miércoles, 13 de agosto de 2008

Domingo 20ª ordinario, A (17 agosto 2008)



Texto a meditar, orar y vivir:
Mateo 15, 21-28.

Lectura


Jesús se fue de allí a la región de Tiro y de Sidón. Una mujer de esa región, que era del grupo al que los judíos llamaban cananeos, se acercó a Jesús y le dijo a gritos: —¡Señor, tú que eres el Mesías, ten compasión de mí y ayúdame! ¡Mi hija tiene un demonio que la hace sufrir mucho! Jesús no le hizo caso. Pero los discípulos se acercaron a él y le rogaron: —Atiende a esa mujer, pues viene gritando detrás de nosotros. Jesús respondió: —Dios me envió para ayudar sólo a los israelitas, pues ellos son para mí como ovejas perdidas. Pero la mujer se acercó a Jesús, se arrodilló delante de él y le dijo: —¡Señor, ayúdame! Jesús le dijo: —No está bien quitarles la comida a los hijos para echársela a los perros. La mujer le respondió: —¡Señor, eso es cierto! Pero aun los perros comen de las sobras que caen de la mesa de sus dueños. Entonces Jesús le dijo: —¡Mujer, tú sí que tienes confianza en Dios! Lo que me has pedido se hará. Y en ese mismo instante su hija quedó sana.

Lectura (Lectio): lee atentamente el texto varias veces hasta identificar su estructura: personajes, verbos, lugares, relaciones entre ellos y el mensaje central.

El relato de la curación realizada por Jesús le sirve a Mateo para mostrar la llegada del Reino y de la salvación a los pueblos paganos. Jesús se retira a territorio pagano es decir al norte de Galilea; pocas veces lo hacía. El evangelista resalta el lugar de procedencia de la mujer cuando dice: una mujer del grupo de los eran llamados cananeos.


Es importante saber que los cananeos habían sido expulsados por los judíos, quienes decían que estos pervertían al pueblo judío induciéndoles la idolatría, y por eso los judíos les llamaban en forma despectiva perros.


Para Mateo es importante presentar la identidad y la figura de esta mujer; que ya de entrada, en Israel, la mujer estaba marginada de la vida pública: y en este caso era una mujer abandonada (porque no tiene un marido que interceda por su hija y debe hacerlo sola) además es gentil, o sea no pertenencia al Pueblo de Israel; detalles muy significativos en torno al diálogo con Jesús. Por tres veces la mujer solicita la ayuda de Jesús pues le reconoce de palabra como “Hijo de David y como Señor”, y lo adora como Dios. Cosa que no hacían los judíos que no reconocían a Jesús como Señor. Pues bien su única petición de esta mujer es implorar la misericordia de Dios, pidiendo a Jesús insistentemente que sane a su hija. Pero a pesar de las súplicas y posibles llantos de dolor de esta mujer, es la actitud de Jesús que no responde. Sin embargo es la enfermedad de la hija y la imposibilidad de la curación la que llena de coraje a la madre; de no haber sido por la urgencia de un milagro la mujer no hubiera acudido a Jesús ni habría importunado a sus discípulos con sus gritos.La respuesta de Jesús a los discípulos que piden e interceden por la mujer es una negativa pues los elegidos primeros y preferenciales son el Pueblo de Israel.

Meditación (Meditatio): saca del texto aquello que Dios nos dice a todos y te dice a ti en tu propia realidad.

El episodio relata el grande poder de la fe y se encuentra expresado en la confianza que pone una madre en Jesús surgida de su necesidad y de su sufrimiento. Jesús admira la grandeza de la fe de esta mujer sencilla que, por amor a su hija, no duda en invocarle con insistencia, a pesar de todos los obstáculos y dificultades. Es grande la humildad y desarmante la terquedad de esta cananea. Algo sabía ella sobre Jesús puesto que lo llama “Hijo de David” y además acude a Él sabiendo que sólo Él le ayudará y le insiste que le atienda su petición y no se siente ni ofendida por el diálogo con Jesús ni por su negativa a atenderla pues ciertamente ella no pertenecía al pueblo de Israel. Por ser tan insistente, Jesús la atiende en su necesidad pero además la propone como modelo para los creyentes. Fue la insistencia de la mujer la que venció la resistencia de Jesús. Ante semejante fe y tamaña insistencia, Jesús no puede por menos que claudicar, aunque esta fe la descubra en una mujer pagana; y es que Dios claudica siempre, como Jesús aquel día cuando descubre una fe grande y cuando encuentra tamaña confianza en Él; cuando el creyente se resiste a que Dios le diga no una y otra vez; cuando no se contenta también con los silencios de Dios, porque sabe que obtendrá, como la mujer pagana, lo que desea y pide. Porque el creyente sabe que Dios termina por escuchar a quien responde a su indiferencia con una petición renovada. Y es que el verdadero creyente tiene que aprender a resistir el aparente silencio con el que Dios responde a sus oraciones e insistir en sus peticiones. Y es que la perseverancia y la insistencia en la oración tienen que ser las pruebas más claras de la necesidad que tiene el creyente de Dios y de la confianza total puesta en Él.

Oración (Oratio): desde el texto y desde tu vida háblale y respóndele a Dios.
Señor Jesús, tu paso por la vida, tu presencia salvadora y tu Palabra me invitan a crecer como creyente. Como esta mujer cananea del evangelio de hoy, me descubro intercediendo por los demás, por los pobres, por los que sufren, por los necesitados, por sus necesidades, por sus sufrimientos, por sus penas, por mi sociedad, por mi familia; creer en Ti es para mí ser insistente en mi petición hecha oración, pues es un bien para ellos, para los demás y me descubro intercesor cuando me confío en tu misericordia, en tu bondad, en tu amor.
Tú me conoces bien y sabes que siendo tu hijo, no he estado en muchas ocasiones, tal vez, a la altura de lo que quieres de mí, pero me siento acogido por tu amor y mi fe en Ti me asegura tu misericordia y eso me hace vivir feliz y agradecido contigo, Señor.

Contemplación (Contemplatio).

Te invito a ponerte en las manos de Dios y contemplar los momentos en los que Dios ha intervenido en tu vida; los momentos en que te has sentido que Dios no te ha escuchado y por último que recuerdes los momentos en los que has sido más “insistente” en tu oración ante Dios. Y que todo esto sea motivo de oración y contemplación agradecida.


P. Cleo sdb

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