jueves 16 de febrero de 2012

7° domingo ordinario, B (19 febrero 2012)

Evangelio que vamos a meditar y desde el cual vamos a orar: 
San Marcos 2, 1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.
Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban ahí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios”
Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados –le dijo al paralítico- : Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa.
El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”

Lectura:
El Jesús que vamos siguiendo y conociendo en la versión de San Marcos sigue predicando el Reino, sanando de toda enfermedad y expulsando al mal que hay en toda persona. El pasaje de hoy tiene como protagonistas principales a Jesús y a un paralítico; como actores secundarios, a los amigos del paralítico que confían en Jesús y a la gente que escucha y es testigo de lo que hace Jesús con el enfermo; como antagonistas de Jesús están algunos maestros de la ley. El hecho se da en Cafarnaúm, en la orilla noroeste del lago de Galilea, y muy probablemente en la casa de Simón, uno de los cuatro primeros discípulos. El texto lo dividiremos en dos partes. La primera nos habla del regreso de Jesús a Cafarnaúm, donde inmediatamente se corre la voz de su llegada,  y la gente abarrota la casa; allí Él anuncia el “mensaje” del Reino como “quien tiene autoridad”. La segunda parte nos permite ver en sucesión el modo inusual como ponen a un paralítico frente a Jesús para que le cure; la reacción de Jesús que, al ver lo que hacen, le perdona los pecados; la posterior reacción de escándalo e incredulidad de los maestros de la ley; hasta la confirmación de que sí le fueron perdonados los pecados al hacerlo, también, caminar. El hecho finaliza con el reconocimiento y exclamación de la gente que, de ávida de escuchar a Jesús, pasa a convertirse en testigo y esto los coloca en situación de ventaja sobre los maestros de la ley, que sabiendo muchas cosas de Dios, no sabían abrirse ni dejarse sorprender por Él: “nunca hemos visto una cosa así”.

Meditación: Para la meditación nos ayudarán las acciones y actitudes de Jesús y de los personajes con quienes interactúa. Primero hay que señalar que Jesús “enseña” la Palabra de Dios y la gente, ávida de ella, corre a escucharlo. La noticia de su regreso a Cafarnaúm es respuesta a su necesidad de Dios y abarrotan la casa donde Jesús enseña pacientemente, pues a eso ha venido. Jesús también llega a nuestra vida y hace de ella su casa y, por eso mismo,  lugar de convocación de creyentes y de predicación de la Palabra de Dios y de su Reino. En segundo lugar encontramos a un grupo de personas que hacen hasta lo imposible para que su amigo enfermo sane. El modo inusual de acercar y poner al paralítico frente a Jesús. Eso mismo deja ver el grado de amor al amigo y de confianza en Jesús. Superando obstáculos desoyen posibles burlas y críticas, y se atreven a desbaratar un techo, con tal de que Jesús, viéndolo, se compadezca y le devuelva la salud. Su confianza es correspondida y rebasada: le perdona su pecado y le hace caminar. Nuestras personas, tantas veces inmóviles y paralíticas por el pecado y por traumas y complejos, siempre tendrán oportunidad de encontrarse con personas amigas que con amor, y superando todo tipo de  críticas, resistencias y obstáculos, nos colocarán en el lugar privilegiado para un enfermo: en una casa, en medio de una asamblea eucarística y frente a Jesús. Sin que lo hayamos pedido, y permaneciendo siempre mudos, saldremos de su presencia a la vida ordinaria amados, caminando y sin pecado. Nosotros un día podemos ser personas que lleven al amigo enfermo delante de Jesús, y otro día podemos ser enfermos portados ante Jesús por los amigos. Cuando Jesús rompe y supera las expectativas al decir: “hijo, tus pecados te quedan perdonados”, entramos al tercer momento y centro del mensaje. De ahí el interrogante de los maestros de la ley: “¿Cómo se atreve este a hablar así, si sólo Dios puede perdonar los pecados? Dentro del interrogante está el rechazo de Jesús como Dios y el tacharlo de blasfemo, también la descalificación de su persona por mentir, pues el perdón de los pecados no se ve. A nosotros muchas veces no nos preocupa el pecado dado que no se ve, en cambio le damos demasiada importancia a la apariencia y también al físico, que sí se ven. Le pedimos con insistencia a Jesús que nos cure de enfermedades físicas y no  pedimos que nos sane de la grave enfermedad de nuestro pecado, tal vez porque no creamos que lo pueda hacer. Nos ilusionamos en que estando sanos podremos ser felices, aunque estemos viviendo en pecado. Nuestra peor parálisis se vuelve oportunidad para acrecentar la fe al reconocer a Jesús como Dios; para dejarnos acercar por otros y escuchar su tierna y paternal voz dentro de nosotros: “hijo, hija, te perdono tus pecados”. En un cuarto momento parece que no ocurrió nada. Sigue la parálisis y se agudiza el silencio externo, sólo hay ruido e interrogantes en el corazón y mente de los que se resisten a creer en la divinidad de Jesús. Por eso Jesús decide confirmar “la autoridad del Hijo del Hombre” para perdonar los pecados concediendo, también, la salud física al paralítico: “a ti te digo, levántate, toma tu camilla, y vete a tu casa”. Si de modo divino Jesús perdonó los pecados, también de modo divino regala la salud. Jesús nos quiere íntegros y completos para Dios y para los demás. Con el perdón de los pecados nos libera de las parálisis en que nos tienen atados los complejos y traumas, los odios y rencores, los orgullos y egoísmos. Jesús nos manda sanos a casa, al interior de la familia, donde nuestro pecado nos tenía paralizados, inutilizados. Nos pide que aceptemos y carguemos nuestra realidad, que no la despreciemos. El que antes era paralítico es mandado con su camilla a su casa pero libre, caminando, pisando tierra, aceptándose con presente y pasado, amado y perdonado. Es el mejor modo de volver y de estar de nuevo en casa, en familia. En el quinto paso el texto concluye, primero,  confirmando la salud espiritual y física del enfermo: “tomando su camilla salió de allí, a la vista de todos”. Después presentando las actitudes de admiración y alabanza a Dios por parte de los que primero eran, simplemente, curiosos o ávidos oyentes de Jesús y luego quedan en la posibilidad de creyentes al exclamar: “nunca hemos visto algo así”. Nosotros también, ante las sanaciones espirituales o físicas que Jesús realiza a las personas que nos rodean, podemos quedar confirmados en nuestra incredulidad y rechazo o crecer en la fe alabando y dando gracias a Dios por lo que hace a través de Jesús. Nos toca decidir, nunca somos obligados.

Oración: Podemos concluir orando: “Señor Jesús, muchas gracias por mis familiares, amigos y comunidad, especialmente por mi confesor y director espiritual, porque ellos me han cargado en camilla y me han puesto muchas veces frente a ti para que me sanes de mis pecados y de todas mis parálisis. Nos dices por medio de tus sacerdotes, tus mismas Palabras: “Tus pecados son perdonados”. Perdona mi falta de fe al no reconocer que liberas y sanas a tantas personas inmovilizadas por sus pecados, por su pasado, por sus complejos. Perdóname por aquellas veces en que, por miedo al ridículo y a la crítica, no me he atrevido a convocar a otros a desbaratar techos ni a cargar a gente inmóvil. Señor Jesús, te alabo y te bendigo porque devuelves a la realidad de la vida y de la familia a gente que antes estuvo inmóvil, porque con tu perdón y tu amor ayudas a aceptar y a cargar libremente su realidad, ya que antes estaba oprimido y paralizado. Porque Tú eres Dios entre nosotros y con nosotros”. Amén.

Alaba y bendice a Dios por sus obras en ti y en los demás. Adóralo y haz tu propia oración. El perdona y sana. Haz un propósito que te ayude a crecer en fe, esperanza y amor.

La Paz con ustedes.

jueves 9 de febrero de 2012

6° domingo ordinario, B (12 febrero 2012)

Texto Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú  quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: Sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.
Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.
Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.

Lectura: Este relato lo situamos en el inicio del ministerio de Jesús en la Galilea. Ya nos había presentado varias curaciones. Ahora, nos presenta a Jesús y a un leproso, sin nombre. Un leproso que se acerca a Jesús transgrediendo la prohibición de aproximarse a la gente; y le suplica de rodillas, diciéndole: “si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadece de él y extendiendo la mano lo toca y le dice: “Sí quiero: sana”. A Jesús sin importarle el contacto físico con el leproso nos muestra que no le preocupaba ser considerado impuro. Y lo que Jesús da es la vida. Al leproso inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio. Lo despide con dos ordenes: no decir nada a nadie y la de presentarse al sacerdote para cumplir lo que dice el libro del Levítico (Lev 14,1-32) para ser declarado puro e integrarse a la vida social.; sin embargo el curado proclama públicamente su curación; de tal manera que ya Jesús no podía entrar abiertamente en la ciudad y acudían a Él de todas partes.

Meditación: Nos hace meditar que el encuentro de Jesús con el leproso es totalmente una novedad: “se compadeció de él”, o sea, ”sus entrañas se llenaron de ternura”, delante de la angustiosa desesperanza de aquella persona. Jesús no está de acuerdo que se le tuviera marginado. Jesús “extendiendo la mano” muestra el gesto liberador, no solamente al lanzar la mano sino al tocarlo. Jesús sabía de las normas rígidas que se debía tener sobre un leproso (la mishnah presenta setenta y dos tipos de lepra o enfermedades de la piel, y hasta se les prohibía de acercarse al muro de Jerusalén); sin embargo, después de curarlo lo invita a que se presente al sacerdote, para que sea readmitido por el representante y a la vida social y religiosa. Jesús asume el mal del otro y comparte su destino. Le dice: “Sí quiero: Sana”. Jesús es el lugar para acercarse al Reino y lo será incluso para aquellos que se acercan a los excluidos, marginados, superando todas las distancias. Jesús curándolo lo introduce a un nuevo encuentro con Dios y con la comunidad. El leproso sana de la manera más radical, por su fe y en su fe. El enfermo lo comprendió. Nosotros somos invitados a poderlo comprender. Jesús es el Dios cercano que acorta distancias. Jesús con estas señales, con estas curaciones, manifiesta que tiene todo poder ante el mal que destruye a la persona: que es el pecado, simbolizado en la lepra. Por eso la curación del pecado es la más radical que aquella de la lepra. Es Jesús el único que sana del pecado que es la enfermedad más grave, que puede acontecer en el hombre, en la mujer, en el joven; es decir, en cualquier persona.

Oración: “Si quieres, puedes curarme” es la súplica, es la oración de aquel que llega a reconocer el propio pecado, que es como la lepra. Señor, pidiéndote perdón proclamamos que Tú, Señor, eres grande, por las maravillas y por las grandes obras en la historia de las gentes y en nuestra historia personal, porque hemos experimentado tu grande Amor, al reconocer nuestra situación de pecado personal y social. Tú, Señor, siempre estas dispuesto a acercarte, a tocarnos con tu mano, con tu amor, porque tienes entrañas de misericordia, a todo aquel que, con fe, es capaz de decirte: “Si quieres, puedes curarme”. Eres el Dios con nosotros, siempre dispuesto a decirnos: “Quiero; queda limpio”.

Feliz Domingo. Que nos dejemos tocar por el Señor, y nos bendiga con su Amor.


La Paz con ustedes.

5° domingo ordianrio, B (5 febrero 2012)

Texto del Evangelio de San Marcos 1, 29-39.

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles.
Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el Pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levanto, salió y se fue a um lugar solitário, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios.

Lectura:
            El párrafo evangélico de éste día es la así llamada “jornada de Cafarnaúm”, que se ha ubicado en el tiempo de un día y en un espacio concreto como es Cafarnaúm, sobre la costa del lago de Tiberíades.
            La primera escena, íntima y familiar, es la curación de la suegra de Pedro, con fiebre y postrada en el lecho. Jesús se acerca y tomándola de la mano la levanta; aparece por lo mismo en toda su solemnidad la fuerza de Cristo, su potencia sobre el mal. Marcos usa unos verbos muy importantes y que clarifican el sentido del milagro: por un lado el ‘alzarla’ de la mujer, está expresado con el mismo verbo con el que se expresa la ‘resurrección’, por otro, el verbo ‘servir’, está descrito con el término griego de la ‘diakonía’, el ministerio caritativo como lo hace Cristo.
            La segunda escena se realiza a las puertas de la ciudad, al atardecer. Jesús realiza una serie de curaciones en masa (enfermedades y curaciones de demonios), una especie de intervención en contra del mal; y aflora aquí, también el célebre “secreto mesiánico” del que el evangelio de Marcos habla mucho; “No permitía que los demonios hablaran porque lo conocían”.
            La tercera escena. Jesús se encierra en el silencio de la contemplación, pero inmediatamente después es buscado por la multitud, ansiosa de ser liberada del mal.
El misterio de salvación de Cristo supera los confines de una tribu, los muros de una casa, las puertas de una ciudad, las fronteras de una región: “Le trajeron todos los enfermos y endemoniados”; “curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios”; “Todos te buscan... y anduvo por toda la Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando a los demonios”.

Meditación:
En la actividad de una jornada el evangelista presenta a Jesús curando  y orando, entre la gente necesitada de él y necesitando él de Dios para volver de nuevo a la gente.
            Hay una dinámica de hacer el bien a todos, el sentido universal en el texto evangélico: La jornada de Jesús; un día sábado, se vuelve así emblemática de la nueva intervención creadora de Dios, en Jesús, que introduce a la persona en la aceptación de la palabra y lo cura de su mal vivir.  Todavía más, se debe hacer notar una progresiva ampliación, entre la curación de la suegra de Pedro “en la casa”, y la liberación de muchos enfermos y endemoniados en la puerta, donde se reúne “toda la ciudad”, y, en fin, el “Todos te buscan”, el ir más allá del Señor en “toda la Galilea”.
            Los milagros que realiza Jesús son el signo más eficaz de que el Reino ha llegado: un signo que dice que la salvación y la liberación de Cristo cura a “toda” persona. Él cura a muchos pero se preocupa también de aquellos que no acuden a Él. Su curación alcanza todas las dimensiones humanas; nos predica la palabra de la esperanza que cura. El relato de la curación de la suegra de Simón se vuelve programático del camino perfecto con el cual sucede la curación y la liberación que realiza Jesús. El pequeño párrafo está iluminado por la luz pascual. “Jesús se acerca a la mujer y la levanta tomándola de la mano”. Y después, la mujer “se pone a servirle”. Él pasa sanando y haciendo el bien, pero esto es un anticipo de la resurrección y habilita para aquél servicio de caridad, que hace del bien recibido, un bien para los demás.

Oración:
Señor, queremos invitarte como los discípulos a nuestra casa y hablarte de nuestros males y enfermedades; estamos dispuestos a comentarte todo lo de nuestra casa y de nuestra vida. Abrirte las puestas de nuestra casa y de nuestro corazón. Queremos dar ese primer paso para que el Señor Jesús nos cure.
            Señor, queremos ser liberados del pecado por Tí; del mal que hemos hecho y que no nos deja vivir. Y abrir nuestro corazón, Señor Jesús, es porque Tú eres el Salvador.
            Cuando vemos, Señor Jesús que te retiras a rezar, a la intimidad con tu Padre y a la búsqueda de su Voluntad en tu vida; debemos sentir que es necesario ir a buscarte, y estar convencido de que te necesitamos. También, porque te necesitan los demás, te necesitan los que nos has confiado. Señor Jesús, porque todos te andan buscando; es más, también, nosotros te ando buscando.

Contemplación:
            Me consuela el saber que el Señor está en medio de nosotros, como Salvador en la persona de Cristo Jesús. Que su Voluntad es salvarnos del mal y del pecado
            Tendríamos que perder el miedo a tener que hablar con Jesús, de nuestros males, de esos males que escondemos a los demás, pero alimentamos en nosotros; presentárselos a Jesús nos hará descubrirlo como nuestro Salvador.
 
La Paz con ustedes.

miércoles 25 de enero de 2012

4° domingo ordinario, B (29 enero 2012)

Evangelio que vamos a meditar y desde el cual vamos a orar: 
San Marcos 1, 21-28
 
En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.
 
Lectura: Estamos comenzando la lectura del evangelio según San Marcos y vale la pena recordar la persona de Juan el Bautista que fue arrestado, el bautismo de Jesús y su paso por las tentaciones en el desierto y, finalmente, el llamado que hace a los cuatro primeros discípulos, comenzando con ellos su predicación y el llamado a seguirle abriéndose a la conversión. El evangelio de hoy, continuación de los pasajes que hemos mencionado, nos deja ver a Jesús ya seguido por sus primero discípulos, y estando como comunidad en Cafarnaúm, la población más grande a orillas del lago de Galilea. Marcos también nos muestra a Jesús como judío que cumple con sus derechos y deberes religiosos presentándose el día sábado en la sinagoga, o casa de oración, y allí ofrece como maestro su propio comentario de las escrituras. Es central en el texto la intención de distinguir la autoridad propia y real con que enseña Jesús de aquella con que enseñan los maestros y profesionales de la ley que hacen referencia a otros maestros. Su autoridad le viene de Dios y queda confirmada por la eficacia de su palabra pues calla y aniquila al espíritu malo sanando a un enfermo. Sólo ese espíritu lo reconoce “el Santo de Dios”, mientras que la gente que lo ve y lo sigue se pregunta por Jesús, por lo que dice y lo que hace. Con esto comienza a extenderse su fama de hombre con autoridad para expulsar al mal y sanar a enfermos por toda Galilea.
           
Meditación: El domingo pasado Jesús decía que “el tiempo estaba cumplido y el Reino había llegado”,  en su persona y con su persona. Con el hecho de hoy lo confirma y la presencia de Dios, su amor y su salvación, entran a nuestro mundo para expulsar al mal. Jesús, venciendo a los espíritus malos introduce e instaura el Reino de Dios entre sus hermanos. El no sólo es el profeta anunciado por Moisés en la primera lectura de hoy, sino instaurador del Reino con sus palabras y sus obras. Él hablará en nombre de Dios y su palabra obrará lo que pronuncia. De este modo Jesús es presentado por San Marcos en su evangelio primero como un nuevo Moisés que enseña y habla en nombre de Dios, y aún más que eso, como Hijo de Dios porque su palabra tiene cumplimiento aniquilando al malo. Cuando Jesús habla callan los espíritus inmundos, ninguna palabra puede sobreponerse a la suya ni tiene la eficacia liberadora sobre los hombres como la suya. El hombre poseído estaba en la sinagoga y parecía oír sin llegar a escuchar, sabía quién era Jesús sin reconocerlo presente en su vida. Con frecuencia nosotros, estando en nuestros templos públicos y capillas privadas (nuestro interior) ni escuchamos ni reconocemos realmente a Jesús, porque podemos estar invadidos por malos espíritus lejos y apartados de él. En el fondo de nuestros corazones, en esa capilla particular que todos tenemos y somos, habitan presentimientos, dolores, heridas, amarguras, decepciones y desilusiones que no nos atrevemos a manifestar delante de Jesús, porque son nuestras cosas más profundas. Demasiado ruido provocado por nosotros mismos no nos deja escuchar la voz liberadora de Jesús, y muchas imágenes provocadas por miedo a la verdad de fondo no nos dejan reconocer realmente a Jesús. Nos hemos taponado los oídos y la voluntad de tal manera que no pueda penetrar la voz de Dios. Preferimos escondernos detrás nuestros gustos y comodidades, detrás de trabajos reales o supuestas responsabilidades, incluso detrás de piadosas actividades para que nadie note cómo nos va ni cómo estamos realmente allí dentro, en lo profundo de nuestra “sinagoga”, perdidos entre los demás que también cumplen con sus deberes religiosos. Pero Jesús descubre nuestro mal espíritu y, por amor a nosotros se impone a él, lo desenmascara, lo expulsa y nos deja libres. De ese modo podremos reconocer su autoridad sobre el mal, sobre nuestro mal, y pasar a reconocerle y testimoniarle como el Hijo de Dios y Salvador de nuestras vidas. No querer escuchar, no querer ver, no querer movernos hacia Jesús, y estando en medio de nuestra “sinagoga”, es un real atentado a nuestra libertad, a nuestra felicidad y a nuestra pertenencia a Dios. Jesús nos quiere también curarnos de nuestro individualismo y llevarnos a la comunidad, (Iglesia), para seguir y reconocerlo sólo a Él.
 
Oración: Te invito a hacer oración diciendo: “Señor Jesús, venimos a ti con todo lo que no nos gusta mirar dentro de nosotros, con todas las cosas feas e insoportables, con tantos malos espíritus que queremos esconder delante de ti, de nosotros mismos y de los demás, aunque vivamos con ellos y recemos con ellos, pero sin llegar a reconocerte a ti como Dios y salvador. Te presentamos nuestras supuestas opiniones y malos espíritus y te pedimos que les ordenes con la fuerza de tu amor y de tu palabra que se callen y salgan de nosotros. Limpia nuestra mente y corazón para pensarte y acogerte, limpia nuestros oídos y ojos para escucharte y para verte, da fuerza a nuestra débil y cobarde voluntad para animarnos a ser tus testigos. De los espíritus malos que me seducen y nos atan, líbranos Señor. Líbranos de la seducción de una vida individual. Que busquemos formar la comunidad de amor, fraternidad y servicio, que tu has querido y has dado la vida. Líbranos de ese mal espíritu, y concédenos ese espíritu de Comunión”.
           
Estás invitado durante los próximos días a exponerte delante de Jesús en oración y a presentarle los malos espíritus que has dejado entrar a tu vida y hasta los has cultivado y promovido. Ejercítate, tú, y junto con los demás, en la oración que nace de lo profundo donde reconocemos nuestra incapacidad de sacarlos por nosotros mismos; y dejemos que la Palabra amorosa de Jesús retumbe en el fondo de nuestra vida, para formar Iglesia, Comunidad.
 
Un abrazo y oraciones. El día 31 de Enero celebramos a nuestro Padre Fundador San Juan Bosco, caminando hacia el Bicentenario de su Nacimiento 2015.
 
 
La Paz con ustedes.

jueves 19 de enero de 2012

3º domingo ordinario, B (22 enero 2012)

Texto del Evangelio de
Marcos 1, 14-20

Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”.Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús.

Lectura: Personajes: nos habla de Juan el Bautista, que había sido arrestado, y sobretodo nos presenta a Jesús, en la Galilea. Jesús dice que ha llegado la hora de predicar el Evangelio de Dios y que el Reino de Dios está cerca; después del anuncio Jesús pide conversión. Marcos, después, explica el episodio de la llamada a los cuatro discípulos, que caminando Jesús por la orilla del lago de Galilea vio a Simón y a su hermano Andrés y les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”, y dejando las redes, inmediatamente lo siguieron. También vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo. Los llamó y ellos, dejando en la barca a su padre y a los trabajadores, se fueron con Jesús. El Reino de Dios  como mensaje central del anuncio de Jesús. Marcos nos lo presenta trece veces en la boca de Jesús (1, 15; 4, 11; 4, 26; 4, 30; 9, 1; 9, 47; 10, 44; 10, 15; 10, 23; 10, 24; 10, 25; 12, 34; 14, 25). Y el llamado de Jesús, es decir, la vocación de los primeros discípulos de Jesús y la respuesta de estos primeros cuatro discípulos. Que dejando todo lo siguieron.

Meditación: Nos encontramos en la primera parte del Evangelio, centrada en la actividad de Jesús en Galilea, después del arresto de Juan el Bautista. Es un resumen de la predicación de Jesús, que recoge este texto las mismas palabras dichas por Jesús: “Se ha cumplido el tempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”. En la llamada de los cuatro primeros seguidores, nos dice que es una iniciativa de Jesús. Porque era costumbre del judaísmo, que el discípulo escogía su maestro; en cambio es Jesús quien elige a los que serán sus discípulos y seguidores. Y los cuatro pescadores llamados por Jesús lo dejan todo para irse con El. No da ningún argumento o diálogo. Jesús les pide que lo sigan. Y ellos reaccionan con toda rapidez y lo dejan todos para seguirlo. Marcos nos ayuda a reflexionar en poner atención en Jesús y muestra la fuerza y atractivo de Jesús. 

Oración: “Se ha cumplido el tempo y el Reino de Dios ya está cerca. Conviértanse y crean en el Evangelio”. Señor, escuchar y conocer estas tus mismas palabras, es llegar a Ti, puesto que eres el Reino. Tú nos has invitado a seguirte. Tú le das, entonces, sentido a toda persona y a todas las cosas y hasta a todo el Universo. Ayúdanos a descubrirte y a tener la capacidad de dejar todo por seguirte, como lo hicieron tus primeros discípulos y como lo han hecho tantos y tantas, a través de la historia. Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor. Venga a nosotros tu Reino, Señor.

Cada Domingo del tiempo Ordinario nos hace vivir la Pascua semanal a toda la comunidad cristiana. Es por eso que celebramos con fiesta.
 
La Paz con ustedes.

viernes 13 de enero de 2012

2° domingo ordinario, B (15 enero 2012)


EL TIEMPO ORDINARIO.
Además de los tiempos litúrgicos fuertes (el Adviento, la Navidad, la Cuaresma y la Pascua) cada año hay 33 o 34 semanas que se llaman Tiempo Ordinario.
Se distingue fácilmente por el color verde de los ornamentos durante la Misa.
Las lecturas de la celebración dominical durante este tiempo nos llevan a tener un mayor conocimiento de la persona de Cristo, de sus actitudes ante distintas circunstancias, para que vayamos orientando cristianamente nuestras decisiones y nuestra vida toda.
Este año iremos leyendo, domingo a domingo, el evangelio de san Marcos, y así la Palabra de Dios nos guiará en nuestro crecimiento y maduración como cristianos, nos ayudará a que el gozo de la Navidad y de la Pascua se vaya convirtiendo en nuestro modo ordinario de vida durante todo el año.
Es tiempo muy favorable para que la Iglesia y las familias lleguen a valorar la reunión eucarística dominical como la celebración más importante de los cristianos.
El Tiempo Ordinario se interrumpe con la Cuaresma y continúa después de Pentecostés, para terminar un día antes de que comience el Adviento.

Texto del Evangelio de San Juan 1,35-42

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que los seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?” (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”.
Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir ‘roca’).
Lectura: Los textos de este Domingo Segundo Ordinario nos presentan el tema de la “vocación”, de la llamada. Sabemos que Jesús llamó a algunos  discípulos que le siguieron. Pero la llamada es para todos, no solamente algunos. Sin vocación, la vida no tiene sentido, si ésta la entendemos como don y como gracia. Porque también hay que saber recibir los dones y las gracias.
El evangelio de hoy nos presenta la forma en que Jesús acogió a sus primeros discípulos. No se hace por medio de una llamada concreta de Jesús, - como sucederá después con Felipe, sino de otra forma distinta. Probablemente en el evangelio de Juan hay una intencionalidad manifiesta: el paso de los discípulos del Bautista a Jesús. Es una escena que viene después de la presentación que Juan el Bautista ha hecho de Jesús a sus seguidores. Por eso, como respuesta inmediata, dos de esos discípulos (uno de ellos se identifica como Andrés, el hermano de Pedro), se interesan por la vida de Jesús. De ahí la pregunta: “Maestro ¿dónde habitas?”. ¿Dónde vivía Jesús? No se nos dice en el relato, porque su intención es poner de manifiesto que su modo de vida es lo que se describirá a lo largo del evangelio. Han visto ya algo que fascina a estos discípulos, para dejar al Bautista y seguir a Jesús, y comunicar la noticia al mismo Pedro
San Juan presenta el encuentro de Pedro, con Jesús. Aquí se adelanta su hermano Andrés en su decisión a seguir al Maestro. Pero lo que importa siempre es la disposición. El que Pedro reciba un nombre nuevo “Kefas” (piedra), forma parte también del misterio vocacional. Un nombre nuevo es un destino, un camino, una vida nueva, una misión. Todo esto está sugerido en esta escena vocacional. 
Meditación: Las gentes que siguieron a Jesús, estaban esperando algo mejor de la vida, y vivían ya comprometidos en hacerla mejor; por eso convivían junto a Juan el Bautista, el predicador de la conversión, y estaban dispuestos; sólo les faltaba conocer a Cristo. Quien desea convertirse en discípulo de Jesús ha de dar ese paso; ha de pasar de la simple curiosidad a la convivencia. Desde luego, el aceptar a Jesús, su vida, sus ideas y su experiencia de Dios, no puede dejarnos donde estábamos antes. Todo ha de cambiar. Estar con Jesús significa, lo vemos en este relato, en estar con los que más amamos. Hablar de nuestra propia experiencia de Jesús a los que más queremos y que más nos quieren; eso les llenará de entusiasmo y les testimoniaremos nuestra fe y a lo mejor facilitamos que ellos se encuentren con el Señor Jesús como lo hicieron Pedro y otros discípulos.  
Oración: Señor Jesús, ayúdanos a descubrirte como lo hizo Juan el Bautista, entre la multitud de la gente y a identificarte, porque nuestro corazón te espera y está ansioso de tu llegada, de conocerte. Esperarte a Ti, Señor, provoca en nosotros, y en mi persona, tu seguimiento; y es que si queremos buscar algo mejor y más comprometedor para nuestra vida, sólo nos falta conocerte a Ti y convivir contigo. El sentirnos amados por Ti, mirados en lo profundo de nuestro ser y llamados a vivir la misma experiencia, nos lleva a dar testimonio delante los que nos están más cercanos y más queremos. Gracias, Señor porque nos sentimos llamados por Ti, y porque quieres que proclamemos nuestra fe, desde el estado de vida en el que nos encontramos.
Contemplación: Haz silencio, y dejándote consolar con la voz del Señor que te llama por tu nombre, intenta convivir más con Él y con su Palabra. Y responde a esa llamada que te hace Cristo Jesús.
La Paz con ustedes.

Epifanía del Señor, B (8 enero 2012)

Evangelio que vamos a meditar y desde el cual vamos a orar: 
San Mateo 2, 1-12
 
Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes. Unos magos de oriente llegaron entonces a Jerusalén y preguntaron: “Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”.
Al enterarse de esto, el rey Herodes se sobresaltó y toda Jerusalén con él. Convocó entonces a los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres en manera alguna la menor entre las ciudades ilustres de Judá, pues de ti saldrá un jefe, que será el pastor de mi pueblo, Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos, para que le precisarán el tiempo en que se les había aparecido la estrella y los mandó a Belén, diciéndoles: “Vayan a averiguar cuidadosamente qué hay de ese niño y, cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya a adorarlo”.
Después de oír al rey, los magos se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto surgir, comenzó a guiarlos, hasta que se detuvo encima de donde estaba el niño. Al ver de nuevo la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre, y postrándose, lo adoraron. Después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Advertidos durante el sueño de que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
 
Lectura. “Jesús nació en Belén de Judá, en tiempos del rey Herodes”. Con esta sencilla y contundente frase San Mateo nos ubica geográfica, histórica y teológicamente de modo inmediato. Destacan como personajes del texto: Jesús, que acaba de nacer; el rey del territorio donde nace Jesús, Herodes; unos magos, o mejor dicho unos sabios de oriente, que buscan al “rey de los judíos para adorarle”, y María, la madre del niño. Por otra parte también una estrella tiene protagonismo en el texto dado que “guía” a los sabios de oriente hasta el lugar donde Jesús acaba de nacer y allí le ofrecen regalos, después de adorarlo.
Las actitudes y sentimientos mostrados por los personajes nos enseñan y guían a nosotros en la propia búsqueda del Mesías y Salvador. En los sabios de oriente notamos, junto con la búsqueda y la inquietud, el reconocimiento de que el niño que nació en Belén es hombre, y le ofrecen mirra, es rey de los judíos y le ofrecen oro, es Dios y lo adoran ofreciéndole incienso. Notable es su inmensa alegría por haber culminado exitosamente su búsqueda. Contrasta con la actitud de los extranjeros la del rey Herodes. Tan lejano está de la realidad y de su pueblo que ignora lo que está sucediendo en su propio territorio, aunque “ya lo había dicho el profeta”, y además se sobresalta puesto que ve en ese niño una amenaza para su inseguro y corrompido poder que una liberación de ataduras para él mismo y para su pueblo. Queda también claro que los conocedores de las escrituras saben del anuncio de su nacimiento a detalle, pero eso no les faculta para reconocerlo ya nacido entre ellos, mientras que los extranjeros vienen desde lejos buscándole y se acercan a reconocerle para rendirle adoración, ellos sí creen que Dios puede hacerse hombre. Hay otro personaje que sólo es señalado una vez y que sin separarse del niño permanece en silencio contemplando a su Hijo: María.
 
Meditación. Esta “epifanía”, esta manifestación de Dios también a los extranjeros, después de haberse manifestado ya a los sencillos pastores la noche de Navidad, nos da una idea de la universalidad del amor de Dios, del regalo de la salvación a toda la humanidad en la persona de Jesús, rebasando ámbitos culturales, sociales y políticos. Dios se manifiesta como Dios de todos y para todos, él es la luz y alegría de todas las personas de todos los tiempos, de todas las naciones. Para poder entender y aceptar la epifanía de Dios hoy es necesario que nos abramos a signos diversos de la vida ordinaria, al diálogo frecuente, a la pregunta inquieta en la vida humana de todos los días. Si el Hijo de Dios se hizo humano para humanizarnos y para divinizarnos, quiere decir que desde lo humano recibiremos su luz y podremos encontrarle, reconocerle y adorarle como Hijo de Dios. Ese es el objetivo y finalidad de toda búsqueda, de todo camino, de toda vida: encontrar, reconocer y adorar alegremente al Hijo de Dios, al rey-pastor y salvador universal hecho hombre, porque en él nos podemos ver y encontrar pacífica y auténticamente todos los pueblos. Así entendemos más el por qué esta fiesta es una llamada más a ser una Iglesia misionera, para que todos los pueblos, anuncien, reconozcan, amen y adoren a Cristo Jesús, ya que es el único Salvador.
 
Oración. Señor Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, luz y alegría de todos las gentes, de todos los pueblos y naciones de la tierra, abre nuestras mentes y nuestros corazones para buscarte y aceptarte, para reconocerte y adorarte en nuestra vida, en la humildad de nuestra carne. Que de María, tu santa madre, aprendamos a contemplarte en humilde silencio y que jamás nos separarnos de ti. Que de los sabios extranjeros aprendamos a buscarte sin descanso y a no ceder ante las dificultades, ni ante las tentaciones, ni ante las presiones de los poderosos; que de ellos, “llamados reyes”, aprendamos a ofrecer más que a pedir regalos. Sé Tú nuestra luz, nuestra alegría y nuestra esperanza; sé tú el centro de nuestras vidas, de nuestras familias y de nuestros pueblos. Hijo de Dios hecho hombre, sé tú nuestro amor y nuestra paz. Amén.
 
Te invito a hacer un momento de silencio que te permita contemplar y adorar a Jesús recién nacido como luz, alegría y salvador de todas las gentes.
 
Feliz “fiesta de reyes” en la cual te dones generosamente a Dios y a las personas que están a tu alrededor. Un abrazo grande y mi oración.
 
 
La Paz con ustedes.