miércoles, 10 de diciembre de 2008

3er. Domingo Adviento, B (14 diciembre 2008)


Texto a meditar y orar:
Jn 1,6-8. 19-28


Texto: (lee este texto, serena y tranquilamente una o varias veces hasta desentrañar parte de su estructura, personajes y organización)

Lectura: (Lectura de lo que dice el texto en si mismo para entenderlo mejor):
En medio de tanto rechazo de Jesús, hay quien da testimonio en su favor: Juan, un enviado de Dios. La función atribuida al Bautista es, exclusivamente, de testigo de la luz y el contenido de su testimonio es facilitar el creer en Jesús; no era la luz, sólo la testimoniaba. Y el destinatario del Bautista es el mundo de las tinieblas que no acogió la luz, a pesar de que existieran testigos de ella y son el grupo de discípulos del Bautista, que no han llegado aún a la fe ni a la luz.
La presencia de Juan y su testimonio anuncian las esperanzas mesiánicas, ya ha llegado la salvación tan esperada; no hay lugar, pues, para que lo anuncien próximo sino para que lo atestigüen presente.
El evangelio de Juan presenta al Bautista siendo cuestionado por los judíos y por lo mismo se siente obligado a dar testimonio; queda así establecida, desde el inicio mismo del relato, la confrontación: todo el evangelio de San Juan se presentará como las actas de un gran proceso sobre Jesús; el Bautista es el primer testigo de la defensa y los judíos anuncian la resistencia a creer en él, lo acusarán después y lo condenarán.
La misión del Bautista no consiste en cumplir las esperanzas judías, sino en profundizarlas. El Bautista es simplemente la voz que prepara la salvación, anunciando su llegada. Su bautismo en agua reúne multitudes; no es aún tiempo de salvación, pero está ya señalando su presencia.


Meditación: (Reflexión personal y profundización sobre la Palabra, lo que a mí me dice ahora en mi familia, vida y circunstancias):

El testimonio de Juan es el primero de una serie, con la que el evangelista presenta la persona de Jesús y que concluirá con su auto revelación. El Bautista se ve obligado a dar razón de su actividad y de su misión.; todo lo que es y hace está en función del que ha de venir después. Con una triple negación corrige las posibles expectativas de los judíos: no es quien esperan, tan sólo su portavoz; proclama lo que debe y no cuanto estaban dispuestos a oír sus interlocutores. Anuncia con su actuación lo mismo que con su palabra, algo que no se esperaban.

Juan presentía cercano a Dios y se puso a proclamarlo. Por su género de vida y sus convicciones personales, no debió caer demasiado simpático a sus conciudadanos; eso no le importaba a Juan, le interesaba su misión personal y su Dios por venir: estando ya de camino, había que dedicarle en cuerpo y alma a prepararle la llegada.

Nuestro testimonio como el de Juan nos debe llevar a anunciar a Aquel a quien servimos y que es mucho mejor de cuanto nosotros logramos anunciar y mayor que nuestras realizaciones. Juan no era el Mesías, pero fue el siervo digno, lo suficientemente bueno como para vivir esperándole y mantener la esperanza viva en otros.

Basta saberlo en camino y saber que uno no es digno de él ni para ponerse a su servicio; pero hay que decirlo con la vida, con las obras que hablen y con palabras que lo signifiquen. Quien conoce que Dios tiene voluntad de encontrarse con los hombres, está llamado, como el Bautista, a servirle de portavoz y pregonero.


Oración: (Lo que le digo, desde mi vida, al Dios que me habla en su Evangelio. Le respondo):

Señor Jesús:
Si es breve la espera,
sabemos que Tú estás cercano:
Llega la luz, la luz del mundo.
La oscuridad desaparece
y también en el corazón
se enciende la llama.
¿Quién eres Tú que vienes,
anunciado por el gran profeta?

No conocemos todavía tu rostro,
pero ya nuestro corazón se alegra.
Hemos oído la “voz”
Anunciar tu reino entre nosotros;
nos ha inmerso en el agua,
limpios de nuestros pecados.
Y ahora buscamos tu rostro,
la luz que ilumina el mundo,
la alegría esperada desde siempre.
Juan se pone a “anunciarte” y a “testimoniarte”, Señor,
aquel que es el más digno,
aquel que es potente de Espíritu Santo.

Creemos
y la fe nos hace vivir en la alegría y en la espera en Tí.

Contemplación: (Hago silencio, me lleno de gozo, me dejo iluminar, adoro, alabo, y tomo decisiones para actuar de acuerdo a la Palabra de Dios en mi vida ordinaria, personal, familiar, laboral, social, escolar…):

Me siento contemplado por Dios porque Dios quiere mi felicidad. Y descubro que la Buena Nueva de la salvación es un mensaje de alegría; basada en la victoria de Cristo, con su nacimiento, muerte y resurrección. El mundo no es absurdo ya que Dios le ama, y el principio vital de su éxito se nos ha dado una vez por todas en Jesucristo. La alegría que caracteriza este Domingo tiene motivo: “El Señor está cerca”.

Preparándonos al Nacimiento del Señor, les deseo que Dios les bendiga.

P. Cleo sdb

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