martes, 23 de diciembre de 2014

lectio SAGRADA FAMILIA B

 
FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA
Lectura Orante de la Palabra de Dios del Evangelio de San Lucas 2, 22-40
Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.
Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:
"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo, según lo que me habías prometido, porque mis ojos han visto a tu Salvador, al que has preparado para bien de todos los pueblos; luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".
El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Ana se acercó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Lectura. LECTIO
La purificación de la madre y el rescate del primogénito que se señalan en este relato evangélico, estaban previstas por la ley de Moisés. La familia de Jesús sigue sujeta, en su vida ordinaria, al imperio de la ley; todo sucede según estaba establecido por Dios; María y José cumplen con toda la ley.
El sentido que Lucas da al acontecimiento se deja ver en su presentación de los dos ancianos, Simeón y Ana y, más concretamente, en la acción de gracias de Simeón: la presentación de Jesús en el templo señala el día esperado por el Israel fiel, que ha envejecido dedicado a Dios sin perder la esperanza de ver su salvación, una salvación pensada para todos los pueblos, "luz que ilumina y gloria de Israel". Para la imagen que da San Lucas de María, es decisivo, el anuncio de Simeón: "Y a ti misma una espada atravesará el alma"; su sentido global es que María  participará del destino trágico de su Hijo; el rechazo que va a sufrir partirá su alma; la madre de Dios vivirá su existencia profundamente herida, su familiaridad con Dios no le ahorrará una vida desgarrada.
Los padres de Jesús tuvieron que someterse a la legislación que regulaba toda paternidad en Israel: detrás de todo nacido en Israel está el Dios de la vida. Llevando a su hijo al templo reconocían que, ofreciendo el sacrifico requerido, lo iban a rescatar para sí. Cumpliendo la ley, los padres de Jesús, reconocen públicamente que Dios era el auténtico Padre.
Fueron dos ancianos quienes conocían y profetizaron el destino de Jesús y preanunciaron el destino de María. Porque esperaban desde antiguo: la espera del Mesías, perseverante y excluyente de otras ilusiones y la salvación del pueblo su única preocupación. Reconocieron en el niño al Salvador esperado, porque habían envejecido sin desesperar de ver al Señor y saber que un día se les haría presente. 
Meditación, MEDITATIO
El relato de San Lucas subraya, sobre todo, la vida de obediencia a Dios y el estricto cumplimiento de su ley que caracterizó a los padres de Jesús.
Ser madre de Dios no fue para María un privilegio, aunque había sido una gracia extraordinaria: la madre de Jesús tuvo que cumplir con la ley, que exigía la purificación de madre y la presentación del primogénito a Dios, a los ocho dias del nacimiento. Confiarse a Dios no exime de la deuda de obediencia que con Él hemos contraído: la invitación personal que María recibió, no la libró del seguimiento de la normativa habitual.
José y María se tuvieron que someter a la legislación que regulaba toda paternidad en Israel: detrás de todo nacido, está el Dios de la vida: ellos aceptaron que Dios interviniera de forma más personal en el nacimiento de Jesús, su hijo. Y llevándolo al templo, lo reconocían. Creían que, ofreciendo el sacrificio requerido, lo iban a rescatar para sí: no sabían que, una vez que hubieron permitido a Dios que entrase en sus vidas, no lograrían ya deshacerse de
Una forma segura de buscar la voluntad de Dios, está en cumplir los deseos conocidos de Dios; su ley escrita es la norma de vida de quien le es próximo; quien se ha familiarizado con su viva voz no pondrá objeciones a reconocer su palabra escrita. Si el creyente se ocupa como la Sagrada Familia en cumplir lo que ya sabe, la ley conocida, estará ya oyendo la voz que echaba de menos. La obediencia al más obvio, a lo más fácil, prepara para la escucha de lo más exigente y menos evidente.
El futuro de María queda comprometido de por vida, y esto es anunciado por un extraño, puesto que la eligió para proponer planes de salvación. María recibió de Simeón el anuncio de nuevos servicios; y más dolorosos, por cierto. Y esta vez, no le pidieron su consentimiento: Dios ya contaba con ella; tan sólo tuvo la delicadeza de prevenirla.
Fueron unos ancianos quienes conocían y profetizaron el destino de Jesús y preanunciaron el destino de María. Porque esperaban desde antiguo: la espera del Mesías era su única ocupación, porque el pueblo y su bienestar era su única preocupación. Reconocieron en el niño al Salvador esperado, porque habían envejecido sin desesperar de ver al Señor y su día: Saber esperar es permanecer fiel y conservar ojos y el corazón despiertos, tanto como para descubrir el perfil y el rostro del Dios esperado.
Oración. ORATIO
Dios y Padre Bueno: Que nos has llamado como María a ser obedientes y que nos has pedido nuestro consentimiento para participar contigo en tus planes; llena de esperanza nuestras vidas, de anhelos de tu pronta presencia en medio de nosotros; que sepamos descubrirte presente en el cumplimiento de tu voluntad, de tu ley y de tu Palabra como lo hicieron María, José, Simeón y Ana. Que Dóciles a la acción del Espíritu Santo aprendamos a captar las señales de tu presencia y que descubriéndote seamos obedientes, sin importarnos las nuevas tareas que nos vas pidiendo como le pediste a tu Madre. Te alabamos, Padre Bueno, por tu sierva María, porque en ella encontramos el modelo de seguimiento de tu Hijo.
Contemplación. CONTEMPLATIO
Reflexiona, medita y agradece al Señor el haber nacido en una familia como la tuya  y saber que Dios se fija en Ti, en tu familia y nos invita a participar en sus planes; a reconocerle hasta compartir la misma suerte de su Hijo haciendo su voluntad.
Por eso en esta fiesta vamos pidamos a Dios que nos ayude a revalorizar a la familia a ilusionarnos con nuestra familia y llenarla de esperanza sabiendo que la alegría más grande es que Dios está con nosotros.
LA FAMILIA DE NAZARET.
Era pobre y silenciosa,
pero con rayos de luz;
olor a jazmín y rosa
y el Niño que la alboroza:
es la casa de Jesús.
 
Un taller de carpintero
y un gran misterio de fe;
manos callosas de obrero,
justas manos de hombre entero:
es la casa de José.
 
Había júbilo y canto;
ella lavaba y barría,
y el arcángel saludando
repetía noche y día:
"Casa del Ave María"
 
Familia pobre y divina,
pobre mesa, pobre casa,
mucha unión, ninguna espina
y el ejemplo que culmina
en un amor que no pasa.
 
Concede, Padre, Señor,
una mesa y un hogar,
amor para trabajar,
padres a quienes querer
y una sonrisa que dar. Amén
Que Dios les bendiga y Santa Navidad y Feliz Año Nuevo 2014.
La Paz con ustedes.

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