miércoles 2 de diciembre de 2009

2º domingo Adviento, C (6 diciembre 2009)


Texto de Lucas 3, 1-6

En el año décimo quinto del reinado del César Tiberio, siendo Poncio Pilato procurador de Judea; Herodes, tetrarca de Galilea; su hermano Filipo, tetrarca de las regiones de Iturea y Traconítide; y Lisanias, tetrarca de Abilene; bajo el pontificado de los sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan, hijo de Zacarías.

Entonces comenzó a recorrer toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de penitencia para el perdón de los pecados, como está escrito en el libro de las predicciones del profeta Isaías:

Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios.





Lectura: En este evangelio San Lucas nos ubica históricamente. Es una característica de su evangelio. Señala rápidamente el tiempo y las divisiones geográficas y políticas. Da a conocer los personajes con poder político y religioso. De ese modo queda claro que Dios eligió ese espacio y ese momento de la historia para dirigir su palabra a Juan, el hijo de Zacarías, primero, que vivía en el desierto y, segundo, que predicaba junto al Jordán. Así hace de él, su profeta, el precursor de su Hijo que para esas fechas andaba arriba de los treinta años.

Después de ubicarnos nos ofrece el contenido de la predicación de Juan: bautizaba pidiendo un cambio de vida para el perdón de los pecados. Los profetas anteriores a él también pedían la conversión personal y del pueblo. San Lucas alude y hace referencia al cumplimiento de lo predicado hacía muchos años por Isaías: la conversión de la vida. De ese modo "llegará la salvación de Dios y todo mortal la contemplará".



Meditación: Nos ayuda a meditar que el Señor, en un tiempo y lugar determinados de la historia, eligió a Juan como profeta, le dirigió su Palabra para que fuera el precursor de su Hijo, para que anunciara al Salvador esperado. En medio del desierto, de la aridez y escasez de tu palabra resuena una voz que invita a la conversión. A todos lo que experimentaban la ausencia de Dios en sus vidas se les invitaba a cambiar, a disponerse al Dios que venía, nadie sería excluido, Él haría que todos vieran su salvación. También ahora, en el desierto en que vivimos, donde la ausencia de sentido y de palabra de Dios gana campo y se le excluye, resuena la palabra de Juan: "conviértanse", cambien los rumbos del pensamiento, de la acción, de los afectos, para dirigirnos todos y con todo, al Dios que viene. El mensaje de Juan Bautista pretendió preparar a sus contemporáneos para la llegada del Mesías. Nos enumera datos precisos para fundamentar nuestra fe en El. Porque Jesús no aparecería así como de la nada; puesto que sus padres pertenecieron a familias concretas que vivían en determinados pueblos; y en tiempo debidamente determinados. Juan Bautista nos ayudó a establecer cómo hacer y qué tenemos que hacer. Y cuando llegase la Salvación de Dios, por medio de su Encarnación. Y fue motivo de esperanza para todos los pueblos. Para esto es necesario prepararse...

Al contemplar al Precursor y al escuchar su predicación podemos seguir dos pistas para nuestra reflexión:

La primera nos lleva a buscar en Juan Bautista un modelo de imitación: su manera de vivir, su coherencia, su austeridad. Sobretodo nos invita a ser como él: anunciadores de Cristo, dar a conocer a los hermanos al Salvador que llega;

Y una segunda, es el volvernos a su mensaje que con diversas expresiones nos llama a la preparación, quiere decir a la conversión: “preparar el camino del Señor, enderezar senderos tortuosos, aplanar obstáculos...”; con esta forma de decir las cosas nos indica cómo debemos mejorar en el interior, en el fondo de corazón, tanto de las comunidades como de las personas; así de esta manera nos prepararemos para encontrar al Señor. Esta llamada a la conversión lo repite la Iglesia, en especial en este tiempo del año litúrgico



Oración: Señor, gracias por dirigir en un tiempo y espacio determinados tu palabra a Juan y hacer de él tu profeta, el precursor y anunciador de tu Hijo. Señor, gracias por querer que llegue tu salvación a todas las gentes, por querer incluirnos a todos en el amor y la alegría de tu fiesta, en la comunión contigo; Señor, quisiéramos que nuestro mundo fuera diferente, que las todas las divisiones cayeran y dejaran paso y espacio a tu salvación entrando en un camino allanado de conversión donde el centro de todo fueras Tú y allí nacieran la paz y la justicia, el amor y la paz, la solidaridad y la comunión. Señor, no podemos por nosotros mismos, ayúdanos a enderezar lo torcido de nuestras intenciones, a rebajar las asperezas de nuestras relaciones y a cubrir los vacíos de nuestras vidas.



Contemplación: (Guardo silencio y gozo la presencia de Dios en mi vida, contemplo sus maravillas, lo bendigo, lo alabo y lo adoro) La liturgia de este Domingo nos invita a preparar el camino que nos conducirá al encuentro con Jesucristo: lo que vivimos en Navidad y el encuentro definitivo en el “día del Señor”. Es este el sentido de la predicación de Juan Bautista con la llamada a esta preparación.

El Adviento que vivimos es el tiempo de vivir en la esperanza, de saber estar a espera; la semana pasada se nos invitó a la vigilancia; en esta semana se nos invita a la preparación. Preparémonos entonces.



Que la Virgen María, Inmaculada de Guadalupe, sea nuestra madre, maestra y guía, durante este adviento de su Hijo.

Nacho, SDB.

miércoles 25 de noviembre de 2009

1er. domingo adviento, C (29 noviembre 2009)

Texto a meditar y orar
Lc 21, 25-28. 31-36

Lectura. Con un lenguaje apocalíptico y catastrófico, el evangelista narra la venida del Hijo del hombre como un gran acontecimiento de liberación. Todo el relato habla de un desorden de los seres creados, orientado todo ello a la venida, a la venida del Hijo del hombre; es más, el mismo hombre mostrará un miedo grande al ver las manifestaciones de la creación. Pero para el creyente se acercará la hora de su liberación. Las señales que pudieran ser atemorizantes, pasan a ser señales esperanzadoras, llenas de la presencia del “esperado”.

La venida del reino de Dios, exige una capacidad de discernimiento en el creyente, lo mismo que una actitud de confianza en las palabras de su Señor. Lo mismo exigirá renuncia, templanza, atención y la actitud fundamental, la de la oración como medio que puede salvar de lo que va a suceder y que prepara a su vez, al encuentro con el Hijo del hombre.

Lucas a diferencia de Mateo y Marcos, no pretende, con este pasaje, anunciar el fin del mundo, se refiere más bien a la proximidad del reino y se relaciona con la predicación de Jesús. Pero eso no impide que Jesús exhorte a los creyentes a que estén atentos. Deben comportarse como el servidor que espera a cualquier hora el regreso de su dueño. Así podrá presentarse el día del juicio sin temor ante el Señor.


Meditación. Le venida del Hijo del hombre presenta la llegada de un gran acontecimiento de liberación. Las señales serán la manifestación más palpables de esa próxima llegada. Es el acontecimiento grande al cual deberán estar puestos los ojos del creyente y del cual deberá estar llena de esperanzas y de ilusiones el corazón del seguidor de Jesús. Porque lo ha prometido el Señor, el evangelista Lucas dice que regresará con poder y gloria.

La actitud del creyente será de discernimiento de las señales de su venida y de una “pronta” venida. Llegará en el momento menos esperado y el creyente está obligado a discernirlo; porque toda su postura es de quien se encuentra preparado y dispuesto en toda su persona y con toda su disposición, no apegándose a las cosas que la normalidad de la gente considera importantes, sino dejándose libre de todo para esperar el acontecimiento como liberación plena de cualquier esclavitud.

La oración será el alimento de todo buen creyente que vive esperanzado; será el criterio de discernimiento de los acontecimientos para quien trata de descubrir en las señales la pronta presencia de su Señor y es también la oración la que mantiene en tensión constante no perdiéndose en cosas innecesarias. Y además se cuida de no entorpecer su mente y su corazón con otros distractores y cosas que le alejen de tener puesta toda su atención en lo que está por llegar, su Señor..


Oración. Señor, Jesús. Con éste tiempo de Adviento, te pido que mi corazón vibre con la gran esperanza de tu pronta venida. Que anhele tu pronta venida como la hacían los judíos por la llegada de su Salvador y liberador, como la anunciaron los profetas y como lo proclamaron los primeros creyentes que viviendo esperanzados se prepararon y se dispusieron a la pronta venida de tu Persona.

Te quiero manifestar el deseo que se vuelve un grito de liberación. Marana-tá, “Ven Señor, Jesús”, que te esperamos porque eres la esperanza de nuestras vidas y porque con tu presencia se hace realidad el reino que nos tienes prometido.

Mientras llega éste momento de tu venida, envía tu Espíritu Santo sobre nuestras personas, sobre tu Iglesia y sobre nuestros corazones, para que descubramos tu presencia en nuestro mundo, para que fortifique nuestra fe y esperanza y para que nos ayude a discernir los signos del tiempo y de tu pronta venida. Que nos dé la confianza de los hijos de Dios que esperan su venida y que las señales de destrucción de nuestro mundo nos hagan descubrir tu inminente llegada y más que asustarnos nos llenen de confianza en que tu tiempo está llegando, porque suspiramos con los pulmones llenos del Espíritu Santo que venga a nuestro mundo.

Que la oración y nuestra continua relación de intimidad contigo, nos haga mantenernos firmes y apegado a tus criterios. Que no embotemos nuestra mente y nuestro corazón con las necesidades de ésta vida y con las preocupaciones de cada día, sino que nos mantengamos en continua tensión hacia Tí y a tu pronta venida; que las cosas sean medios e instrumentos que nos hacen crecer en la manifestación de tu reino y de tu llegada y no nos cierren al encuentro de tu pronta venida.

Hoy, Señor, te pido que manteniéndonos con los ojos puestos en Ti y en tu pronta venida, porque te sentimos como el Amado, mantengas nuestro corazón ardiendo de esperanza y nuestras manos ocupadas en construir y preparando tu pronta venida en nuestro mundo.

Gracias y “Ven Señor Jesús”.


Contemplación. Me siento consolado en mi vida y en mi persona al saber que el Señor viene, su reino llega y se acerca el tiempo de la liberación. Y mientras la Palabra de Dios ilumina mi vida y la capacidad de esperar sólo en El su pronta liberación. Vivo en una constante tensión llena de esperanza. Sólo a Él espero; Él es la realización plena de la vida.



Dios te bendiga. P. Cleo sdb

martes 17 de noviembre de 2009

Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, B (22 noviembre 2009)



Texto de Juan 18, 33-37



En aquel tiempo, preguntó Pilato a Jesús: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús le contestó: “¿Esto lo preguntas por tu cuenta o te lo han dicho otros?” Pilato le respondió: “¿Acaso soy yo judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué es lo que has hecho?” Jesús le contestó: “Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuera de este mundo, mis servidores habrían luchado para que no cayera yo en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí”.

Pilato le dijo: “¿Conque tú eres rey?” Jesús le contestó: “Tú lo has dicho. Soy rey. Yo nací y vine al mundo para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.



(Léelo serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)



Lectura (Lectura de lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor):
Se termina el año litúrgico con la Solemnidad de Cristo Rey. El relato de San Juan nos sitúa en el contexto, después de que Jesús es traicionado, apresado y llevado ante las autoridades judías y está ahora delante de las autoridades romanas: Pilato. Pilato tiene delante a Jesús, al que tenías deseos y curiosidad de conocerlo y le hace estas preguntas: ¿Eres Tú el Rey de los judíos? ¿Qué es lo que has hecho? ¿Conque Tú eres rey? Jesús le responde para indicarle cómo es su Reino del que El es rey: “Mi reino no es de este mundo. Soy Rey, vine para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz” Fue lo único que le respondió. Se siguió después el camino para morir en la cruz, su trono.



Meditación (Reflexión personal y profundización sobre la palabra, lo que a mí me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias):
Esta Solemnidad de Cristo Rey recuerda a los creyentes que El es el único Señor, al que hay que orientar la historia del mundo, social, personal y comunitaria. Pilato le pregunta: ¿Tú eres Rey de los judíos? Y la respuesta de Jesús clarifica que ese poder real no esta separado de su persona; y si es Rey, lo es de un Reino que no es de aquí, que no depende de las armas, ni de la violencia; su dominio real es dar “testimonio de la Verdad”, y sus súbditos serán testigos de la Verdad puesto que escuchan su voz. “Ser de la verdad” para San Juan significa un modo de vivir, de pensar, de actuar que es fruto de una habitual sintonía con la Palabra de Cristo que se vuelve el único criterio de vida en la existencia del creyente.



Oración (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo):
Señor, delante de Pilato das testimonio de que eres Rey; das testimonio de la Verdad, sin importarte las consecuencias; delante de la presencia del poder temporal eres testimonio que el verdadero poder es el del Padre, el del Cristo y el del Espíritu Santo. Señor, que todas las gentes acepten ese reinado del Cristo Señor, que vino a instaurar al anunciar el Reino de Dios; que “ser testigos de la verdad” nos haga vivir, pensar, actuar en sintonía con la Palabra de Cristo; de tal manera, que sea el único criterio de vida. Señor que te adoremos, alabemos y vivamos solamente para Ti.



Contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, adoro y alabo, y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria personal, familiar, social, laboral, escolar…)


Saludos y bendiciones. Feliz Domingo.
¡Viva Cristo Rey!.
Nacho, SDB.

miércoles 11 de noviembre de 2009

33º domingo ordinario, B (15 noviembre 2009)


Texto a meditar y orar:
Marcos 13, 24-32

LECTIO. Lee y asimila la Palabra de Dios.
El mensaje de este día es de “esperanza”: la historia está orientada no hacia la catástrofe, como parece desprenderse de la lectura del Evangelio, sino al cumplimiento del reino de Dios. El cristiano está comprometido en la colaboración de la construcción de un mundo que se anticipa y prepare y anuncie el mundo futuro.
La doctrina escatológica del Nuevo Testamento se diferencía de la del Antiguo Testamento sobre todo por su poner a Cristo al centro de la historia y de la vida. Es Cristo aquel al cual el Padre ha unido la esperanza y el futuro del hombre.
El Evangelio que hoy leemos es el último discurso de Jesús; un discurso difícil de interpretar, tanto por el contenido, que describe el misterio del cumplimiento final de la historia; como por el lenguaje, que es el lenguaje típico del apocalipsis judaicos bíblicos y extrabíblicos.
Al profundizar en la literatura apocalíptica, caracterizada por fuertes contrastes y por una gran variedad de imágenes simbólicas, es necesario poner atención para distinguir entre el “lenguaje” y el “mensaje”, y para evitar dejar en segundo plano lo que es esencial y no privilegiar aquello que es accidental o accesorio.
Es la parte central del discurso escatológico de Jesús. Y se divide en tres partes: a) la venida final del Hijo del hombre; b) la parábola de la higuera; c) los dichos sobre la certeza y la imprevisibilidad del final.
Cuando el relato describe los signos que precederán el cumplimiento del evento final de la historia, las imágenes dejan ver el lenguaje apocalíptico del Antiguo Testamento; pero no se quiere afirmar con estos textos el final del mundo: lo manifiesta el hecho de que una lectura atenta del texto hace ver que la tierra no viene tocada en lo mínimo; el escenario de los sucesos se da en los astros y en los espacios celestes; y tienden todos estos eventos a hacer ver como central la aparición y la manifestación luminosa del Hijo del hombre.
La descripción de los sucesos cósmico pretende subrayar el carácter revolucionario de la venida del Hijo del Hombre. Las nubes, la potencia y la gloria, son todos elementos del Antiguo Testamento que hablan de la presencia y de la potencia de Dios.
El fin último de la “parusía” de Cristo, Hijo del hombre, es aquel de reunir a los elegidos: es este el verdadero vértice y el centro de todo el discurso escatológico.
Marcos habla de la parusía, como realización del gran sueño y de la incesante esperanza que se vivía en el Antiguo Testamento y que proclamaban.
San Marcos subraya la cercanía de la venida en la gloria de Cristo; por otra parte rechaza fijar una fecha precisa y se rebate su imprevisibilidad.
Las previsiones humanas respecto del fin del mundo no quedan en una comunidad cristiana: el único criterio de referencia y de discernimiento es la palabra de su maestro. Sólo la Palabra de Jesús, puede ofrecer la exacta comprensión de la situaciones históricas; sólo la palabra de cristo puede sostener la esperanza cristiana aún delante de las persecuciones y de los eventos negativos; sólo la Palabra de Cristo puede fundar y motivar una correcta actitud de vigilancia activa y de testimonio responsable contra las tentaciones siempre posibles de resignación, de desconfianza y de pesimismo

MEDITATIO. Relee y medita en tu corazón la Palabra de Dios
El texto de Marcos mostrando la dimensión cristológica de la escatología cristiana, va al encuentro de una persona, de un evento personal, donde nuestra libertad personal y la de todos los hombres será plena en el Señor Jesús.
La esperanza cristiana tiene su última expresión y más grande en el evento escatológico de la Pascua del Señor Jesús. La parusía es la Pascua de Jesús en su definitividad para la historia y para el hombre.
La esperanza cristiana y de la comunidad creyente tiene el rostro del Señor Resucitado que viene con “gran poder y gloria”. Es decir que manifiesta su pobre e indefenso amor crucificado y transfigurado en la resurrección como el sentido último, decisivo y definitivo de la historia.
Si la escatología es vivir en tensión hacia la realización plena de los tiempos según el proyecto de Dios; el fin de los tiempos es la persona de Jesús, porque El es el escatológico cristiano; es la figura que se vuelve llamada a la fe, a la conversión, a la vigilancia. Jesús Resucitado que se presenta en la plenitud de la gloria, es la voluntad última de Dios; es el bien y la verdad absoluta del hombre.
La esperanza cristiana tiene en esta párrafo evangélico un aspecto simbólico; tiene la forma de la parábola, del signo; (la higuera). Vivir los momentos de la vida con esta capacidad de profundidad, con esta mirada de ulterioridad.
Permanecer en esta fecunda tensión es la figura cristiana de la esperanza.
De aquí deriva una mirada diversa sobre la historia y que llamamos “discernimiento”; y éste se sitúa entre la consciencia de la insuperabilidad y permanencia de la palabra del Señor y la imposibilidad de encerrarla en una figura presente. La esperanza cristiana tiene la figura del discernimiento y de la decisión práctica; trata de leer la historia a la luz del absoluto llamado de su palabra que exige el riesgo de mi libertad.
Sólo así el reino viene: viene como un don que suscita mi empeño, viene como posibilidad que mueve mi libertad; viene como mandamiento que suscita mi fe; como figura personal que exige seguimiento. Del discípulo y de la comunidad.

ORATIO. Reza con la Palabra de Dios
Dios y Padre Bueno, que en la Venida de Cristo Jesús tu Hijo has manifestado a los hombres la llegada de tu Reino. Te doy gracias por presentarlo como la realización hacia la cual tiende la creación y la historia de los hombres.
El es la manifestación plena de tu voluntad que quiere reunir en torno a El, a todos los hombres dispersos por el mundo; su Palabra es el criterio permanente del cumplimiento de todas las promesas a los que esperamos en la venida y la manifestación plena del Reino. En El se cumplen todas nuestras esperanzas; y en El encuentran alivio todas nuestras penas; nuestra vida se alegra y vive en esperanza porque El Señor Jesús está por llegar “rodeado de gloria y de poder” que le da la Resurrección.
Señor, enséñanos a discernir por los signos de los tiempos que tu venida está próxima; a saber interpretar las manifestaciones de tu llegada triunfante y a saber caminar por la vida con la esperanza del que sabe que su Señor llegará y se anhela su venida.
CONTEMPLATIO. Contempla agradecido lo que Dios ha hecho en tu vida.
Contempla en silencio la forma en que Dios ha intervenido en tu vida; las ocasiones en que has percibido su presencia y agradecele.
Tú, como creyente en Jesús estás invitado a alimentar tu esperanza en Él a base de inventar, e inventariar, los rastros de Dios en el momento presente; en lugar de agrandar la angustia ante los males inminentes o desesperar de una salvación que no se ve.

Un saludo y que Dios les bendiga. P. Cleo sdb.

martes 3 de noviembre de 2009

32º domingo ordinario, B (8 noviembre 2009)


Evangelio que vamos a orar y meditar:
Marcos 12, 38-44.

En aquel tiempo, enseñaba Jesús a la multitud y le decía: ¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplios ropajes y recibir reverencias en las calles; buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; se echan sobre los bienes de las viudas haciendo ostentación de largos rezos. Éstos recibirán un castigo muy riguroso.

En una ocasión Jesús estaba sentado frente a las alcancías del templo, mirando cómo la gente echaba allí sus monedas: Muchos ricos daban en abundancia. En esto, se acercó una viuda pobre y echó dos moneditas de muy poco valor. Llamando entonces a sus discípulos, Jesús les dijo: “Yo les aseguro que esa pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba; pero ésta, en su pobreza, ha echado todo lo que tenía para vivir”.


Lo que dice el texto:
En este Evangelio se reúnen dos relatos distintos pero complementarios. En ambos encontramos a Jesús en el Templo, y en la primera parte también están la multitud y los escribas; mientras que en la segunda parte también en el templo, la gente, muchos ricos y una viuda pobre. Tanto en una parte como en la otra se diferencian la actitud de los escribas que buscan reverencias, asientos de honor, primeros puestos, hacen ostentación de largos rezos y arrebataban los bienes de las viudas; y en la otra parte, los ricos que echaban dinero en abundancia en las alcancías del templo y la pobre viuda que ha echado todo lo que tenía para vivir: sus dos últimas monedas. Se repite con frecuencia la palabra echar: “echaban de lo que les sobraba” y “ha echado todo lo que tenía para vivir”. En ambos reatos se hallan unidos por una palabra: “viuda”. Contrasta la actitud de avidez, por parte de los escribas, hacia los bienes de las viudas, y la sencillez y generosidad de la viuda, frente a los ricos ostentosos. Este relato habla por si solo, sobre la actitud hacia Dios y hacia el ser más indefenso, como pude ser una viuda.

Meditación desde el texto:
Jesús nos enseña que ser como los escribas no es seguir a Jesús, porque ellos buscan todo para ellos. Que si nos guardamos solo para nosotros seremos juzgados como a esos escribas

Y nos hace reflexionar en el ejemplo de un rico y una viuda pobre: el rico echaba en las alcancías lo que le sobraba y la viuda echaba dos moneditas puesto que era todo lo que tenía para vivir. Nos enseña que debemos darlo todo y darnos totalmente. Esa pobre viuda nos enseña a confiar totalmente en Dios, puesto que era el único que le ayudaría.

En la liturgia de hoy las mujeres juegan un papel predominante y positivo. Además se trata de mujeres viudas, con toda la precariedad que ese término traía consigo en los tiempos remotos del profeta Elías (siglo IX a. C.) y de Jesús. No pocas veces la viudez iba unida a la pobreza, e incluso a la mendicidad. Sin embargo, los textos sagrados presentan estas dos buenas viudas no como ejemplo de pobreza sino como ejemplo de generosidad. La viuda del templo es una mujer excepcional. Siendo como era pobre y necesitada, no tenía ninguna obligación de dar limosna para el culto del templo o para la acción social y benéfica que los sacerdotes realizaban en nombre de Dios con las ayudas recibidas. Si tuviese obligación, su acción sería generosa porque dio todo lo poco que tenía, todo su vivir. Su gesto brilla con luz nueva y esplendorosa, precisamente porque se sitúa más allá de la obligación, en el plano de la generosidad amorosa para con Dios. El contraste entre la actitud de la viuda y la de los ricos que echaban mucho, pero de las sobras de sus riquezas, ennoblece y hace resaltar más la generosidad de la mujer. La generosidad de las dos viudas mana de la generosidad misma de Dios, que se nos manifiesta en Cristo Jesús. Generosidad de Jesús que se ofrece de una vez para siempre en sacrificio de redención por todos.


Oración desde el texto y desde la vida:
La generosidad del corazón. Cuando la generosidad no sólo afecta al bolsillo, sino también al corazón, es más auténtica. Si tienes mucho, da mucho; si tienes poco, da de ese poco, pero tanto en un caso como en otro, hazlo con toda la sinceridad y generosidad de tu corazón. A los ojos de Dios eso es lo que más cuenta.

Señor, Generoso, ¿hasta dónde? En este asunto, no hay leyes matemáticas. El principio fundamental está claro: da, sé generoso. Qué dar, hasta dónde llegar en la generosidad, no admite una sola y única respuesta. Serán las circunstancias las que irán marcando ciertas pautas a nuestra generosidad: por ejemplo, un terremoto o un huracán, una inundación ingente y destructora, una guerra tribal, una epidemia, etcétera. Sobre todo, será el Espíritu de Dios el que irá indicando a cada uno, en el interior de su conciencia, las formas y el grado de llevar a cabo acciones generosas, nacidas del amor, nacidas del corazón. Lo importante es que ninguno de nosotros diga jamás: "hasta aquí". No es posible poner límites al Espíritu de Dios. No está mal que nos examinemos y preguntemos: ¿Estoy dando todo lo que puedo? ¿Estoy dando todo lo que el Espíritu Santo me pide que dé? ¿Estoy dando como debo dar: desprendidamente, generosamente, sin buscar compensaciones? Consideremos la generosidad una gracia de Dios, y pidámosla con sencillez de corazón, pero también con insistencia. Que Dios no la negará a quien se la pida de verdad. Son muchos los que tienen necesidad y se beneficiarán de nuestra generosidad.


Contemplación: Alabo y bendigo a Dios y dejo que su Palabra penetre mi interior y me ilumine para hacer su Voluntad.

Estamos terminando el Año Litúrgico y el mismo texto es una invitación para ir haciendo un balance de nuestra vida durante este año que termina, en relación a nuestro seguimiento de Jesús y nuestro amor a nuestros hermanos. Feliz Domingo,

Nacho, SDB.

jueves 29 de octubre de 2009

Todos los Santos, B (1º noviembre 2009)

Este domingo presentamos un doble trabajo de oración, el domingo correspondiente del tiempo ordinario (que este año se omite) y la solmenidad de todos los santos, puedes hacer oración en dos días diferentes.

Todos los Santos
Texto a orar y meditar:
Mt 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles y les dijo:
"Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos los que lloran, porque serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia.
Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios.
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos."
Palabra del Señor.

Lectio:
Jesús anuncia un mensaje nuevo que es una contraversión al discurso del poder humano: no son los ricos y poderosos los felices, sino los pobres y pequeños. La dicha anunciada por Jesús está en sintonía con las promesas del Antiguo Testamento, donde Dios se muestra como el garante y defensor de los pobres y oprimidos, entre estas promesas están la tierra, la visión de Dios, la misericordia y el consuelo. Pero están enmarcadas entre dos posesiones presentes: el Reino de Dios.
El que Jesús haga esta discurso desde lo alto del monte, no es casual, es una memoria de Moisés en el Sinaí, dando la ley al pueblo. Jesús aparece como nuevo lesgislador, y así lo ha visto la Iglesia desde sus comienzos: las bienaventuranzas son un programa de vida.
Se habla de las persecuciones y de la recompensa en los cielos, no como un adormecimiento de la necesidad de justicia actual, sino como su plena consumación a través de la historia: el Reino ya está aquí, pero culminará en la eternidad.

Meditación:
La Iglesia nos propone este texto para este solemne día en que recordamos a todos los santos en conjunto. Ellos constituyen a la Iglesia glorificada, son hombres y mujeres como nosotros que vivieron este proyecto de vida de las bienaventuranzas evangélicas.
Las bienaventuranzas son una promesa abierta a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, aún en medio de las contradicciones del mundo que parecen desdecirlas, ¿qué tanto mantengo mi esperanza en Dios?
El Reino de los cielos es la posesión del mismo Dios desde esta vida, como un germen que quedamente va creciendo. ¿Realmente estoy convencido de que mi vida ya está preñada de la santidad de Dios? ¿En qué acontecimientos de mi vida puedo ver la realización del Reino de los cielos en mi propia historia?
Las bienaventuranzas como proyecto de vida, nos plantean encarar las situaciones con un corazón renovado. ¿Cuáles de estas situaciones vivo actualmente?
La confianza en Dios, para dejarse hacer por Él, es una de las claves de muchos santos para dejarse conducir por el camino de la ley del Amor.

Oración:
Señor, que has enunciado en el monte una nueva forma de vida, basada en la confianza infinita en tu misericordia, ayúdame a acrecentar mi anhelo de ti, para que los llantos, hambres y persecuciones de esta vida, más que alejarme, me acerquen a ti. Quiero aventurarme a vivir lo inesperado, pero siempre de tu mano. No pretendo santidad propia, sino sólo aquella felicidad que brota de ti y que es capaz de transfigurar nuestra existencia, haciendo palpable tu Reino ya desde esta vida. Dichosos mis hermanos y hermanas del cielo, que ellos intercedan por mi y sean mi modelo para amarte cada día aunque sea un poquito más.

Contemplación:
Deja que estas palabras hagan eco en tu corazón. Las bienaventuranzas son de esos textos que aún sin nunguna explicación logran consolar el corazón y sostener el compromiso por transformar la propia realidad.
Repítelas a lo largo de la semana, que caldeen tu espíritu y puedas anunciarlas a quienes te rodean con una simple sonrisa.

Dios te llene de su paz.
שלום

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31 Domingo Ordinario “B”
Marcos 12, 28-34

LECTURA. El Evangelio de éste domingo presenta como interlocutores a Jesús y a los jefes sociales y religiosos del judaísmo histórico. El intento del evangelista es doble: afirmar la autoridad absoluta de Jesús y de su enseñanza, y también presentar y motivar la división definitiva del judaísmo.
Es un escriba que se acerca a Jesús animado por una intención recta. La pregunta que le hace a Jesús se entiende en el contexto de las escuelas rabínicas y de las tradiciones de los judíos de ese tiempo. Los grandes rabinos estaban empeñados en encontrar un principio unificador que sintetizara los 613 preceptos positivos y negativos del Pentateuco, pero en esto, todos mantenían opiniones divergentes. Y la respuesta que le da Jesús resulta una combinación de dos textos del Antiguo Testamento.
El primero es el inicio del Shema, con la profesión de fe y el inicio del amor hacia Dios. Este precepto, afirma, Jesús, es el primero, pero rápidamente agrega, citando un segundo mandamiento: es el del amor hacia el prójimo.
La novedad de la enseñanza de Jesús está aquí, precisamente, en haber unido los dos mandamientos, integrándolos el uno en el otro y en haberlos declarado juntos y señalado como “el más grande”. La afirmación definitiva de Jesús se interpreta en el sentido que se trata del mandamiento que está por encima de todos: no es por lo tanto aquel que abraza y sintetiza a los otros, sino del que todos los otros reciben su sentido y aquél respecto del cual no se da uno más grande.
Jesús sin embargo no lo pone sobre el mismo plano: el amor al prójimo es sólo el “segundo” mandamiento. Si es verdad que no es necesario separar u oponer, es también verdad que no se puede reducir el amor hacia a Dios al amor al prójimo.
Jesús enseña que el amor auténtico hacia los hermanos no puede ser practicado en toda su radicalidad sino es que partiendo de la fe en Dios, teniendo a Dios como fundamento y referencia de la propia existencia. Lo que deriva es que no puede existir amor verdadero hacia el prójimo sin escucha de Dios y sin fe en su palabra, como no puede existir fe auténtica sin la práctica del amor fraterno.
El escriba retoma lo dicho por Jesús y expresa un juicio sobre los holocaustos y los sacrificios. El lugar de éste diálogo dan a la afirmación del escriba y de Jesús una particular dureza e incisividad. Están sobre la plaza del templo, después de la expulsión de los vendedores y antes del anunció de la destrucción del templo. Jesús, es claro que no ha entendido abolir el culto como tal, sino su degeneración en el formalismo y, sobretodo, la contraposición que podrá insinuarse entre servicio-culto a Dios y amor por el hombre, entre “misericordia y sacrificio”
Jesús con su respuesta al escriba no sólo condivide la toma de distancia de un culto que en nombre de Dios tolera y favorece formas de convivencia con leyes o estructuras que olvidan el primado del amor, sino sobretodo, acepta cuanto se ha dicho en la fe de Israel: la unicidad absoluta de Dios, deja intuir que todo esto no basta para poder hacer parte del reino; se necesita todavía algo más esencial. Lo esencial e inseparable será lo que ya une la persona de Jesús y su actividad con el reino de Dios.

MEDITACIÓN. Ante la polémica sobre el primer mandamiento y la infinidad de preceptos; Jesús no simplifica la ley: la radicaliza centrando su sentido en el amor total a Dios y en el amor al prójimo como a uno mismo; profundiza las exigencias, haciendo a todas expresión de ese doble amor. El mejor culto a Dios pasa por el cultivo de la fraternidad: entenderlo así, nos acerca al Reino.
La ley de Dios, según Jesús, quedó así resumida en el amor debido a Dios, lo que es lógico para todo creyente, y en un amor al prójimo que iguale el que nos tenemos cada uno, lo cual es excesivo para cualquiera. Esto quiere decir que la obediencia que le debemos a Dios no se salda tanto haciendo lo que se nos manda o evitando lo que se nos prohibe; cuanto amando cuando lo hagamos o lo debamos rehuir; no se trata, simplemente de no hacer el mal ni de omitir el bien, sino de amar lo que hacemos o evitar no hacerlo por amor.
Concentrando toda la ley de Dios en el precepto del amor a Dios, Jesús no nos ha facilitado la obediencia. Nos sigue poniendo en aprietos el tener que amar a Dios sólo y con todas nuestras fuerzas. Y es que la exigencia de amor es la única que el hombre jamás dejará cumplida y, por tanto, nunca se librará de ella; el amor es así, y lo es mucho más el amor que le debemos a Dios; es un amor que siempre se mantiene en deuda; el amor que a Dios debemos nos mantiene siempre endeudados con Él. Por eso, ése es el primer mandamiento suyo. Imponiéndonos su amor, nos ha impuesto un deber; por más, por mejor, que amemos a Dios, siempre estaremos con Él en deuda de amor. Por lo tanto, nuestro esfuerzo por obedecer su mandato será nuestro mejor modo de mostrarle nuestro cariño.
Dios quiere que se le ame en exclusiva, no soporta otros amores que no sean Él en el corazón de los suyos; y, precisamente por ello, manda que amemos a los demás con el mismo amor que nosotros nos tenemos. El único amor, pues, que Dios soporta en sus fieles es el amor a su prójimo. El Dios que quiere ser nuestro, amado en exclusiva, no se siente celoso si amamos a nuestros hermanos. Sólo quien ama a Dios sobre todas las cosas y con todo su corazón podrá poner al prójimo en el centro de sus preocupaciones. Y al mismo tiempo, el amor al prójimo será así, la medida de nuestro amor a Dios

ORACIÓN. Gracias, Señor; porque nos quieres teniéndote por encima de todos nuestros pensamientos y acciones y como el más importante amor de nuestra vida.
Por tu gracia, he llegado a entender que lo más importante de mi vida y el deber primordial es el amor a Tí por encima de cualquier otro amor. Este es lo más importante que tengo que cumplir; pero es la realización más grande que como persona puedo vivir. Amar a Dios sólo y con todas mis fuerzas.
Porque he sido obra salida de las manos de Dios por amor; me siento querido y amado por Él; y esta experiencia de amor que siempre se tiene, es un amor que siempre mantendré en deuda con Él. Hoy descubro que Dios me ha impuesto un deber: amar, ésta es la deuda del amor. Ser obediente con Él será la mejor muestra de mi cariño y de mi amor.
Gracias, Padre, porque quieres que amándote, mi amor a Tí sea exclusivo, porque el verdadero amor exige exclusividad e intimidad.
Y Tú me pides que ame a mi prójimo con el mismo amor que me tengo; y éste es el único amor que esperas de mí y te pido que me ayudes a entenderlo y a vivirlo, pues es la única forma de serte obediente y caminar de acuerdo con tus criterios y ser verdaderamente tu discípulo.
Y es que amándote a Ti con todo el corazón, podré poner al prójimo como centro de mis preocupaciones y de mis quehaceres. La misión a la que me destinas, habla de ello: un Dios, un Padre Bueno que me ha elegido porque me ha amado y mostrándome su amor me ha destinado para salir a hacer el bien a los demás, para mí, a los jóvenes; mi misión es quererles y expresarles el grande amor que Dios les tiene y lo importante que son en la vida del Padre.

CONTEMPLACIÓN. Vive un momento durante la semana en el que te aisles de los ruidos. Toma la Palabra de Dios en las manos y platica con Dios. Experimenta el Amor de Dios y describe los momentos, cosas, personas y experiencias que te hacen sentirte amado o amada. Después describe cuánto lo amas a Él. Con cariño. P. Cleo sdb

lunes 19 de octubre de 2009

30º domingo ordinario, B (25 octubre 2009)


Texto
Marcos 10, 46-52
(lee serena y tranquilamente el texto una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización).

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”.

Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó A Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.

Lectura (Lectura de lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor):
Nos presenta el último milagro en el Evangelio de Marcos de un hecho real y que tiene un valor simbólico. Presenta a Jesús saliendo de Jericó, junto con sus discípulos y mucha gente. Presenta también a un ciego, nos dice el nombre, Bartimeo, que estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna, que grita: ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!; y gritaba más fuerte. Jesús tiene ese encuentro, ese diálogo, con el ciego, diciéndole: “¿Qué quieres que haga por ti?” Maestro, qué pueda ver, le dice el ciego. Jesús le hace reflexionar al decirle: “Vete, tu fe te ha salvado”. Al recobrar la vista comienza a seguir a Jesús por el camino.

Meditación ( Reflexión personal y profundización sobre la palabra, lo que a mi me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias):
Sobresale en este relato lo que se dice literalmente y el mensaje que contiene; es importante, especialmente, el diálogo. Y uno de los temas de meditación es el presentarnos una historia de la fe: descubriendo aquí que es a través de un encuentro personal, el paso del ver, al querer ver a Aquel que lo manifiesta; es un encuentro de salvación a través de la visión, haciéndolo así un creyente: “vete tu fe te ha salvado”. Ese encuentro con Jesús es el encuentro que da la vista; de tal manera que es a través de la fe que se alcanza a descubrir la verdad de Jesucristo: “Jesús, Hijo de David”. Otro tema de meditación es el del pasar de la visión al seguimiento. Ve a Jesús y conoce desde ahora el Camino, porque anteriormente estaba al borde del camino; es al partir de ver a Jesús que ve el camino y lo sigue: sigue a Jesús, el Camino. El hombre que gritaba a Jesús: “Hijo de David, ten piedad de mí”, creía que Jesús era el Mesías, al menos esto se deduce al llamarlo Hijo de David. Este hombre así lo reconoció. Es la necesidad de salvación experimentada por personas, aquí en este caso, con referencia a carencias físicas o morales. Y el Señor aprovechó esas ocasiones para hacerles llegar a ellas la salvación eterna; eso es Buena Nueva.

Oración (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo): Señor, cuántos caminan en la vida ciegos, porque no saben, no conocen el camino. ¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!, exclamó el ciego Bartimeo, que estaba al borde del camino, pero no lo veía. “¿Qué quieres que haga por tí?” le dijo Jesús. ¡Qué vea, Señor! Y en ese diálogo, en ese encuentro personal, que es un encuentro en la fe, se transforma en salvación y en visión. Al ver a Jesús ve el camino, ve la salvación y lo sigue. ¡Señor que todos te vean, qué descubran en Ti el camino que conduce a la vida. Señor que todos te descubran; puesto que eres la Palabra que te hace ver como el Camino!.

Contemplación (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, alabo, adoro y tomo decisiones de actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria, personal, familiar, laboral, social, escolar…)
La temática de este Domingo nos ayuda a continuar la reflexión sobre la Misión; la salvación dirigida a todos buenos y puros como también malos e impuros. El Señor purifica y sana a todos: hoy nos presenta un ciego que pide a Jesús la sanación y que se abre a la salvación; ve el Camino.



Saludos y bendiciones. Feliz Domingo, Nacho, SDB.


La Paz con ustedes.