre que gritaba a Jesús: “Hijo de David, ten piedad de mí”, creía que Jesús era el Mesías, al menos esto se deduce al llamarlo Hijo de David. Este hombre así lo reconoció. Es la necesidad de salvación experimentada por personas, aquí en este caso, con referencia a carencias físicas o morales. Y el Señor aprovechó esas ocasiones para hacerles llegar a ellas la salvación eterna; eso es Buena Nueva.

Oración (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo): Señor, cuántos caminan en la vida ciegos, porque no saben, no conocen el camino. ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!, exclamó el ciego Bartimeo, que estaba al borde del camino, pero no lo veía. “¿Qué quieres que haga por tí?” le dijo Jesús. ¡Qué vea, Señor! Y en ese diálogo, en ese encuentro personal, que es un encuentro en la fe, se transforma en salvación y en visión. Al ver a Jesús ve el camino, ve la salvación y lo sigue. ¡Señor que todos te vean, qué descubran en Ti el camino que conduce a la vida. Señor que todos te descubran; puesto que eres la Palabra que te hace ver como el Camino!.

Contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, alabo, adoro y tomo decisiones de actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria, personal, familiar, laboral, social, escolar…)
La temática de este Domingo nos ayuda a continuar la reflexión sobre la Misión; la salvación dirigida a todos buenos y puros como también malos e impuros. El Señor purifica y sana a todos: hoy nos presenta un ciego que pide a Jesús la sanación y que se abre a la salvación; ve el Camino.



Saludos y bendiciones. Feliz Domingo, Nacho, SDB.


La Paz con ustedes.

jueves, 15 de octubre de 2009

Domingo Mundial de las Misiones, B (17 octubre 2009)


Texto a meditar y orar:

Mc 16, 15-20


Lectio:

En el texto encontramos un discurso de Jesús y la acción de la ascención a los cielos. El discurso de Jesús que consiste en el mandato misionero tiene un contexto muy sugestivo (que vale la pena recordar aunque este versículo no será proclamado en la Asamblea dominical), a diferencia de la tradición de Lucas que se da en el monte (lugar que simbolizaba en la antigüedad el encuentro con Dios), es pronunciado en torno a la mesa. Jesús primero recriminar la falta de fe de sus discípulos que no han creído los testimonios de la resurrección. (v. 14)

El mandato misionero lanza a los discípulos a anunciar la Buena Nueva (Evangelio) a toda criatura, no sólo a las naciones o a los hombres, sino que todo viviente está esperando la salvación. Y este mandato lleva en sí una promesa de salvación: "quien crea y se bautice, se salvará", el bautismo no se limita sólo a una acción ritual, sino que implica una transformación de vida marcada por la fe.

Hay señales que acompañan a los que creen, no sólo a quienes son enviados que debieran ser los primeros en creer: expulsar demonios (que es el primer milagro que narra el evangelio de Marcos, y marca la llegada de Reino de Dios para desplazar el dominio de Satanás); el hablar nuevas lenguas (signo de la espiritualidad de Pentecostés que marcó a la Iglesia en sus comienzos); la inmunidad (que recuerda la protección de Dios sobre quien confía en él, ver salmo 91), y la sanación de los enfermos (que es el signo con que responde Jesús a los discípulos de Juan Bautista cuando le preguntan sobre su mesianidad, Mt 11, 2-6).

La Ascención del Señor a los cielos no marca un lugar físico sino espiritual, es más importante el sentarse a la derecha de Dios, que significa su igualdad con el Padre, como un mismo Dios; esta confesión de fe es la que hizo Esteban, el primer mártir cristiano (ver Salmo 110 y Hech 7, 55-56). La gloria de Jesús, el Hijo de Dios va a la par que su misión en el mundo continúa, no está sentado en el Cielo de modo impasible, sino que desde su gloria acompaña a sus discípulos en la predicación del Reino por todo el mundo.


Meditatio:

Jersús se apareció en torno a una mesa, como nosotros nos reunimos en torno al altar en la Eucaristía, y les reprochó el no creer en su resurrección, ¿qué tanto creo yo en la resurrección de mi Señor?, ¿lo encuentro vivo en mi celebración dominical?

Jesús, pese a que les reprochó su falta de fe, siguió confiando en sus discípulos y los envió a predicar, ¡yo también soy enviado de parte de Cristo, mi Señor! ¿Cómo expreso en mi vida cotidiana el compromiso misionero?

Los destinatarios de la misión de predicar el Evangelio es toda criatura, es una misión que alcanza todas las realidades humanas y de la naturaleza, ¿qué lugares, personas, actividades veo que es más urgente que sea anunciado el Evangelio, como una ley de libertad auténticamente humana y de amor divino? ¿Ecología, Ciencias, Artes, Política, Familia? (y muchas más).

Entre las señales que acompañan a los que creen está el don de lenguas, ¿soy capaz de hablar nuevos lenguajes (las nuevas formas de hablar de los jóvenes, por ejemplo) para transmitir un mensaje de esperanza?

La gloria de Cristo se manifiesta en que sus discípulos continuan su misión de anunciar y vivir los valores del Reino, ¿cómo doy gloria a mi Dios y Señor?


Oración:

Señor, me conmueve hasta lo más hondo el saber que confías en mí a pesar que no tenga una fe sólida. Sabes que tambaleo pero tú, aún así, me das tu salvación para darla a los demás. Envíame, Señor, estoy dispuesto, porque a pesar que en mi vida hay luces y sombras, sé que sólo en tí hay salvación. Ayúdame a vivir mi bautismo con fe, a acoger mi existencia como un don para los demás. Dame la fuerza de tu Espíritu para poder leer los signos nuevos en que vive tu pueblo para poder comunicarles un poco de esperanza. Quisiera que todo supiera algo de ti, porque yo me siento demasiado dichoso a pesar de que es poco lo que te conozco y poco lo que te amo... y quiero amarte y creerte más. Amén.


Contemplatio:

La Iglesia dedica el tercer domingo del mes de octubre para recordar el mandato misionero. Preferentemente se habla de las misiones ad gentes (a los pueblos aún no evangelizados), pero en nuestros propios pueblos cristianos aún hay mucha gente que por tradición cultural se bautiza sin realmente creer. Piensa y reflexiona la situación tuya y de los tuyos a este respecto. ¿Cómo ser misionero justo ahí donde te encuentras?, y ¿por qué no? ¿Cómo ser misionero más allá de cualquier frontera? Oremos, apoyemos y vivamos la labor misionera de nuestra Iglesia.


miércoles, 7 de octubre de 2009

28º domingo ordinario, B (11 octubre 2009)


Texto de

Marcos 10, 17-30

(Léelo serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven”. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte”.

Jesús le respondió: “Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mi y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”.



Lectura (Lectura de lo que dice el texto en sí mismo para entenderlo mejor):

Comienza el Evangelio diciendo que Jesús salía al “camino”. El texto nos habla del encuentro de un hombre con Jesús; después Jesús se dirige a los discípulos; y finalmente, Jesús responde a una pregunta de Pedro. Es decir, este relato nos muestra: 1) un encuentro con una persona rica y las exigencias de un seguimiento radical de Jesús; 2) Jesús que comenta sobre el peligro de las riquezas y de la salvación como un don exclusivo de Dios; 3) la recompensa prometida para aquellos que siguen a Jesús. El hombre le hace una pregunta. ¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?, señalando a Jesús como maestro bueno. Jesús le responde que Bueno es sólo Dios y añade que es en el cumplimiento de los mandamientos y siguiendo a Jesús que “tendrá un tesoro en el cielo”. Aquel hombre que cumplía desde joven, y al que Jesús miró con amor, se fue apesadumbrado porque tenía muchos bienes. Jesús aprovecha para enseñar a los discípulos y a todos aquellos que quieran seguirle, “que difícil va ser a los ricos entrar en el reino de los cielos”. Al ver asombrados a los discípulos les dice: “es imposible para las personas, pero no para Dios. Para Dios todo es posible”. Por último, a Pedro que estaba preocupado puesto que había preguntado: “¿y nosotros que te seguimos?”. Jesús le dice: “aquel que haya dejado todo, por mi y por el evangelio, recibirá el ciento por uno, junto con persecuciones”. Así entendemos cuál es el verdadero “camino” de la vida.



Meditación (Reflexión personal y profundización sobre la palabra, lo que a mí me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias):

Nos invita a meditar sobre el seguimiento de Cristo. Y también nos presenta que la riqueza es el mayor obstáculo para seguir a Cristo de manera radical; como también, son impedimentos los afectos a los valores del mundo. Jesús mira con amor a quien lo sigue, pero le pide que lo siga con dedicación total a El y al Evangelio. Aquí es donde se encuentra la auténtica sabiduría de la vida: en el seguimiento del Señor Jesús. Jesús proclama así una novedad; porque en la tradición judía, la riqueza no era impedimento para entrar en el seno de Abraham. Jesús proclama que delante de Dios y el Reino, todo debe resultar insignificante. Ese es Evangelio, Buena Nueva; porque quien no juzga todo lo que tiene como insignificante hace a Dios insignificante.

No es intención de Jesús hacer pobres a cuantos le siguen, sino más bien que no posean otro bien fuera de El. No olvidemos que Jesús fue encontrado camino a Jerusalén y de la Cruz; pero aquella persona buena que quería ser mejor y era rica; no pudo seguir a Jesús por querer seguir siendo rica. El recuerdo de esta persona rica, que no pudo ser discípulo, es una advertencia permanente. No estaba dispuesto a sacrificar los bienes, aunque en ello se jugaba la vida para siempre. Deja a Jesús, por no dejar cuanto tiene. Conserva sus bienes, pero pierde su alegría y al Maestro Bueno. Solamente Cristo y el Evangelio merecen nuestras renuncias. Los bienes, ya sean objetos buenos o personas buenas, no son renunciables por cualquier motivo. Las únicas razones por las que renunciamos a los bienes de este mundo o a las personas: es Cristo y el Evangelio. Lo que esta persona o joven no comprendió, lo han comprendido muchos cristianos, del pasado y de hoy, que, sintiendo el mismo llamado de Cristo, se despojan de todo, no poseen nada. Así están libres para seguir a Jesús y para dedicarse a los hermanos en la Iglesia.





Oración (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su evangelio. Le respondo):

Señor, con qué cariño adviertes a tus discípulos sobre el peligro de las riquezas: “Hijitos, qué difícil les va ser a los ricos entrar en el reino de los cielos”, también porque impiden el seguimiento de Cristo, y hacen que no se encuentre la verdadera sabiduría para saber entender la vida, tanto aquí en el mundo, como la vida eterna. Así, también, a Pedro, que estaba preocupado “porque habían dejado todo para seguirte”; le aseguraste: “Aquel que haya dejado todo, por mí y por el evangelio, recibirá, en esta vida, el ciento por uno, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna”. Concédenos esa sabiduría para distinguir bien el camino hacia la vida eterna, puesto que está solamente en el seguimiento de Jesús y en el Evangelio, que lo hace a uno capaz de dejar todo, aún experimentando persecuciones.



Contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, adoro y alabo, y tomo decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida cristiana, sobre todo como Iglesia).

Estamos en el mes de las misiones, para vivir la vocación de la Iglesia: ser misionera. Y para rezar por todos los que están anunciando el Evangelio y construyendo el Reino en los países de misión; para que les conceda salud y entusiasmo.


Saludos y bendiciones. Feliz Día del Señor. Nacho, SDB.